Capítulo único ¿?
—Binnie, dame un beso.
—No.
En eso se habían basado las conversaciones de ese día. Donde un Bobby carente de afecto reclamaba por aquello que su "dulce" novio a diario le negaba. Su relación no era normal, quizás jamás lo había sido, ni si quiera cuando intentaban ambos hacer el amor, y eso al mayor, le gustaba.
—Mi beso —Pidió Jiwon con esa sonrisa que, inconscientemente hacía que una de sus comisuras se alzara más que la otra. ¿Cuantas veces lo había pedido ya? Daba igual, parecía nunca cansarse de las negativas que el menor tenía para consigo, ni siquiera le molestaban los golpes que tan cargados de afecto venían por parte del otro cuando intentaba acercarse, o simplemente tocarlo. Estaba tan acostumbrado a todo lo que el estar con HanBin conllevaba, que para él, aquello, era un mundo color rosa.
Lo observó por el espejo que ambos compartían en aquellos momentos, y a diferencia de lo que su rostro expresaba, el menor solo demostraba lo cansado que se encontraba, o mejor dicho, lo perturbado que ya se sentía a esas horas del día. —¿Por qué coño sigues insistiendo, hyung? —Cuestionó, aún cuando intuía lo que el mayor podía decirle. El chico con dientes de conejo se movió por el camerino hasta la puerta, y el más chico tan solo lo siguió, con la mirada por aquel enorme cristal que cubría de punta a punta la pared frente a la cual se hallaba parado.
—Es obvio ¿no? —Colocó traba a la puerta, y desde donde se encontraba pudo percibir el pánico que eso provocaba en el más joven y que, parecía incrementarse a medida que sus pies lo acercaban a él, por detrás, hasta encontrarse abrazándolo por la espalda, compartiendo distintas miradas a través del reflejo que frente a ellos se proyectaban.
Sus formas de amarse eran tan distintas, que simplemente encajaban la una con la otra, porque ambos sabían, que pese a ser opuestas se complementaban, haciendo que uno encontrase en el otro, aquello que les faltaba.
—No, a no ser que yo lea tu mente. Explícame. —Pidió el menor, cruzando sus brazos por delante de su propio cuerpo, mientras una de sus cejas se alzaba, nerviosamente, debido a la poca paciencia que con el mayor tenía.
—Me gusta que me niegues las cosas. —Comunicó un tranquilo rapero, ignorando como siempre, aquellos síntomas nerviosos que el menor comenzaba a mostrarle, como la forma en que sus labios se movían pese a no decir nada, o el ruido de su pie golpetear contra el piso donde ambos se hallaban. Jiwon se había vuelto con los años, un maestro para ignorar aquellas cosas que HanBin a veces parecía mostrar, y que eran las mismas que al menor le molestaban, sabiendo que eso justamente, era lo que el mayor adoraba de él.—Mientras más me dices que no, más las quiero, se vuelven una necesidad —finalizó por lo bajo, debido a lo cerca que sus labios se encontraban de aquella oreja.
—¿Entonces si te doy ese maldito beso dejarás de molestarme? —Sus pelos estaban de punta, joder, ¿Cómo alguien podía sacarlo tanto de quicio? El mayor debía ser alguna especie de enfermo para ver justamente sus cosas malas y aún así amar aquello de él. Se volteó con rapidez y tomó su rostro, depositando eso que el mayor tanto había querido —Ya está. No molestes más. —Finalizó, intentando apartarlo de él, más sin embargo el mayor afirmó más aquellos brazos que le rodeaban, dejando que sus torsos y cada parte de su cuerpo se encontrasen, incluso sus propias bocas, de la forma más suave y dulce posible. Cada roce, cada pequeño movimiento, le quitaban al menor no solo el aire, también las fuerzas de luchar contra él.
Sus brazos rodearon el cuello del de cabello más largo, y fueron sus labios quienes aceptaron la iniciativa del mayor. Definitivamente Jiwon era un gran besador. Su lengua se acoplaba tan bien a la suya, y el calor de su vaho tan solo lo hacían volver loco, mandando a la mierda cada negativa que podría haberle seguido dando durante lo que quedaba de aquel día. Definitivamente, cada "No" era positivo si así lograba que su hyung lo besara de esa forma.
Y eso le gustaba también a él, la insistencia del mayor para con él, el saber que no se rendiría ante lo que él podía decir. Porque sabía que él jamás sería capaz de llevar a la práctica con Jiwon, aquellos impulsos que al otro solían dominarlo. Porque pese a Bobby expresar abiertamente que lo amaba, HanBin tan solo prefería aquellos roces que podía darle, a escondidas, donde la timidez que escondía bajo sus acciones no importaban.
—Estúpido.—musitó algo agitado contra la boca del mayor, debido a la falta de aire. El mayor río, con ese timbre peculiar que tan solo provocaba que sus ojos se volvieran dos finas líneas.
—También te amo, HanBinnie.
Fin.
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