Disfuncional
Hay cinco etapas del duelo, son diferentes para todos pero siempre son cinco. El duelo no es sólo perder a alguien eso es quedarse bastante corto. Significa que ha ocurrido algo que ha cambiado tu vida, que la ha destruido y quitándote una parte de ti mismo.
Negación
— Tu padre y yo nos vamos a divorciar.
Sero dejó caer el celular que rebotó en su almohada, aún con el vídeo reproduciéndose siendo lo único que interrumpía el vacío silencio. Se sentó en su cama sintiendo su cuerpo entumecido. Sin romper el contacto visual con la mujer, sin borrar la incredulidad en su rostro. No hubo respuesta alguna de su madre, ni ojos rojos o la voz quebrada. Sonaba como normalmente lo hacía, ella ya había aceptado el acuerdo.
— ¿Es broma? — era lo único que pudo expresar verbalmente pues su cuerpo no coincida para nada. Ni hablar que su cabeza pensaba en los momentos que había visto entre sus padres, preguntándose ¿De qué se había perdido? Que esto no podía sucederle a su familia, era ridículo. No era cierto. Ellos no podían ser el caso del "Ya no funciona".
— No lo es, Hanta, ya no funciona.
La mujer se marchó sin saber que más decirle a su hijo mayor, dejándolo sentado pensando en la coincidencia de las palabras que dijo y las que pensó.
¿Que debía hacer? ¿Que se supone que debe decir o actuar?
Su vida cambiaria completamente. Los abogados de ambos vendrían a su casa, se discutiría la custodia de su hermana menor como la suya, la casa, Dios, donde viviría ahora su madre, pues la casa era de su padre estaba a su nombre y los bienes materiales que también implicaban la pensión de los Hanta.
Tendrá que ver solo dos días a la semana a uno de sus padres, ir de allá acá cuando no podía darse ese lujo teniendo la tarea y entretenimientos de la UA. Olvidaría cosas en la casa de su madre y otras en las de su padre.
Con rapidez tomo su teléfono y se quedó quieto, viendo la lista de contactos. Bakugo, Kirishima, Jirou, Yaoyorozu, Kaminari, Ashido...
Era estúpido, no podía meterlos en sus problemas porque simplemente no sentía las ganas de hacerlo, después de todo que le dirían, no es algo que estuviese a su poder.
Esa noche no cenó ni durmió las horas debidas.
[•••]
Tres semanas habían pasado en una velocidad lenta, muy lenta.
Su padre se fue de la casa para irse a vivir temporalmente con familia suya, eso sería hasta que su madre encontrara un lugar donde vivir, ese hombre era muy considerado. Hanta pensaba que su madre solo iría al trabajo y regresaría a casa para pasar tiempo con ambos. Se había equivocado.
Ella se había puesto un vestido de encaje entubado para ir de fiesta con amigas y no olvidaba el color no el patrón del encaje del vestido pues era de un hermoso turquesa.
Hinomoto Tomoyo no volvió hasta las cinco de la mañana.
Sero Hanta no dijo nada, tratando de negar que algo así había sucedido.
Otra ocasión similar fue que había traído a una amiga para beber tequila con limón, habían entrado como Pedro por su casa. Su hermana se encontraba en la cocina y Hanta pues miraba caricaturas por la televisión cuando llegaron a beber enfrente de él y de su hermana menor, ambos se miraron sin saber qué hacer.
Qué se supone que uno hace cuando ves a dos adultas en sus chismes bebiendo tequila y encima una de ellas es tu madre.
Tuvo que llamar desde el celular de la mujer para que se la llevará un familiar suyo por lo borracha que estaba, Nishiya y él tuvieron que arrastrar a su mamá al colchón para que pudiera dormir.
— Ve a dormir.
— Pero, Nii-san...
— Solo ve a dormir— ordenó carente de emoción o sentimiento. Su mano tomo la botella, camino a la cocina y la guardo en una de las alacenas, volvió a la sala para limpiar los restos de limón y las copas.
Ya eran la una de la mañana cuando terminó. Ninguno volvió a mencionar ese tema. Negando que algo como eso había sucedido.
Enojo
Era entre semana, eran los días más difíciles. Solo eran su madre, Nishiya y él.
Los meses habían pasado, su padre le dejó que su madre se quedará con la custodia de ambos, pero algo horrible había sucedido hace dos meses. Su padre le había dado diabetes, habían secuestrado a su hermana menor Nishiya. El susto fue demasiado junto con el hecho de que era de familia, esa enfermedad ya se veía venir. Pero su padre apenas tenía cuarenta años, ya no podría disfrutar de algunas de sus cosas favoritas, su piel se volvería cual cuero seco y los medicamentos no dejarían de llegar.
Casi no lo veía, solo los fines de semana.
Obviamente nadie de su clase sabía sobre su situación, no con todo esto de la casi muerte del padre de uno de sus compañeros en vivo y en directo. Ya había suficiente drama. No había necesidad de bajar el ánimo al menos lo que quedaba de éste.
Este día era para ayudar a su madre con sus compras, lo que no acababa por entender era porque la mujer de cabellos castaños se quedó viendo la ropa de bebé que estaba al lado al de damas.
— Me alegra venir contigo mamá— comentó Hanta con la típica sonrisa en su rostro, era sincera.
— A mi también me encanta estar contigo hijo, pero hay algo que te debo decir — comenzó hablar calmada, tomándose unos segundos pensando en sus palabras. El pelinegro espero pacientemente a que ella terminara de hablar.
— Estoy embarazada.
Mierda.
Mierda, mierda, mierda y más mierda. ¿Un bebé? ¿Justo ahora? No más bien de quién era ese bebé, de su padre no era. A ese hombre le habían hecho un procedimiento quirúrgico para que ya no tuviese hijos.
¿Qué diablos? Sabía que su madre muchas veces podía ser muy pesada para las bromas.
— Es de broma ¿No?
— No estoy bromeando— su cara sonreía, tomando ropa de bebé amarilla. Estaba de espalda por lo que no podía desmentir por sus expresiones faciales si estaba jugando o no.
— No te creo nada.
— ¿Por qué no me crees? — le miró sonriente tomándolo con gracia, Hanta frunció el seño, él no le veía lo divertido. Era serio lo que le estaba diciendo, la vida de un ser humano en desarrollo no era algo a tomarse a la ligera ni lo sería, le preocupaba mucho la declaración de su progenitora.
— No te creo.
Era verdad, después de muchas negaciones lo acabo por aceptar. Para enterarse de que esa criatura que crecía en el interior de su mamá ya llevaba cuatro meses. El divorcio apenas se terminó a principios de febrero, y el anuncio en octubre.
Era más que claro lo que había causado la separación de la pareja.
Y si eso no había bastado, resulta que ese hombre vendría a recogerlos y llevarlos a su casa.
— Él es Kazehaya Ritsu, el padre del bebé.
Ninguno de los dos dijo nada, solo fue su madre hablando para que el intoxicante silencio no se hiciera en el trayecto a su casa. La ira le inyectó de forma lenta a lo largo del viaje, apretó sus puños hasta que se tornaron blanco respiro tratando de contener los insultos que amenazaban a salir a el denominado vomito verbal.
Se bajó lo más rápido que pudo al notar que el vehículo se estaciono enfrente de su hogar, tomo sus cosas dándole el adiós a su mamá, seguidamente abrió la puerta de su casa con la sonrisa más hipócrita que ha hecho a lo largo de sus quince años de vida.
Subió a su cuarto respirando y exhalando tratando de asimilar todo lo que acababa de pasar. Su celular sonó al desbloquear era un mensaje de su madre, arrojo el celular a su cama derramando la última gota en su vaso.
— ¡Por ese maldito arruinarte a esta familia! ¡Me pides mentir por ti porque no tienes el suficiente valor de ir y decirle a mi padre, te dejé por alguien con más dinero! ¡Estoy embarazada porque soy una zorra que quiere atar a ese hombre!
Pateó la pared repetidas veces dejando salir su ira, el azabache no se detuvo ahí continuo insultando sin parar a la mujer que le daría una familia rota a una inocente criatura que no se lo merecía.
— ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Eres despreciable!
Negociación
Había sido la etapa más corta, y la más patética.
Trato, en serio trato de convencer a su madre de que estaba cometiendo una estupidez. Aunque no directamente, eran comentarios venenosos de aquí y allá, generando discusiones cortas de madre e hijo.
— Cuando te mudes conmigo, habrá una habitación solo para tí, será muy grande y de los colores que quieras, Hanta— le sonreía amablemente, empacando su ropa dejando el closet totalmente vacío.
Sero no le sonrió la miraba de reojo acomodando la ropa de su mamá en la gran maleta negra.
Los dos se vieron de manera incómoda, al no saber que decir. Solo se miraban mutuamente tratando de tomar fuerzas para iniciar una conversación decente, aunque Hanta no lo hacía con planes amistosos.
Era hora de decírselo, hora de que viera que las cosas no saldrían como ella lo quería. Y lamentaba que tuviera que ser de esa forma.
— Me quiero quedar con papá.
Lo soltó, así sin más. Como el día del anuncio del divorcio.
La cosa de la negociación fue patética ¿Y sabes por qué? Porqué ambos trataban de llegar a un acuerdo que no podía ser, que no dejaría calmados a ninguno de los dos. Y por primera vez en ese horrible año, Hanta ganó.
Depresión
Esa parte fue la más dolorosa y la más larga, Hanta se recostó en su cama tratando de ver en qué momento todo se fue a la mierda, desde en cuando Sero Tomoyo y Sero Keichi habían dejado de amarse.
Pensó en los momentos de felicidad y cuando veía un futuro claro. No eran más que simples fantasías comparado con la realidad que están afuera de su dormitorio. Ya no estaba en su hogar lo que ayudaba un poco, no era mucho. Ahora vivía en los dormitorios hace ya mucho tiempo.
Todo no eran más que cenizas, en un chasquido todo se redujo a cenizas de miseria. Dormía poco, muy poco a tal punto que debió comprar maquillaje para cubrir sus ojeras.
El hambre se redujo a un pan tostado con mermelada y jugo de naranja, lo que comenzó a notar su grupo por lo que se forzaba a comer sin hacerlo bien, pues solo tragaba sin masticar mucho.
Sus calificaciones no habían bajado así como su rendimiento en las prácticas. Solo eso se mantenía en armonía. Pero la peor parte fue actuar, fingir que era feliz, todo era pastel y color de rosas.
Estar rodeado de sus amigos lo hacían olvidarse de los recuerdos que alargaban su corazón hasta convertirlo en vinagre, lo ayudaban a que la actuación no fuera tan actuación. Le hacían olvidar ver esa maldita foto donde mostraban e ese desgraciado y a su madre con ese vestido de encaje turquesa. De amigas, una fiesta con amigas, una mierda.
Hasta quien te quiere te puede mentir, se repitió muchas veces sintiendo las lágrimas corriendo por su rostro con el molesto sonido de los sollozos al lado de la mucosidad en la nariz. No sabe cuanto tiempo lloro, tal vez habían sido horas o unos cuantos minutos hasta que sintió que alguien lo abrazaba.
No abrió los ojos, liberando sus frustraciones en forma de un firme abrazo, prometiendo que todo está bien.
— Si solo supieras que está pasando — pensó al abrir un poco los ojos viendo la rubia cabellera y el mechón negro de su amigo.
Ahí fue el cuarto de las confesiones.
Aceptación
Quien lo diría, al entrar en casa de su madre haría que todo se resolviera dentro de su cabeza. Solo al ver el pequeño cuerpo de su hermana menor, si había sido niña.
Al principio la vio de manera rara, pues no sabía que decir o hacer solo se quedó viéndola por un largo rato. Decidió acercar un dedo al brazo del pequeño ser humano, pero ella había tomado su dedo con esa pequeña y frágil mano, era un pequeño saludo de una pequeña vida.
Y ese día fue en que lo acepto, las cosas irían para mejor.
— ¿Cómo se llama? — pregunto con una gran sonrisa sin apartar su mano de la niña.
— Nadeshiko.
Todo iría para mejor si veía a crecer a Nadeshiko, tal y como dijo Kaminari en ese día. Solo espera y verás la belleza de lo inesperado, amigo, eso fue lo que había dicho y eso era invaluable.
[•••]
Habían surgido problemas entre Kazehaya y su madre, era tan grave que la echaron de la casa.
Tomoyo era una mujer extrovertida, bromista y espontánea pocas cosas derribaban a esta mujer de acero. Ella no tenía familia en Musutafu, todos ellos estaban en China. Por lo que no tenía lugar donde ir y encima había arrastrado a su hijo mayor a todo este fiasco.
Esa mujer lloró entre los brazos de su primogénito, Sero reprimió sus lágrimas, en verdad que lo intento pero tenía un corazón como cualquier otro, tan débil emocionalmente si atacan a su familia, y fue traicionado por un par de lágrimas tan agrias como el vinagre que mojo el cabello de su madre.
— Lo siento mucho hijo— moqueó— Lamento haberte arrastrado a esta situación, lo lamento mucho.
Su voz se quebraba al hablar. Era seda rasguñada hasta quedar solo harapos y el llanto de Nadeshiko se oía de fondo.
Hanta empacó todo lo que podía llevarse de momento e irse a los dormitorios a una velocidad abrumadora. Al entrar al edificio no se molestó en ser sutil, entró y azotó bruscamente la puerta de la entrada llamando la atención de todos, quienes inmediatamente lo vieron en su estado más vulnerable.
Con los ojos rojos, la cara pálida, con la respiración exaltada e ira en sus ojos.
Todos trataron de preguntarle qué había pasado, los ignoró a todos para encerrarse en su cuarto. Escuchando los golpes a la puerta con los reclamos de Kirishima y Bakugo a todo volumen.
Su celular vibró, la imagen era de su padre.
Y una vez le mintió a su padre, su madre lo más seguro llorando en los brazos de una amiga, su media hermana cuidada por otra y su hermana menor encerrada tratando de olvidar la situación.
La familia Sero era completamente disfuncional, tan rota en su interior. Esta era la familia que estaba formando al héroe llamado Cellophan, un hogar roto.
Todo basado en mi vida personal, son hechos que ocurrieron en la vida real, mi familia.
Y no no tengo una hermana menor llamada Nishiya, es hermano, un niño.
Mi vida pasó a ser como cualquier otro pero de pronto se volvió una novela mediocre de Wattpad que ahora publicó aquí en forma de un chico con una triangular sonrisa.
Mi padre asiste muchas veces al hospital, es horrible ver el closet donde una vez estuvo la ropa de mi mamá ahora esta llena de medicamentos y recetas. Es duro ver a mi madre con alguien más y mi hermano solo se dedique a decir que todo está bien.
Pero lo puedo pasar por alto, todo por mi hermana menor, ella se llama Isabella y puedo ser el hombre de acero que necesita en esta inestable familia. En este hogar roto.
Gracias por leer.
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