18. Diversión nocturna
Es viernes y uno de los pocos en los que me he quedado sola en casa. Min Hyuk ha salido a cenar con sus amigos de la universidad y So Ah tiene una cita con uno de sus compañeros del Hospital, del que solo conozco tres cosas: es su superior, mi hermana lo conoce desde hace un tiempo y entre ellos hay mucha «química».
Aunque no es común que me quede sola, aprovecho para tener un «tiempo especial» conmigo misma. Ordeno a domicilio mi platillo favorito en el restaurante de comida italiana que se encuentra a unas cuadras de mi casa y que frecuento con mis hermanos. Después de cenar, me paso a la sala de estar para hacer maratón de mi saga de películas favoritas, la trilogía Before.
A mitad de Before Sunset, mi teléfono timbra, anunciando un mensaje de texto. Sin dejar de mirar la televisión, recojo el dispositivo de la mesita de centro y oprimo el botón para encender la pantalla.
Es Su Ho. Después de su partida de Inkigayo, hemos mensajeado constantemente: él me dice cómo le va con el comeback, yo le platico sobre las emisiones de la semana. A veces hablamos de cosas más personales, por ejemplo, me ha contado sobre su vida antes de ser idol y yo, sobre mis tiempos en Bucheon y la universidad. Considero que a través de nuestras conversaciones nos hemos conocido más y que ya lo veo como un amigo cercano.
«Hola, So Min. ¿Estás ocupada?», leo el mensaje.
Le contesto con un sticker de un osito saludando y después escribo «no, estoy libre». En menos de cinco minutos, mi teléfono vibra con una llamada entrante. El nombre de Su Ho y su imagen resplandecen en la pantalla y presiono el botón verde.
—Hola, Su Ho.
—¡Hola, So Min! Me alegra mucho escuchar tu voz —saluda con entusiasmo.
—Lo mismo digo —replico—. ¿Podrá saberse el motivo de tu llamada? Haz interrumpido mi «tarde cinéfila» y yo nunca contesto el teléfono cuando veo películas, más si se trata de mi favorita. Considérate especial y con suerte...
Le escucho soltar una carcajada ruidosa y me complace saber que tenemos la suficiente confianza para hacernos bromas.
—Disculpa, So Min, prometo no volver a interrumpir tus tardes cinéfilas —dice, siguiéndome el juego—, solo si me invitas a la próxima.
—Gracias por aplicar, te llamaré cuando haya decidido si eres un buen candidato —respondo con la formalidad de un reclutador de empleados.
Su Ho y yo nos reímos ante nuestra interacción juguetona, realmente es bueno tener alguien con quien hablar y reír libremente.
—Te llamo para invitarte a salir —comenta, y de inmediato agrega—: como amigos, obviamente...
—¿Salir? ¿A dónde? —cuestiono, con una sonrisa de lado.
—No te lo puedo decir porque pretendo que sea sorpresa —menciona—, pero puedo decirte que es un lugar muy divertido y nunca lo disfrutarás de la misma forma después de que te lleve.
—Suena tentador, pero ¿no crees que es muy tarde para salir? No estoy lista y aún tengo que moverme a donde sea que estés.
—No te preocupes, yo pasaré por ti, otra de las pistas es que está cerca de tu casa.
Hago un listado mental de los posibles lugares a los que se refiere, por lo que me quedo callada un tiempo considerable.
—Vamos, So Min, no lo pienses tanto —insiste—, prometo que será divertido.
—Está bien —accedo y volteo los ojos mientras sonrío, aunque él no pueda verme.
—¡Genial! Llego en menos de 15 minutos —anuncia.
—Por mientras me alistaré, no creo que mi pijama sea el mejor atuendo para una salida —comento, mientras miro el estampado de rayas de mi blusa de dormir.
—Bien, aunque pienso que no importa lo que uses, siempre te ves linda —opina y agradezco que no puede ver mis mejillas ruborizadas—. Nos vemos en un momento, ¿de acuerdo?
—Claro, te envío la ubicación de mi casa por medio del chat —le digo antes de que nos despidamos y colguemos.
Apago la televisión y subo apresurada a mi cuarto. La incertidumbre me dificulta elegir el atuendo adecuado, no sé si iremos a un parque, a un restaurante lujoso, una discoteca, al cine o una cafetería. Como no tengo mucho tiempo para decidir, al final uso un pantalón recto negro, un suéter de punto azul naval con cuello alto y un abrigo de lana largo para contrarrestar el frío de la noche.
Justo cuando termino de cepillar mi cabello, recibo el mensaje de Su Ho en el que dice que ya está afuera. Tomo mi bolsa y bajo las escaleras. Después de calzarme los zapatos en el recibidor, les aviso a mis hermanos de mi salida inesperada.
Ya afuera de mi casa, me encuentro con Su Ho, quien me espera frente a una camioneta SUV color negra, muy lujosa, por cierto.
—Te ves muy bien, So Min —me saluda cuando cierro el portón detrás de mí.
—Gracias —respondo y miro mi ropa—. En realidad, no sabía cómo vestirme, no he descifrado a dónde me llevarás. Lo único que se me ocurre que puede estar abierto a esta hora son las discotecas, pero no creo que me lleves a una, ¿o sí? Porque puedo ponerme algo más festivo...
—No, no iremos a una discoteca —responde, divertido—. Al lugar al que iremos usualmente lo visitan niños, padres, madres, abuelos, hasta extranjeros... Pero en esta ocasión, no estará abarrotado de gente. Habrá muy pocas personas, menos de veinte, contándonos entre ellas.
Me quedo con esa información y sigo preguntándome a dónde me llevará. Su Ho y yo rodeamos el auto hacia el lado del copiloto; como el chico amable y atento que es, me abre la puerta y espera a que esté bien acomodada para cerrarla.
Él sube al lado del piloto, se coloca el cinturón de seguridad al mismo tiempo que yo y pone en marcha el auto.
En el camino, conversamos sobre cosas triviales. Más pronto de lo que me imagino llegamos al lugar. Su Ho se interna en un amplio estacionamiento (desierto, cabe resaltar) y mi mandíbula cae cuando descifro en dónde estamos.
—¿Lotte World? —le cuestiono, pasmada, mientras observo la estructura del parque de diversiones a través de la ventanilla.
—Sí —responde, después de reír, supongo que mi sorpresa le complace.
—¡Es imposible! ¿Acaso cerraron el parque para ti? No creo que sea justo venir aquí si estás usando tus influencias de idol...
—¡No, no es lo que crees! —se apresura a aclarar cuando se estaciona cerca de la entrada—. La verdad es que EXO está grabando una programa especial en el parque.
—¿En serio? —le pregunto, aún más asombrada—. Entonces, ¿estaremos nosotros, tu grupo y el equipo de filmación?
—Sí, espero que no te incomode. Debo mencionar que no te invité para que participaras en el programa. A decir verdad, solo quería que pasáramos el rato, tiene más de dos semanas que no nos vemos... —confiesa mientras se lleva una mano a la nuca en señal de vergüenza.
—No me incomoda, te agradezco que me hayas invitado —aseguro—. Lo único que me preocupa es que alguien nos fotografíe y empiecen a circular rumores sobre nosotros... ¿es seguro que yo esté aquí?
—Sí, una de las razones por las que estamos grabando de noche es para que nadie nos moleste. Además, la entrada está resguardada. Lo único de lo que tienes que preocuparte es de divertirte.
—Bien, ya me convenciste —declaro con entusiasmo—. Entonces es mejor que vayamos.
Cuando alcanzamos la entrada más cercana al edificio, vemos hay un par de guardias y un hombre de casi cuarenta años. Este último, parece preocupado y revisa constantemente el teléfono en sus manos. Cuando nos detenemos frente a él, alza la mirada y su rostro se tiñe de alivio.
—¡Por fin regresas, Jun Myeon! El director empezó a preguntar por ti hace diez minutos. Vamos antes de que empiece a quejarse —le avisa con cierta autoridad, así que supongo que debe ser uno de sus managers.
Su Ho se disculpa y le seguimos en silencio. Cruzamos un par de puertas de cristal, andamos por un pasillo iluminado tenuemente; cuando salimos de él, mi mandíbula cae.
El parque es enorme, colorido y lleno de atracciones. He de aclarar que solo visité Lotte World un par de veces antes de que me mudara a Bucheon. Como era niña, no recordaba el esplendor del lugar. Observo lo que puedo pues hay mucho que ver: la gran pista de hielo en el centro, un carrusel sacada de una ilustración infantil, construcciones con forma de castillos al estilo europeo, un monorriel que se alza sobre todas las construcciones del parque (supongo que de alguna montaña rusa). Lo que me sorprende aún más es la quietud del recinto a causa de la falta de personas. Tan callado está que es posible escuchar la música instrumental que ambienta el parque.
—Tenemos que ir al tercer piso —murmura Su Ho junto a mí. ¿Tercer piso?
Subimos mediante un elevador con paredes de cristal. Cuando llegamos, la vista me parece aún más asombrosa. El manager nos guía y pasamos por varios juegos mecánicos grandes y una especie de zona de restaurantes (cerrada, obviamente).
A lo lejos, diviso a un grupo de personas. A medida que nos acercamos me doy cuenta de que son algunos miembros de EXO, personal de grabación y un par de estilistas.
—Su Ho, ¿dónde estabas? De repente desapareciste —menciona un chico de estatura baja y cara redonda.
Él está junto a otros dos chicos que también son del grupo, a uno de ellos lo reconozco de inmediato: es el que me confundió en el backstage del Gayo Daejeon.
—Lo siento, chicos, fui a recoger a una invitada especial —comenta Su Ho, señalándome—. ¿Recuerdan a Kang So Min?
Los tres chicos frente a nosotros asienten y sonríen con amabilidad.
—Claro que recordamos a Kang So Min —menciona uno de ellos, su tono es juguetón y su sonrisa, perspicaz—. Como olvidarla si Lay hyung creyó que era la novia de Baek...
—Oh, no de nuevo, ¡supéralo, Chen! —se queja el aludido en un acento muy marcado. Sus mejillas se encienden.
Los demás chicos estallan en carcajadas y a mí me da un poco de pena que sigan trayendo el incidente al presente, así como que se burlen del pobre chico.
—Hola, me alegra verlos de nuevo —saludo, cuando las risas disminuyen.
—A nosotros también nos alegra verte, So Min —responde el chico de mejillas redondas—. Hace un tiempo que no nos veíamos, por si no lo recuerdas yo soy Xuimin, él es Chen y él es Lay, a quien seguro recuerdas más...
Los chicos vuelven a reírse, y ahora me uno para no parecer apenada. De pronto, anuncian que Chen y Xuimin deben grabar una parte, así que se van. Me quedo con Lay y Su Ho.
—Lo siento por las bromas y por lo que pasó aquella vez, señorita So Min —comenta el chico, mientras se rasca el cuello.
—No te preocupes, Lay —respondo, sonriéndole—. No es tu culpa, supongo que debe ser difícil tener compañeros de grupo que hacen bromas pesadas.
—Sí, a veces lo es —concuerda—, pero yo no creo que sean simples bromas, como dicen por ahí: «cuando bromeamos sobre algo, es porque nos cuesta reconocer un deseo o la verdad».
Mis ojos se abren como platos ante su comentario inesperado, que bien reconozco es una insinuación a algo.
—Bien, creo que hay que aprovechar el tiempo que tenemos en el parque —interviene Su Ho, y le agradezco mentalmente que cambie de tema—. So Min, ¿a qué juego te gustaría subir?
—Sin duda a la montaña rusa —respondo con rapidez; no obstante, repongo insegura—. Pero, ¿no están ocupados grabando?
—No, en realidad ya terminamos con nuestras escenas —contesta Su Ho.
—Entonces, ¿por qué te buscaba el director? —interrogo, confundida.
—Oh, porque al final grabaremos una escena con el grupo entero —explica ahora Lay—, pero aún falta un rato para eso. Por ahora, podemos acompañarte a la atracción que quieras.
—Bien, entonces será mejor que nos vayamos, pues tengo una larga lista de juegos a los que quiero subir —comento con entusiasmo renovado.
Así es como empieza la diversión de la noche. La montaña rusa es la primera atracción a la que subimos, seguido de las tazas giratorias, el carrusel y Jungle Adventure, un recorrido en un río con el escenario de una caverna escondida en la jungla. Entramos a la casa de los espejos y al Laser Arena. Me encuentro tan inmersa en mi estado de adrenalina y diversión, que pierdo la cuenta de a cuántas atracciones nos montamos, así como no tengo noción de cuando tiempo ha pasado.
Salimos de The Comet Express, un dark ride sobre el espacio en el que los asientos giran a 360°. Lay parece que se ha mareado y, con urgencia, nos avisa que irá al baño.
—¿Te estás divirtiendo? —pregunta Su Ho, mientras seguimos caminando.
—Claro que sí, es la mejor salida que he tenido —respondo, mientras le regalo una sonrisa complacida—. Muchas gracias por invitarme.
Su Ho me regresa el gesto, al mismo tiempo que sus mejillas se tiñen de rosado. A lo lejos, escuchamos algunos gritos y la maquinaria de una de las atracciones.
—¡Vamos a ver ese juego! —exclamo, mientras lo tomo del brazo y empezamos a correr.
Nos detenemos a cien metros de una especie de arca gigante que se impulsa de adelante hacia atrás, casi a punto de dar una vuelta completa. Se llama The Conquistador. Un grupo de personas se encuentra a los pies de ella, supongo que es el personal de grabación y otros managers.
En el juego mecánico cuento a cinco miembros de EXO, sus exclamaciones y risas son tan escandalosas que hacen eco en el recinto.
—Cuando termine, quiero montar ahí —le digo a Su Ho, mirando cómo el movimiento del arca pierde fuerza.
—¿No prefieres algo más tranquilo? Aún no vamos a los carros chocones... —sugiere, con tono inseguro.
—¿Acaso te da miedo?
Me vuelvo hacia él con una ceja alzada y una creciente sonrisa burlona. Recibo una mirada fulminadora que hace que me carcajee en respuesta.
—¡Vamos, Su Ho! ¡No seas gallina! —replico y vuelvo a tomarlo del brazo para arrastrarlo conmigo hacia la atracción.
Nos acercamos y, mientras esperamos a que el juego pierda por completo su fuerza, Su Ho saluda al grupo y me presenta. Los cinco chicos descienden del arca cuando por fin se para; en sus manos, sostienen pequeñas cámaras, ante las cuales expresan cómo se sintieron.
Entre ellos, diviso a Baek Hyun y mi pulso se acelera (y no a causa de la adrenalina). Él aún no me ha visto, pues platica con sus compañeros y hace algunos comentarios frente a su cámara.
Desde el último día en el que estuvo en Inkigayo, no lo he visto. Min Hyuk ha llegado a comentar (no porque yo le haya preguntado) que Baek Hyun está demasiado ocupado con lo que implica el comeback: desde largas sesiones en el estudio de grabación, interminables prácticas de baile, hasta varias sesiones de fotos y filmaciones para la promoción visual del grupo. Por una parte, agradezco no habérmelo encontrado, pues mi reacción fue deplorable la última vez que estuvimos juntos. Siempre que rememoro mi comportamiento, me atacan la vergüenza y las ganas de borrarme la memoria.
Los chicos bajan de la plataforma de The Conquistador, detienen las cámaras y las entregan al equipo de grabación.
—¡Eso fue genial! Deberíamos subir de nuevo, no pude gritar como quería para no arruinar la grabación —dice el más alto de ellos.
—Yo paso, creo que voy a vomitar si subo de nuevo —comenta Baek Hyun con humor.
Su mirada recorre el grupo de personas. Cuando da con mi rostro, palidece, como si acabara de ver un fantasma. Sus ojos viajan sobre mi cuerpo y se detienen en mi mano, la cual aún sostiene a Su Ho. Su semblante se ensombrece e inmediatamente suelto mi agarre.
Baek Hyun camina con lentitud hacia mí, sus ojos serios nunca dejan mi persona. De un momento a otro, siento que mis piernas me flaquean, así como mi respiración se entrecorta.
—So Min —me nombra y mi corazón se detiene por un milisegundo—. ¿Qué haces aquí?
Intento pronunciar una respuesta, no obstante, mi mente parece que está trabajando al diez por ciento de su capacidad.
—La he invitado —responde Su Ho por mí, su tono es amigable.
—¿Por qué lo has hecho? —interroga Baek Hyun con molestia y sin dejar de mirarme.
—Porque es mi amiga y tenía ganas de pasar un rato con ella —contesta, ahora menos amigable y más retador.
Las palabras de Su Ho son suficientes para que Baek Hyun rompa el contacto visual conmigo y lo dirija hacia su compañero de grupo. No pronuncian palabra alguna, sin embargo, el silencio denota a gritos la tensión entre ambos.
—Chicos, el director ha anunciado que es hora de nuestra última atracción en grupo.
Baek Hyun es el primero en desviar la mirada. Nos da la espalda y camina lejos de nosotros junto con el chico alto. En su ausencia, por fin puedo liberar el aire que contenía en mis pulmones.
«¿Qué le pasa ahora? Nunca le había visto comportarse de esa manera. ¿Acaso le molesta que yo esté aquí?», pienso ofendida y preocupada.
Su Ho suspira a mi lado y me vuelvo hacia él. Supongo que la consternación se refleja en mi rostro, pues comenta:
—Últimamente, Baek ha actuado muy raro. Después de la noticia de Inkigayo ha tenido uno que otro roce con la agencia. Una vez le pregunté que le molestaba, pero no me quiso decir. Supongo que es la presión del comeback... —hace una pausa y murmulla—: o tal vez es porque no te ha visto desde entonces...
Si quería fingir que no había escuchado eso, no puedo, pues me atraganto con mi respiración. Su Ho ríe por lo bajo y le doy la espalda para que no vea la pena que colorea mi cara y cuello.
—¡So Min! ¡Su Ho! —Xiumin nos grita y hace señas para que nos acerquemos al grupo.
Vamos hacia ellos, quienes parecen debatirse a dónde entrar.
—¿Por qué no subimos a la montaña rusa? —propone un chico que habla como si tuviera sueño.
—Porque ya nos subimos a ella, Se Hun —responde el chico más bajo de todos—. ¿Por qué nadie sigue mi moción de entrar a Tomb of Horror?
—D.O., eres el único que quiere ir a esa cosa —se queja el chico más alto—, tal vez porque eres el raro del grupo.
—Chan Yeol, eres el único que se queja... tal vez porque eres la gallina de EXO —replica, monótono.
—¡No discutan! —interviene Xiumin—. ¿Por qué no dejamos que nuestra invitada elija?
Nueve pares de ojos se colocan sobre mí y miro a todas partes, evadiendo la atención del grupo.
—Querrás decir mi invitada —repone Su Ho.
De fondo, escucho que alguien bufa con irritación y murmulla entre dientes.
—¡Sí, que la señorita So Min elija! —exclama Lay, aplaudiendo—. Pero que no sea algo que gire, no quiero vomitar de nuevo...
Nos reímos de su comentario, pero la expectación trae de nuevo la seriedad en el grupo, así que me concentro en formular mi propuesta.
—Me interesó la que mencionó D.O. —menciono—, siempre he querido saber si las casa de terror dan tanto miedo como lo pintan las películas.
Algunos protestan por lo bajo, pero ninguno dice que no, tal vez porque no quieren ser llamados «gallinas», como Chan Yeol.
Caminamos hacia la atracción. Al llegar frente al edificio decorado como una mansión abandonada, el equipo de grabación le extiende las cámaras a Lay, Chan Yeol, Kai y Se Hun para que graben el recorrido. A mí me piden que me quede hasta atrás para evitar salir en las tomas, aunque dudo que salga, pues adentro debe estar muy oscuro. Su Ho propone acompañarme.
Atravesamos un portón de herrería y subimos la escalinata. Cruzamos una puerta de madera decorada con manchas rojas, telarañas y la huella de una mano ensangrentada; nos recibe el espacio tenuemente iluminado con luces rojas. Los sonidos de ambientación son gritos, risas macabras y madera que cruje con pisadas. También hay maniquíes de los típicos personajes de las películas de terror: zombis, demonios, hombres lobo, vampiros, el monstruo de Frankenstein.
Camino lentamente con Su Ho, adelante de nosotros avanzan Xiumin y D.O., y frente a ellos, alcanzo a ver a Chen. Agradezco que no puedo ver a Baek Hyun, porque sería un rato muy incómodo, más que tenebroso.
—¿Tienes miedo? —susurra mi acompañante—. Si quieres puedes tomar mi brazo o mi mano...
—Gracias, Su Ho, pero estoy bien —respondo—. La verdad, no es tan tenebroso como creía. Pero si tú tienes miedo, puedes sostenerte de mí...
Se ríe por lo bajo y siento que roza su mano con la mía, como si realmente fuera a tomarla, pero no lo hace.
En cierta parte del recorrido, la iluminación cambia y los caminos se bifurcan. Seguimos a los chicos frente a nosotros y llegamos a una especie de habitación hecha un desastre: hay muebles destrozados, las paredes están manchadas de rojo, las cortinas están desgarradas y por el suelo se encuentran regados algunos objetos.
Estoy tan concentrada en ver los detalles de la habitación, que no me percato de un pedazo de madera en el suelo y tropiezo con él. Soy afortunada de que Su Ho camine a mi lado, pues me sostiene y evita mi caída.
—Muchas gracias —le digo, riendo con pena.
Él solo sonríe y sigue caminando. Su gesto denota intranquilidad, supongo que la casa de terror ya empieza a darle miedo.
Salimos de la habitación para entrar a un pasillo con las mismas pintas. Xiumin y Chen se han adelantado, así que ya no los alcanzamos en este tramo. Me atraso por unos pasos, pues me llama la atención el detalle en uno de los maniquís colgados.
—Creo que ya estamos por salir de la casa, hay que apresurarnos —menciona Su Ho.
El pasillo se bifurca frente a nosotros. Intento alcanzar a Su Ho para tomar el mismo camino, pero las luces se apagan y el lugar se sume en una oscuridad total.
Las luces vuelven a prenderse, pero el chico que venía conmigo ya no está y no sé si fue hacia la izquierda o la derecha.
—Su Ho —le llamo para guiarme con su voz.
—So Min —me responde, pero no puedo descifrar de dónde viene.
Las luces comienzan a parpadear, se escuchan gruñidos (que provienen de los altoparlantes), y un escalofrío recorre mi espalda, como si alguien me mirara por detrás. El mal presentimiento me obliga a tomar una decisión inmediata, por lo que me muevo hacia la izquierda y entro en un nuevo pasillo, el cual está más oscuro.
—¿Su Ho? —lo nombro de nuevo, para corroborar que lo estoy siguiendo, mas no recibo respuesta.
El mal presentimiento nunca se va y si antes no tenía miedo, ahora sí lo tengo. ¿Por qué me separé de Su Ho?
Avanzo con el único deseo de encontrar la salida. Diviso el final del pasillo y una cortina, supongo que da hacia el final del recorrido, así que apresuro mi paso.
Las luces comienzan a parpadear de nuevo y se funden en menos de un minuto, dando paso a la oscuridad.
—Grandioso —murmullo para mí misma.
Espero a que enciendan las luces, pero no lo hacen. Retomo mi paso apresurado; se me ocurre usar mi teléfono para iluminar el camino, así que busco a tientas dentro de mi bolso con tira cruzada.
Justo cuando ya lo tomo, el crujido de la madera a mis pies me espanta y me vuelvo tan rápido que me enredo con mis piernas y pierdo el equilibrio. Estoy segura de que ahora nada detendrá mi caída. Agito los brazos para sostenerme de las paredes, de lo que sea, pero no hay nada cerca. Espero el choque de mi espalda contra el suelo, sin embargo, me detiene una superficie plana, algo así como un maniquí o un mueble. No logro sentirme aliviada porque el susto me sobrecoge al sentir el roce intencional de unas manos en mis costados.
Grito y me incorporo, lista para huir, pero la oscuridad me desorienta tanto que no sé hacia dónde moverme. Extiendo los brazos para sentir lo que hay frente a mí, hallo (ahora sí) una pared, así que giro hacia la izquierda.
Mis manos temblorosas tantean el espacio; tengo muchas ganas de gritar y llorar, pero me aguanto, debo salir de aquí. Avanzo unos pasos y mis manos chocan con una superficie plana y cálida, como el pecho de un hombre.
—¡Oh, Dios mío! —exclamo ante el contacto.
Intento alejarme, pero un par de manos me sostienen de los hombros y vuelvo a gritar, al mismo tiempo que lucho por liberarme.
—Shh —chista el extraño y me aprieta ligeramente.
Sus manos viajan por la extensión de mis brazos y me pregunto por qué mi piel se eriza en algo muy alejado al miedo o la repulsión. Se detiene en mis manos y ahí entrelaza nuestros dedos.
—No me importa si eres Su Ho o alguien más, lo único que me interesa es salir —le digo con voz temblorosa—, ¿puedes sacarme de aquí, por favor?
El chico no responde, solo me da un apretón, libera mi mano derecha y la madera cruje debajo de él, anunciando que se está moviendo. El jalón me indica que comience a caminar y así lo hago.
No sé cómo le hace para guiarse en la oscuridad, tampoco me pongo a pensar que tan seguro es confiar en alguien que no puedo ver. Lo único que ocupa mi mente es salir de aquí. Choco contra la espalda del desconocido cuando se detiene y escucho el movimiento de una tela. De nuevo jala de mi mano, y deduzco que estamos cruzando la cortina que había visto a final del pasillo. La luz es bastante tenue en este espacio, así que no puedo descifrar quién está guiándome.
Por fin llegamos a la salida y bajo la mirada para protegerme del exceso de luz del parque. Parpadeo un par de veces y enfoco mis ojos en mi mano entrelazada con la del extraño: sus dedos delgados y estilizados aprietan ligeramente los míos, su palma suave le da calidez a la mía.
Mi mirada sube por su brazo delgado, recorre su espalda cubierta con una chamarra de mezclilla, hasta su cabeza. ¡Qué raro! Podría jurar que Baek Hyuk tiene el mismo corte y color de cabello...
Me suelto con brusquedad y me llevo la mano al pecho, como si me hubiera quemado. ¿Él fue quién me asustó y me salvó? Pero, ¿cómo?
—¿So Min? —la voz de Su Ho me llama a unos metros y me vuelvo en su dirección.
Jadeo con sorpresa cuando me percato de que todos (el equipo de grabación, EXO y los managers) nos miran a los pies de la escalinata de la mansión de terror. Sus gestos son variados: los miembros del grupo nos observan con diversión (salvo Su Ho), los managers, con preocupación, y el equipo del programa, con incomodidad o confusión.
Regreso mi mirada hacia Baek Hyun, quien ya me da la cara. Sin embargo, sus ojos chispeantes y retadores me tienen deseando que se volteé de nuevo.
—Baek Hyun, haz algo... —murmullo entre dientes—, diles que es un malentendido.
—No —responde. Sus ojos brillan con algo desconocido: tal vez recelo o astucia.
—¿Qué? —casi le grito, exasperada por su actitud—. ¿Por qué haces esto?
—Para dejar las cosas en claro.
¿En claro? ¿Por qué? ¿Para quién? Porque a mí no me queda claro con qué finalidad me pone en situaciones tan complicadas, que me dejan con una gran incertidumbre y un corazón alborotado.
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