11. So Min, la nueva MC

Caminamos hombro a hombro. Dejamos atrás el auditorio, a mi familia, a Seo Min, a la familia Hong, a Tae Joon y al compromiso al que quería obligarme aceptar.

Su mano sigue sosteniendo la mía. Extrañamente, su calidez y suavidad me reconfortan, me hacen sentir segura y me tienen prefiriendo mil veces su toque al del chico que hace unos minutos tenía toda la intención de lastimarme.

Cuando los edificios de una de las Facultades de la universidad empiezan a rodearnos, nos detenemos y él se coloca frente a mí. En silencio, me inspecciona con preocupación. En el momento en que sus ojos alcanzan mi rostro, su ceño se frunce con extrañeza. Su mano libre entra en mi campo de visión, no me sobresalto cuando alcanza mi mejilla y la roza casi con un toque imperceptible, limpiando el rastro de las lágrimas que he soltado.

—¿Estás bien? —pregunta casi en un susurro, sin apartar su mirada inquieta de mi rostro.

—Creo que sí... —respondo de la misma forma y le contemplo casi hipnotizada.

—Lo siento por no haber intervenido antes, pude haberte ahorrado aquel mal rato.

—No te preocupes, al menos ya acabó.

Seguimos mirándonos fijamente. Descubro que sus facciones han cambiado considerablemente, parece más maduro y adulto, hasta lo hacen llamativo. No obstante, sus ojos siguen siendo los mismos: expresivos y brillantes, justo como en nuestra adolescencia.

—¿Por qué estás aquí? —le pregunto, despertando de mi ensimismamiento.

—Para auxiliarte. Min Hyuk me contó sobre la situación. Él estaba muy enojado, no podía pensar en otra cosa más que acabar con tu amigo. También estaba muy preocupado, así que me llamó en auxilio. Al principio, no iba a hacerlo, aún no era el tiempo. En Inkigayo me di cuenta de que todavía no estabas lista.

»—Pero como quiera vine. No pude evitarlo. Miré la escena a lo lejos y, al inicio, me percaté de que tenías la situación bajo control. Lo estabas enfrentando bien y deduje que él se rendiría pronto. Cuando vi cómo te agarró y cómo estuvo a punto de seguir el camino de los cobardes, supe que debía salvarte...

Niego con la cabeza y su mirada se desvía al suelo, como si le hubiera regañado.

—Lo siento si no es lo que querías, So Min, sé que eres fuerte y completamente capaz de defenderte...

—Te agradezco, al final sí me salvaste —le interrumpo suavemente—. Pero eso no es a lo que me refería. Byun Baek Hyun, ¿por qué estás aquí?

Sus ojos vuelven a mí y un gran signo de interrogación se posiciona en su semblante.

—No entiendo... —balbucea.

—Me refiero a por qué estás aquí... de nuevo, en mi vida.

Su rostro se ilumina con entendimiento y lucha por ocultar su sonrisa aliviada y juguetona. No me doy cuenta de que acorta la distancia y que ahora puedo percibir su perfume, un aroma fresco, reconfortante y llamativo.

—Ya era hora de que volviera —responde. Sus ojos no se desconectan de los míos cuando pregunta—: ¿No me extrañaste?

En una situación normal, me alteraría y haría todo lo posible para separarme de él. Sin embargo, mi cuerpo ya no puede procesar más emociones fuertes, es como si estuviera adormecido. Posiblemente me tomará un par de días para regresar a mi estado normal. Ahora, solo fluiré con la sensación que agradablemente electrifica mi cuerpo. Estoy a punto de responderle, decirle algo que hará que su sonrisa se ensanche todavía más.

—¡So Min! ¡So Min!

La ilusión se rompe en millones de pedazos y nos separamos bruscamente cuando mi familia me llama y se acerca apresurada. En el instante que están con nosotros, empiezan a preguntarme si estoy bien. So Ah está contándome cómo Min Hyuk perdió el control y golpeó a Tae Joon, cuando mis ojos encuentran de nuevo a Baek Hyun. Él nunca ha dejado de mirarme y, en vez de sentirme incómoda, no puedo evitar regalarle una pequeña sonrisa, agradecida de que esté aquí.

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Paso dos semanas deseando que todo haya sido un sueño. Sobre todo, la parte en la que Baek Hyun aparece y me lleva con él hasta que mi familia nos encuentra en una especie de ensoñación frente a la Facultad de Humanidades y Artes.

Desde que me salvó de las opresivas manos de Hong Tae Joon (literalmente), Baek Hyun reaparece en mi vida. Es como si nunca hubieran pasado cuatro años desde la última vez que nos vimos. Nuestro «exvecino» ahora pasa la mayor parte de su tiempo libre en nuestra casa: desayuna, cena y come con nosotros; viene a ver películas con Min Hyuk o simplemente a pasar el rato, también se ha quedado a dormir en un par de ocasiones. Es como Bucheon de nuevo.

Afortunadamente, no tengo mucho tiempo para ver al «ex-Marciano-Byun» rondando mi casa, pues mi búsqueda de empleo me mantiene ocupada atendiendo entrevistas de trabajo. Cuando llego a topármelo en los pasillos del hogar que comparto con mis hermanos, simplemente le ignoro y me voy a mi habitación. Reitero, justo como en los tiempos de nuestra adolescencia.

Realmente no comprendo por qué lo hago. Días después de mi graduación, regresé a mis sentidos. Sí, aun agradezco la intervención inoportuna de Baek Hyun, pero no puedo evitar molestarme. Si no dejé que mi hermano se involucrara, ¿por qué lo haría un chico que no había visto en años?

Reconozco que, después de la Ceremonia, las cosas se estaban saliendo de control y, que sin el auxilio de Baek Hyun, no sé qué hubiera pasado con Tae Joon. Por cierto, lo último que escuché de mi «amigo» fue que se casará a finales de mes con una chica que sus padres le consiguieron, según dicen que es de Gangnam y es la típica mimada, frívola y superficial. El karma es bueno.

Un viernes regreso a casa por la tarde, después de asistir a una sesión de reclutamiento en una compañía de medios.

Después de entrar en la casa, dejo mi bolso en el perchero del recibidor y camino con pesadez hasta la cocina, de la cual proviene la voz de mi hermana mayor.

—No recuerdo que fuera así de gruñón la primera vez que lo conocí. Me sorprendió mucho cuando me llamó la atención y ¿sabes por qué? ¡Solo por no usar términos médicos con un paciente! Estuve a punto de reclamarle que es un amargado perfeccionista, pero me contuve. Antes de todo, es mi sunbae.

Descifro que está hablando sobre su turno de hoy con Min Hyuk, pero cuando entro de lleno en la cocina, me encuentro que no solo está con nuestro hermano, sino también con Baek Hyun.

—Supongo que se toma muy a pecho su trabajo. Espero que se dé cuenta de su error y que te compense por tratarte con tanta dureza —le comenta a mi hermana, mientras remueve constantemente el contenido de una olla en la estufa.

¿Desde cuándo So Ah y nuestro «exvecino» son tan cercanos?

—Hola, noona —Min Hyuk es el primero que nota mi presencia.

—¡So Min-nie, llegaste a tiempo! Vamos a cocinar pollo frito y Baekkie está preparando una salsa especial, dice que es receta secreta de la señora Byun —dice So Ah y no puedo reprimir una mueca al escuchar el apodo con el que se ha referido a Baek Hyun.

—Hola, So Min, ¿te ha ido bien en la reunión? —el susodicho saluda, mirándome de esa forma tan común en él.

—Hola, sí —respondo, sin mayor relevancia—. ¿En qué ayudo?

La cocina es lo suficientemente grande para que estemos los cuatro cocinando la cena. En todo el rato, mis hermanos y Baek Hyun no dejan de platicar, yo observo callada su interacción y lo fácil que los miembros de mi familia se desenvuelven alrededor del chico que ahora es un idol famoso.

Casi una hora después, estamos comiendo tranquilamente. Acompañamos nuestra cena con cerveza y por fin me puedo sentir un poco relajada. Tanto así que me permito disfrutar lo que se ha servido.

—So Min, parece que te ha gustado la salsa que preparó Baekkie —comenta So Ah, mientras vacío el contenido de mi segunda cucharada de la mezcla espesa sobre mi pieza de pollo.

Baek Hyun rápidamente levanta la vista y su sonrisa es de complacencia y asombro. Me ha agarrado con las manos en la masa y negarlo sería en vano.

—En verdad está muy buena —comento, apenada.

—Sí quieres puedo enseñarte a hacerla, es muy fácil —dice el chico que, curiosamente, está sentado frente a mí.

—No creo que me salga igual —respondo—, en realidad no soy muy buena cocinando.

—¡Oh, tonterías! —exclama Min Hyuk con la boca llena de comida—. Calientas muy bien el agua para té.

Ante su comentario burlón, hago la seña de que voy a darle un golpe en la cabeza.

—Yo tampoco soy muy bueno, pero disfruto aprender y mejorar en mis tiempos libres —confiesa Baek Hyun, no sé si sus mejillas están sonrojadas ante su declaración o por el alcohol—. Si quieres, podemos aprender juntos...

Mis mejillas copian las suyas ante su sugerencia y me atraganto con el trozo de carne que tengo en la boca. Me llevo mi vaso con líquido ámbar a los labios y mientras intento recuperarme, mis hermanos se burlan de nosotros y nuestra interacción lamentable.

Gracias a todo lo divino, al terminar la cena, Baek Hyun llama a un conductor designado y se va a su casa, pues mañana temprano tiene que reunirse con su mánager y su grupo.

En lo que Min Hyuk y yo limpiamos la cocina, mi teléfono me notifica un nuevo correo. Lo abro y en el asunto dice: «Reclutamiento para programa de variedades». En el cuerpo del correo se lee:

Estimada señorita Kang So Min:

Me complace informarle que el equipo de la compañía SBS desea entrevistarla para una vacante en un programa de variedades. Se le espera el día viernes 5 de junio a las 12 p. m. en las oficinas del Departamento de Recursos Humanos.

Quedo a su disposición,

Kim Jeon Ah

Secretaria del Departamento de Recursos Humanos de SBS

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Llego al edificio de SBS diez minutos antes del tiempo acordado. Me reporto en el lobby y una de las recepcionistas me indica a cuál piso debo subir. Cuando estoy en las oficinas de Recursos Humanos, me siento en la sala de espera a que sea llamada.

Todavía estoy sorprendida de que me hayan contactado. Al haber trabajado ahí, consideré la opción para aplicar a un empleo en la empresa, pero cuando investigue las vacantes, no había ni una disponible. Por lo tanto, fue increíble que me hayan enviado un mensaje avisándome que querían entrevistarme.

—¿Señorita Kang So Min? —me nombran y salgo de mi nube de pensamientos. A unos metros de mí, está una mujer adulta.

Me pongo de pie y me acerco hasta ella.

—Sí, soy yo —digo y hago una reverencia en forma de saludo.

—Mucho gusto en conocerla. Adelante, por favor —indica, y con su brazo extendido señala la puerta abierta de una sala de juntas.

Adentro hay una larga mesa con una docena de sillas, las cuales solo están ocupadas por tres personas: dos hombres (uno de ellos me parece familiar) y una mujer.

—Bienvenida, señorita Kang —saluda a quien vagamente reconozco—. Nosotros ya nos conocemos, pero me presento de nuevo. Soy Jung Ji Ok, director de Inkigayo. Acérquese y tome asiento, por favor.

¡Cierto! Ahora le recuerdo. Hago otra reverencia y camino hasta la mesa, me siento en la silla a la cabecera y las personas quedan a mi alrededor.

—Si me permite presentarle —continua el Director Jung—. Nos acompañan el Productor Lee, Jefe del Área Audiovisual de Programas de Variedades; la Productora en Jefe Park, del programa Inkigayo, y la secretaria Kim, del equipo de Recursos Humanos, quien la contacto y la ha recibido ahora.

—Mucho gusto, gracias por recibirme hoy —saludo y hago una reverencia en mi asiento.

—La convocamos el día de hoy porque deseamos que sea parte de nuestra empresa —dice la Secretaria Kim, mientras entrelaza sus dedos sobre la cubierta de la mesa.

—Su trabajo anterior con SBS fue muy significativo y sus aptitudes nos dieron una buena impresión, así que la contactamos para entrevistarla y proponerle una vacante —menciona la Productora Park, con una sonrisa amena.

—Muchas gracias. Si me permiten, puedo compartirles mi CV... —digo, mientras busco el folder dentro de mi bolso.

—No será necesario, recibimos sus datos, así como una carta de recomendación que avala su experiencia —explica la secretaria.

¿Alguien me recomendó? Deseo preguntar quién fue, pero el Productor Lee interviene.

—Hemos revisado su información y tiene muy buenas referencias. El Director Jung, especialmente, ha constatado que la relación de trabajo con usted, señorita Kang, fue positiva y eficiente y, ahora que se ha abierto la vacante de presentadora de Inkigayo, nuestra primera opción fue usted.

—Disculpe, ¿dijo vacante de presentadora? —cuestiono, confundida.

—Sí, señorita Kang. En realidad, la vacante no se ha publicado en la Bolsa de Trabajo de la empresa —explica el director—. Nuestra anterior MC, Kim Yoo Jung, estaba bajo contrato temporal, el cual ya ha llegado a su término y no se renovará, pues tiene otros compromisos laborales. Así que Inkigayo se quedó sin una presentadora. Si usted acepta el trabajo, ese sería su puesto.

La secretaria de Recursos Humanos sustrae unos papeles y los coloca frente a mí.

—Aquí está el contrato —señala—. Están resaltadas las cláusulas más importantes, el sueldo base, las prestaciones y la temporalidad del acuerdo, la cual consta de seis meses.

También indica otras cuestiones y reviso con detenimiento cada párrafo del documento. Después procedemos a una sesión de preguntas, en las que aclaro mis dudas sobre el trabajo y lo que se espera de mí como MC de Inkigayo.

En todo el rato, me cuestiono si es correcto aceptar el empleo. Aunque mi deseo principal es dedicarme a la producción de programas radiofónicos, confieso que también me atrae ser MC: me gusta hablar en público, tengo buen control de voz y difícilmente me pongo nerviosa. Muy aparte de mi ataque de pánico ante la presencia de Baek Hyun, disfruté de la experiencia de ser «presentadora especial» para mi proyecto final universitario. Hasta llegué a la conclusión de que, si se daba la oportunidad, volvería participar en un programa como Inkigayo. Y esa oportunidad ha llegado.

—¿Y bien, señorita Kang So Min? ¿Contaremos con usted como nuestra próxima MC? —cuestiona el Productor Lee, después de un rato de consulta.

—¿Pueden indicarme dónde tengo que firmar? —respondo, tomando el bolígrafo que me han dado.



Después de firmar los papeles que oficialmente me hacen empleada de SBS, soy libre de dejar el edificio. Volveré dentro de un par de días para hablar de cuestiones más puntuales y de mi primera emisión como MC.

En mi camino hacia la salida, doy con un pasillo particularmente vacío, hasta que una puerta se abre a unos metros de mí y de la cual salen dos hombres jóvenes. Cuando los reconozco, quiero dar media vuelta y regresar por donde he venido, pero es demasiado tarde.

—¡So Min! —exclama Baek Hyun con emoción, cuando me mira a lo lejos.

Le regalo una sonrisa forzada y sigo caminando en su dirección, hasta que me detengo a dos metros de ellos.

—Kang So Min, qué alegría volver a verte —saluda Su Ho, quien es el otro chico. Él me sonríe con amabilidad y mi tensión se esfuma un poco.

—Igualmente, Su Ho —respondo, cortés.

—¿Qué te trae por aquí? —pregunta Baek Hyun, con una curiosidad que descubro que es fingida.

—He recibido una llamada de la empresa, querían reunirse conmigo —respondo simplemente.

—¡Genial! ¿Te han reclutado para contratarte? —dice Su Ho, sorprendido—. ¿De casualidad serás la nueva presentadora de Inkigayo?

—Sí y sí. Creo que mi primera colaboración les gustó tanto que, cuando se abrió la vacante de MC, fui la primera persona que pensaron en contratar.

—No olvidemos que también te contactaron gracias a la recomendación que recibieron —agrega Baek Hyun, en un murmullo que logro distinguir.

Estoy a punto de preguntarle cómo sabe de eso, pero Su Ho me interrumpe.

—Eso es increíble, So Min, muchas felicidades. Deberíamos celebrar un día de estos —sugiere, con alegría—. Me gustaría que nos quedáramos a platicar, pero Baek y yo debemos ir al foro. Nos vemos pronto, ¿sí?

—Claro, ¡hasta luego, Su Ho! —me despido, cordial.

Hyung, adelántate, te alcanzo en un minuto —le dice Baek Hyun.

—¡Está bien, no demores mucho! —responde su compañero de grupo y, antes de dar media vuelta, se despide de mí por última vez.

Baek Hyun no habla hasta que Su Ho desaparece al doblar a la izquierda en el pasillo. Siento su mirada intensa en mí y me pone nerviosa, así que finjo que mis uñas son lo más interesante del planeta.

—Así que, ¿serás la nueva MC de Inkigayo? —cuestiona.

Le miro con las cejas alzadas, incrédula ante la redundancia de su pregunta. Baek Hyun no capta mi acción, solo sigue observándome con intensidad.

—Eso dice el contrato... —respondo y desvío la mirada, lejos de sus ojos brillantes.

Espero a que haga otra pregunta; en cambio, le escucho resoplar con frustración.

—Vamos, So Min, basta con la actitud. Pensé que ya habíamos superado esa etapa...

—¿Qué actitud? ¿Qué etapa? —le pregunto, haciéndome la desentendida.

—Tu actitud de «no puedo ver a Baek Hyun ni en pintura», eso era de los tiempos de preparatoria —dice, fastidiado—. Ahora debe ser distinto, más si seremos compañeros de trabajo.

Me petrifico en el instante que dice eso. No, no podemos ser compañeros de trabajo: se supone que él solo era un MC especial en la emisión en la que yo participé.

—¿A qué te refieres con compañeros de trabajo? —le interrogo, sin salir de mi estado de shock.

Él se encoge de hombros, pero sonríe perspicaz. Alza su mano, en la cual sostiene un par de tarjetas con el logo del programa para el cual he firmado.

¡Oh, no! Mi boca se abre y cierra como la de un pez. A mí mente vienen tantas preguntas, pero el desorden de ellas no me deja hablar.

—¿Cómo?...

—Soy un MC especial en Inkigayo. Es una estrategia que usan las agencias cuando sus artistas están promocionando. La nuestra nos eligió a Su Ho y a mí para representar a EXO en la televisión —explica, cuando no logro cuestionarle cómo es que esto ha pasado.

Así que, ¿compartiré pantalla con Su Ho y él? «Una coincidencia es suficiente, pero esto... la vida es horrible», me quejo en mi mente.

—Ahora estaremos juntos de nuevo, justo cuando éramos adolescentes, solo que sin el rechazo de por medio —expresa Baek Hyun, con una gran sonrisa.

—¿Y qué te hace pensar eso? —interrogo molesta, con el ceño fruncido.

Si cree que todo será «amor y paz» tan fácilmente, está más que equivocado.

—Por la forma en la que has cambiado —comenta con convicción y sin perder el semblante risueño.

—Pues déjame informarte que estás en lo incorrecto, Byun Baek Hyun —digo, cruzándome de brazos—. No he cambiado: aún no me agradas. Y así será siempre.

—Ya lo veremos —dice con simpleza.

Antes de voltearse e irse, me mira fijamente, como si quisiera leer mis pensamientos. No puedo evitar incomodarme y esto hace que su típica sonrisa amistosa evolucione a una de desafío, la cual electrifica todo mi cuerpo.

Grandioso, ¿ahora en qué problema me he metido?

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