8. Efecto Grey


Harry había pasado toda la mañana del sábado rogándole a su madre de que le diera las llaves del BMW. La señora Styles, harta de las constantes suplicas de Harry, se resignó a dárselo con la condición de devolverle las llaves ese mismo día en la noche. Por primera vez, Harry estuvo de acuerdo con su madre.

Él extrañaba sentir el frío metal de las llaves de su preciado BMW negro, la última vez que lo condujo fue hace dos semanas, y sintió que pasó una eternidad.

Harry no quería que su madre lo llevará, pues quería lucirse frente a Alice con su preciado BMW negro.

Ambos, habían quedado verse en casa de Alice a las 4:00 de la tarde. Harry salió de su casa a las 3:30, pues la ubicación de la casa de Alice no estaba tan cerca, y temía llegar tarde por perderse en el transcurso.

No habían dado si quiera las 4:00, cuando Harry estaba estacionándose en la casa de Alice Grey. Apagó el aire acondicionado, tomo su mochila con sus útiles y se bajó para ir hacia la entrada.

Camino por el sendero del jardín, observó ahí un césped podado y muy bien cuidado, había varias macetas con flores a punto de brotar del capullo. Se le hizo curioso ver un pequeño columpio.

En general, la casa tenía la apariencia de un típico hogar con un ambiente familiar sano. Cuando se detuvo frente a la puerta, un objeto estorbó en su camino haciendo un chillido.

Miro hacia abajo quitando el pie para ver un perro de goma, Harry se agachó para levantarlo. Luego respiro un par de veces antes de tocar la puerta, espero un tiempo cuando abrió.

Esperaba ver a Alice, pero tuvo que dirigir su vista hacia abajo para encontrarse con una pequeña niña con rizos y ojos azules demasiado intensos. Harry se quedó impactado al verla, era igual a ella pero con rizos. La imagen de Alice Grey en miniatura estaba frente a sus ojos.

-¿Quién eres? –preguntó la niña al no recibir respuesta del chico.
-Yo... -abrió la boca pero al instante fue interrumpido.

-Hayley, te dije que no abrieras la puerta. –se acercó Alice saliendo de un pasillo.

Alice cargó a la pequeña en sus brazos, que no debía tener más de ocho años, después se dirigió a Harry que las veía tiernamente.

-Hola Harry. –Alice lo saludó con un beso repentino en la mejilla.

Harry quedó estático.

-Pasa. –dijo Alice.

Él pudo reaccionar antes de pasar por el umbral para que Alice pudiese cerrar la puerta. Ella bajo a la pequeña de sus brazos y camino hacia la sala, Harry siguiéndola, le preguntó:

-¿Es tu hermana? –observó a la pequeña que estaba sentada jugando con una tetera de juguete.

-Ah, no, es mi hija. –respondió Alice. Harry abrió los ojos asombrado.

-¿T-tu hija? –balbuceó incrédulo, y Alice carcajeo.

-Por supuesto que no, es mi pequeña hermana.

La pequeña sonreía inocente sentada en el sofá mientras miraba a Harry como a un personaje de sus programas caricaturas favoritas.

Alice se le quedó observando a su pequeña hermana.

—Hayley, ¿Qué te había dicho antes de que Harry llegará?—le preguntó.
—No molestar a los invitados.—contestó la niña jugando con sus dedos.
—¿Y qué estas haciendo?
—Lo estoy mirando porque tiene a Spog entre sus manos.–señaló hacia las grandes manos de Harry que sostenían al perro de goma que se topó en la entrada.

Harry se dió cuenta de lo que hablaba la niña.

—Toma. —Harry le extendió el juguete con amabilidad.

La pequeña corrio hacia él tomando el juguete y abrazando a Harry por las piernas. Él se sorprendió y no hizo más que acariciar los rizos de la pequeña.

—Hayley, ¿Cómo de dice?—le preguntó Alice en tono maternal.
—Gracias, Harry. —respondió separándose de él.
—Ahora ve a tu cuarto.—le ordenó.

Hayley le sacó la lengua antes de desaparecer por las escaleras.

Ambos se quedaron solos en la sala, y en silencio.

Por primera vez, Harry no sabía como iniciar una conversación.

—Bueno, ¿Tienes hambre?—Alice le preguntó a Harry que se había convertido en mudo, él asintió.— ¿Trajiste el dinero?
—Ah, sí. —comenzó a hurgar en sus bolsillos en busca del dinero.

Había un problema, el dinero lo dejo en el auto.

—Creo que lo deje en el auto. —dijo y sacó sus llaves.— Iré por él.
—Te acompaño—se ofreció Alice mientras iban a la entrada.

Ella abrió la puerta y se quedó boquiabierta al ver e BMW de Harry.

—¡Dios! ¿Es tuyo?—expresó ella adelantando el paso para llegar al auto admirando el color de este.
—Así es, te presentó a mi bebé.—alardeó él chasqueando los dedos.

El auto se abrió y Harry entró para buscar el dinero que se encontraba en el porta-vasos.

—Es genial, me encanta tu auto, digo, mi novio tiene un Ferrari, pero siempre me han gustado los BMW. —Harry sintió que el comentario acerca del auto de su nemesis actual, había sido intencional.

Pero retiro el pensamiento cuando vio como Alice se asomaba desde el vidrio de la ventana para admirar el interior.

Se veía emocionada de ver un BMW como una niña en el zoológico viendo un elefante.

A Harry se le ocurrió una buena idea.

—¿Qué tal si vamos por las pizzas?—sonrió, Alice regresó su vista a él.
—Creo que nos saldría más barato, así que sí.

Harry se sintió satisfecho por la respuesta de la chica, y en su mente pasaron mil y un ilusiones.

Alice.

En su auto. BMW.

Solos.

Un condón.

Olvidándose de la tarea.

Harry tiene asegurado su pase al infierno.

Pero borró la sonrisa de su cara cuando Alice dijo:

—Iré por Hayley, no la puedo dejar sola.

*

Después de quince minutos, Harry y Alice se encontraban en Dominos Pizza, esperando la pizza mientras que la pequeña Hayley jugaba en el pequeño patio de juego infantil del lugar.

Alice la supervisaba cada cierto tiempo, Harry tomaba sorbos de su refresco a traves de la pajilla, pensando en formas de cómo llamar la atención de Alice, o si quiera iniciar una conversación con ella sin que le falten las palabras.

—Entonces... ¿Te gusta la historia?—preguntó él.

Alice volteó hacia él.

—Así es, bueno, me gusta leer mucho. ¿Alguna vez haz escuchado sobre la Guerra de los Pasteles?—Alice hablaba muy frescamente, y Harry no podía dejar de temblar el pie bajo la mesa.
—No, ¿De qué trata?—preguntó aunque no le interesara, escucharla hablar lo era todo para él.
—Es la Primera Intervención Francesa en México, pero digamos que todo inicio absurdamente cuando unos soldados entraron a un restaurante francés y no pagaron la cuenta. Para ser honesta, fue muy absurdo. Así inició la deuda externa de México. —ella alzó los hombros.

Harry no entendía de lo que hablaba, pero lo que sabía era la inteligencia que poseía esa chica, y sin duda lo ayudaría a pasar la materia.

—Es un honor, que seas mi maestra. —comentó Harry en cumplido. Alice sonrió.
—Compañeros de equipo. —corrigió ella.

Ambos rieron y de quedaron en silencio.

— Así que... ¿Te gusta Francia?— Harry comenzaba a quedarse sin palabras.
— Je parle français. —presumió Alice, Harry quedó sorprendido por su pronunciación envidiable.
—¿Francesa? ¿Algo más?—rió Harry.
—Mi mamá es francesa, y me ha enseñado un poco.— explicó Alice encogiéndose de hombros.
—Creo que oír hablar a una chica francés es lo más sensual que existe. —dejó escapar Harry.

Alice se sonrojó y no supo como tomar el comentario. Que Harry le haya dicho eso la hizo estremecerse

—¿Tienes novia, Harry?—la pregunta lo tomo por sorpresa.

No era que acostarse con una chica cada fin de semana significara que tuviera compromiso con cada una de ellas, si no que Harry jamás ya estado en una relación porque no se creía capaz de cuidar a una chica en el sentido romántico.

Así que negó riéndose sin darle una explicación, y fue salvado cuando con el grito del empleado de la caja, avisándole que su orden de pizza ya estaba lista.

*

Marcel estaba nuevamente sentado en las escalerillas que daban hacia el local.

Le Jolie Cafe.

Otra vez sin esperanzas de encontrársela ahí trabajando, debía grabárselo en la cabeza que Katelyn no trabajaba más ahí, y se sentía culpable por eso.

Ese día no tenía ganas de dibujar, así que miró hacia la página vacía, después cerró la libreta y se levantó para caminar hacia la parada del autobús.

No espero mucho hasta que el autobús se detuvo. Subió sacando las monedas para pagar la tarifa hacia su siguiente parada.

— ¿Marcel?—él volteó en dirección a la voz, y al parecer iba a necesitar su inhalador.

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Es todo por hoy, chicks
Sorry por la intriga en la que las voy a dejar.
Si les soy honesta soy #TeamAlice jaja

Un beso, M


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