63. Oso

Capítulo dedicado a AndreaRobles_ Gracias por siempre dar vida a cada capítulo con tus ediciones ♥ 

NO LEAN ESTE CAPÍTULO EN PÚBLICO O EN COMPAÑÍA DE ALGUIEN. YO SÉ LO QUE LES DIGO :/ JEJE.

LUEGO NO DIGAN QUE NO SE LOS ADVERTÍ 7w7

--------

63. Oso.

IVANNA

—Siempre es un gusto que me vengas a visitar, Ivanna —agradece Annette en tanto indica a su colaboradora traernos algo de beber.

—Hoy más temprano platicaba de Chevalier con Luca y, como no tenía nada agendado hoy, decidí venir para preguntarte qué tal continua el trabajo de Nora y Balta.

—Bien. Te hubiera llamado de lo contrario.

—Gracias.

La atención de Annette va de mí a Luca, que, al reparar en los escaparates de la tienda, se percata de que su fotografía está en uno. Parece agradarle la sorpresa.

—Perdón. Te dije que las fotos solo las usaríamos para el catálogo, pero esa nos gustó para exposición —se disculpa Annette.

—No hay problema —le resta importancia Luca.

—Es un chico apuesto —me dice Annette a mí para que él también escuche—. Chicas ya han preguntado por él.

—Deberíamos ponerle mi número de teléfono a la foto —propone Luca y entrecierro mis ojos en su dirección.

—Eso le puede disgustar a tu novia —opina Annette a modo de broma.

—No, no tengo novia —Luca coge aire antes de decir lo demás—. Solo uno que otro «juego» por ahí —termina de aclarar y en breve mi mano viaja de mi cintura a su mejilla con una bofetada.

—¡¿Qué?! —se queja.

—Te dejé lápiz labial hoy por la mañana —justifico, fingiendo limpiar su boca con más fuerza de la necesaria.

—También te puedo obsequiar otro par de trajes en agradecimiento —comenta Annette, mirándonos con humor—. No todos los días alegras la vista de los clientes de una importante marca de ropa, Luca. ¿O tú qué piensas, Ivanna?

—Sí. Adelante —apruebo, sin dejar de apretujarle la cara—. Luca adora exhibirse por ahí en trajes caros.

—Pero sobre todo sin ellos, ¿no jefa? —devuelve y Annete deja salir otra carcajada.

—Mañana por la noche tengo una gala importante
anuncia además—, y Dios, tienen que venir —saca una invitación y un listado de su agenda—. Mira quiénes figuran en la lista de invitados, Ivanna.

Cojo la lista para verla, y sí, hay gente importante de todas partes.

—Me haces un gran favor invitándome.

—Invitándoles —corrige y mi atención regresa a Luca que, como si intentara desafiarme, y a pesar de que todavía sujeto sus mejillas, sonríe.


—Vamos a almorzar y después toca otra cuenta a la que también daremos seguimiento y eso será todo por hoy —informo a Luca en lo que él termina de acomodar sus trajes nuevos en el asiento trasero.

Enseguida subimos al Maserati y me preparo para salir del estacionamiento de Chevalier.

—¿Podemos almorzar en el centro comercial Pradera? —pregunta Luca.

—No. Ahí no hay ningún restaurante que me guste.

—Hay uno de comida italiana.

—Y la base de la comida italiana son los carbohidratos.

—Podemos encontrar algo que te sirva.

—No. Y si el problema es el dinero, puedo seguir pagando yo.

—No, ese ya no es el problema.

—¿Entonces?

Él saca del bolsillo su teléfono:

—Pru me envió un mensaje.

Aprieto con mayor fuerza el volante del Maserati.

—El fin de semana me llamó para que le ayude a mejorar el diseño de la página web de su empresa y le voy a enseñar algunos bocetos que tengo en mi teléfono.

—¿Y por qué no se los envías?

—Porque tenemos que hablar sobre el concepto, no nos pudimos reunir ayer y a Pru le urge decidir todo hoy mismo para comenzar a trabajar.

—Pero las prisas de Prudensa no son las mías.

—Se lo debo, Ivanna. Es un favor ajeno a lo que ella y yo tuvimos. Además, será durante mi hora de almuerzo.

—No.

Decidido a volver a ganar, Luca se endereza en su asiento.

—Bien. Déjame en esta esquina —señala la parada del autobús—. Tengo mucho que hablar con Pru. Comeré con ella. Después de mi hora de almuerzo te alcanzaré donde sea la siguiente cita.

«Almorzar con esa en un restaurante italiano? Sobre mi cadáver».

Acelero el Maserati a modo de pasar lo más rápido posible la parada del autobús.

Luca se vuelve hacia mí molesto.

—Vamos a hacer algo —digo—. Para que veas que soy una persona razonable, y si me lo propongo bastante comprensiva, voy a sacrificar mi hora de almuerzo para llevarte al centro comercial y esperarte en otra mesa mientras hablas con Prudensa.

—No necesito algo así, solo...

—Lo haré —digo, desviando mi camino hacia el centro comercial—. Todo sea por fumar la pipa de la paz contigo.


En el centro comercial pasamos de librerías, almacenes de ropa, almacenes de calzado, almacenes de tecnología, kioscos de comida y demás hasta llegar al dichoso restaurante. No es de lujo, jamás vendría por cuenta propia, pero tengo un plan.

No hubiera hablado de venir de no tener la capacidad de idear un plan. Una revancha.

Dentro del restaurante, Prudensa, con la misma actitud aniñada de siempre, se pone de pie para recibir a Luca.

No pasó mucho tiempo desde acepté traer a Luca, ella ya estaba aquí o acaba de venir; el caso es que, no dudó que tarde o temprano él llegaría.

—¡Oso, viniste! —Se cuelga del cuello de Luca para dejarle un beso sonoro en la mejilla. Mismo lugar donde una hora antes, al estrujarle la cara, yo le esparcí mi lápiz labial.

«Espero que lo notes, tarada. Me besó fervientemente hoy por la mañana».

—Ivanna, tú también viniste —me «saluda» pero no doy pie a que me tome de la mano o se acerque a menos de un metro. Por el contrario, la miro de abajo hacia arriba desafiándola—. La otra noche te fuiste temprano, y sin despedirte, ya no te pude dar unas galletas que tenía para ti.

—No como carbohidratos.

—Dios, y yo solo como eso —dice, mustia—. Pasteles, cupcakes, donas, galletas, y también se las preparo a mi oso —ve con devoción a Luca, quien, al instante, le sonríe de vuelta. «Necesito matar a alguno de los dos»—. Todo lo que preparo para Luca siempre debe tener un sabor dulce —termina.

—Ah no, yo también —le aseguro y con un gesto de mi mano llamo al mesero—. ¿Tiene batidos de piña? —le pregunto y él asiente—. Quiero uno para mí y otro para el chico —señalo a Luca, y, una vez tomada la orden, al marcharse el mesero, me vuelvo otra vez hacia Prudensa.

»Tú tienes cara de preferir una limonada —sonrío— o un batido de fresa —La examino de abajo hacia arriba por segunda vez. ¿En serio no tiene otro color de ropa en su armario? El rosa es desagradable y soso.

—Sí, yo pediré uno de fresa —dice, igualmente sin dejar de sonreír.

A todo esto, Luca se muestra confundido, aún no parece comprender lo de la piña, pero Prudensa sí; que no mienta, a pesar de la sonrisa, sus ojos titilando fuego, indican que sí.

—Pru, Ivanna comerá en otra mesa en lo que tú y yo platicamos —interviene Luca. Esta vez parece querer un cese al fuego. Pero es tarde, tanto Prudensa como yo lo supimos en cuanto él decidió venir.

Por lo que, me despido con otra sonrisa, y, mientras los miro sentarse, en lugar de caminar hacia otra mesa, me dirijo al baño de chicas.

Al llegar me meto en el primer cubículo que encuentro, cierro la puerta, dejo a un lado mi bolso y rápido acomodo mi blusa a modo de que se mire parte del sujetador de encaje blanco. Después cojo mi teléfono, activo la cámara frontal; apuntándola en mi dirección elijo una posición en la que no se vea mi rostro, y, cambiando ligeramente de postura segundo a segundo, comienzo a sacarme fotos.

Una vez los primeros misiles están listos, busco entre mis conversaciones a Luca y le envío todo.

A continuación, vuelvo a preparar la cámara frontal y ahora me saco la teta izquierda: la dejo sola, la aprieto, le estiro el pezón; enseguida también selecciono «vídeo» y me grabo dándole palmaditas e inclinando mi cabeza para llevarla a mi boca y pasarle la lengua por encima.

Otra vez selecciono la conversación de Luca y envío todo.

En total van quince fotos y dos vídeos.

Me siento en el váter dejando la tapadera puesta, y, en esa otra posición, abro las piernas y me grabo sacándome las bragas.

Procuro que se vean por completo mis piernas, las dos cubiertas por delicadas pantimedias y un par de tacones de aguja.

De nuevo reviso la conversación con Luca, dejo cargar el vídeo y, cuando está listo, adicionalmente le doy «reenviar» a Marinaro, Giacomo y..., ¿por qué no? También a Lobo. Me suelto a reír y hago una pausa para hacerme de un cigarrillo.

—Lo que sigue —digo con el cigarrillo en la boca, excitada, decida a más y presta.

Con la falda subida hasta las caderas, las piernas abiertas, el teléfono en mi mano izquierda y el cigarrillo en la boca, sin dejar de grabar llevo mi dedo índice y el de en medio hasta la parte más elevada de la guillotinadora, el timbre al cielo que te lleva a Dios sobre los hombros de Satanás.

Y lo estimulo.

Lo muevo en círculos. La sensación es excepcional. Tanto que cierro mis ojos y arqueo mi espalda deleitándome.

Ceniza de cigarrillo cae sobre mi escote mezclándose con mi transpiración. Entre más rápido voy con mayor calma anda el tren de mis pensamientos.

Y al explotar no me cohíbo: cierro las piernas y me dejo caer en medio de una temblorina.

Lo mismo al intentar controlar de nuevo mi aliento. Doy una calada al cigarrillo, giro el teléfono a modo de no exponer mi rostro y lo acerco a mi barbilla para que inclusive grabe la ráfaga que sale de mi boca.

—Eso es —con las piernas todavía temblando me vuelvo a sentar como se debe—. Lo necesitaba desde el elevador.

Sigo transpirando.

Todavía me tambaleo pero limpio mi mano y, sin poner atención a los mensajes ya contestados, también envío a mi mancomunado de testosterona este nuevo vídeo.

«Primero a Luca».

—Eso es —repito cuando el vídeo está enviado—. Ya todos lo tienen. Ahora gócenlo bastardos... y con suerte un par de ustedes aprende de una buena vez cómo debe hacerse.

Me incorporo y con el cigarrillo aún en mi boca acomodo mi ropa de vuelta.

Al salir del cubículo reviso mi maquillaje, lavo mis manos y después abanico mi cara con estas.

Me siento exhausta pero satisfecha. De manera que apago el cigarrillo, acomodo en mi brazo derecho mi bolso y como si nada salgo otra vez del baño de chicas.

De vuelta en el restaurante regreso mi atención a la mesa de Prudensa y Luca. Él, con las orejas y cuello enrojecido, con los ojos queriéndole saltar de la cara y la boca suprimiendo risas nerviosas, mira a cada segundo hacia todos lados y evita que ella mire el teléfono.

Al parecer no han avanzado nada con la revisión de bocetos.

Qué pena.

Por fin los ojos de Luca me encuentran. Quiere decir mucho, pero no decide si primero llorar, lamentar estar en público o venir a reclamarme ponerle en semejante suplicio.

Con mi mano derecha hago el gesto de tijeras cortando a modo de darle a entender que elimine todo para así, sin ningún problema, poder dar su teléfono a Prudensa para que esta mire los bocetos; pero de inmediato él niega con la cabeza. De ninguna manera eliminará nada del teléfono.

Prefiere enseñar él mismo cada cosa a Prudensa y a ella la pone en vilo que él se niegue a darle el aparato; provocando, dicha situación, un ambiente incómodo para ambos.

Se arruinó el almuerzo. Qué pena de nuevo.

Para terminar busco una mesa donde sentarme y de piernas cruzadas espero a que el mesero traiga mi batido de piña para beber el primer sorbo a la salud de Prudensa.


-----

Uf! Esto NO ha terminado. APENAS va comenzando xD jAJAJA! ¿Impresiones hasta ahora?

Seee, Ivanna es cosa seria, pero eso no es nada nuevo :p ♥ ↓ Mañana actualiza su cuenta de Instagram. 

DÓNDE ENCONTRARME:

Grupo de lectores en facebook: Tatiana M. Alonzo - Libros

Twitter: TatianaMAlonzo

Instagram: Ivanna.Rojo, LucaBonanni93 y TatianaMAlonzo (Por allá los esperamos con mucho contenido extra)

¡Gracias por apoyarme dejando su voto!

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top