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ღ Sobre ruedas ღ

El rugido del motor rompió la tranquilidad de la tarde, resonando entre los árboles que bordeaban la carretera. Amy Rose observaba la motocicleta con una mezcla de fascinación y nerviosismo, mientras Shadow le ajustaba los guantes especiales en sus manos. El viento alborotaba los mechones rosados de la joven, pero ella apenas lo notaba, concentrada en el brillo metálico del vehículo frente a ellos.

No había sido fácil convencer a su novio. Durante días, Amy le había insistido una y otra vez en que quería aprender a conducir la motocicleta. Recordándole lo mucho que disfrutaba cada vez que la llevaba ahí, con el viento golpeándole la cara y la adrenalina acelerándole el corazón mientras lo abrazaba por la espalda. Por eso, quería intentarlo ella misma. El erizo ébano había dudado en un primer momento, argumentando que era demasiado peligroso intentarlo, pero la determinación de la menor terminó ganándole la partida. 

Al final, él accedió a enseñarle.

—¿Estás segura de que quieres hacerlo, Rose? —preguntó él, apoyando el peso de su cuerpo contra la moto. Su voz sonaba calmada, aunque en el fondo había una pizca de preocupación.

Amy asintió con firmeza, aunque sus dedos tamborileaban con inquietud sobre el borde de su falda roja.

—¡Por supuesto que sí! No puede ser tan difícil... ¿verdad? —intentó sonar confiada, pero el leve temblor en su voz la delató.

Shadow arqueó una ceja, divertido. No era común verla así, tan fuera de su zona de confort. Y, de alguna manera, esa vulnerabilidad le parecía... adorable.

—Ven aquí —dijo finalmente, señalando el asiento de la motocicleta. Amy tragó saliva y se acercó, como si estuviera caminando hacia un épico desafío. 

El de mirada carmesí no dijo nada mientras ella subía con cuidado, balanceándose ligeramente hasta encontrar equilibrio.

—Primero, siéntate bien. Espalda recta. Si te inclinas demasiado, perderás el control —indicó, colocándose detrás de ella. Sus manos se movieron con precisión sobre los controles, enseñándole dónde estaba cada palanca y botón exactamente, tratando de ser lo más práctico posible para que fuera más sencillo de comprender.

Amy se mordió el labio, memorizando todo. El tacto de las manos del mayor sobre las suyas la hizo estremecerse, pero trató de concentrarse en lo que él decía, y no en lo cerca que estaban en ese momento.

—¿Lista? —preguntó el erizo después de su explicación.

La chica asintió, pero antes de que pudiera responder, el peso del manillar en sus manos le recordó que esto no iba a ser tan fácil.

—Gira lentamente el acelerador. Poco a poco, no te presiones.

Ella obedeció, y la moto avanzó apenas unos centímetros antes de detenerse con un movimiento brusco. La heroína dejó escapar un pequeño grito ahogado, mientras Shadow, desplazándose cerca de ella con sus air shoes, contenía una sonrisa divertida.

—Relájate. Si te tensas, será peor. Esto no se trata de fuerza, sino de equilibrio.

El consejo era sencillo, pero lograr aplicarlo le tomó un par de intentos. Poco a poco, el movimiento se volvió más fluido, y Amy empezó a sentir una extraña mezcla de miedo y emoción al notar cómo el viento comenzaba a rozarle el rostro.

—¡Lo estoy haciendo! —exclamó, mirando brevemente al erizo por encima del hombro.

—No te desconcentres. Mantén la vista en la carretera —respondió él, aunque no pudo evitar sentirse orgulloso de ella

La tarde transcurrió entre risas nerviosas y algunos tropiezos que, gracias a su velocidad, el erizo ébano logró evitar un tiempo. Para sorpresa de la chica, Shadow mostró una paciencia que ella no esperaba encontrar en él. Aunque ocasionalmente fruncía el ceño cuando ella cometía un error, siempre hallaba la manera de corregirla con calma, evitando que se sintiera mal por sus equivocaciones. Además, él se mantenía a su lado, vigilando cada uno de sus movimientos, listo para intervenir si era necesario, asegurándose de que no sufriera ninguna herida o accidente.

Cuando finalmente se detuvieron, la ojiverde bajó de la motocicleta con las piernas temblorosas pero una sonrisa brillante. Su pecho aún subía y bajaba por los nervios de haber conducido aquel vehículo por primera vez, pero la emoción era mucho más grande que el miedo.

—¿Ves? Te dije que podía hacerlo —dijo, contenta por su valentía.

Shadow negó con la cabeza, complacido, y tomó el casco rosado de sus manos.

—Supongo que no estuvo tan mal... para ser tu primera vez.

—Por favor, quiero intentarlo solo una vez más. ¡Prometo que será rápido!

Él arqueó una ceja, como si estuviera evaluando si valía la pena o no. Aunque, en el fondo, ya sabía que iba a ceder. Siempre lo hacía cuando se trataba de ella.

—Está bien, pero esta será la última. Ya se está haciendo tarde y aún debemos ir a comprar cosas al supermercado.

Amy aplaudió emocionada y corrió hacia la motocicleta, pero antes de subirse, se giró hacia él con una sonrisa traviesa.

—Pero esta vez, tú vienes conmigo.

—¿Cómo?

—¡Sí! —dijo con entusiasmo, señalando la moto—. Quiero que vayas detrás de mí. Siempre me llevas tú, y ahora quiero ser yo quien te lleve.

El erizo ébano se quedó mirándola, analizando si hablaba en serio o si estaba jugando con él. Era extraño. Inusual. Pero también era Amy Rose, y eso lo hacía completamente una posibilidad.

—¿Estás segura que puedes llevarme? Peso más que tú, Rose...

—Estoy totalmente segura de que puedo —afirmó, colocando las manos en su cintura como si estuviera retándole.

Shadow suspiró de nuevo, resignado.

—De acuerdo. Pero no hagas ninguna locura solo porque sabes que estaré ahí. 

Amy sonrió con orgullo y se subió a la moto, más confiada que la primera vez, y se puso su casco rosa que él le regaló. Le esperó mientras su novio, con la misma calma de siempre, se subía detrás de ella. Shadow colocó sus manos en las caderas de la eriza, lo que hizo que a ella se le escapara un leve sonrojo que intentó disimular.

—¿Listo? —preguntó Amy, girando un poco la cabeza para mirarlo.

—Siempre lo estoy —respondió él, con ese tono tan suyo.

La chica giró suavemente el acelerador y la motocicleta empezó a moverse. Al principio, con cautela. El mayor no decía nada, pero sus manos permanecían firmes en su lugar, dándole la seguridad necesitaba.

El viento comenzó a rozar su rostro cuando aceleró un poco más. Solo un poco, lo justo para sentir cómo la emoción le recorría el cuerpo. Por primera vez desde que subió a la moto, Amy  Rose no sentía nervios, sino  que estaba completamente sumida en la adrenalina.

—¡Esto es increíble! —gritó entre risas, mirando de reojo al erizo detrás de ella.—¡Ahora entiendo por qué te gusta tanto!

Aceleró un poco más, siendo más cuidadosa. El aire alborotaba sus púas y las de él, y la ojiverde sintió cómo su confianza crecía con cada metro que recorrían. Sintió que estaban volando. Era perfecto.

Tenía el control total de la situación.

—No está tan mal, ¿verdad? —preguntó, tarareando a modo de victoria. 

—No te emociones demasiado. Aún estás en modo principiante.

—¡Oh, por favor! Admito que al principio estaba un poco asustada, pero ahora... ¡soy casi una experta! —bromeó, acelerando un poco más mientras reía con alegría.

El erizo soltó un leve suspiro, aunque sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. A veces, la energía inagotable de su novia era contagiosa, y este era uno de esos momentos.

Finalmente, tras unos minutos más, Amy redujo la velocidad y llevó la moto a un lado de la carretera, deteniéndola con suavidad. Shadow, sorprendido, notó que ella realmente estaba mejorando rápido. Cuando apagó el motor, la joven se quitó el casco y giró hacia él, con las mejillas encendidas por la emoción.

—¿Qué te parece? ¿Buena piloto, eh? —preguntó, con expectativa.

Él negó con la cabeza y deslizó una mano hasta la mejilla de la eriza, atrapándola desprevenida. Sin previo aviso, el erizo ébano se inclinó y presionó sus labios contra los de ella apenas unos segundos. 

Amy sintió que su corazón latía a mil por hora, y por un momento, olvidó incluso dónde estaban. Cuando Shadow se separó, mantuvo su frente contra la de ella, como si quisiera alargar ese momento un poco más.

—Hiciste un buen trabajo —murmuró, con una leve sonrisa en sus labios.

La ojiverde apenas podía contener su felicidad. Se mordió el labio, tratando de calmarse, aunque no pudo evitar soltar una risa emocionada. 

—¿Sabes qué? Creo que merezco un premio por todo esto. ¡Déjame manejar hasta el supermercado! Te prometo que ahora puedo hacerlo sin problemas.

El de vetas rojas la miró fijamente, evaluando su petición, y negó lentamente con la cabeza. 

—Por hoy, ya fue suficiente. No quiero tentar a la suerte.

La contraria infló las mejillas, fingiendo un puchero, pero no pudo mantener la expresión por mucho tiempo. Él deslizó un brazo por su cintura y le entregó el casco con una mirada suave.

—Tal vez la próxima vez. Pero ahora, déjame llevarte. —Encendió la motocicleta nuevamente, y el rugido del motor llenó el aire.

Amy suspiró, aceptando su respuesta, aunque la sonrisa ganadora en su rostro seguía intacta. Se subió detrás de él y lo abrazó con fuerza, apoyando su mejilla contra su espalda.

—Está bien, pero prométeme que habrá una próxima vez —susurró, cerrando los ojos para disfrutar más del momento.

Shadow no respondió, pero el leve asentimiento le bastó para saber que cumpliría su promesa.

Después de todo, él siempre cumplía sus promesas...

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YA VOLVIMOS CON ESTA HISTORIA WUUUUUU <3

GRACIAS POR LEER Y COMENTAR, LOS QUIERO MUCHO

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