32. Problemas y confesiones

Harry sabía que era hora de reunir valor y hablar con Alice seriamente sobre lo que pasó la otra noche. Había despertado y no la encontraba por ningún lado, temía que ella se hubiese arrepentido por haberse acostado con él. Durante tres días, ella lo había estado evitando durante las clases o cuando se lo encontraba por los pasillos, mientras tanto Harry no había dejado de pensar en ella, y se frustraba demasiado cada vez que quería hablarle.

La campana estampó por los pasillos, era la hora del almuerzo, pero para él, era hora de hablar con Alice Grey.

Para su buena suerte, Alice se encontraba en su casillero metiendo algunos libros, sola como él quería. Era ahora o nunca. Se acercó a ella mientras limpiaba el sudor de sus manos en los pantalones. Estaba nervioso, tanto que soltó una bocanada de aire antes de hablarle.

—Hola—habló Harry.

Alice se sobresaltó al verlo, sus piernas comenzaron a temblarle y temía que Harry se diese cuenta lo nerviosa que la había puesto.

—Hola—respondió ella mientras cerraba su casillero, guardó los libros en el bolso antes de mirarlo de nuevo.

Hubo un silencio incomodo, ambos miraban sus zapatos sin saber que decirse, y al parecer se habían quedado solos en el pasillo, así que no había nadie que viniera a salvar el tenso ambiente que se había formado entre esos dos.

— ¿Cómo están tus nudillos?—habló Alice calmando la tensión. Harry frunció el ceño sin saber de lo que ella estaba hablando, pero luego su memoria se refresco.

—Ah... Bien, ya sanaron—respondió ahogando la risa nerviosa y acariciándose sus nudillos— Gracias por el masaje—sonrío nervioso y apretó los labios para no reírse de nuevo. De todas formas regresaron al mismo silencio incomodo del principio.

—Creo que tenemos hablar—dijeron los dos a la vez, se miraron sorprendidos de la impresionante sincronía.

—Sí, hay que hablar—afirmó Harry después— Alice...—ella lo miró esperando a que prosiguiera— ¿Por qué te fuiste?—preguntó directamente. Alice bajo la mirada un tanto apenada, abrió un par de veces la boca, pero solo salía aire, no sabía cómo responderle aquella pregunta, no pasó mucho tiempo cuando lo hizo.

Tenía muchas cosas en la mente sobre aquella noche en la que ella prácticamente perdió su virginidad con un mujeriego, el cual se ha acostado con todas las chicas de la clase, su amiga Gabrielle se negaba a hablarle, estaba molesta con ella porque nunca la creyó capaz de caer en las redes de Harry. A pesar de todo, en lo muy profundo de Alice, ella no se arrepentía absolutamente de nada.

Pero ahí estaba ella enfrentando las cosas frente a Harry, y de verdad, no tenía palabras para describir la vergüenza que sentía de haberlo abandonado ahí.

—No me sentía bien. —Alice vaciló en responder.

— ¿A qué te refieres?—quiso saber Harry.

—Creo que nos dejamos llevar mucho por el momento— admitió Alice.

— ¿No sentiste nada?—preguntó un Harry abatido.

Alice se quedó sin palabras ante aquella pregunta. En tan solo  una noche había experimentado nuevas sensaciones que ni ella sabía que existían, a los seis meses que duró con Dylan Brasi.

Al no escuchar una respuesta, Harry se acercó a ella tomando de su mano.

—Dime que no sentiste nada, y no te volveré a buscar—la desafió.

Alice retrocedió a sus toques, bajo la mirada sin saber que responder.

—No sentí nada. —mintió cabizbaja.

—Mírame a los ojos—le pidió en un susurro. — Dilo, y te creeré...

La debilidad de aquella chica eran los ojos esmeraldas de Harry. Quizá era lo más precioso, pero se había convertido en su peor pesadilla, y era que poco a poco comenzaba a sentir cosas por él, que ya no veía la posibilidad de estar lejos.

Lo miró y de nuevo, mintió:

—No sentí nada –volvió a decir más firme, pero Harry no le creyó ni una palabra.

La cargó de un movimiento, y la llevó a la bodega del conserje que se encontraba más allá de los casilleros. Ambos se encerraron ahí, Alice ahogó un grito de sorpresa cuando Harry la sentó en una mesa acomodándose entre sus piernas. Alice se arrepintió de vestir aquella falda gris prometedora.

Harry deslizó la mano por su pierna hasta llegar a su ropa interior y colarse entre la tela. Alice ahogo otro grito al sentir las caricias en su intimidad. Los besos en el cuello la hicieron hiperventilar, y se mordió los labios para evitar que alguien escuchase sus constantes jadeos.

—Harry...—jadeó ella cuando sintió los dedos en su interior.

Harry la apegó más a él sintiendo la excitación de la chica en el momento.

Alice ahogó otro gemido cuando Harry sacó sus dedos de ella. Otro momento más y hubiese mojado las bragas.

Él beso con ternura sus labios, saboreando la inocencia no tan pura de ella, Alice correspondió al beso  aferrándose a los rizos del chico.

Finalmente al separarse, Alice no podía evitar querer más, y Harry podría habérselo dado, sin embargo se aguantó.

Se quedaron en silencio escuchando sus propios jadeos.

— Ahora dime, ¿No sentiste nada?—le dijo antes de dejarla ahí, confundida, jadeante, y claro con las ganas.

(...)

Alice esperó un rato para salir de la bodega, se aseguró que nadie estuviese en el pasillo que pudiera malinterpretar las cosas. Acomodó la falda intentando disimular el desmadre de hace unos momentos, se vio así misma en el reflejo del aparador de trofeos, peinó sus cabellos castaños, suspiró y se dirigió a la cafetería con paso firme.

Al llegar ahí, fue directo con sus amigas que se encontraban en la misma mesa de siempre, solo que Gabrielle parecía estar un poco apartada de las demás. Alice se acercó cautelosa y tomó asiento a un lado de la rizada que la ignoró dirigiendo su atención al cereal con yogur en la mesa.

— ¡Alice! ¿Dónde estabas? –preguntó Marie sobresaltando a Alice, se delato a ella misma al ponerse nerviosa en vez de responder.

— ¡Estabas con Harry, maldita! –acusó Evelyn sonriendo burlesca, las demás chillaron de emoción por Alice, excepto Gabrielle que solo siguió comiendo de su cereal.

— ¿Cómo estás tan segura de eso? –cuestionó Alice frunciendo el ceño.

—Cuando entró estaba oliéndose los dedos –respondió Evelyn sin pudor, Gabrielle casi se atraganta con el yogur, y Alice se sonrojo demasiado que daba la apariencia de un tomate.

Evelyn soltó una sonora carcajada llamando la atención de los presentes en la cafetería, sin creer que sus palabras hayan resultado ciertas, las demás se quedaron boquiabierta, Alice quedó completamente estupefacta y luchaba por recuperar su color original de piel.

*

Marcel se dirigió a su auto cargando una pila de libros, los sostenía entre su brazo y la barbilla mientras que con la mano libre buscaba las llaves del auto en su bolsillo.

—Marcel –escuchó detrás de él, sobresaltó soltando los libros a causa del repentino susto –Lo siento –volteó a la dirección de la suave voz.

Su piel se erizo completamente y sus nervios no tardaron en hacerle temblar las piernas, pasó su mano repetidas veces por su cabello mientras rogaba mentalmente por no tartamudear a la hora de hablar, pero era imposible guardar la calma teniendo a Katelyn en frente.

—K –Katelyn, ¿Qué haces aquí? –balbuceó Marcel sorprendido agachándose para recoger sus libros.

—Tuve el día libre en la cafetería, creí que era buena idea venir a verte, digo, hace mucho que no hablamos. Claro en plan de amigos –explicó Katelyn, ella estaba nerviosa y no pudo ocurrírsele una excusa mejor, así que ayudo a Marcel a levantar los libros.

—Por supuesto –aceptó Marcel de inmediato cuando se reincorporaron –Quizás me favorecería hablar un rato con alguien... —dijo metiendo los libros en los asientos de atrás con ayuda de Katelyn — ¡Qué sorpresa verte aquí! –expresó a cerrar la puerta del auto.

— ¿Sabes? No fue mucho tiempo que nos dejamos de ver pero aun así te veo diferente, digo te ves bien –habló Katelyn refiriéndose a su cambio de vestimenta, al ver que Marcel no decía ninguna palabra.

—Gracias, tú también cambiaste mucho... –agradeció Marcel sonriendo nervioso –Estás hermosa, digo, siempre lo has estado –comentó haciendo sonrojar a la muchacha

Marcel volteó a todos lados buscando rastro de Vee, pero al no verla no sabía si sentirse más tranquilo. Sin embargo pareció haberla invocado con la mente, porque no tardó en aparecer en el estacionamiento y la escena que vio hizo que se le revolviera el estómago, camino hacia ellos.

—No sabía que la cocina del colegio solicitaba meseras –habló Vee con descaro — ¿Qué haces aquí? –exigió saber sin molestarse a disimular sus celos plantándose entre los dos, le dedico una mirada llena de soberbia a Katelyn.

—Vee, tranquilízate –intentó calmarle Marcel al verla tan alterada.

—Estoy calmada –se giró Vee hacia él demostrando lo contrario –Ahora tú, haznos el favor y vete. –le ordenó a Katelyn, ella abrió la boca totalmente ofendida.

—No eres nadie para decirme que hacer –hablo Katelyn con mucha tranquilidad, ella no iba a rebajarse tan fácilmente, quizás había sido un completo error buscar a Marcel teniendo a una loca como novia.

—Vee, por favor, Katelyn es mi amiga, no voy a permitir que le hables de esa manera –intervino Marcel tomando del hombro a la chica.

—Y yo soy tu novia, debes darme mi lugar como tal, y ahora no lo estás  haciendo—reclamó Vee indignada.

—Pero estás actuando fuera de control, imaginando cosas que no son –replicó Marcel pero Vee no parecía guardar la calma.

Katelyn sintió cierta satisfacción al ver que Marcel seguía de su lado, sin embargo ella no quería interponerse entre ambos, lo más recomendable era alejarse y aclarar los sentimientos por su cuenta, ella también debía darse su lugar y entender que Marcel estaba con alguien más, pero no le constaba que fuese una loca como Vee.

—Mejor me voy –habló Katelyn sobre los chillidos de Vee, la rubia regreso su vista a la chica.

—Buena idea –dijo Vee con sarcasmo.

—Nos vemos luego, Marcel –sonrío Katelyn y se fue de ahí sin que los insultos mentales de Vee la afectasen.

—Adiós –se despidió Marcel con la mano y la vio desaparecer del estacionamiento.

Vee se giró a Marcel dispuesta a seguir discutiendo, pero él no tenía intenciones de hacerlo.

— ¿Por qué vino? –exigió ella.

—Solo quería ponerse de acuerdo para salir, ¿Sabes? Tengo derecho a salir con amigos –aclaro Marcel, pero a Vee no le parecía lógico que la chica viniera hasta la escuela para planear una salida.

—Pero ella no, Marcel –chilló Vee con impotencia.

— ¿¡Por qué le das tanta importancia!? –cuestionó Marcel perdiendo la paciencia.

—La sigues buscando, ¿cierto? –interrogó Vee en busca de más argumentos.

— ¡Basta! –bramó Marcel, luego respiró hondo para recuperar paciencia —¿Qué te sucede? No eres tú, fuiste muy grosera –habló Marcel relajando la voz.

— ¡Ella también lo fue! –espetó Vee con un nudo en la garganta.

—¿De qué hablas? –preguntó el muchacho confundido al escuchar la voz quebrada de Vee.

—Ese día que me la encontré, solo le pregunté porque nunca me hablaste de ella, y me contestó que tú no me tienes la suficiente confianza, que yo no soy lo suficientemente buena para ti–Vee comenzó a llorar, había alterado gran parte de la historia, pero lo que fuera porque Marcel le creyese y quizás había dramatizado un poco demás.

—¿Por qué no me dijiste nada? –preguntó Marcel más ablandado.

—Porque no quería quedar como la novia mala que te quiere alejar de tus amigas –contestó ella sorbiéndose la nariz

El muchacho abrazó a Vee para tranquilizarla, sorprendentemente le creyó pero por una parte dudo si era verdad, porque no creía que Katelyn fuera capaz de semejante cosa. Sin embargo él trataría de hablar con ella más tarde cuando no estuviese Vee para evitarlo.

*

Harry salió del entrenamiento de aquella tarde, fue al vestidor del gimnasio para refrescarse y darse una merecida ducha No se le hizo extraño no ver a nadie ahí, normalmente sus compañeros del equipo acostumbraban a cambiarse en el campo al aire libre para dar un espectáculo en vivo para las chicas que pasasen por ahí, pero Harry era otro tema porque en ese entonces prefería quedarse un rato solo con sus pensamientos y Alice...  además le gustaba ser higiénico.

Terminó de ducharse, cerró la llave y envolvió la parte inferior de su cuerpo con una toalla, luego salió del área de duchas para buscar su ropa en el casillero. Sin embargo, en el camino se llevó la sorpresa de encontrarse a Alice, estaba ahí parada junto a los casilleros observándolo atentamente. Harry se preguntó cuánto tiempo había estado ahí.

—Alice –articuló él –Es el vestidor de hombres –le avisó pero a ella no pareció importarle.

Se acercó peligrosamente a él sin parpadear ni un segundo, Harry se quedó hipnotizado por sus bellos ojos azules.

—Lo sentí, Harry... —habló Alice al fin –Esa noche sentí tantas cosas... por ti. –Harry la escuchaba atento sin perder ningún detalle en sus palabras –Ahora, quiero volver a sentirlas. –declaró Alice antes de lanzarse a besarlo.

Harry quedó totalmente estático pero eso no le impidió corresponder el apasionado beso de Alice y de lo que seguía.

El beso comenzó a tornarse más caliente, Harry cargó de ella como si fuera una pluma, Alice enredo las piernas en el cuerpo del chico sin separarse del beso. Se deseaban y estaban desesperados por más. La llevo hasta el área de duchas, él abrió la llave mojándolos a ambos, más que nada para disimular el sonido de los constantes jadeos y gemidos de la chica, despojo a Alice de sus prendas ya mojadas. No tardó mucho cuando la tuvo desnuda y hacerla nuevamente suya, dándole amor contra la pared y bajo el agua de la ducha.

 ***

Baia baia, parece que Alice no era tan santa como pensábamos... pero bue dicen que las mas calladas esconden los mas ruidosos secretos, ah qué(?)

Espero que les haya gustado el capítulo, en lo personal puedo decir que es uno de mis favoritos, porque eran escenas, partes que ya estaban escritos desde hace tiempo y no sabía cuál era el momento perfecto para ponerlos en la historia.

En fin aquí tienen el resultado.

¿Alice y Harry juntos? ¿Es oficial o solo calentura?, Parece que las cosas no andan bien entre Marcel y Vee.


Por cierto, si necesitan ayuda con alguna portada para sus novelas pueden pedirmelo con toda confianza por mensaje directo.

Les dejo este gif precioso




Comenten qué les pareció y no olviden votar.💕

Un beso, M

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