Algo Bueno en Algo Malo

https://youtu.be/xqqWsrfsktY

—Te estaba esperando.

Tarine abre la puerta nada más me ve pasar por delante de su jardín. Rearn Laev, su pareja, está a su lado con una pistola en la mano, aunque no me apunta con ella. Aquella escena me desconcierta.

—Pasa. Es hora de poner las cartas sobre la mesa —invita.

No sé si la sorpresa está afectando a mi comprensión, pero no percibo en aquella frase una amenaza implícita. Es más, creo que es la vez en la que Tarine se ha expresado con tanta franqueza e, incluso, con alivio.

—Creo que nunca estuviste antes aquí.

—No, Tarine —respondo.

Avanzo, sorprendida, por ver su casa con una decoración muy austera. Casi parece la vivienda de alguien de clase media —a la que no hemos pertenecido en la familia Lumbard por generaciones. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es de verdad su morada?

—¿Sabes cuál es mi primer recuerdo de Ricca? —pregunta y prosigue, pues estoy tan desorientada que no puedo ni articular una palabra—. Tú entrando en casa de madaru con ella en brazos después de salir del sanatorio. Creo que jamás vi a un bebé tan hermoso y-y tan especial. ¿No recuerdas que nada más entraste me fui corriendo?

—Sí.

—No pude contener mis lágrimas y tuve que esconderme en mi antiguo dormitorio para llorar en paz. Ese fue el momento en el que me di cuenta del dolor que te íbamos a causar, porque me dolió no tener el valor necesario de...

—¿De qué mhasit estás hablando?

—Te tengo que pedir perdón, Zhora. Creo que has malentendido mi actitud para contigo y Ricca y yo tampoco me he preocupado en corregirte. —Cuando rompe a llorar siento que algo se rompe dentro de mí—. Nadie jamás supo cómo me sentía... cómo nos sentíamos ante la barbarie de los sacrificios por el poder. Ya dudo que les importara el futuro de Dëkifass.

—¡Yo te necesitaba! —reprocho. Tarine y Rearn bajan la cabeza avergonzados. Por mucho que trato de mantener mi serenidad, empiezo a llorar contrariada—. ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no hiciste algo?

—Porque soy una cobarde y una egoísta.

—Somos, mi amor —afirma Rearn.

—Había una amenaza implícita cuando papá nos dijo que todos los que pusieran en peligro la continuidad del gobierno serían tratados como terroristas. Yo permití que eso le pasara a Ricca. Ella era de mi sangre, de mi familia y dejé que la mataran y todo para... ¡esto! ¡No soy capaz ni de gastar el dinero que hemos ganado por callar! ¡No puedo ni dormir por las noches! Sólo espero que la muerte pueda darme la paz, que sé que no me merezco.

—¿Nos has evitado por eso? ¿Te avergonzabas de ti, de lo que nos iba a pasar? —pregunto.

—¿Cómo podía hacerlo sabiendo que estabais siendo engañadas? Que un día, Ricca sería apartada de mi lado y por mi cobardía sería asesinada y no la volvería a ver. ¡Ella era mi sobrina!

Me encantaría poder decir que aquello era una brillante actuación. Sería más fácil seguir con esa imagen fría de Tarine que la de esa chica destrozada. Cuando me enfrento a la mirada de Rearn, no veo otra cosa que tristeza y súplica.

—Era más fácil que siguieras creyendo esa mentira de que te tenía envidia y que por eso te odiaba y te criticaba; cuando, en realidad, quería ahorcar con mis propias manos a Welorys y a nuestros padres. Nuestra hermanita se enorgullecía de su affaire con Orph y de cómo te iba a sustituir nada más asesinaran a mi pequeña Ricca. —No puede contener el llanto y se derrumba—. Yo quería jugar con ella, conocerla más, tenerla en mis brazos. ¡Y no pude, Zhora! ¡No pude evitar nada de esto!

—Si pretendíais volverme loca, creo que lo lograsteis —resuelvo—. Quien esperaba que fuera una nelise fría y sin escrúpulos ha resultado ser una cobarde, pero cuya culpa la ha consumido durante años.

—Por eso te recibimos y esperamos tu justicia. —Tarine se pone en pie y camina por el salón de un lado a otro—. Cuando escuchamos los primeros gritos, lo supimos: habías vuelto. Sabía que Thelos no permitiría que este sufrimiento se perpetuara en el tiempo. Creo que jamás estuve más aliviada en la vida.

—¿De verdad quieres morir? —Es tan extraño todo que, por un momento, me siento en una visión de Benfers.

—Es el justo pago por nuestras acciones.

—Si hay algo que he aprendido en Efasthereth es que la justicia no existe. Es una estúpida idea perpetuada en Henyêr para que algunos puedan darles legitimidad a sus acciones. Porque, si algo remotamente parecido existiera, no habría muerto tanta gente por esta ciudad. Aunque, no te equivoques con una cosa: no ha sido Thelos quien ha propiciado todo esto, sino Lavos. —Tarine y Rearn me miran sorprendidos—. No os habéis dado cuenta de que ya no soy galame, sino eremav.

Tengo que abrir mi boca y mostrar mis colmillos crecer para que lo entiendan.

—E-eremav... ¿Cómo es posible?

—Erenz de la casa de Valdemir. Me salvó de morir un par de veces, me llevó hasta Ricca y me trajo de vuelta. La gran mayoría de los gritos son por mi causa.

—Pensé que... Entonces es el fin —reconoce, con una triste sonrisa dibujando su rostro—. Aun así, te equivocaste: Thelos sí escuchó mi súplica. Aunque sea por medio de vosotros, ya no habrá más sacrificios.

—Muchos están muriendo o siendo convertidos. ¿No es eso peor?

—Hemos vivido de prestado durante doscientos cuarenta y tres años. No espero otra cosa que descansar, Zhora. Si este es el Juicio de Thelos, alönut.

Río cansada. Me gustaría de verdad haber tenido una relación con esta Tarine, que no se hubiera alejado de mí y que se hubiera atrevido a cambiar la historia. Ella podría haberlo hecho. Aunque es muy probable que todos hubiéramos terminado muertos y la rueda habría seguido girando hasta el desastre final.

—Te estoy complicando todo —expresa.

—De hecho, no. Lo único que veo es que hicieras lo que hicieras, estábamos condenados. No había forma de que Ricca no fuera sacrificada. Este juego corrupto de supervivencia y poder está tan asimilado por todos los estamentos de la sociedad que luchar contra ello no habría sido mejor que esto. Al menos así puedo obtener mi justicia y mi venganza.

—¿Qué va a ser de nosotros?

Tarine y Rearn están agarrados de la mano, juntos en cualquiera que sea su destino, aceptando unidos las consecuencias de sus acciones que tomaron. La imagen me conmueve y ahora soy yo la que tiene envidia. Pensaba que yo era la que tenía esa relación tan hermosa con Orph. ¡Cuántas días hablamos de ellos y los criticaba por su abandono a Ricca y su maltrato para conmigo! Ese nemand se unió en mis ataques y ni se molestó en arrojar un manto de piedad sobre ellos. ¡Maldito cínico!

—Si queréis morir os satisfaré, pero yo preferiría teneros a mi lado. Tomaoslo como vuestro castigo. Uno que me beneficiará.

La pareja se mira y asiente.

—Conviértenos.

Lo curiosa que es la vida. Me he sentido tan desamparada e incomprendida por mi familia durante tanto tiempo que, tras mi retorno de Efasthereth, pensé que esa sensación persistiría. Ahora mi madre y Tarine forman parte de mi grupo. Hay mucho que no sé de lo que implica ser eremav y sus límites —en eso me lleva ventaja Erenz—, pero pienso ponerlo a prueba cuanto antes y evitar las sorpresas.

—¡Aah! —grito, al sentir un disparo que impacta en mi hombro derecho.

A ese le siguen varios más que aciertan en mi vientre y las piernas. Me arrastro desde el suelo y me escondo tras un árbol. Al parecer los badcels de Sumenon no le han quitado las fuerzas de matarme.

—¿Así recibes a tu nuera? —pregunto retóricamente. Una nueva salva de disparos es mi respuesta—. ¡Te habría gustado que no hubiera vuelto de Efasthereth, donde se ocultaban todas vuestras mentiras!

—Le dije a Orph que serías un problema y el estúpido no me escuchó. No sé por qué me dejé enredar por Careus. Los Lumbard no sois más confiables que los Galam. Al final y al cabo, deriváis de los Blumenthal. Nada bueno hubo en ellos.

—¡Si que tenéis problemas de autoestima los Glarfeld! Os la pasáis llorando por no ser tan grandes como los Galam. ¡Si no os hubierais pasado la vida conspirando contra todo el mundo, habríais logrado grandes cosas! Mhasit izandeth!

Me estoy acostumbrando a esto de insultar en galame. Le da un estatus superior a una descalificación tal como segundones de mierda. ¡Suena hasta bonito!

—¡Vamos, suegrito! No me lo hagas más difícil porque sabes bien que de esta no vas a salir.

—¡Por qué no te mueres! —exclama, confundido.

Eremav ön. Horebé-nep. Ö bedire-vö-nep.

—E-eremav... ¡Eres un eremav! ¿Dejaste que un demonio de esos te mordiera?

—No te puedes indignar mucho, suegro. Meur pactó con nosotros en la recuperación de Togash. Si te parece, podríamos repetir ese acuerdo. Nosotros destruimos Valehn y vosotros escapáis con vida. ¿No te gusta mi idea?

Boyr Thelos! ¿Cómo es posible...?

—Sí, querido. El último eremav de la casa de Valdemir me lo contó todo. Si no fuera porque te voy a matar, es posible que te lo encontraras aquí.

—¡Ha-has condenado Tie-Galam, estúpida!

—¡Yo! ¡Vuestro cinismo me exaspera! Vuestras conspiraciones nos llevaron a este punto. ¿Te tengo que recordar el Exusdindei?

No puedo más con esto. Escalo el árbol, ya con las heridas sanando y, oculta por las hojas de la copa, veo la ventana desde la que mi querido suegro se asoma. Tomo impulso y salto hacia él. Es tarde cuando él reacciona a mi repentina aparición. Sus disparos se pierden en la nada. En pocos segundos estoy sobre él. Si no fuera porque sé que es un galame, diría que está en un proceso de transformación a eremav por su semblante macilento. No deja de ser un pobre hombre enfermo.

—Mira en lo que te has convertido, jenev. En la sombra de un hombre. Toda tu maldad te ha alcanzado.

—¡Vamos! ¡Hazlo ya, monstruo!

—Ya te dije antes que no iba a beber de ti. Eso no significa que te deje vivir. Por cierto, saluda a Orph de mi parte.

La uña de mi dedo índice derecho crece y adquiere una forma puntiaguda y muy afilada. Con un veloz movimiento secciono la yugular. La sangre brota a borbotones al ritmo de los latidos de su corazón, ensuciando mis prendas. Menos mal que si las mojo con agua se lavan.

—Nelise... —insulta a duras penas, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa y el miedo.

—Espero que tu estancia en el inpher'i sea de todo menos agradable, porque te aseguro que a Heriais no vas a ir.

—E-entonces nos encontraremos...

Ni una pizca de arrepentimiento es capaz de mostrar en sus últimos segundos de vida. ¿Tan convencido está de que esta barbarie está justificada? ¿Tantas ganas tiene de que su familia ostente el poder que, si es necesario matar a niños, lo hará sin un mínimo cargo de conciencia? Esta escoria merece su muerte.

—¡Fanir! —llamo. No recibo respuesta de mi suegra—. ¿Dónde estás? Tu marido no me quiso recibir. ¿No serás tan desconsiderada conmigo? Al menos por Ricca. Esa nieta a la que tanto quisiste... ¡ver muerta!

Escucho ruidos en el piso inferior. Una puerta que se abre y se cierra de un portazo. Me asomo por la ventana y veo a la ilusa de Fanir tratando de escapar. ¿No me escuchó decirle a su marido que ya soy una hija de Lavos? ¡Me estoy cansando de correr tras estos galameth!

Salto por el hueco y caigo con la gracia de un felino en el jardín. Corro tras Fanir y son apenas necesarios unos pocos pasos para alcanzarla. Es una mujer mayor y se cansa fácil.

—No me lo pongas más dif... —pido.

En un veloz movimiento me clava un puñal, unos centímetros por debajo del corazón. Me doy cuenta de que, si hubiera acertado, me habría puesto en una situación comprometedora. Posiblemente la puñalada no me mate, pero me frenaría lo suficiente para intentar decapitarme. Me estoy confiando demasiado. Tengo que ser más prudente o voy a terminar pagándolo. Ser eremav no me hace totalmente invulnerable.

Furiosa por mi descuido y, su atrevimiento, le doy una bofetada con el revés de la mano que la levanta dos metros del suelo. Cuando cae, lo hace como un saco de huesos inerte.

Todos los que conspiraron contra mí están muertos.

El vacío y la insatisfacción que preví, no se hacen esperar. Siento que no es suficiente. Que no sólo es culpa de todos los monstruos de Dëkifass, sino que en el resto de Tie-Galam hay gente que lo ha permitido. O ¿también se dejaron engañar por los Glarfeld y compañía? No hay forma de que hayan conspirado sin tener el beneplácito de alguien de poder en Valehn. ¡Incluso en Selmek si querían otorgarles una embajada a mis padres!

Voy a tener que profundizar más en esto. Y, por suerte, tengo a mi madre y a Tarine a mi lado. Ellas me contarán todo lo que sepan del tema y ya me encargaré de que, hasta el último implicado en los sacrificios, ¡obtenga su justa retribución!

¡Tiene gracia! Una eremav queriendo impartirjusticia. Jamás leí nada semejante. Voy a tener que contratar a alguien queescriba y publique mi biografía...

Alönut: Expresión en galame que significa: así será.

Exusdindei: Eje del poder. Nombre con el que se conoce a la unión de Kaenpolus-Dëkifas-Tempros.

Heriais: Morada de Thelos. Es el lugar equiparable con el paraíso.

¡Qué sorpresa lo de Tarine! 

Algunos esperábamos lo peor de ella, pero ahí estaba para mostrarnos un lado que desconocíamos de ella. Es cierto que muchas veces nos alejamos de los problemas, como queriendo evitarlos, esperando que desaparezcan, pero no es tan fácil. Nos requiere mucho esfuerzo superarlos e, incluso, cuando no hay solución posible, aceptar que hay cosas que no podemos cambiar y tratar sobrevivir.

¡Quedan cinco capis y esto se termina! 

Espero de corazón que os esté gustando tanto como a mí escribirla.

¡Gracias por leerme!

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