10









Me dejo caer una vez más sobre el respaldar de la silla de mi escritorio. Estiro los brazos y hago crujir unos cuantos huesos de mi columna vertebral. Vuelvo mi vista una vez más a la cama hecha de Eris. Cuando llegue por la tarde de ayer, no estaba, me mandó un mensaje minutos después que había salido con un tipo de ingeniería. Supuse que volvería a más tardar medianoche, pero me escribió que pasaría la noche con él y por la tarde iría a lo de Marlet para dejarme la habitación a solas.

Comencé a creer que se debía a mi pequeña reunión con su ex novio, sin embargo, agradecí que incluyera en su último mensaje que aún debía contarle lo sucedido. Tuve que guardar la comida que le había traído en nuestra pequeña nevera de la habitación, con la esperanza de que deseara comerla después.

Miro el reloj a un lado de mi cama, marca las cinco con cuarenta y cinco de la tarde. Llevo viendo el aparato más de cincuenta veces en lo que lleva la media hora. Se hace eterno y ni siquiera sé si es del tipo de chico que llega a tiempo o los que hacen una entrada tardía y llena de excusas.

Sacudo mi cabello húmedo y miro mi laptop justo a tiempo cuando me llega una notificación de un nuevo correo electrónico. Sonrío al ver el nombre del Sr. Min sobre el remitente. Ayer por la tarde le mandé un informe medianamente largo para que me dé su seguimiento y ya me lo ha respondido.

Srta. Harrison
Le mando de vuelta el informe con un par de correcciones. En general, el tema que ha elegido es difícil de defender ante un informe de este tipo, lo ha hecho de maravilla, sin embargo.

No hay necesidad de alargar más información y comenzar con las conclusiones. No te olvides de los anexos que es un punto muy importante.
Me gustaría que al terminarlo me envíe una copia y así darle las últimas correcciones antes de que lo entregue.
Le deseo un buen fin de semana.
Min.

Sonrío como una tonta porque me ha halagado de una forma bonita y educada, porque hace tiempo que nadie se toma el tiempo de decirme algo como «lo estás haciendo bien, sigue adelante», cuando se trata de los estudios, en vez de eso lo único que escucho últimamente es «Diviértete», «los estudios no son lo único», «¿puedes dejar de ser una come libros una vez en tu vida?».

Me comprometo a buscar al señor Min en persona y darle en agradecimiento por todo lo que hace por mí algún tipo de canasta con panecillos. Tendré que llamarle a mi madre y pedirle concejos sobre qué regalo trasmitiría un claro gracias sin parecer un soborno. Ella es una experta en dar regalos con diferentes intenciones sin que se lo tomen a mal.

Descargo el archivo y comienzo a leer con detenimiento las correcciones que me ha marcado con rojo, los consejos y sugerencias. Saco mi libreta y comienzo a anotar un par de autores que me ha dejado para que le eche un último vistazo antes de dar por finalizada toda la información y empezar con la conclusión.

La puerta es golpeada con suavidad. Miro el reloj de mesa para verificar la hora y este marca las cinco y cincuenta y ocho. Me levanto confundida repasando el itinerario que debo seguir la semana entrante y así hacer espacio para visitar la biblioteca una vez más. Abro la puerta sin quitar mi ceño fruncido por esta abrupta interrupción.

No llevo la cuenta de cuantas veces he chocado con su mirada azulada, solo sé que cada una de esas veces, parece como si fuera la primera. Supongo que es su mirada la que en realidad me causa escalofríos. Viste con un pantalón deportivo negro, una sudadera y encima una chaqueta gruesa del mismo color. Me pregunto si su closet se compone solamente de prendas negras.

Su cabello cae en grandes ondas sobre su frente. Está húmedo. Un suave olor a vainilla me invade las fosas nasales. Se acaba de duchar, igual que yo.

—Hola, Geneva —me saluda después de dejarse inspeccionar descaradamente por mi mirada.

—Hola, Yoongi —saludo sin quitar mi vista de sus ojos azules, me hago a un lado—. Pasa.

Yoongi pasa por mi lado, casi rosando su brazo con mi pecho. El suave olor a uva y vainilla se mezclan perfecto con el aroma de la crema de afeitar. Me doy un rápido vistazo en el espejo sobre el placar de Eris que me da de frente. Visto un pantalón corto de chándal y una remera de dos tallas más grandes. Supongo que podría haber hecho algo mejor, pero estando él en mi habitación no tengo más opción que fingir que no me importa la ropa que llevo puesta.

Observo como Yoongi mira la habitación con detalle, parado en medio de las dos cama. Se detiene unos segundos en la pared decorada de Eris con fotos nuestras, de sus padres y algunas personas del campus, incluyendo a Jace y Kier.

Luego pasa a mi blanca pared lisa que no tiene ni un solo póster. Sin embargo, le llama la atención mi alborotado escritorio, lleno de libros papeles y mi laptop abierta con el informe. Camino hasta el escritorio pretendiendo ser casual, aunque dudo que mis intenciones se trasmitan de esa manera. Cierro la computadora y comienzo a guardar todos los papeles regados dentro de un cuaderno.

—¿Esperabas porras y un uniforme de animadora? —digo haciendo una señal a la pared de Eris.

—Decir que no sería mentir —confiesa.

Río por lo bajo porque es la misma impresión que me dio cuando conocí a Eris por primera vez. Fue una enorme sorpresa para mí enterarme que en realidad ella era todo menos una chica popular y parte de las porristas en la secundaria. Es por eso que sus padres me amaron en cuanto pise su casa. Fui la única y primera persona que Eris presentó como amiga.

—Traje mi cuaderno para que veas qué clase de dibujo te apetece —saca de su bolso que no he visto en ningún momento, un cuaderno de tapa blanda color negro.

Tomo el cuaderno con textura en mis dedos y me siento sobre la cama.

—Puedes sentarte —le ofrezco. Me pone los pelos de puntas que se encuentre en medio de la habitación.

Yoongi toma asiento a un lado de mí mientras observa como abro con cuidado el cuaderno. Parece el tipo de cosas que tienen demasiadas historias, como una reliquia.

El primer dibujo que mis ojos tienen la dicha de disfrutar es el de una mujer joven y preciosa. Sus facciones son perfectas, la forma en que Yoongi la ha dibujado demuestra su gran talento. El dibujo se encuentra en blanco y negro, pero me atrevo a decir que tiene unos impresionantes ojos de un color claro.

El siguiente dibujo es del campus de la universidad, visto desde lo alto, como una terraza. Dudo que sea legal subir a la terraza de la facultad de economía, pero podría jurar que ese es el ángulo perfecto de este dibujo a carbón.

El tercero es el más tierno de todos, hay un gato negro a rayas blancas sobre una tela de pelos largos. Yoongi le ha prestado atención a cada minúsculo detalle del felino, desde el nacimiento de sus bigotes, hasta la curvatura irregular de sus ojos.

—Son increíbles —confieso con admiración.

—Gracias —susurra tímido.

Me pregunto si este tipo de cosas son las que lo vuelven tan tímido, porque para nada parece ser el tipo de chico que se sonrojaría por nada en el mundo. Los siguientes dibujos son garabatos de objetos cualquiera, desde una fruta hasta un banco de una plaza.

—Me encantaría que me ayudaras a crear un retrato como el de esa hermosa mujer —pido, aunque sé que estoy lejos de crear arte como él, puedo intentarlo.

—De acuerdo —se saca la chamara y le hago una señal para que la deje sobre la silla del escritorio—. Siéntate conmigo.

Me hace una seña y ambos nos sentamos sobre el suelo, con la espalda recargada en mi cama. Yoongi saca de su bolso otro cuaderno, este más nuevo que el anterior y me lo tiende. Lo abro en una página en blanco y le veo.

—Haz un círculo en el medio, no presiones demasiado el lápiz —me indica con su voz suave y ronca, habla lento y despacio. Tengo que tragar duro para evitar que mi saliva abandone mi boca de la forma más humillante que podría—. Sigue esta guía.

Me tiende una hoja con los pasos bases para crear un retrato. En estos momentos no tengo la fotografía del sujeto que debería dibujar, sin embargo, me rehúso de dejar mi posición a un lado de Yoongi para buscar la imagen de un hombre que se encuentra en el otro lado hace como siglo y medio.

Termino las bases casi a la perfección y le miro orgullosa de mi trabajo, este sonríe y asiente divertido.

—¿A quién quieres dibujar?

—A ti —suelto.

Por supuesto que fue lo que pensé, por supuesto que fue algo que me moría por decir porque nacía desde mis pensamientos más perversos, pero por supuesto que es algo que no debería haber dicho. Yoongi abre ligeramente los ojos en sorpresa y debo fingir que mi subconsciente no me engaño y lo he dicho a propósito.

—Tienes un bonito rostro es para practicar —agrego con seguridad.

—De acuerdo —se levanta de su lugar y se sienta frente a mí con la espalda recargada en la cama de Eris—. Permíteme también dibujarte.

—Claro.

Tomo el lápiz entre mis dedos haciendo acopio de todas mis fuerzas para evitar temblar ante la mirada penetrante de Yoongi frente a mí, me dedico a seguir la línea de sus labios. La mano de él se interpone en mi campo de visión, levanto la vista confundida. Yoongi toma uno de los mechones que cubre mi rostro y lo coloca con sumo cuidado detrás de mi oreja.

Mis mejillas se encienden, lo sé, pero hago todo lo posible por impedir que mis acciones también demuestren lo avergonzada que me siento por su toque. Centro toda mi atención en su rostro y mi dibujo, frunzo el ceño y lo vuelvo a relajar un par de veces. Estoy lejos de crear el tipo de arte que Yoongi crea, pero no creo estar haciendo un mal trabajo, es decir con un par de dibujos más, podré crear un buen retrato de ese hombre lleno de arrugas y entregarlo.

Dejo caer el lápiz a un lado con la muñeca cansada. Estoy acostumbrada a escribir mucho, pero nunca ha estado tan tensa mi mano como ahora.

—Necesito un descanso —le digo y dejo el cuadernos obre el piso.

—He terminado el dibujo —anuncia.

Le miro sorprendida cuando gira su cuaderno y veo una fotografía mía impresa a cabrón sobre su cuaderno. Estoy con el ceño fruncido mientras arrugo mis labios en un gesto auténtico de frustración. No puedo evitar sonrío ampliamente ante lo que parece ser mi expresión más natural y recuente.

—Es impresionante —admito y tomo el dibujo entre mis dedos—. ¿Me lo puedo quedar?

—Sí —responde y lo arranca con cuidado de su cuaderno—. Tendrás un retrato mío, ¿puedo tener un retrato tuyo?

Miro el dibujo que me ha gustado demasiado y se lo tiendo para que se lo quede. No entiendo porque me regala el dibujo si después me lo va a pedir de forma pasiva.

—No, Geneva —niega con la mano—. Déjame dibujarte una vez más.

—Pero nada de desnudos y así —lo señalo con la mano y este ríe sonoro.

Su risa. Es preciosa su risa. Ronca y pastosa, igual que su voz. Cada vez se vuelve más atractivo, aunque no debería estar babeando por cosas tan tontas como el sonido de su risa.

—Recuéstate sobre tu cama mirando hacia el techo —me pide y le obedezco porque no tengo idea de lo que va a dibujar, pero confío en que no me dibujará desnuda ni esas morbosidades—. Permíteme acomodar tu cabello.

Asiento y dejo que toque mi cabello y lo acomode sobre mi frente, cuello y que caigan unos cuantos mechones sobre mi pecho. Ladea la cabeza y comienza a trazar líneas a un lado de mí. Mueve uno de mis brazos por encima de mi cabeza y tengo la necesidad de advertirle que si debo permanecer así unos cuantos minutos más terminaré dormida.

—¿Siempre has dibujado? —pregunto para evitar caer en un sueño profundo.

—Desde que tengo memoria —me responde mientras dibuja sobre el papel blanco—. ¿Siempre leíste novelas renacentistas?

—¿Cómo lo supiste? —sonrío sorprendida.

—Vi a Edgar Wind sobre tu estantería —señala con la cabeza en la pila de libros viejos que reposa sobre el escritorio.

—Bueno, son buenas lecturas, aunque debo decir que no hay libro que no vuelva a leer que no sea Cumbres borrascosas —admito. Este levanta la vista hasta mí—. ¿Qué?

—¿Alguna vez leíste la primera edición?

—¿Estás loco? —me levanto de golpe, dejo caer todo el peso sobre mis codos—. ¿La primera edición? Eso sería ganarme la lotería.

—Puedo conseguirla —confiesa y deja el cuaderno a un lado.

—No bromees —le pinto con el dedo como si fuera un tema demasiado delicado para mis frágiles sentimientos.

—Lo digo en serio —se sienta a mi lado—. Es un libro que ha permanecido en mi familia por muchas generaciones, puedo prestártelo para que lo leas.

—¡Estás en bromas! —le digo más eufórica que ofendida.

—Te lo daré la próxima vez —susurra con una amplia sonrisa cuando ve mi rostro iluminado.

No sé si debería lanzarme a sus brazos y pedirle su reliquia prestada una semana para leerla y devolvérsela en excelentes condiciones o negarme a poseer tan preciado e importante objeto entre mis dedos.

—¡Gracias! —le agradezco con una enorme sonrisa.

—Déjame dibujarte y retomamos tus tutorías —advierte y asiento.

Me toma de los hombros y me recuesta nuevamente, acomoda uno de mis brazos sobre mi cabeza y otro a mi costado. Se ha acercado mucho más que antes, esto debe ser porque está sentado a un lado mío y no como antes que estaba parado.

Mi sonrisa se esfuma lentamente ante su cercanía. Yoongi fija su mirada sobre mi rostro deteniéndose descaradamente en mis ojos, pasa lentamente por mis mejillas hasta llegar a mi mandíbula y delinea esta hasta mi cuello. Sus ojos se oscurecen cuando llegan a mis labios. No puedo evitar pasar mi lengua por ellos por lo seco que los siento.

—No tienes una idea de las ganas que tengo de besarte —confiesa sin moverse ni un solo centímetro.

—Bésame —le piso en un susurro.

Yoongi se acerca a mí lento, como si quisiera torturarme y privarme de su sabor. Sus labios tocan con cuidado la comisura de mis labios torturándome aún más, deposita un suave beso y deja caer sus labios sobre los míos.

Abro la boca lento al mismo tiempo que él. Captura mis labios de una forma suave. Sus labios son suaves y están fríos. El sabor a menta me llena la boca y no puedo evitar gemir cuando su lengua se hace paso entre la mía.

Yoongi se separa de mí y me ve a los ojos, se separa por completo provocando un extraño sentimiento en mi cuerpo. Lo quiero otra vez cerca mío, aún más de lo que estaba antes. Me tiende la mano y la acepto. Yoongi toma de la cintura y vuelve a besarme, más desesperado que antes, como si lo anterior fuera solo el consentimientos que necesitaba para fundirse en mis labios. Gira aun conmigo en sus brazos y se sienta sobre mi cama. Me siento a ahorcadas sobre su regazo y pego mi pecho contra el suyo.

Meto los dedos su cuero cabelludo y presiono su cabeza aún más contra la mía. Aún parece estar lejos, a kilómetros de distancias de mí.

Sus labios se mueven en sincronización con los míos, me da suaves mordiscos sobre el labio inferior y los vuelve a devorar.

Sus manos pasan por la piel desnuda de mis piernas hasta llegar al comienzo de la remera de algodón. Siento sus fríos dedos sobre la piel de mi abdomen. Gimo contra sus labios y vuelvo a devorarlo, dándole el permiso que toque todo lo que quiera.

Sus dedos presionan mi cintura provocando que sonría contra sus labios. Me hace cosquillas, pero no lo suficiente para cortar el beso que estoy disfrutando. Este sigue su camino hasta las costuras de mi sostén. La incertidumbre me ataca al no saber si tengo el cuerpo que a Yoongi podría gustarle, sin embargo, toda duda que podría haber generado en una milésima de segundos desaparece cuando da pequeñas caricias en círculos sobre mis pezones por encima de la tela del sostén.

Suspiro con sobre sus labios ante su delicado toque y me pego aún más a él. No quiero que separe sus manos de mi cuerpo, no quiero que deje de acariciarme y de besarme.

Libero una de mis manos de su cabello y la paso por todo su torso tenso. Lo sabía desde la primera vez que tuve la dicha de tenerlo de frente a centímetros de mí en aquel callejón. Yoongi es alguien que trabaja duro en su cuerpo, lo puedo sentir en mis dedos.

Deslizo mi mano por dentro de su sudadera tocando su tonificado abdomen y sonrío satisfecha. recorro todo su pecho con las yemas de mis dedos, sin despegar mis labios de los suyos. No tengo idea de lo que estoy haciendo y si estoy dispuesta a ir más allá. Solo sé que la forma en la que Yoongi me toca y acaricia es algo que nunca había sentido en toda mi vida. Es como si supiera exactamente donde estimular para que quiera desnudarme aquí mismo y entregarme por completo.

Presiono mi mano sobre su pecho y hago un esfuerzo descomunal para separarme de sus labios. Me mira con los ojos entrecerrados, como si le hubiese quitado algo que no quería soltar. Inclino mi cabeza hacia un costado y dejo un beso sobre su clavícula, paso por su cuello y finalmente le doy una pequeña mordida sobre su piel blanquecina. Yoongi gime contra mi toque y siento que estoy a punto de cruzar una línea de la que se me hará imposible regresar.

—Oh, Geneva... —jadea provocando que sonría contra los besos que le proporciono.

Yoongi ejerce un poco más de fuerza sobre mi pecho y logra separarme de él con un gemido involuntario. Se quita la sudadera por encima de la cabeza dándome permiso de besar todo a mi paso.

Su torso desnudo me causa estragos, sin embargo, me limito a imitar su acción y me quito la remera sobre mi cabeza. Yoongi deja caer uno de mis breteles bajo mi hombro y me deja suaves besos húmedos.

Vuelvo a recorrer su pecho y brazos con ambas manos, sin dejar nada que tocar, sus pezones erizados, sus pectorales tensos.

Lo separo de mí desesperada por atención de sus labios sobre los míos y vuelvo a devorarlo, ahora pegando mi temblorosa piel con la suya. Estoy dispuesta a sobrepasar toda línea con él. No me importa la operación, ni Kier ni anda que no sea Yoongi en estos momentos. Dudo que pueda volver a verle a los ojos y no recordar como presiona uno de mis pechos entre su mano y con la otra presiona mi espalda baja para estar más pegada a él.

La puerta es golpeada con violencia.

Me separo de Yoongi con la respiración agitada. Estoy segura de que Eris no podría ser, ella sabe que Yoongi estaría acá, además no golpearía para entrar. Miro a mi compañero y acomoda el bretel de mis sostén en su lugar. Quien sea que está del otro lado, ha roto por completo al atmosfera que habíamos creado.

Yoongi toma la remera que tire a un lado y me ayuda a colocármela. Me levanto llena de coraje dispuesta a golpear a cualquiera que esté del otro lado.

—Hola, Geneva —me saluda la rubia—. Te están esperando para la reunión.

—¿Reunión? —le digo desorientada.

—Sí, muñeca. La reunión que se pactó desde la fiesta de Kier —dice Liv y deja caer su peso en una de sus caderas—. Por favor, baja, incluso está Eris allí.

—Es que en estos momentos... —me giro para ver a Yoongi que ya se encuentra cambiado—. Dame un segundo.

Cierro la puerta antes de que reproche y me encamino hasta Yoongi.

—Lo lamento, no recordé lo de la reunión —le digo mientras hago un mohín. Realmente no quiero que se vaya.

—No te preocupes, está bien —se acerca a mí y acuna mi rostro para plantar un beso. Es entonces que soy consciente de lo sensible que se sienten mis labios.

Me coloco unas zapatillas blancas y tomo su mano para guiarlo hasta la salida. Cuando abro la puerta, Liv se encuentra del otro lado con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho. En cuanto ve a Yoongi, su postura retadora y molesta cambia a una burlona y juguetona.

—No sabía que tenías visitas, Gen —se burla.

Yoongi asiente en su dirección y gira para encararme.

—Te escribo después —me susurra.

—De acuerdo —le despido con la mano porque no soy capaz de besarlo con la Google con piernas mirando. Yoongi se gira se pierde por el pasillo.

—Para Kier debe ser toda una sorpresa, ¿no crees?

—Métete en tus asuntos, Olivia.




  










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