6. So Min, la adulta y universitaria

22 años

Presente

Hasta ahora, mi vida de adulta ha sido tal y como la deseaba en mis años de adolescente, hasta puedo decir que es mejor.

Regresar a la ciudad, cambió mi perspectiva y personalidad: me hizo más decidida, abierta e independiente. El primer año, viví únicamente con mi hermana y, como So Ah estaba muy ocupada con su Internado, pasé la mayor parte de los días sola. En ese periodo, aprendí a sobrellevar las responsabilidades de adulta, como cocinar, lavar, pagar los servicios, conducir un auto y hasta arreglar los desperfectos en casa. Cuando Min Hyuk se mudó a Seúl al año siguiente, unimos fuerzas, nos repartimos las tareas y convivimos de una forma más amena (aunque a veces no me libraba de sus ataques de hermano menor).

Por otro lado, la vida universitaria era lo que me imaginaba y mucho más. Al principio, no estaba convencida sobre mi carrera. Elegí Comunicación solo porque quería escribir artículos para revistas como mi padre. En mi primer semestre, descubrí la infinidad de áreas en las que me podía desempeñar más allá de la redacción y me convencí de que estaba en un buen lugar. Los nuevos conocimientos siempre me motivaron, pero más las aptitudes que fui obteniendo. Aprendí a expresarme de manera asertiva y con confianza. Aún era la chica aplicada, pero dejé de lado la parte reservada y callada. Al contrario de mis tiempos de adolescente, ahora compartía mis ideas y nunca me quedaba con la duda.

Asimismo, el ambiente universitario era muy agradable. La comunidad estudiantil es muy diversa y no se fija quién es un flowerboy, un marginado o el más popular; en la universidad puedes ser tú mismo y nadie te juzga o denigra. Esto me ayudó mucho a tener seguridad, a superar mi timidez y relacionarme fácilmente con los demás. Hice nuevas amistades, fui a fiestas y tuve mi primer novio en mi segundo año (un compañero de clases que era bastante agradable).

Aunque estoy a punto de concluir mi carrera y pensar en ello me genera cierta aflicción, no puedo controlar la expectación (mayormente positiva) que me invade. Algo en lo más profundo de mí me dice que vendrán días llenos de emociones diversas, así como oportunidades inesperadas y decisiones complejas. La vida adulta está hecha de todo esto y, curiosamente, ya quiero vivir esa nueva temporada.

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Es viernes, uno de los pocos que quedan en mi último semestre. Al ser periodo final, la carga de tareas es muy pesada, tanto que no tienes tiempo ni de respirar.

Después de varias horas, salgo del Simulador de TV, donde estoy realizando mis prácticas para la materia Medios Audiovisuales. Es mi última clase del día y ya no tengo ningún pendiente escolar, así que me dirijo hacia la salida de la Facultad de Ciencias Sociales.

Mientras camino, trato de guardar una carpeta en mi mochila. Tan ocupada estoy en mis cosas, que choco por accidente con un chico, el cual está recargado en la pared del pasillo principal del edificio.

Inmediatamente, me detengo para disculparme, pero me callo cuando reconozco con quién me he topado. No puedo evitar bufar por lo bajo. Se supone que debe estar preparándose para su examen final. En vez de eso, pierde su tiempo buscándome, como siempre lo hace. Típico de él.

—So Min —dice como si nada—, que coincidencia que tropieces conmigo.

—Tae Joon —le contesto con el mismo tono—, es lógico que no es ninguna coincidencia si me estás esperando.

Hong Tae Joon. Estudiante de Derecho también en su último semestre, pero un año mayor que yo; heredero de una gran asociación de abogados y mi mejor amigo.

Nos conocimos en mi primer día en la universidad, de forma curiosa. Seouldae es un lugar muy grande y, si no sabes ubicarte, puedes perderte fácilmente. Días previos, había investigado y memorizado cómo llegar al edificio de Ciencias Sociales; no obstante, en el momento que puse un pie en territorio universitario, mi mente se puso en blanco y me perdí. Le pedí indicaciones a varios estudiantes que pasaban a mi lado, pero ninguno se detuvo a orientarme. Desesperada, intercepté a un chico que caminaba cerca y lo obligué a guiarme hasta mi Facultad (milagrosamente, él también se dirigía hacia ahí). Cuando llegamos a mi salón, propuso que intercambiáramos nuestros datos de contacto, por si requería su apoyo de nuevo. Al siguiente día, le envié un mensaje, no para solicitar su auxilio, sino para preguntarle si quería almorzar conmigo. Él aceptó y ahí empezó nuestra amistad. Hasta la fecha, agradezco que no le haya causado una mala impresión a Tae Joon cuando lo arrastré por la universidad, así como doy gracias que la primera persona que conocí en Seouldae fuera un chico tan amable y relajado como él.

Después de que chocamos en el pasillo, Tae Joon se incorpora de su posición y extiende su brazo para indicarme que retome mi camino. Así lo hago y él me acompaña; pronto salimos del edificio, rumbo al estacionamiento.

—Entonces, ¿tienes planes para esta noche? —pregunta de la nada.

No le respondo de inmediato, sino que me llevo una mano a la barbilla y finjo un gesto pensativo.

—Tenía planeado quedarme en casa y pasar la tarde con mi hermana, quien tiene descanso hoy, pero un chico molesto e insistente me invitó a cenar —comento con falso desgano—. Tal vez tú lo conozcas: es de tu edad, tienen la misma altura y complexión, el mismo color de ojos y cabello. ¡Hasta estudian la misma carrera!

Tae Joon ríe al instante, pues sabe que hablo de él. No es nada raro que salgamos juntos: vamos al cine, a comer, a bailar y de compras. Hemos hecho incontables picnics a orillas del río Han y en dos ocasiones hemos salido de viaje de fin de semana a la provincia. Cuando no estamos afuera, pasamos el rato en su casa o la mía. Ver todos los días a Tae Joon me es tan normal, pues es mi mejor amigo.

No obstante, hace tres semanas, me propuso ir a una cena «especial». Antes de aceptar, le pregunté por qué era especial; al inicio, su respuesta fue muy vaga, pero después reveló que era importante porque celebraríamos nuestros últimos días universitarios. Aunque su respuesta me convenció, muy en el fondo, presentía que no era su propósito principal.

—Solo quería corroborar —se excusa—, temía que lo olvidaras.

—Cómo hacerlo si me lo recuerdas todo el tiempo —replique, falsamente abrumada—. Dos días después de que propusiste la cena, me preguntaste si estaba segura de ir. Hace dos semanas, me llamaste para recordarme que no hiciera planes este día. Ayer me mandaste un mensaje para saber si aún estaba disponible. ¡Hasta creaste una alarma para que me avisara sobre nuestra salida!

—¡Bien, ya entendí! —exclama, apenado—. Siendo sincero, estoy muy ansioso... esta cena es muy importante para mí.

Sus mejillas se han ruborizado, el brillo de sus ojos me produce mucha ternura. No sé qué me motiva a hacerlo, pero decido jugar un poco con él.

—¿Por qué? —Interrogo. Me acerco un poco más y tomo su mano cálida—. ¿Acaso vas a decirme que estás enamorado de mí?

Su reacción es digna de una fotografía: sus ojos se abren desmesuradamente y su cara se enrojece aún más. Mientras me carcajeo como loca, Tae Joon suelta mi mano y apresura su paso para alejarse de mí.

Me detengo y lo miro en la distancia, su andar me dice que está avergonzado. Un pequeño pinchazo de arrepentimiento me reprocha mi insinuación burlona, pues es real que Hong Tae Joon está enamorado de mí.

Cuando empezamos nuestra amistad, había cierta atracción y parecía que nuestra relación tendía hacia lo romántico. Después de meses de convivir, Tae Joon declaró que yo le gustaba. Intenté devolverle el afecto, pero descubrí que solo era platónico. Sí, Tae Joon es un chico muy atractivo, su aire de heredero le da un aura sofisticada; muy al contrario de las personas de su clase, es un chico relajado, amable y simpático. Su atención hacia mí y la manera en que me procura me llenan de halago, pero no puedo verlo de forma distinta. Sí, lo quiero, pero como mi mejor amigo.

Cuando le confesé que no podía sentir lo mismo, imaginé que ahí terminaría nuestra relación; no obstante, fue un alivio que él lo aceptara y siguiera siendo el mismo. Me apoyó en mi primer noviazgo universitario y supo reservar bien sus sentimientos. Sin embargo, momentos como estos me dicen que el enamoramiento persiste. Mientras él no los externe de nuevo, para mí sigue siendo mi mejor amigo.

—¡Hong Tae Joon! —lo llamo, pero él no se detiene—. ¡Oppa, era un chiste!

Él deja de caminar cuando exclamo esto último. Nunca lo llamo oppa, pues nuestra cercanía me hace sentir que tenemos la misma edad. Corro hasta alcanzarlo y me coloco frente a él.

—Lo siento, solo estaba bromeando —me disculpo y tomo la manga de su chamarra para que no se vaya de nuevo.

—Está bien —acepta, sin dejar de mirar el suelo—, aunque sigo pensando que tus bromas no son buenas.

—¡Oh, vamos! Mi sentido del humor ha mejorado. Pero si no te parece así, tal vez será mejor que no tengamos esa cena —comento con voz desafiante—. Va a ser el rato más aburrido que hemos pasado juntos...

—¡Bien! —expresa Tae Joon—. Tu sentido del humor ha mejorado, pero solo porque te he enseñado bien.

—Muchas gracias —respondo con complacencia.

—Nadie puede ganarte una, Kang So Min —murmura, su tono es de derrota, pero una sonrisa adorna su rostro.

Yo asiento con la cabeza, tan orgullosa como una niña pequeña, y él se ríe mientras lleva una mano a mi cabeza y despeina mi cabello. Después me quita mi mochila con la intención de ayudarme a cargarla, pues según él «parece estar muy pesada». Pienso reclamarle, pero al final lo dejo ser, es mi forma de decirle que estamos a mano.

Retomamos nuestro camino hacia el estacionamiento. Dejamos atrás la broma y el tema de la cena, y hablamos de nuestro día. Justo cuando me está contando sobre su proyecto final en la materia de Argumentación Jurídica, llegamos a mi auto, el cual comparto con Min Hyuk. Me acerco a Tae Joon y le pido mi mochila para sacar las llaves. Le quito el seguro al carro y abro la puerta del piloto.

Tae Joon apoya su mano en la puerta trasera, mientras le doy la espalda y me inclino para lanzar mi mochila al asiento del copiloto. Cuando me incorporo y me volteo, me doy cuenta de que estoy acorralada entre la puerta abierta, el brazo estirado de mi mejor amigo y, frente a mí, su cuerpo.

La cercanía me toma por sorpresa y me incomoda, así que finjo toser y Tae Joon reacciona ante la indirecta. Da dos pasos hacia atrás y se pasa la mano por la nuca.

—Pasaré por ti a las siete, ¿está bien?

—Claro, te veo a esa hora —respondo, simple.

Subo a mi auto, lo enciendo y bajo la ventanilla. Tae Joon se inclina y se recarga en la orilla de mi ventana; me observa detenidamente mientras me pongo el cinturón de seguridad.

—Si dan las 7:01 y no has llegado, pensaré que te has arrepentido de salir conmigo—comento en forma de broma.

—Nunca me arrepentiría cuando he esperado este día por un largo rato. —Sonríe de lado y se incorpora. Pienso preguntarle a qué se refiere, pero me callo.

—Nos vemos más tarde, So Min —dice él.

Me despido también. Sin más, salgo del estacionamiento y de la universidad.



Conduzco por las calles de Jamsilbon, en el distrito de Songpa (donde se encuentra nuestra casa), después de recoger a Min Hyuk en la Universidad de Chung-Ang. ¡Quién lo diría! Mi hermano menor, quien parecía que los estudios no eran lo suyo, obtuvo un buen porcentaje en su CSAT y fue admitido en la Escuela de Ingeniería Mecánica de una universidad importante. Nuestros padres sí que se debían sentirse orgullosos al tener hijos ejemplares.

La mayor parte del camino hablamos sobre la escuela: Min Hyuk me cuenta sobre sus exámenes finales y yo, sobre el próximo proyecto que debo realizar.

—Ya que es fin de semana y So Ah noona está de descanso, deberíamos salir —comenta mi hermano—. ¡Podríamos ir al cine! Hay una nueva película de ciencia ficción que según es muy buena...

—Lo siento, Min Hyuk —le interrumpo, sin dejar de mirar al frente—, ya tengo la noche ocupada. Saldré a cenar con Tae Joon.

—Oh —musita. No puedo ver su rostro, pero por su tono supongo que no le agrada la noticia.

Min Hyuk siempre ha sido cordial con las personas que le he presentado, menos con dos: mi primer novio y Tae Joon. En su tiempo, presumí que no le agradaba mi novio por sus «celos de hermano menor»; cuando terminé mi relación, mi hermano menor me aseguró que «había chicos más geniales que él». En cuanto a mi mejor amigo, al principio, pensaba que su distancia tenía que ver con el mismo recelo, pero después me di cuenta de que no era solo eso. Hay algo más, pero nunca he logrado descifrar qué es. Por suerte, sabe ocultar su desagrado y su trato hacia Tae Joon no es hostil.

Después de percibir la displicencia de mi hermano cuando le aviso sobre mis planes de esta noche, no insisto en el tema, sino que volvemos a hablar sobre la escuela.

Llegamos a casa cinco minutos después. Estaciono el auto en la entrada. Abrimos la reja y caminamos a través del pequeño jardín hasta la puerta principal.

—¡Ya llegamos! —gritamos Min Hyuk y yo al unísono, ya adentro en el recibidor.

Sabemos que So Ah está en casa, pero no responde de inmediato. Cuando entramos al comedor en busca de ella, nuestra hermana mayor se asoma por la puerta de la cocina.

—Pueden gritar más alto, creo que en Jeju no los escucharon —sugiere con tono molesto.

Min Hyuk y yo nos reímos de su irritación y su «saludo». El gesto exasperado desaparece del rostro de nuestra hermana mayor y se une a nuestras risas.

—¡Bien, basta de burlarse de mí! —vocifera So Ah—. Vayan a lavarse, adelanté la comida.

—So Min no va a comer con nosotros —anuncia Min Hyuk, mientras hace su camino al lavabo de la cocina.

—¿Cómo que no vas a comer con nosotros? ¿Acaso te sientes mal? ¿Hay algo que te duele? —Interroga, preocupada, su actitud de hermana-mayor-con-delirio-de-madre sale a relucir.

—No es eso, me siento bien —respondo para tranquilizarla.

—¿Entonces?... —pregunta con un gesto de «explícate ahora si quieres que te deje en paz».

—Tae Joon me ha invitado a cenar —confieso, casi entre dientes.

El gesto en el rostro de mi hermana se ilumina con la noticia. Al contrario de Min Hyuk, So Ah estima a mi mejor amigo. Demasiado, para ser sincera.

—¿A cenar? Pero si ustedes nunca salen a cenar —menciona ella—. Debe ser una ocasión especial...

—No empieces, unnie —farfullo con un tono de advertencia—. Solo es una cena para celebrar que estamos a punto de concluir la universidad.

—Si tú lo dices —concuerda, encogiéndose de hombros—. Bien, si vas a salir con Tae Joon, lo mejor es que vayas a alistarte. ¿A qué hora pasará por ti?

—A las siete.

—Tienes exactamente dos horas —avisa, mirando su reloj de muñeca—. Tiempo suficiente para arreglarte perfectamente bien para la ocasión. Dudo que una cena con el heredero de una asociación de abogados sea en McDonald's.

Le doy la razón a mi hermana y hago mi camino rumbo a las escaleras.

—Si necesitas, puedes agarrar lo que quieras de mi armario, pero yo te recomendaría mi abrigo tweed verde. Seguro se te verá increíble con tu vestido recto blanco —grita mi hermana a mis espaldas.

—¡Gracias, lo tomaré en cuenta! —grito de regreso, mientras subo.

Dedico el tiempo suficiente para alistarme. Primero tomo una ducha rápida y después me concentro en hacerme el maquillaje y el peinado lo más naturales posible. Sobre mi vestimenta, sigo la recomendación de mi hermana más que nada porque no quiero demorarme decidiendo qué usar. Al final, resulta un buen atuendo, el cual complemento con zapatos de tacón blancos y un bolso pequeño del mismo color, el cual también le pertenece a mi hermana.

Cuando bajo a la sala de estar, el reloj de pared marca las 6:50 p. m., justo a tiempo. So Ah está sentada en el sofá largo; la televisión está encendida, pero ella se dedica a leer un libro de medicina que reposa en su regazo.

—¿Qué tal me veo? —le pregunto, llamando su atención.

Mi hermana vuelve su mirada hacía mí e inmediatamente su cara se adorna con una sonrisa de aprobación.

—Magnífica y lista para hacer delirar a Hong Tae Joon —opina entre risillas.

—Ignoraré lo último —replico, alisando mi vestido—. Por cierto, gracias por prestarme tu abrigo. También tomé uno de tus bolsos.

Ella asiente con la cabeza y, en ese instante, el timbre de la casa suena.

La sonrisa de So Ah se ensancha más y me dedica una mirada sugestiva.

—¿Quién será? —Hace el amago de pararse para abrir la puerta y averiguar quién toca, pero me adelanto.

—Compórtate, unnie —ordeno mientras me dirijo al recibidor.

No me molesto en mirar el identificador de la entrada, estoy segura de que mi mejor amigo está afuera. Sin embargo, la imagen frente a mí contradice mi idea.

El atardecer se ha esfumado en el horizonte. El cielo no está despejado, sino que lo adornan nubes grises que auguran que lloverá más tarde. Aunque ya está oscuro, las farolas de la calle me permiten ver un auto negro, nada que ver con la camioneta Mercedez que conduce mi mejor amigo.

Un hombre se encuentra recargado en la puerta cerrada del piloto. Deduzco que es un poco más alto que yo y es delgado. Viste una sudadera negra y pantalones de mezclilla. No puedo ver su rostro, pues usa una mascarilla y una gorra oscura, la cual cubre sus ojos al mirar hacia su teléfono, en el cual teclea tranquilamente.

Me quedo en el umbral de la puerta y trato de descifrar quién es. Algo en su silueta me es familiar. Cuando él alza la mirada y da conmigo, se queda quieto, como si le hubiera sorprendido verme ahí. Sus ojos conectan con los míos e, involuntariamente, retengo el aire en mis pulmones.

El desconocido despierta de su trance, sus ojos se achican como si estuviera sonriendo ampliamente y alza su mano en forma de saludo. En vez de darme confianza, me lleno de inquietud y decido que lo mejor es entrar a casa.

Justo cuando estoy a punto de hacer eso, mi hermano aparece junto a mí.

—Saldré un rato —avisa, mientras se pone bien su zapato derecho.

—¿Ese chico es tu amigo? —le pregunto, con un dejo de incomodidad.

Mi hermano solo asiente con la cabeza y se incorpora. Hace su camino hacia la reja, pero se voltea y me grita.

—Me avisas cuando regreses de tu cita.

No espera a que le responda. Abre el portón y saluda al chico, este le regresa el gesto, pero no deja de mirarme. En ningún momento lo ha dejado de hacer.

—¿Una cita? —alcanzo a escuchar que cuestiona el desconocido. Esa voz...

—Sí, saldrá con su amigo —explica Min Hyuk, mientras rodea el carro para subir al lado del copiloto—. No te preocupes por él, hyung.

El extraño se vuelve hacia mí y me mira intensamente. En ese momento, deseo hacer dos cosas: gritarle que deje de mirarme de esa forma y resguardarme en la seguridad de mi casa. Sin embargo, no muevo ni un músculo, es como si estuviera enraizada al suelo del recibidor.

—¡Vámonos, hyung! —le exige Min Hyuk ya adentro del auto. El chico parece reaccionar, pues deja de mirarme y sube a su carro.

Desconcertada, doy un paso hacia adentro y cierro la puerta. Camino robóticamente hasta la sala y tomo asiento en el sofá individual.

—¿Sabes con quién iba a salir Min Hyuk? —le pregunto a mi hermana.

—Con uno de sus amigos, en realidad no me dijo con quién —responde, sin despegar la vista de su libro.

Reflexiono un poco más sobre la situación, hasta que el timbre vuelve a sonar y me saca de mis pensamientos.

Ahora sí, antes de abrir, reviso el identificador de la puerta. El rostro tranquilo de mi mejor amigo se hace presente en la pantalla.

—¡Ya llegaron por mí! —le aviso a So Ah, mientras me calzo mis zapatillas y tomo mi bolso.

Cuando abro la puerta, me encuentro con el Mercedez negro y Tae Joon. El sonido de la puerta al cerrarse llama su atención y una gran sonrisa ocupa su rostro en cuanto me mira. Su vibra animada se me contagia y me hace olvidar el extraño encuentro con el «amigo» de Min Hyuk.

—Hola de nuevo —saludo cuando alcanzo el portón.

—Hola de nuevo, So Min —responde, su sonrisa crece más y agrega—: Lo digo con todo el afecto que te tengo, te ves increíble esta noche.

No puedo evitar que mis mejillas se sonrojen, sonrío complacida ante su halago.

—Con todo el afecto que te tengo, también debo decir que te ves increíble —declaro mientras estudio su apariencia.

Tae Joon usa un plaid suit azul grisáceo con líneas azules más claras, debajo usa un suéter de cashmere azul naval; lo complementa con un abrigo gris claro, zapatos negros y su Rolex plateado. Su cabello está peinado hacia abajo, como usualmente lo usa; su rostro está impecable y se nota que se ha rasurado hace unas horas. Sin duda, tiene el estilo del clásico chaebol de Gangnam.

—Nos complementamos bien —comenta con una sonrisa tímida—. ¿Lista para irnos?

—Claro —respondo. Estoy a punto de caminar hacia el otro lado del auto, cuando se escucha que abren la puerta principal de la casa.

—¡Tae Joon-sshi! —exclama mi hermana y puedo descifrar el entusiasmo que le genera ver a mi mejor amigo.

Ambos nos volvemos hacia ella cuando abre la reja. Tae Joon le sonríe cordial, yo solo rezo para que ella no haga un comentario incómodo como el de hace un rato.

—Buenas noches, So Ah-sshi —saluda el chico junto a mí, al mismo tiempo que hace una reverencia.

—Ya te he dicho que puedes hablarme informalmente y que también puedes llamarme noona —le regaña—. Tantos años cerca de So Min te hacen parte de la familia.

—No oficialmente —replica, Tae Joon—. Pero si así lo crees... noona.

So Ah suelta una risilla complacida ante el nombramiento y el lenguaje informal. Está a punto de comentar algo, pero me adelanto.

—Bien, ya tenemos que irnos —anuncio antes de que mi hermana siga con este suplicio.

—¡Claro, vayan! —coincide ella y hace gestos con sus manos para que subamos al auto—. Tengan una linda velada, espero que sea una noche para recordar.

Sé que mi hermana insinúa algo más y, cuando Tae Joon no está mirando, le gesticulo que deje de hablar. So Ah me guiña el ojo y sube sus pulgares deseándome buena suerte.

Tae Joon me acompaña hacia el lado del copiloto, abre la puerta para mí y me ayuda a subir. Todo esto es innecesario, soy completamente capaz de hacerlo por mí misma, pero como quiera le dejo y le agradezco su atención. Antes de subir a su lado, Tae Joon se despide de So Ah, con una ligera reverencia.

—Ahora sí, estamos listos —anuncia Tae Joon, mientras se coloca su cinturón de seguridad. Enciende el auto y comienza a conducir.

El viaje es relativamente corto. En el camino, Tae Joon me cuenta que hizo una reservación en un restaurante llamado «Luka511», en el distrito de Cheongdam-dong. Me platica que ha ido un par de veces y que es uno de sus lugares favoritos. Después, hablamos de cosas triviales, hasta que llegamos al restaurante y el valet recibe su camioneta.

En la entrada, hay una especie de arco con columnas al estilo griego, sobre estas se encuentra el nombre del restaurante. Más allá, logro ver el jardín iluminado con líneas de focos amarillos y un edificio blanco de tres plantas.

—¿Te gusta? —cuestiona Tae Joon junto a mí.

—Es muy bonito —respondo, sin dejar de contemplar el lugar.

Tae Joon toca ligeramente mi espalda para que avance y así, entramos al jardín, hasta que alcanzamos las puertas del restaurante.

Dentro, nos recibe un hombre adulto vestido formalmente.

—Buenas noches, bienvenidos a Luka511, ¿tienen reservación?

—Buenas noches. Sí, a nombre de Hong Tae Joon —responde mi mejor amigo.

El empleado revisa un libro y asiente ligeramente con la cabeza cuando confirma la reservación.

—Si son tan amables de acompañarme, los guiaré a su mesa —menciona el hombre y hace su camino dentro del lugar.

Le seguimos y contemplo lo más que puedo. Es un lugar que a cada esquina grita «lujo». Pasamos por varias secciones y la mayoría de las mesas están ocupadas por parejas, grupos de amigos y hasta familias. Pasamos por una zona en particular y Tae Joon comenta en un murmullo que usualmente la ocupan para filmaciones de telenovelas. El hombre nos guía hacia unas escaleras y subimos a la primera planta. Ahí, nos recibe un gran salón donde hay más mesas, pero no tantas personas. Pienso que nos van a acomodar en una de ellas, pero el empleado nos guía hacia una terraza semi cubierta. Es un espacio privado, en el que solo hay una mesa con dos sillas, una frente a la otra.

El empleado nos señala que esta es nuestra mesa y nos avisa que en un momento nuestro mesero nos traerá el menú. Por último, se retira y cierra la puerta de cristal que nos aparta de la sala que hemos cruzado.

—No es una noche estrellada, pero la vista hacia el jardín sigue siendo maravillosa —comenta Tae Joon, mientras aparta una silla para mí.

Tomo asiento y observo el jardín que, sí, luce magnífico al estar iluminado con las líneas de luces. Hay varios arbustos bien recortados y plantas con flores coloridas que contrastan con el blanco crudo del edificio. En el centro, sobre una pequeña tarima, hay un grupo de música en vivo que canta baladas.

—Es un lugar bellísimo —comento, aún ensimismada por la vista. Vuelvo la mirada hacia mi mejor amigo, quien me observa con una sonrisa satisfecha—. Te agradezco por invitarme.

—Te agradezco a ti por aceptar —responde—. De verdad me alegra mucho que estés aquí y que te guste.

Comentamos sobre la decoración y Tae Joon me cuenta sobre las ocasiones que ha venido con su familia. Unos minutos después, se presenta el mesero, nos extiende las cartas y nos ofrece agua. Reviso el menú y me sorprendo al hallar un listado de platillos sofisticados. El mesero nos comunica que han preparado una cena de cinco tiempos y, mientras describe en qué consiste cada uno, mi expectación crece.

—So Min, ¿te parece bien la cena? —consulta Tae Joon—. Cualquier cosa que no te agrade, pueden cambiarlo.

—No es necesario, todo me parece bien —respondo.

Ante mi respuesta, el mesero que anuncia que en un momento empezarán a traer la cena. Cuando pregunta que deseamos beber, Tae Joon le pide una botella de champán. No puedo evitar mi expresión asombrada al oír su petición y pienso que esta cena no puede sorprenderme más.

Lo primero que nos traen son los aperitivos: profiteroles de foie gras. Después, como primer entremés, nos sirven tartre de salmón con ensalada de berenjena bañada en aceite de hierbas finas. La segunda entrada es risotto al azafrán y ratatouille. El plato fuerte consiste en lomo de res coronado con langosta a la mantequilla.

Casi dos horas después de que comenzamos a cenar, el mesero retira nuestros platos y anuncia que traerá el último tiempo, el postre, que se compone de mouse de chocolate con frambuesas, petit fours (pequeños pastelitos confitados) y té.

En todo el rato, Tae Joon y yo no dejamos de platicar y reír. El ambiente en la terraza es muy relajado, posiblemente lo siento así debido a la champán que bebimos antes de terminar el segundo entremés y la copa de vino blanco que tomé el resto de la cena.

Tan relajada estoy, que ni siquiera me percato cuando Tae Joon mueve su silla y se coloca junto a mí, acorralándome entre la barandilla de la terraza y él. Tampoco me doy cuenta de que está tan cerca que puedo oler su perfume o ver las minúsculas pecas que adornan sus mejillas.

—Entonces, So Min, ¿te ha gustado la cena? —cuestiona con una sonrisa expectante.

Miro sus ojos que brillan intensamente, no sé si a causa del alcohol, las luces o la emoción del momento.

—La verdad sí, has sido muy amable al invitarme a un lugar tan maravilloso como este —contesto con tono agradecido—. No puede ser una noche mejor.

Él echa la cabeza para atrás y suelta una carcajada. ¿Acaso dije algo gracioso?

—Claro que puede ser mejor —comenta vehemente—. Estaba reservando esto para después del postre, pero no puedo esperar más.

—¿Qué es? ¿Acaso vas a sorprenderme con un viaje de graduación a una isla privada en el Pacífico? —externo, sarcástica.

Mientras espero su respuesta igual de burlona, me llevo la copa con agua a los labios, pero mis acciones se congelan al verlo extraer una pequeña caja roja del bolsillo interior de su saco. Él posiciona el objeto en la mesa y lo empuja hasta que queda frente a mí.

—Lo de celebrar nuestro fin de carrera era una excusa —confiesa—. Este es el verdadero motivo de la cena.

No puedo evitar que mi corazón se acelere y que las manos me empiecen a sudar. Ni siquiera me doy cuenta de que empiezo a rezar que no sea lo que creo.

—Ábrelo, es para ti —insiste Tae Joon, cuando sigo en mi estupor.

Trato de ocultar mi nerviosismo con una pequeña sonrisa. Tomo la cajita con ambas manos y levanto la tapa con lentitud. Un anillo de oro blanco descansa en el interior. La delgada banda plateada tiene incrustados pequeños diamantes, pero lo que le hace deslumbrar es el gran diamante circular en el centro.

—¿Acaso es un regalo de graduación? —bromeo, como mecanismo de autodefensa—. Porque hubiera preferido el viaje...

—No te preocupes, la luna de miel también puede ser nuestro viaje de graduación —replica él. Después, ríe complacido con su ocurrencia.

Yo me quedo callada. Mi cuerpo se tensa ante sus palabras y toda partícula de buen humor se evapora ante su comentario que entiendo completamente que no es una broma. Necesito un momento para pensar y digerir lo que está implicando con este pequeño, pero imponente objeto.

Alzo la mirada, pidiendo silenciosamente una respuesta acerca de este presente tan inusual. Él sonríe y se inclina más hacia mí. El olor de su perfume se mezcla con el del alcohol que persiste en su aliento. De repente deseo que se aleje de mí; necesito aire y siento que no hay suficiente en este espacio abierto.

—Veo que ahora sí te sorprendí —comenta con una sonrisa de lado—. ¿No te gustan los diamantes grandes? He de confesar que siempre me pareciste el tipo de chica que quiere lo mejor, así que me decidí por esta pieza, pero si es mucho, podemos cambiarla por otra...

—No quiero otra, lo que quiero es saber por qué me estás dando esto —le interrumpo, con brusquedad.

Tae Joon me mira detenidamente como si buscara un indicio de mofa en mi gesto. Cuando reconoce mi malestar, suelta un largo suspiro.

—Pensé que era obvio —dice, perplejo—. So Min, ¿recuerdas cuando te conté que, en el momento en que me gradúe, heredaré la asociación de mi familia? Una de las condiciones es que debo estar casado, al menos comprometido. Desafortunadamente, no tengo pareja y es imposible que elija una novia decente en dos meses. Además, entre tantos proyectos de la universidad, no tengo tiempo para cortejar a una mujer con intención de convertirla en mi esposa.

—¿Así que me propones matrimonio porque soy la opción más inmediata? ¿Porque nos conocemos de hace tiempo y eso te ahorraría la molestia de buscar una pareja que quiera casarse contigo antes del siguiente mes? —le interrogo, ofendida.

—¡No, claro que no! —responde él de inmediato—. Tal vez una de las razones tenga que ver con nuestra relación, pero no significa que sea la principal. So Min... tú sabes lo que siento por ti. Sabes que desde el inicio mis intenciones distaban de la amistad. Respeté que tu afecto no fuera igual al mío, pero eso no significa que lo acepté.

—Debiste hacerlo, Tae Joon, lo único que haces es lastimarte y esperar por algo que no sucederá —le digo con amargura.

Él resopla y se pasa una mano por el rostro.

—Créeme que lo intente. Cuando empezaste a salir con ese... cretino en segundo año, pensé que no valía la pena tener sentimientos unilaterales, pero cuando su relación no prosperó, algo en mí me dijo que yo era la razón. Pensé que tal vez te habías dado cuenta de que yo era mejor opción que él y cualquiera...

—¡Pero no terminé con él debido a ti! —le rectifico, pasmada ante la seguridad de su suposición.

—¡Como sea! En ese entonces, me prometí a mí mismo que te haría cambiar de parecer sobre tus sentimientos. Y a veces estoy seguro de que han cambiado, lo puedo notar en la forma en la que te desenvuelves conmigo, en la manera en que me miras, en cómo buscas estar cerca de mí...

En ese momento, mi mejor amigo alza su mano y toca ligeramente mi mejilla hasta que la detiene en mi cabello y empieza a jugar con un mechón.

—¡Basta, Tae Joon! Nunca lo he hecho con esa intención —farfullo, tratando de evitar su toque.

—Vamos, So Min, no lo niegues —susurra y acorta la distancia entre nosotros.

La mano que no está ocupada en mi cabello se posa sobre mi pierna, sobre la piel descubierta a mitad de mi muslo. Su acción me sobresalta aún más y el roce de su nariz con la mía me dice que está a punto de besarme. Y yo realmente no quiero que lo haga.

Milagrosamente, mi teléfono suena y lo empujo con ambas manos en el centro de su pecho. Tae Joon no se mueve tanto y, cuando su mano sube por mi muslo, aplico más fuerza, hasta que una exhalación profunda me dice que ha desistido de su intención y retira su toque.

—Es mi hermana, quiere que le llame —le digo cuando sustraigo el teléfono de mi bolso.

Me pongo de pie a la velocidad de un rayo y, sin mirar atrás, salgo de la terraza. A mitad de la sala, le pregunto a una mesera dónde se encuentran los sanitarios y, cuando ella me señala un pasillo a la derecha, me encamino con prisa. No suelto el aire que retengo en mis pulmones hasta que estoy encerrada en el pequeño cubículo. En un escenario completamente distinto, me asombraría por la decoración ostentosa, pero, en este instante, estoy a punto de colapsar.

Las respiraciones que hago no son suficientes para tranquilizarme. Las imágenes de hace un instante se repiten en mi cabeza y me aturden como si se trataran de los flashes de una cámara. Mi teléfono vuelve a timbrar en mis manos y decido ver que es lo que me ha llegado.

Es un mensaje del chat grupal que tengo con mis hermanos: Min Hyuk ha enviado la imagen de un bote de palomitas vacío. Hubiera ido al cine con él a ver la película que me comentó. So Ah le ha respondido hace unos segundos con el emoji de una carita furiosa. Me hubiera quedado en casa con mi hermana. Deseo estar en cualquier lado menos aquí.

Lágrimas de frustración escapan de mis ojos, pero las espanto de inmediato. No es momento de llorar, tengo que salir de aquí. Pienso en llamar a Min Hyuk, pero recuerdo que él no trae el auto. Después se me viene a la mente que So Ah puede recogerme, pero lo elimino cuando imagino que tendré que contarle con lujo de detalle lo que pasó. Se me ocurre que puedo llamar un taxi, pero lo descarto cuando soy consciente de que dejé mi bolso con mi cartera en la mesa.

Al final, me resigno: tengo que volver a la terraza y enfrentar a Tae Joon. Así que, limpio el rastro de las lágrimas en mis mejillas y me echo un poco de agua en la nuca para reanimarme. «Diga lo que diga o haga lo que haga, puedes librarte de esto, Kang So Min», me digo a mí misma, mientras me miro por última vez en el espejo.

Regreso en la terraza. En el rato que estuve encerrada en el baño, comenzó a llover. No es una lluvia estrepitosa, pero sí es constante y su sonido llena el espacio en el que estamos. Sin duda, esta noche entrará en mi lista de «sucesos terribles en mi vida que fueron maldecidos por la lluvia».

Al parecer, el mesero ya ha traído el postre y Tae Joon parece disfrutarlo sin remordimiento. Se lleva la taza con té a los labios y, la imagen de su rostro muy cerca del mío, hace que la cena quiera subir por mi esófago. Se voltea hacia mí y sonríe con complacencia, lo cual solo incrementa mi incomodidad. Sin embargo, no lo evidencio: necesito estar lo más tranquila posible si quiero librarme de esta situación.

—Llegaste a tiempo, casi te dejo sin postre —comenta, llevándose una cucharada de mouse a la boca. Reprimo el gesto de disgusto y, en su lugar, sonrío ligeramente.

—Tengo que irme, mi hermana necesita que vuelva a casa —anuncio y me acerco para tomar mi bolso. Las manos me tiemblan ligeramente mientas acomodo la correa y la coloco sobre mi hombro.

No pierdo de vista a Tae Joon y cómo su ceño se frunce, rezo para que no se dé cuenta de que estoy mintiendo o que estoy al borde de un ataque de pánico.

—¿No puede esperar media hora hasta que terminemos el postre? —cuestiona, displicente—. Ni siquiera hemos terminado de hablar...

—Lo siento, pero me temo que es urgente —respondo, esquiva—. Si quieres, quédate, termina el postre. Después hablamos, ¿sí?

Estoy a punto de darle la espalda, cuando él se pone de pie y toma su abrigo. Suplico a cualquier deidad allá afuera para que me libre de él.

—No, no tiene sentido que me quede si tú te vas. Además, ¿quién te llevará a casa?

—Puedo pedir un taxi...

—¡De ninguna manera! —vocifera, interrumpiéndome—. Además, ¿qué pensará tu familia cuando sepa que he dejado que regreses a casa sola? Debo mantener mi buena reputación.

Bufo en mi interior, hasta podría carcajearme de lo irónico que suena eso.

Tae Joon se acerca hasta mí e intenta poner su mano en mi espalda para que camine con él. Pero antes de que si quiera me roce, abro la puerta de cristal y salgo de la terraza. Atravesamos la segunda planta hasta las escaleras, apresuro mi paso para que él no me alcance.

Llegamos a la entrada del restaurante y yo no dejo de caminar: debo salir de aquí, necesito alejarme.

—So Min, espera, debo pagar —avisa Tae Joon, mientas me detiene del antebrazo.

Me lleva con él hasta el mostrador donde está la caja registradora y no me suelta hasta que tiene que buscar su cartera en el bolsillo de su pantalón de vestir. Lo veo como mi oportunidad de poner distancia entre ambos.

—¿Está bien, señorita? —cuestiona la mujer de mediana edad detrás del mostrador.

Tae Joon está firmando el ticket de pago en el momento en que la mujer pregunta, así que se incorpora y me mira con un gesto preocupado, le dedico la enésima sonrisa falsa de esta noche. Esto parece tranquilizarlo y pone su brazo sobre mis hombros en un amago de abrazo.

—Está bien, solo sigue en shock —responde, con un dejo de orgullo—. Al parecer las sortijas de compromiso dejan sin palabras.

—¡Oh, ya veo! —exclama la mujer entre risitas—. Cualquiera chica estaría impresionada. Muchas felicidades a ambos, hacen una linda pareja.

Intento ser cordial y mantenerme serena ante sus palabras, pero lo único que deseo es gritarle que no estamos comprometidos y que el hombre junto a mí ni siquiera me preguntó propiamente si quería casarme con él.

El suplicio frente a la caja registradora termina con Tae Joon dejando una propina generosa. Su brazo aún sigue sobre mis hombros y me obliga a caminar junto a él hasta el umbral de la salida, donde un empleado del restaurante nos ofrece un paraguas.

Esperamos a que el valet traiga el Mercedez de Tae Joon. Del otro lado de la calle, hay un taxi estacionado y siento un gran impulso de correr hacia él y suplicarle al conductor que me lleve muy lejos de ahí. No logro ni siquiera animarme a hacerlo cuando la camioneta negra es estacionada frente a nosotros.

Tae Joon vuelve a abrir la puerta para mí, pero ya no dejo que me ayude a subir. Entre menos contacto, mejor para mis nervios. «Vamos a pasar un largo rato en su auto, ¿qué tal si desea retomar la conversación? ¿Si intenta besarme de nuevo?», los pensamientos comienzan a acecharme.

—So Min —me nombran, pero el ruido en mi cabeza no me deja escuchar.

La calidez y la cercanía de un cuerpo en mi flanco izquierdo me regresan a la realidad y me encuentro con Tae Joon casi sobre mí; su brazo se extiende frente a mí y hace su camino hasta mi hombro derecho. La sorpresa me hace soltar un gritito y le empujo sin pensarlo.

—¡Qué rayos! —exclama, ya fuera de mi espacio personal, mientras se soba el pecho—. Solo quiero ayudarte a ponerte el cinturón de seguridad.

Sacudo la cabeza para alejar el pánico que ha nublado mi consciencia y, sin decir nada, me pongo dicho cinturón. Tae Joon me analiza y sus ojos me dicen que en ese momento empieza a dudar de mi cordura.

—¿Qué pasa contigo, So Min? Estás actuando muy raro desde que regresaste de hablar con tu hermana —dice, mientras se pasa una mano por el cabello.

—Lo siento, pero solo quiero ir a casa. —Quiero darme un golpe cuando pronuncio esto con voz queda, casi temerosa.

Tae Joon suelta un suspiro ruidoso que me da a entender su frustración. Me preparo mentalmente a cualquier comentario que haga a continuación; sin embargo, no dice nada, solo pone en marcha el auto.

La tensión es palpable entre nosotros. Sé que Tae Joon quiere decir algo, pero se contiene, y le agradezco porque, de lo contrario, me pondría a llorar de la desesperación. A mitad del camino, enciende la radio y me concentro en la música y en la letra de las canciones. Justo cuando termina una canción sobre un chico lobo, llegamos a mi casa.

No espero a que Tae Joon apague el motor. En el instante en que se estaciona, abro la puerta y salgo disparada. No me despido, ni siquiera le dedico una mirada. Lo único que ocupa mi mente es entrar a mi hogar y fingir que este día nunca ocurrió.

—So Min, ya llegaste —me saluda mi hermana cuando entro en casa.

Ella sigue en la sala de estar, ya no lee, sino que ve televisión con mi hermano menor.

Min Hyuk se vuelve hacia mí y su semblante se tiñe de preocupación. A pesar de que mi hermano es molesto e irritante, es el único que puede adivinar lo que siento o pienso. Por su gesto, supongo que ha descifrado la angustia que me embarga.

Mi hermano menor está a punto de hablar, pero su mirada va más allá de mí y soy consciente de que mi suplicio aún no termina.

—¿Tae Joon-sshi? —lo nombra mi hermana. Aunque su voz tiene ese tono de aprecio, también está tintado con confusión.

—Buenas noches, noona... Min Hyuk-sshi.

Mi hermano menor hace un gesto de desagrado ante el saludo de Tae Joon, no sé si por la manera en que se dirige a So Ah o por como lo nombra a él con tanto respeto.

—Lo siento si entré sin avisar, pero solo quería saber si So Min estaba bien. Cuando estábamos cenando, justo a la hora del postre, me dijo que tenía que volver a casa, pues había una emergencia. Parecía muy preocupada, así que me ofrecí a traerla de vuelta. En el camino parecía muy distante y, por la manera en que salió de mi auto sin despedirse, me hizo pensar que realmente había pasado algo terrible.

Aún le doy la espalda a Tae Joon, así que no puede ver el gesto de súplica que les hago a mis hermanos para que mientan conmigo.

—Sí, teníamos un problema, por eso llamamos a So Min, por suerte ya lo arreglamos —explica Min Hyuk, con naturalidad. Eran estos momentos en los que amaba a mi hermano menor.

Por fin reúno el coraje suficiente para encarar a Tae Joon. Su semblante indica que no se cree la vaga explicación de Min Hyuk. Cuando sus ojos se posan en mí, parece que desea corroborar la historia, pero me encojo de hombros, restándole importancia a la situación.

—Entonces, si todo está bien, será mejor que me retire —anuncia y un gran peso se levanta de mi existencia.

—¡Espera, Tae Joon-sshi! —le llama So Ah y cuando me vuelvo hacia ella, deseo que mi mirada fulminadora haga hoyos en su piel—. Gracias por traer a So Min­-nie. Qué lamentable que hayan interrumpido su cena por esta... urgencia. Si gustas, podemos ofrecerte una taza de té.

Unnie, no creo que pueda aceptar tu invitación —respondo antes de que él lo haga—. Mañana tiene que acompañar a su padre a Ulsan, ¿no es así, Tae Joon?

Me dirijo hacia él y deseo convencerlo con mi mirada. Es evidente el debate interno que ocurre en su cabeza.

—Te agradezco la invitación, noona, pero como ha dicho So Min, mañana debo viajar temprano a Ulsan. Estoy asistiendo a mi padre en un caso. Pero, en cuanto regrese, vendré a visitarles.

So Ah parece satisfecha con esa respuesta.

—¡Qué tarde es! Creo que es mejor que vayas a casa, Tae Joon —sugiero y lo guío a la puerta.

Él asiente con la cabeza y se despide de mis hermanos. Mi intención es no acompañarlo hasta el portón, sino guiarlo a la puerta y, si es posible, cerrarla en su cara.

—En cuanto regrese de Ulsan, te llamaré para reunirnos —murmura Tae Joon, cuando cruza el umbral de la puerta—. Debemos terminar nuestra conversación, aún hay mucho que debo decirte. ¡Ah! Y he guardado mi obsequio en tu bolso, de todas formas, ya es tuyo.

¿Qué? ¿Acaso guardó el anillo en mi bolsa cuando yo me fui al baño?

—Claro —respondo simplemente, pero por dentro le grito lo desquiciado que está.

Lo miro cruzar nuestro jardín y cerrar el portón. Cuando su auto desaparece en la calle oscura, entro a mi casa con urgencia, debo revisar mi bolso y tirar a la basura su obsequio.

—So Min, ¿podrías explicar qué es esto? —cuestiona mi hermana mayor cuando me interno en la sala de estar.

Esto no puede ponerse peor.

Ella está de pie y su brazo está extendido, en su mano sostiene la caja roja. La tapa está levantada y la luz de la lámpara se refracta en el diamante redondo. El rostro de mi hermana mayor refleja su asombro y puedo que asegurar que es completamente positivo.

Min Hyuk también está de pie y sus ojos van con rapidez de mi rostro a la sortija. También está sorprendido, pero, al contrario de mi hermana, parece atormentado.

Trato de ordenar mis pensamientos, pero me cuesta mucho concentrarme. ¿En qué momento mi vida adulta se volvió un caos?

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