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ღ Desierto ღ

El Festival de las Arenas Brillantes se celebraba cada año en el legendario Oasis de Lumira, un enclave mágico escondido en la profundidad del desierto. 

Este oasis único reflejaba las estrellas en sus aguas cristalinas, como si de un cielo invertido se tratara. Alrededor, las palmeras, decoradas con farolillos flotantes de luz dorada, evocaban el brillo de las dunas al amanecer. La arena, bañada por la tenue luz de la luna llena, parecía cobrar vida, emitiendo destellos que dotaban al lugar de una atmósfera casi mágica. 

Durante el festival, el oasis se convertía en un espacio de celebración y esperanza. Los asistentes danzaban al ritmo de melodías tradicionales interpretadas por músicos locales, mientras los niños corrían entre puestos engalanados con sedas coloridas y joyas artesanales. Bajo el imponente Árbol del Corazón, un árbol milenario cuyas hojas brillaban tenuemente, se narraban historias de romances legendarios. Se decía que aquel árbol guardaba los recuerdos de quienes habían amado y perdido, convirtiéndolo en el símbolo más emotivo del festival.

Cuando llegó el día en que se anunció el tan esperado evento, Amy Rose se encontró con un problema bastante serio: ninguno de sus amigos podía acompañarla.

Sonic, Tails y Knuckles estaban fuera, atendiendo una misión urgente en una isla lejana; mientras que Cream, resfriada, tenía que guardar reposo en casa siguiendo las recomendaciones del Doctor. Rouge, por su parte, no tardó en rechazar la idea con su habitual sinceridad:

"¿Un festival cursi en el desierto? Gracias por la invitación, cariño, pero no. No es mi estilo."

Amy intentó no desanimarse, pero sus planes, que había imaginado tan perfectos, comenzaban a desmoronarse. Asistir era algo que había esperado durante meses. Sin embargo, la idea de ir sola le parecía demasiado desoladora.

Aunque trataba de disimular su lamentable estado anímico, Shadow, quien últimamente parecía prestarle más atención, notó su melancolía de inmediato.

—¿Por qué de pronto estás tan apagada? —le preguntó con su característico tono directo.

La eriza rosa suspiró, intentando restarle importancia a todo mientras explicaba lo ocurrido.

—Es solo que... quería ir al Festival de Arenas Brillantes. Había esperado tanto tiempo para verlo, pero parece que nadie puede acompañarme. Ir sola no sería lo mismo, así que supongo que tendré que esperar al próximo año.

Shadow la observó en silencio. Normalmente no se involucraba en los problemas de los demás, pero algo en la expresión de Amy Rose lo impulsó a decir lo que vino después.

—Entonces, puedo ir contigo.

La chica lo miró, desconcertada, como si no hubiera escuchado bien.

—¿Qué?

—Dije que podemos ir juntos. No parece algo complicado.

Ella parpadeó, intentando procesar lo que acababa de oír.

—¿Tú... quieres ir a un festival? ¿Con luces, música y gente?

Shadow se encogió de hombros, cruzando los brazos con indiferencia.

—No es que me interese. Pero si tanto lo querías y los demás no pueden, no tiene sentido que te quedes aquí lamentándote. Eres mejor que eso.

Un brillo de emoción regresó a los ojos verdes de ella, y una sonrisa iluminó su delicado rostro.

—¡Shadow! Eso es... ¡Increíble, realmente no lo esperaba de ti, muchas gracias!

—No hagas un escándalo por esto, Rose —respondió él, desviando la mirada para ocultar su incomodidad—. Solo muévete antes de que cambie de opinión.

Así, contra todo pronóstico, ambos erizos se encontraron viajando hacia el desierto para asistir al oasis donde se llevaría acabo la festividad. Amy no podía estar más feliz, mientras que Shadow, aunque jamás lo admitiría en voz alta, no encontraba tan terrible la idea de acompañarla.

Unas horas después del viaje en tren, llegaron al Oasis de Lumira bajo la luz de una luna llena que teñía el desierto de un resplandor plateado.

La joven heroína se detuvo en cuanto sus ojos captaron todo el paisaje. 

—¡Es incluso más hermoso de lo que imaginé! —exclamó, con auténtico asombro.

El erizo de vetas rojas, en cambio, permaneció ligeramente apartado. Observaba todo con su habitual mezcla de desinterés y cautela, como si estuviera más pendiente de cualquier posible amenaza que del espectáculo en sí mismo. Sin embargo, incluso él no pudo ignorar la belleza a su alrededor.

Ambos recorrieron el festival bajo las cálidas luces y el murmullo del viento. En un taller de artesanías, Amy compró una linterna vibrante y colorida, mientras Shadow, con su habitual sencillez, optó por un diseño oscuro y minimalista. Eran importantes, pues las linternas serían parte de la ceremonia que se celebraría después alrededor del gran árbol, donde pedirían deseos y los enviarían al cielo.

Más adelante, en un puesto de bebidas, Amy probó un jugo de cactus cristalino y, tras insistir buen rato, convenció a Shadow de darle un sorbo, a pesar de su inicial reticencia.

En la zona de juegos, la eriza rosa intentó derribar botellas con sacos de arena, pero sus lanzamientos fallaron una y otra vez; al parecer ese día la coordinación no estaba de su lado. Shadow, observando en silencio, tomó uno de los sacos y, con un lanzamiento impecable, derribó todas las botellas. Sin decir nada, le entregó el premio (un peluche de Chao relativamente grande) a lo que Amy le respondió con un abrazo lleno de gratitud y alegría que pareció suavizar momentáneamente la fría actitud de su compañero.

Mientras caminaban entre la multitud, Amy detuvo de repente su paso, sus ojos iluminándose al reconocer a alguien. Era el viejo conductor del Tren Mirage junto a su esposa, una mujer de cabello rosa y blanco que irradiaba calidez con su sonrisa amable.

—¡Shadow, mira! —dijo Amy emocionada, señalando hacia ellos.

Los señores también los reconocieron, y sin dudarlo, se acercaron con entusiasmo.

—¡Hola, jovencitos, ha pasado tiempo! —exclamó el conductor, extendiendo los brazos con alegría—. Qué sorpresa encontrarlos aquí.

—Oh, ustedes son los chicos que pelean con el científico lunático, es un verdadero placer encontrarlos de nuevo—añadió la mujer del conductor, cuya voz transmitía una serenidad reconfortante—. Nunca olvidaré lo que hicieron por mi marido en el Tren Mirage, estoy muy agradecida de que lo salvaran.

—¡El placer es nuestro y no tienen que agradecernos, siempre es un gusto ayudar! —exclamó la eriza rosada con una expresión cálida—. Entonces... ¿cómo han estado? ¿Disfrutaron su tiempo viajando juntos?

—Sí, de hecho hemos conocido muchos lugares.—respondió el conductor—. Sin embargo, decidimos venir al festival para celebrar un año más juntos. Pues...hace mucho tiempo, cuando era más joven y viajaba de un lado a otro como conductor del Tren Mirage, terminé por casualidad en este oasis. Era una noche como esta y el festival estaba en todo su esplendor. Yo, un hombre solitario que apenas tenía tiempo para descansar entre viajes, no esperaba quedarme, pero algo me detuvo. O más bien, alguien.

La mujer de ojos ámbar sonrió con ternura, entrelazando sus dedos con los de su esposo.

—Estaba trabajando en un puesto de linternas. Mi familia llevaba años viniendo al festival para vender artesanías, y aquella noche estaba especialmente ocupada. Apenas me detuve a mirar a mi alrededor, pero entonces vi a este hombre, perdido entre la multitud, observando todo como si fuera de otro mundo y me acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda.

—Me costaba ubicarme por la cantidad de asistentes, pero ella apareció para salvarme como si fuera un ángel —interrumpió el conductor, sonrojándose ligeramente al recordarlo—. Es la mujer más hermosa que vi en mi vida, así que me puse un poco nervioso al hablarle. 

Amy suspiró suavemente, conmovida por la dulzura de sus palabras, mientras Shadow observaba en silencio, aunque su postura relajada sugería que estaba escuchando atentamente el relato de los mayores.

—Como agradecimiento por su amabilidad, me acerqué a su puesto para llevarme algún recuerdo. Cuando intenté pagar por una linterna, ella insistió en que no aceptaría mi dinero. Me dijo que "la luz de una linterna solo brilla de verdad si se comparte". Me conmovió mucho y a cambio, le prometí que regresaría al festival el siguiente año y le compensaría por darme aquel hermoso regalo.

La mujer rió con suavidad antes de hablar.

—No me imaginé que lo decía en serio. Pero al año siguiente, allí estaba, parado en el mismo lugar, con un ramo de rosas en las manos y luego me invitó a bailar bajo el Árbol del Corazón.

—Ese fue nuestro primer baile juntos —continuó el conductor—. Me tomó un tiempo convencerla de que saliera conmigo a una cita, pero una vez que lo logré, parecía que la vida por fin me sonreía. 

La heroína rosa no pudo contener otro suspiro mucho más profundo, llevándose una mano al pecho con dramatismo.

—Es... hermoso. Su historia es tan romántica y especial.

—El oasis tiene una forma curiosa de conectar a las personas. Todo aquí parece conspirar para crear recuerdos que conservaremos por el resto de nuestra vida.— explicó la señora. 

El conductor, con una chispa de picardía en los ojos, volvió su atención hacia los erizos rosa y negro.

—¿No les parece curioso? Todo empieza con un viaje compartido... o tal vez, con un festival como este.

Amy abrió mucho los ojos al notar la intención de sus palabras, tosió varias veces mientras una tenue tonalidad roja coloreaba sus mejillas.

—¡Oh! Bueno, nosotros solo... —comenzó a decir, riendo nerviosamente.

Shadow, en cambio, desvió la mirada y cruzó los brazos con una expresión seria.

—Creo que está confundiendo nuestra situación con la suya, señor... —dijo con su tono seco de siempre, aunque la ligera timidez no pasó desapercibida para el conductor.

El anciano soltó una carcajada jovial, colocó una mano sobre el hombro del erizo de mirada carmesí y finalmente añadió con un guiño:

—Está bien, muchacho, no te preocupes. Solo estaba recordando viejos tiempos, pero...cuando has vivido tanto como yo, aprendes a leer entre líneas. Déjame darte un consejo: este festival es un lugar mágico. Si hay algo que necesitas aclarar o decir, este es el momento perfecto para hacerlo.

Shadow lo miró en silencio, sin saber exactamente qué responder. No estaba acostumbrado a que alguien hablara de esa manera tan directa sobre sus emociones, y mucho menos a recibir consejos sobre ese aspecto.

—Piénsalo, amigo, confío en que tomarás la mejor decisión y te darás cuenta de lo que sientes en verdad.—continuó el conductor, retirando la mano con una sonrisa amable. 

El joven erizo resopló suavemente, pero no dijo nada más. Los señores se despidieron con un último gesto amable antes de desaparecer entre la multitud. La ojiverde permaneció inmóvil unos instantes, con las mejillas aún ligeramente encendidas.

—Bueno, eso fue... curioso —murmuró, mientras acomodaba entre sus brazos el peluche que Shadow le había regalado minutos atrás.

—No te dejes influenciar por esas historias, Rose. La mayoría de esas cosas no son más que coincidencias disfrazadas de sentimentalismo —respondió él, con el tono afilado de siempre, aunque evitaba mirarla directamente.

—¿Ah, sí? —dijo ella, arqueando una ceja, divertida por su reacción—. Pues creo que las coincidencias pueden ser hermosas... si decides aceptarlas.

Shadow no replicó y, en silencio, caminaron hacia el imponente Árbol del Corazón, que brillaba con más intensidad a medida que la medianoche se acercaba. La multitud comenzaba a reunirse alrededor para presenciar el evento principal del festival: la liberación de las linternas.

Amy tomó la suya, encendiéndola con cuidado mientras murmuraba un deseo en voz baja, siguiendo la tradición al pie de la letra. Shadow observó el gesto por un momento antes de encender su linterna, aunque no expresó nada.

—¿Vas a quedarte callado todo el tiempo? —preguntó la eriza, notando la actitud reservada de su amigo.

—No tengo deseos que pedirle a un árbol luminoso, Rose.

—Oh, vamos, Shadow. ¡Ni siquiera se trata del árbol! Es sobre este instante, lo que significa. Es especial, y deberías intentarlo. Quizás te sorprenda.

Él la miró de reojo, sopesando si valía la pena debatir este asunto sin sentido. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro y murmuró algo inaudible antes de levantar la linterna en su brazo.

—Eso es todo lo que conseguirás de mí.

Amy sonrió, complacida, y ambos soltaron sus linternas al mismo tiempo. Las luces ascendieron en un espectáculo hipnótico, mezclándose con cientos de otras que ya flotaban en el aire, iluminando la noche con un resplandor cálido y vibrante.

—Es tan hermoso... —susurró la más baja, con los ojos fijos en el cielo.

Shadow permaneció en silencio, pero no observabando las linternas. Sus ojos estaban puestos en ella, en cómo su rostro parecía brillar bajo la luz del festival, en cómo sus ojos verdes reflejaban emoción y asombro. Sin darse cuenta, algo dentro de él se ablandó.

—Amy... —murmuró de repente.

—¿Sí?

—Yo, no...Nada. Olvídalo.

La aludida lo miró con curiosidad, pero antes de que pudiera insistir, el cielo se iluminó aún más. Fuegos artificiales estallaron en colores vibrantes, dibujando figuras efímeras en la oscuridad. Las luces danzaban con gracia, compitiendo con las linternas y las estrellas.

—¡Oh, Shadow, mira eso! —exclamó, señalando el espectáculo mientras daba un pequeño salto.

Se quedó cerca de él, lo suficiente como para que sus hombros casi se rozaran. El más alto no dijo nada, pero tampoco se apartó, dejando que el momento fluyera en un equilibrio inexplicable.

Cuando el festival llegó a su fin y el bullicio dio paso al silencio del desierto, los dos erizos caminaron juntos hacia la estación de tren. La brisa nocturna acariciaba el aire, arrastrando con ella los últimos ecos de música a la distancia. Amy, agotada pero con una sonrisa serena en el rostro, apoyó la cabeza en el hombro de Shadow durante el trayecto.

—Gracias por acompañarme. Este noche fue muy especial para mí.

Shadow no respondió de inmediato. Su mirada se perdió en el horizonte, donde las últimas linternas aún flotaban, mezclándose con el firmamento estrellado. Había algo inquietante en la calma que lo rodeaba, una sensación que no podía nombrar pero que lo mantenía en vilo.

—No estuvo tan mal —admitió, su tono más suave de lo habitual.

La chica alzó la cabeza para mirarlo, sorprendida.

—¡Eso ya es todo un halago! —bromeó, soltando una pequeña risa.

El contrario rodó los ojos, pero no pudo evitar que la esquina de su boca se curvara apenas en un gesto que casi parecía una sonrisa.

—Solo digo la verdad. No esperaba disfrutarlo, pero... supongo que fue interesante.

—¿Ves? No fue tan difícil admitirlo. Creo que, en el fondo, te gustó mucho más de lo que quieres aceptar.

—Tal vez. Pero no lo repetiré.

Amy soltó una risa suave mientras ambos subían al andén de la estación. Antes de abordar el tren, miró una vez más al cielo, ahora sereno y salpicado de estrellas que titilaban en el profundo silencio.

—Gracias, Shadow. En serio. No solo por venir, sino por convertir este día en algo inolvidable.

El de vetas rojas se detuvo antes de dar una respuesta, clavando en ella una mirada que parecía buscar las palabras correctas. Por unos instantes, su expresión reflejó algo más allá de su habitual dureza, algo que ni siquiera él sabía cómo explicar.

—Como dije antes, no estuvo mal. Pero supongo que no estuvo tan mal...porque tú estabas ahí —dijo finalmente, en un tono bajo pero sincero.

Ella lo observó, sorprendida. Un nuevo rubor mucho más intenso coloreó sus mejillas, aunque decidió no romper el momento con palabras. Asintió suavemente, con una expresión que parecía reflejar la calidez de su interior.

Ya dentro del vagón, se acomodaron en un rincón tranquilo. Amy, sintiéndose agotada, se dejó caer ligeramente contra Shadow, buscando apoyo en su hombro.

—¿Crees que podamos repetirlo algún día? —preguntó de pronto, alzando la vista hacia él con un brillo esperanzado en los ojos.

Shadow la miró de reojo, su semblante permanecía tranquilo, aunque una ligera sensación de vergüenza, quizá por la tensión entre ambos, asomaba en sus gestos.

—Podría considerarlo.— comentó con ironía, intentando no demostrar ninguna emoción "extraña". 

Amy se mostró complacida, satisfecha con la respuesta, y pronto dejó que el cansancio la venciera. Cerró los ojos y se acurrucó aún más contra él, su respiración pausada llenó el silencio entre ambos.

Shadow permaneció inmóvil, observando cómo el paisaje desértico se deslizaba al otro lado de la ventana, iluminado por la pálida luz de la luna. Las imágenes del festival seguían vivas en su mente: las linternas ascendiendo al cielo, los fuegos artificiales iluminando la noche y la risa contagiosa de la eriza rosa. Bajó la mirada hacia ella, que dormía tranquila, completamente ajena al efecto que había tenido en él.

Aunque no entendía del todo lo que sentía en su interior, decidió no apartarla. De algún modo, esa pequeña cercanía le resultaba menos incómoda de lo que jamás habría imaginado.

—Sí, definitivamente ese viejo tenía razón .

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AAAAAAAAAAAH luego haré una línea cronológica de las historias para que puedan leerlas en orden jsjsjsjs. Pero esta historia está ubicada en el momento en que ellos aún eran amios y quería hacerle una mención a los eventos de "The Murder of Sonic the Hedgeho" porque ahí nació el Shadamy en el canon jsjsjsj (yo sé que es el SA2 pero aquí basicamente confirmaron que eran amigos cercanos y más detallitos que alimentan la esquizorenia). 

Gracias por leer, estoy muy feliz de leer sus comentarios para saber que les gusta esta historia, me motivan mucho.

Nos leemos pronto uu <3

Recuerden tomar awa y dormir bien (no como yo)

PSDT: ellos son los señores jsjsjsjs



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