Capítulo 30

Fui a parar al mueble más grande de la sala, al menos eso me permitieron mis pies, puesto que dejé de sentirlos cuando me di cuenta de que Claudia no estaba en casa con nosotros. Todo se volvía borroso, sentía cómo cada vez se me hacía más difícil respirar. Entre las nubes que se proyectaban en mis ojos, pude observar una larga sombra acercarse para tomar mi rostro con delicadeza y abrazarme, busqué sus manos y las apreté para calmarme, o al menos intentarlo, porque se me hacía muy difícil hacerlo. Me estaba dando un ataque de pánico, no había tenido uno en años.

—Joe, Joe, tranquilo —me abrazó contra su pecho mientras mis jadeos se hacían cada vez más ruidosos en la habitación—. Shhh, estoy aquí, respira, respira.

—No... puedo... no... Benny... ayú...dame.

—Tranquilo, tranquilo —se separó de mí y tomó mi rostro, pude sentir cómo una sensación fría recorría mi cuerpo—. Joe, quédate conmigo, no te duermas, concéntrate en respirar.

—No... pue...do —parecía que solo podía decir esas dos palabras.

—Respira conmigo, vamos inhala —intenté hacerlo, pero una tos salió como respuesta.

Cuando estaba a punto de desmayarme, sentí sus labios posarse sobre los míos, los cuales lograron sacarme de mi pequeña nube del ataque. Los labios de Ben me llevaban a un mundo diferente, uno donde no había problemas y todo estaba bien. Se separó lentamente y me observó preocupado, como si temiera que su plan no hubiese funcionado, sin embargo, alejó todos sus malos pensamientos al verme bien, temblaba un poco, pero ya no me faltaba el aire. Sonrió y llevó mi cabeza a su pecho para abrazarme.

—¿Cómo... lo supiste? —le pregunté sin despegar mi mirada de él.

—Contener la respiración ayuda a los ataques de pánico.

Sonreí mientras él acariciaba mi rostro como si fuese su tesoro más preciado. Pero no todo fue color de rosa, porque al recordar la causa de mi ataque, sentí débil el cuerpo, los escalofríos regresaron y mi vista comenzó a nublarse, parecía que un interruptor se había activado en mi cuerpo con solo recordar que Claudia estaba desaparecida. Y fue en ese momento que me desmayé en los brazos de Ben.

***

Lo primero que vi al abrir los ojos fue el techo blanco de mi habitación, el sonido de varias personas conversando fue lo que escuché una vez que recordé por qué me encontraba aquí, había reaccionado después de pasar un par de segundos preguntándome por qué estaba en mi cuarto observando el techo como tonto. Me levanté de mi cama, me coloqué mis zapatos y fui directo a las escaleras para averiguar qué estaba pasando abajo. Pude ver a una Lucy muy preocupada junto a Gwil sentados en los muebles de la sala, ahí fue cuando la curiosidad abundó mi cuerpo, ¿qué hacían ellos aquí cuando deberían estar en la entrevista? ¿O es que me dormí por mucho tiempo que ya era muy tarde? En cuanto mi amiga se dio cuenta de mi presencia, corrió hacia mí para abrazarme y hacerme un montón de preguntas que no presté atención, puesto que me había quedado plasmado observando a un montón de policías en el comedor hablando con mi novio.

—¿Estás bien? —fue lo único que alcancé a escuchar.

—¿Qué está sucediendo? ¿Claudia sigue ya apareció? —pregunté ignorando completamente su pregunta y observando atentamente a los policías que aún no notaban mi presencia al igual que Ben.

—Me temo que no. Por eso los oficiales están aquí —al escuchar esas palabras, no pude evitar abrazar a mi amiga y suspirar pesadamente, conteniendo las ganas de llorar que tenía por la desesperación que sentía.

—Amigo, ¿estás bien? —levanté la mirada y vi a Gwilym frente a mí, asentí con la cabeza, a pesar de que prácticamente estaba mintiendo—. No, no lo estás, ven aquí —dicho esto me abrazó.

—Tengo miedo, Gwil.

—Tranquilo, ya aparecerá.

—Iré a ver qué dicen —dicho esto me separé de él y caminé hacia mi novio y los policías.

Ben mantenía la cabeza gacha, dando a entender que estaba pensando preocupado en nuestra pequeña, sin embargo, al verme parado frente a él, sus ojos se iluminaron. Caminó hacia mí y me abrazó.

—¿Te sientes mejor? —fue lo primero que me preguntó mientras revisaba que estuviera bien.

—Algo así, hasta que Lucy me dijo que Claudia aún no aparece.

—Sé cómo te sientes, pero los oficiales nos ayudarán.

—De hecho —uno de ellos se nos acercó—. Debo hacerte algunas preguntas, joven Mazzello.

—Sí claro.

—¿Es cierto que estuvo con el joven Jones todo el tiempo en la casa hasta que fueron a ver a la niña?

—Sí —respondí y sentí como mis mejillas se encendían.

—¿Qué estaban haciendo? —Ben y yo nos miramos, ambos rojos como un tomate.

—Cosas de pareja —musité y el oficial levantó las cejas.

—¿Y no escucharon nada? —ambos negamos con la cabeza—. Con el ruido que debieron haber hecho, quien no —por más que susurró, logré escucharlo.

—¡Oiga! —exclamé sintiendo mucha vergüenza.

—Bueno no va al caso. ¿Tienen alguna idea de alguien con quien pudo ir la niña?

Ambos pensamos durante algunos segundos, tenía un montón de tíos, sin embargo, no era capaz de escapar con uno de ellos, además, uno de ellos ya nos hubiese avisado. Nuestra única opción era... Hope.

—Su madre —respondimos al unísono.

—No entiendo, ¿son pareja o no?

—Sí —otra vez respondimos al mismo tiempo.

—¿Adoptaron a la niña?

—Sí.

—¿Y qué pasa con su madre? Sigo sin entender.

—Es una ladrona y nos la quiere quitar —repuse levantándome de hombros y Ben me pegó.

—Yo se lo explico, póngase cómodo.

***

—Ya puede cerrar la boca, oficial.

—Perdóname hijo, pero es que esto es increíble.

—Lo sabemos, por eso sospechamos que fue ella —Ben rodó los ojos, descargando todo su odio contra ella con tal acción.

—Llámenla, no digan que tienen a la policía, luego invadiremos su casa, es más, enviaré a mis hombres ahora, ¿saben dónde vive? —mi novio asintió con la cabeza y mientras yo sacaba mi celular para marcarle a Hope, Ben les indicó la dirección a los demás policías.

Coloqué el altavoz y esperé a que Hope se dignara en contestar, mordía mis uñas mientras observaba la pantalla y escuchaba cada timbre emitido por mi celular, intentaba calmarme, no quería armar un escándalo en cuanto Hope me contestara, por más que deseaba insultarla y gritarle por robarse a mi hija. Sonó una, dos, hasta cinco veces, y nada, colgué en cuanto me envió al buzón de voz e intenté de nuevo, pero nada. Suspiré cansado, al notar mi enojo, Ben caminó hacia mí junto al alguacil.

—¿Qué pasa, Joe?

—No contesta la desgraciada.

—La llamaré con mi celular —dijo el alguacil de pronto—. Deme el número.

—Con gusto —le entregué mi celular, con el número de Hope proyectándose en la pantalla, lo copió y llevó su celular a su oreja.

Sin embargo, por más intentos que realizó, nadie contestaba.

—Mugre Cruella de Vil.

—Tendremos que ir a su casa, ahora —el alguacil dio la orden a sus hombres y todos nos encaminamos a la puerta, pude notar que incluso Gwil y Lucy nos seguían.

—No, no, no podemos ir los cuatro —Ben detuvo nuestro paso y nos miró—. Por lo menos uno de nosotros debe quedarse, por si Claudia regresa.

—Rápido, piedra papel o tijera, un, dos, tres —dijo Gwilym a la vez que los cuatro golpeábamos nuestras manos con cada palabra.

Al final, Gwilym perdió.

—¿Por qué perdí, si yo fui quien puso el juego como opción?

—Por ser alto —dijo Lucy después de guiñarle un ojo y salir de la casa junto a Ben y a mí—. Yo creo que sería bueno que yo vaya a buscarla por toda la ciudad.

—Estoy completamente de acuerdo —repuse.

—Bien, los veo luego —dicho esto, se alejó corriendo de ambos.

***

La espera me mataba, llevábamos varios minutos dentro del auto del alguacil y no teníamos respuesta alguna. Los policías nos habían pedido que esperáramos, por si Claudia nos viera y se ocultara, luego fueron a la casa y derribaron la puerta, a partir de ese momento, Ben y yo no volvimos a ver otro movimiento además de las personas que caminaban por la calle. Estuve a punto de cerrar mis ojos para dormirme sobre el hombro de mi novio, si no fuera porque este se levantó de golpe al ver quién sabe qué por la ventana. Rápidamente me incorporé y me acerqué junto a él al vidrio, donde pude observar al oficial junto a sus hombres regresar por donde habían ingresado, solos, sin Claudia, ni Hope. Pude sentir una ligera presión en mi corazón, por lo menos me hacía la idea de que mi niña saldría de ahí, que se había demorado por cualquier razón, pero al ver que todos subieron al auto y no dijeron nada, mi intranquilidad regresó; al parecer, no sabían cómo decirnos la noticia, pero el silencio era poderoso, decía más de mil palabras, y solo bastó de este para darnos cuenta de que todo estaba perdido. Las lágrimas empaparon mi rostro de inmediato, lloraba en silencio para no llamar la atención, sin embargo, al escuchar un sollozo por parte de Ben, no me contuve más y lo abracé.

—Lo siento mucho, muchachos —habló el alguacil después de haber soltado un suspiro—. No estaba.

De pronto, mi celular comenzó a sonar y vibrar en el bolsillo derecho de mi pantalón, lo tomé y de inmediato deslicé mi dedo por la pantalla, era Lucy.

—Dime que la encontraste —pronuncié intentando que mi voz no suene entrecortada, sin embargo, fallé en el intento.

—No —dijo con cierta inseguridad y preocupación en su voz, apreté los puños lo más fuerte que pude y fruncí el rostro, estaba conteniéndome para no pegar un buen golpe al asiento que estaba frente a mí—. Llamé a Adria y me dijo que hablará con el cast de The Pacific para que me ayuden a buscarla, también avisé a los chicos de BoRhap, ¿qué pasó? ¿No está?

—¡No está, Lucy! ¡No está! —sollocé—. No sé qué hacer.

—Cálmate, no te desesperes, la vamos a encontrar. Denuncia el caso para que comiencen a buscarla, ¿sí?

—Sí, sí.

—Suerte, pequeño —dicho esto colgó.

—Hay que poner una denuncia ahora —dije al guardar mi celular.

***

—Joe, ¿sigues despierto? —escuché una voz detrás mío, giré y vi a Ben entrando al estudio.

—¿Crees que puedo dormir? —suspiré mientras me pasaba una mano por la cara.

—Yo tampoco puedo, solo dormí diez minutos, luego escuché un ruido y no te vi en la cama, creí que era un ladrón.

Solté una risita melancólica.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó sentándose a mi lado.

—Míralo tú mismo —le señalé la pantalla, mostrándole un cartel de se busca, contenía una foto de Clau junto a una gran descripción con letras negras.

AYÚDANOS A ENCONTRARLA

Se perdió el día 15 de octubre de 2015 en la tarde, cerca del barrio Echo Park & Westlake, su nombre es Reina Claudia Mazzello, es pequeña, rubia y muy tierna, sus ojos son azules y mide 1,30cm aprox.

En caso de encontrarla, llamar al **********.

—¿Cuántos vas a imprimir?

—No sé, ¿doscientos?

—Trescientos —sugirió—. Los Angeles es muy grande.

—Ok, entonces serán trescientos —dicho esto, envié a imprimir los trescientos carteles.

Pasaron cinco minutos en los que el silencio reinaba la habitación, además del sonido de la impresora, nos habíamos quedado callados y abrazados tiernamente mientras observábamos cómo las hojas impresas aparecían en la bandeja de la impresora. Los ojos se me aguaron al ver la carita de mi pequeña en una de las hojas.
Estaba muy asustado, ni siquiera sabía si Hope la tenía, o si alguien nos la había robado, si se enteraban que ella era mi hija, ¿quién no quería secuestrarla por una gran recompensa? Y lastimosamente el mundo se enterará, porque pienso difundir a todo el mundo que mi hija estaba perdida, mi vida estará llena de paparazzis, pero ¿qué importaba? Yo solo quería a mi pequeña de regreso sea cual sea el costo.

Las hojas ya estaban impresas, Benny las apiló y tomó mi mano para salir de la casa y pegarlas en toda la ciudad.

—Tú al norte y yo al sur —me dijo mientras sacaba las llaves de su bolsillo y yo hacía lo mismo, pero con las mías.

—Ok —besé sus labios—. Te amo.

—Yo más —me sonrió y cada uno fue a su respectivo auto.

Conduje por las calles de Los Ángeles, callado y pensativo, la radio estaba apagada, ni siquiera quería encenderla, no en una situación así, cuando sentía que todo se desmoronaría en cualquier momento. Bajé en una estación de trenes y tomé mis hojas para pegarlas en el papelógrafo público, retiré un par de anuncios viejos que de seguro nadie veía, y pegué el de Claudia en el espacio vacío. Observé atentamente su foto, pude sentir un pequeño dolor en mi corazón, como si al ver su sonrisa se hubiese quebrado o algo parecido. Comencé a llorar desconsoladamente, cubriendo mi rostro con mis manos, lamentando su pérdida y descargando todo mi dolor con cada lágrima. Golpeé repetidas veces el papelógrafo público hasta que de mi mano comenzó a brotar sangre, al verla en ese estado, supe que había llegado muy lejos y que debía parar de una vez por todas. Limpié mis manos en mi ropa, ensuciándola por completo e hice una mueca mientras avanzaba a otro lugar para colocar un papel, sabía que Ben me regañaría por lo que hice. Pegué otro cartel, soltando un largo suspiro, lo observé con mi vista nublada por las lágrimas y pasé mis dedos sobre él, deseando que ella estuviese presente y no tuviese que estar acariciando una hoja de papel.

—Hija, ¿dónde estás? —le hablé al cartel y sollocé.

Estaba desesperado, el hecho no verla nunca más me aterraba, no me imaginaba una vida sin ella, no cuando pasé cinco años a su lado.

Solo espero encontrarla de una vez y volver a estar tranquilo.

Claudia:

«Por favor los pasajeros del vuelo con destino a Canadá, abordar por la puerta número 12»

Sentí la mano de mi mamá tomar la mía y llevarme a lo largo del aeropuerto. Miraba a todos atentamente, me llamaba la atención ver a tantas personas corriendo hacia una sola dirección, parecían un grupo del ejército. Caminamos por un largo pasillo, cuyo final daba directo al avión, al principio tuve miedo, puesto que había un pequeño espacio que separaba al pasillo del avión, sin embargo, mi mamá me cargó y me ayudó a pasar. Fuimos a lo largo del avión para sentarnos en nuestros lugares, escogí la ventana, puesto que para mí era lo mejor disfrutar de la vista, y qué mejor vista si estábamos a muchos metros sobre el suelo.
Después de escuchar las instrucciones y demás recomendaciones, el avión por fin despegó, sin querer solté un pequeño grito cuando este comenzó a elevarse, puesto que sentí un ligero cosquilleo en mi estómago. De inmediato los recuerdos llegaron a mi mente, cuando viajaba con mi papá por todo el mundo para acompañarlo a sus entrevistas. Una sensación de tristeza invadió mi cuerpo, por más que no fueran mis padres, los extrañaba y algo dentro de mí me decía que de seguro estaban muy preocupados por mí, por irme sin avisar y huir de ellos. Pero no era mi culpa, de verdad me dolió enterarme que me abandonaron en un orfanato, al parecer no me querían o querían deshacerse de mí porque era molesta, o tal vez no me querían. No lo sabía con certeza ni tampoco quería saberlo, solo quería concentrarme en este viaje y dormirme un momento.

Joe:

—Joe, amor despierta —escuché una suave voz a lo lejos, abrí poco a poco los ojos y vi a Ben delante de mí—. Hola, pequeño, ¿cómo dormiste?

—Hace unos diez minutos logré conciliar el sueño y lo arruinaste.

—Perdóname, amor —comenzó a acariciar mi rostro—. Brian acaba de llamar, tenemos que ir a una entrevista.

—No quiero —me quejé y recosté mi cabeza sobre la almohada.

—Tenemos que ir, para eso nos pagan.

—Tenemos mucho dinero, ¿para qué ir? —suspiré cerrando los ojos—. Ya tenemos suficientes problemas por ahora.

—Joe Mazzello, si no te levantas, no habrá premio esta noche.

Abrí los ojos de golpe y lo miré con los ojos entrecerrados, luego lo golpeé con una almohada, provocando que cayera sobre la cama.

—¡Oye!

—¡Tu hija está perdida en quién sabe dónde y tú quieres coger esta noche! —le grité y me volví a acostar—. Y encima me sobornas.

—Es la única forma de levantarte de la cama.

—Pero ahora no tengo ánimos de nada.

—Joe —suspiró—. Lo admito, yo tampoco tengo ganas de nada, ni siquiera sé cómo me levanté, pero no debemos encerrarnos aquí, por lo menos un día debemos mirar la luz del sol.

—¿Y si encuentran a Clau y nosotros no estamos aquí?

—Nos llamarán, Joe, tenemos un montón de policías recorriendo la ciudad, incluso el país, anda, no desconfíes.

Mordí mi labio mientras dirigía mi vista a la nada y pensaba. No sería mala idea, sin embargo, no tenía ganas de soportar incómodas preguntas de los entrevistadores, odiaba cuando a veces se metían con mi vida personal.

—No lo sé —respondí levantándome de hombros.

—Te compro una hamburguesa.

Hice una mueca y volví a analizar las cosas.

—Está bien, pero que sea doble.

***

—Hablemos de ti, Ben —habló el entrevistador juntando sus manos y cruzando sus piernas con una sonrisa coqueta, los celos me invadieron, se notaba a leguas que era gay—. ¿Te encuentras actualmente en una situación amorosa?

—Yo creo que el amor siempre vivirá en mi corazón, por ejemplo, mi amor propio, creo que mi situación sentimental es amarme todos los días —casi suelto una carcajada al escuchar la respuesta de Ben.

—Entonces, ¿no estás en una relación amorosa?

—Conmigo mismo —Ben le enseñó una sonrisa burlona.

—¿Ah sí? ¿Y qué me dicen de esto? —señaló una pantalla a sus espaldas, donde se proyectó una foto de ambos tomados de la mano, mi cabeza estaba apoyada sobre su hombro.

—¿De dónde sacaron eso? —pregunté sintiendo los pelos de punta.

—Paparazzis, Joe, aquí hay una con su hija —de inmediato otra imagen se proyectó detrás de ella: los tres nos encontrábamos caminando en una acera, los gorros y gafas cubrían nuestra identidad, sin embargo, habían logrado atraparnos.

Pude sentir cómo mi corazón se estrujaba al ver a mi hija tan sonriente caminando a nuestro lado.

—Bueno, ¿esto es para preguntarnos sobre la película o para meterte en nuestra vida personal?

—Solo intento que confirmen si lo suyo es real, ¿han escuchado acerca de Hardzzello? Las fans los aman y de verdad se hacen ilusiones de que sean pareja y sobre todo que hayan adoptado a esa niña, que no sabemos de dónde vino.

—Es mi sobrina —comentó Ben muy serio, al parecer quería continuar ocultándolo.

Pero yo ya no quería hacerlo.

—No —miré a mi novio con mis brazos cruzados—. Estamos juntos —tomé su mano y él me miró sorprendido—. Somos pareja desde hace mucho y sí, la niña es nuestra hija, lastimosamente está perdida desde hace dos días —me callé para sacar el cartel que había hecho y se lo entregué al entrevistador—. Ya no lo voy a ocultar más, es mi hija y la amo, si la ven, llamen al número en los carteles, la quiero de regreso, por favor ayúdennos —dicho esto, comencé a llorar sin importarme que estábamos al aire.

—Entonces, ¿quién de los dos es la mami de la niña? —el entrevistador idiota comenzó a reír.

—¡Maldito idiota, es mi hija y está perdida! ¡¿Cómo puedes burlarte?! —grité con coraje y salté sobre él para golpearlo.

—¡Joe! —exclamó Ben tomando mi mano antes de que cometiese una locura, colocó su mano sobre mi puño y lo empujó hacia abajo—. Cálmate, aquí no —escuchaba su voz, sin embargo, no podía verlo, mi vista estaba clavada en el sujeto entrometido, quien temblaba debajo de mí—. ¡Joe, por favor! —tomó mi mentón y me obligó a que lo mirase, sus ojos suplicaban a gritos que parase de una vez por todas, esos ojos que con solo mirarlos lograban darme una ligera paz interior, aun cuando todo se estaba yendo a la mierda.

Mi respiración volvió a ser normal, deshice los puños de mis manos y me alejé del hombre lentamente, giré y observé a Rami, Lucy y Gwilym, quienes mostraban sorpresa en sus rostros, incluso preocupación por mí. No me gustaba eso, detestaba que las personas me tuvieran pena.

La habitación se encontraba en silencio, si no fuera porque enseguida se escucharon los pasos de Roger aproximarse, pensé que me regañaría por mi repentino cambio de comportamiento, sin embargo, fue directo hacia el entrevistador a pedirle de favor que no se metiera con nuestra vida personal otra vez. Me sentía terrible, las miradas de pena de mis amigos me ponían peor de lo que ya estaba, quería volver a casa y llorar sobre mi almohada, estar solo o por lo menos con Ben, pero que nadie me viese llorar como ahora, porque sin darme cuenta, las lágrimas ya empapaban mi rostro. No resistí más, sin importarme lo que dijera Roger, salí de aquel cuarto lleno de micrófonos y corrí lo más rápido posible a quién sabe dónde, una brisa chocó contra mi rostro y volaron algunas lágrimas, hacía frío y eso empeoraba la situación. Solo corrí, hasta que encontré mi auto estacionado en el parqueadero del estudio. Rápidamente me subí y cerré la puerta, cubrí mi rostro con ambas manos y lloré a gritos, reclamando la pérdida de mi hija, expresándome con cada grito que soltaba y recargándome sobre el volante.

Mi pequeña hija estaba ahí afuera, quien sabe si sola, con alguien, viva o muerta, detestaba por completo a mi estúpida mente negativa, pero no podía evitarlo, era el día dos y no había rastros de ella, de seguro ya estaba muerta o algo parecido, el mundo se ha convertido en un lugar inseguro para vivir, existe maldad hasta de sobra, y ni siquiera quería imaginar qué le estaban haciendo a mi bebé. Lamentaba con mis sollozos, gritos y lágrimas, pidiendo internamente que me la regresaran, podía perder lo que sea, pero ella y a Ben no. Ellos son el motor de mi vida y uno de ellos ya no está.

Benjamín permanecía en la ventana del copiloto, fuera del vehículo, golpeando la misma para que le abriera. Cerré los ojos y bajé avergonzado la mirada para después pulsar el botón del control y abrir la puerta, en cuanto entró me atrajo hacia él para abrazarme y dejar que llorara en su hombro; mis sollozos comenzaron a hacerse notorios, y segundos más tarde, los de Ben se fusionaban con los míos, no eran normales, sino fuertes, llorábamos abrazados con todo el sentimiento que podíamos, como si llorando Claudia fuese a regresar.

Ojalá fuera así de fácil.

Claudia:

Los días habían pasado, la vida en Canadá era mucho mejor, tenía muchos amigos en mi nueva escuela, nadie me molestaba ni ofendía por tener dos padres, es más, nadie sabía que tenía dos padres, solo éramos mi mamá y yo. Vivíamos en un pequeño pueblo, dónde apenas había cuatro mil personas. Por más pequeño que fuera, me gustaba, tenía muchos amigos y vecinos que me adoraban, no había paparazzis malos ni tenía que acompañar a mami a su trabajo.

Bueno al menos no hasta hoy.

Hoy era lunes, día de trabajo, todos en el pueblo salían a realizar sus respectivas obligaciones. El pueblo permanecía ocupado, y mi mamá también, hoy no podía ir a la escuela porque comenzaría a trabajar con mi madre, quien me dijo que debía ayudarla, al principio me negué, pero cuando me dijo que me divertiría y que me compraría muchas golosinas, acepté.

Nos levantamos temprano, nuestra rutina de siempre, cambiarnos, desayunar, lavarnos los dientes y salir al auto, sin embargo, esta vez hubo un cambio, no fuimos directo a la escuela, sino al trabajo de mamá. El edificio era muy grande, gigante, a decir verdad. Mamá dejó el auto en un lugar muy oscuro y sucio, había un montón de grafitis en las paredes y en algunos rincones predominaba la humedad y el moho. Entramos al edificio, luego de subir un montón de escaleras, de inmediato, un aroma a alcohol y a cigarrillo atravesó mis fosas nasales, era tan fuerte que tuve que cubrir mi nariz, incluso me dio náuseas.

El lugar estaba lleno de hombres rudos y de aspecto sucio y mugriento, quienes jugaban póker en mesas muy sucias, otros bebían alcohol y reían escandalosamente en las esquinas más alejadas del lugar, perdidos completamente en aquella droga asesina, su actitud y comportamiento me asustaban, a tal punto de que quería salir corriendo de ahí si no fuera porque estaba con mi mamá. Para mi mala suerte tuvimos que pasar en medio de un montón de hombres ebrios que discutían sobre quién se quedaría con una tal Darla, o Carla, no lo sé, no sabía ni me interesaba, solo quería salir de ahí ya. Subimos algunas escaleras sucias y húmedas por las botellas de alcohol tiradas o rotas, y una vez arriba, mi mamá me llevó a una habitación ubicada al fondo del segundo piso, la más limpia de todas, cosa que me puso de buenas, por lo menos aquí olía a perfume de hombre y no a podrido.

Un hombre de cabello largo y rubio, y de ojos cafés que aparentaba tener treinta años permanecía sentado en un escritorio viejo y desgastado, en su rostro lucía una gran sonrisa de oreja a oreja, al parecer se alegró de tenernos con él ahí. Ambas avanzamos hacia él y nos sentamos en dos sillas que se encontraban frente a él, tenía algunos tatuajes en sus brazos y su vestimenta era un tanto particular, parecía un rockero.

—Hola, Vince —saludó mi mamá.

—Hola, hermanita—ambos se dieron un beso en la mejilla, luego, la mirada del hombre se posó en mí—. Y supongo que tú debes ser Millie, la pequeña y linda niña que me va a hacer millonario.

—¿Qué es millonario? —le pregunté a mi mamá.

—Cuando tienes muuuucho dinero —ella alargó la u mientras elevaba sus brazos.

—Ooooh ¿Yo?

—Sí, pequeña, tú. Mucho gusto, soy tu tío Vince —extendió su mano hacia mí y yo dudé en si tomarla o no, por lo que miré a mi mamá para pedir su autorización, ella asintió, así que lo hice.

—Soy Millie Mazze... —me callé al darme cuenta de que estaba a punto de pronunciar el apellido de mi padre—. Booth.

—Lo sé muy bien, ¿sabes por qué? —negué con la cabeza—. Pues porque vas a ser mi ayudante estrella.

—¿Ayudante estrella?

—Sí, ganaremos mucho dinero gracias a ti.

—¿Cómo?

—Mira —dicho esto se agachó y tomó una caja de un cajón—. Aquí hay un polvito mágico que hace muy felices a las personas y nos dará mucho dinero a nosotros. Con el dinero que ganemos, tu mami podrá comprarte muchísimos dulces y juguetes, ¿te gustan los dulces verdad? —asentí con la cabeza contenta, haciéndome muchas ilusiones de ver una montaña de dulces en mi casa—. ¡A todos nos gustan los dulces! Es por eso que lo único que tendrás que hacer es entregar esta cajita a unas personas que te van a dar mucho dinero, es muy fácil, ¿verdad? —volví a asentir—. Pero eso sí, escúchame bien Millie, no puedes ver lo que hay adentro, porque si la abres o si la hueles, ¡te caerán los dientes!

Solté un sonido de asombro y me llevé las manos a la boca.

—¿No quieres eso verdad?

—¡No! —exclamé asustada y abracé a mi mamá.

—Por eso no debes abrir la caja, solo la entregas y recibes el dinero en este bolsito —dicho esto colocó una pequeña mochila de Hello Kitty sobre el escritorio, la cual tomé mirándola tiernamente—. ¿Crees que puedas hacerlo, Millie? Te daremos muchísimos dulces, recuérdalo.

Miré a mi mamá, quien me dedicó una sonrisa mientras asentía con la cabeza, rápidamente giré mi cabeza y miré al hombre.

—¡Sí, tío Vince!

—Muy bien, pequeña, tu trabajo comenzará mañana en la noche.

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Ya ven por qué Hope chingaba con que quería quedarse con Clau? jsjssj 

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