3. Un milagro para Marcel

Como cualquier estudiante de preparatoria, el viernes es el día más esperado de la semana. Viernes significaba "libertad", dejando a un lado las tareas y responsabilidades para pasarla fuera de casa hasta mucho después del toque que queda. Fiestas, citas y más fiestas.

Por supuesto que nuestro querido, Harry Styles, no se quedaba atrás los viernes eran sus días favoritos, y ni hablar del sábado que está más que ocupado bebiendo en fiestas, divirtiéndose, y conquistando chicas. Marcel era todo lo contrario a Harry, él odiaba los fines de semana por quedarse encerrado en casa, no tenía amigos con quienes salir, y ni novia a la cual invitar a casa a pasar el día. Desde que era pequeño solo se encerraba en su habitación a pintar, y el fin de semana que llegó no era la excepción.

Finalmente, el timbre de salida sonó, Harry no podía sentirse más aliviado. Para su mala suerte, Matemáticas era la última materia del día, y por fin se había librado de ella. Se encontró con su amigo Louis en el pasillo, ambos caminaron hasta la entrada del colegio.

—Harry ¿Irás a la fiesta de Verónica esta noche?—se acercó Kristen, una chica con la cual Harry solía salir un par de meses.

Nada en especial, según él. Ambos se usaron para satisfacerse sexualmente. Y a decir por la mirada de Kristen, pensaba usar la fiesta como excusa para reencontrarse de nuevo.

—Tú, muy bien sabes que sin mí, no es fiesta.—contestó guiñándole el ojo. La rubia aquella se mordió los labios por su expresión.
—Entonces, te veo ahí—respondió usando una voz seductora, después se alejó de ahí meneando el trasero.

—Esta como quiere—comentó Louis al ver que la chica se había alejado.
—Es verdad—dijo Harry, y las imágenes de aquel verano con Kristen se le vinieron a la mente.

Una vez más no le hace daño a nadie. Pensó Harry, divagando entre sus pensamientos más sucios.

*

Marcel salió de la escuela dos horas más tarde de lo habitual. Pasó el tiempo en la biblioteca buscando algo que leer el fin de semana. Encontró un par de libros de arte que le parecieron interesantes. Al salir de la escuela se percató que no había nadie, más que la bibliotecaria que amablemente registro los libros que se llevaría, y uno que otro maestro que paseaba por ahí calificando trabajos.

Le dio pereza caminar, así que tomó el bus. Mientras estaba en camino a su parada, comenzó a leer el libro que había tomado de la biblioteca. Trataba del arte barroco en el siglo XX. Para cualquiera puede ser una pérdida de tiempo y aburrimiento leer eso, pero para Marcel era lo más interesante a lo que se pudiera dedicar toda su vida: al arte. Sin embargo, su lectura fue interrumpida al percatarse que alguien más se había sentado a su lado. Para su buena suerte... una chica.

Lo primero que Marcel había pensado fue: "Soy el único en esté autobús, y de veinte lugares vacíos, se sentó conmigo". En realidad dejó de pensarlo cuando la chica solo miraba a otra parte, concentrada en la música a alto volumen de sus audífonos que cubrían toda su oreja.

Marcel cerró el libro y se concentró en mirar a otro lado excepto a la chica. No quería quedar como un loco. De todas formas, el bus se detuvo en su parada, se levantó pidiéndole permiso para pasar, la chica le sonrío disculpándose, y él la admiró un momento lo bonita que era sabiendo que tal vez sería la última vez que se verían.

—Oye, olvidas esto—Marcel se volteó hacia ella de inmediato al escuchar su voz. La chica le extendía el libro del arte barroco.
—Muchas gracias—agradeció tomando el libro, la chica lo examinó de pies a cabeza.
—Tu... corbata, esta algo desacomodada—le comentó, Marcel apenado llevó su mano a la prenda, nervioso la movió un poco intentando acomodarla.
—Gracias, y adiós—le sonrío nuevamente y se bajó del bus después de pagar la tarifa más rojo que nunca.

Se puso tan nervioso que usó su inhalador para controlar su respiración. Era la primera vez que una chica, o más bien, alguien lo trataba bien, además de su madre y su amigo Liam. Caminó hasta su casa, su madre, ni Harry se encontraba. Solo una nota de parte de la señora Styles, que decía: "Trabajo hasta tarde en el restaurante, hay comida en la nevera. Con amor, mamá."

De nuevo un viernes en la tarde se la pasó encerrado, comiendo un poco de espagueti recalentado, adelantando tareas de otras materias, leyendo, y pintando un poco.

La vida de Marcel Styles, señores.

*

Mientras tanto Harry Styles salía del baño un tanto despeinado y acomodándose en cinturón, detrás de él, Kristen Olsen, acomodándose el mini vestido que traía. Se habían echado un buen polvo en el baño de la casa de Verónica Johnson, otra de sus citas temporales.

Kristen lo besó por última vez, como agradecimiento del buen rato que pasaron, y desapareció entre la multitud de la fiesta. La noche apenas comenzaba, y Harry ya estaba satisfecho en ese sentido. Fue hasta donde se encontraban sus amigos Zayn, Louis y Niall.

— ¿Cómo te fue?—preguntó Niall dedicándole una sonrisa pervertida y burlona.
—Del 1 al 10, un 8.4—contesto Harry agarrando un vaso de la barra. Louis y Niall hicieron bulla por su amigo, mientras que Zayn solo negaba con la cabeza sin reírse.

— ¿Tú, que traes?—le preguntó Harry un tanto indignado por su actitud. Zayn terminó de beber su vaso.
—Nada, se hace tarde. —respondió dejando el vaso vacío en la barra, comenzó a retirarse hasta que Harry lo detuvo tomando de su hombro.
—Viejo, la noche aún no empieza—intentó animarlo, pero Zayn quitó la mano de su hombro.
—No, tengo que irme. —sin más, se alejó de él. Harry se irritó por la actitud de su amigo.
— ¡Consíguete una vieja, Malik, es lo que necesitas!— le gritó sobre la música, pero Zayn ya se había ido de la fiesta como para haberlo escuchado.

¿Qué le pasaba?, se preguntó Harry. Hasta hace días, Zayn era el más fiestero, y ruidoso de todos. ¿Por qué ese cambio de actitud, Malik?

Harry se regresó con sus amigos, ese asunto no era tan importante como para arruinarle la noche. Se integró en la partida de beer pong que apenas comenzaba, como compañero tenía más que nadie, su mejor amigo Louis Tomlinson, aunque al final se arrepintió, su amigo fue tan torpe con la pequeña pelota de ping pong, que ambos perdieron por el chico que tenía buen brazo en sus tiros, embriagándose aún más con los vasos rojos llenos de whisky, Harry ya no podía más cuando insistió en participar en la tercera ronda junto con Niall. La cabeza le daba vueltas en señal de que alcanzaba el límite de su borrachera.

De lo que se arrepintió al día siguiente, cuando despertó en la cama, en un cuarto que no era suyo, a lado de él descansaba una rubia, que se trataba de la misma Verónica Johnson. Harry se levantó buscando sus pantalones, por suerte las llaves de su auto seguían ahí, al igual que su billetera y celular. Eran las nueve de la mañana y tenía 9 llamadas pérdidas de su madre. Pensaba en devolverle las llamadas pero no se animó a hacerlo, ya tendría mucho de que hablar al llegar a la casa.

Salió de la casa, la cual era un desastre, y la luz del sol tempranero solo hizo que su resaca le diera un insoportable dolor de cabeza.

Se quedó recostado un momento en el asiento del auto. ¡La cabeza le iba a explotar! Rato después lo puso en marcha camino a casa, luchó por mantener los ojos abiertos en el transcurso. Cuando llegó, su madre salió mientras Harry bajaba del auto.

—Estuve muy preocupada por ti, Harold...—comenzó a reprocharle, Harry comenzó a caminar a la entrada masajeándose las sienes, en un momento iba a explotar.
—¿Podrías, por favor, dejar de fingir interés por mí?—habló Harry de mala gana, en medio del sermón.

La señora Styles se adelantó para estampar su mano en la mejilla de Harry.

Ella respiró profundo por lo que acababa de hacerle a su hijo, y sin deshacer su aire de autoridad le dijo:
—Soy tu madre, y he hecho todo por ti como para qué me pagues de esa manera. De una vez te digo... No me importa cuántos años tengas, vives debajo mi techo. Estas castigado, no más fiestas para ti.—sentenció dura que hasta el mismo Harry se sorprendió.

Harry sintió como la mejilla se hinchaba, de tal forma que respiró profundo para aguantarse las ganas de salir con otra barbaridad. Paso a lado de su madre sin dirigirle la mirada, sosteniendo su porte al caminar con la dignidad que aún le quedaba. Mientras la señora Styles cerró la puerta y se sentó en los sillones de la sala, al tiempo que observaba una foto de ella con su marido en su boda. El señor Styles. Las lágrimas brotaron en sus ojos.

—¿Qué hice mal?— se auto lamentó.

*

Marcel salía de su ducha matutina cuando vio a Harry caminando hacia su habitación. No podía distinguirlo por la falta de sus anteojos, pero se veía apresurado y sobre todo enfadado. No era buena idea molestarlo. Se metió a su parte del complejo y se vistió con prendas casuales. Por primera vez había decidido salir de casa un fin de semana. Pensó en ponerse gel de "Moco de mono" para el cabello, aunque al final sería una mala idea. No quería dar pinta de nerd, mucho menos al lugar a dónde iría. Sin embargo, al mirarse al espejo había un pequeño defecto sin lentes, no veía. Achicó los ojos para ver su aspecto sin ellos... se parecía a Harry. El color similar de los ojos, y los rizos que delataban al muchacho que suele pretender que Marcel no existe y le hace la vida imposible en el colegio. Trató de disimular aspecto, con un beanie azul cubriéndole el cabello y portando sus grandes gafas que hacían ver sus ojos más grandes de lo normal. Se analizó una vez más. Se veía mejor que otros días.

En una mochila metió los libros de arte del barroco, su preciado cuaderno de dibujo, y sus materiales del mismo. Al bajar las escaleras se encontró con su madre lista para irse al trabajo, ella se percató que su hijo bajaba las escaleras.

— ¿A dónde vas tan bien vestido?—le comentó.— Te ves bien.— Marcel le agradeció un tanto a penado por el comentario.
—Iré un rato al centro, quisiera despejarme un poco y comprar algunas cosas— le respondió sonriéndole con afecto.
—Sí quieres te paso a dejar, voy camino al restaurante—se ofreció la señora Styles. Marcel aceptó con gusto.

Ambos se subieron al humilde Volkswaguen de la señora Styles, a comparación del carísimo BMW de Harry. Llegaron al centro en cuestión de diez minutos, no tomaron mucho tiempo en buscar aparcamiento. La señora Styles era dueña de su propio restaurante en el centro. Se bajaron del auto.

—Estaré en el restaurante por si necesitas algo—le avisó la señora Styles mientras Marcel se alejaba, el asintió y se despidió con la mano.

Marcel comenzó a turistear por el centro buscando algo interesante qué hacer, lo único que encontró fue pasar por un par de tiendas de materiales para dibujar, antes de entrar al Le Jolie Café, su tienda de café favorita. Un café no le haría daño.

Al entrar al local, el olor del chocolate caliente recién batido lo rodeo por completo, transmitiéndole un ambiente de tranquilidad y hambre. Se sentó a un lado de la ventana, sacó su cuaderno de dibujo continuando el boceto de la chica del bus con la que se encontró el día anterior. Después se quedó observando, a través del vidrio, a las personas que pasaban. En su mayoría se distribuían grupos de personas platicando y riendo, no faltaba el par de enamorados que le restregaban su soltería en vivo y en directo.

En ese momento Marcel se sintió más solo que nunca.

No tenía caso salir de su casa sin tener con quién pasar un rato agradable a fuera, reír, platicar, hablar de sus problemas con alguien que no sea su propia madre; no leer aburridos libros de arte, y dibujar a personas inalcanzables, como lo estaba haciendo en ese momento.

Sin embargo, los milagros existen...

— ¿Vas a ordenar algo?—Marcel se quedó perplejo al voltear hacia la mesera. No podía ser.
—Ah... aún no me decido. —respondió mientras se aceleraba su ritmo cardiaco.
—Entiendo, te puedo recomendar el capuchino con vainilla, es mi favorito—comentó la chica alegremente susurrando lo último.

Tan natural que no se daba cuenta que pronto Marcel sufriría un ataque de asma por su presencia.

—El capuchino no estaría mal. —sonrío con mucho nerviosismo, la chica asintió anotando el pedido, y se retiró dándole su espacio.

Marcel se levantó y fue directo al baño. Manoseo los bolsillo de sus pantalones en busca de su inhalador, al encontrarlo respiró a través de este, recuperándose de su pre—ataque de asma. Se miró al espejo del baño acomodándose el gorro. A fuera estaba la chica del bus, no lo había reconocido. Aunque se le hizo tonto que lo hiciera, no creo que esa chica ande recordando al nerd que se le olvido el libro de arte en el bus y ella tuvo la molestia de devolvérselo.

Simplemente no.

Después de su pequeño ritual de higiene, regresó a su lugar. Dirigió su vista al cuaderno abierto en aquel boceto sin terminar. Se le ocurrió arrancar la página antes de que ella lo viese. Pero se detuvo cuando la chica regresó con su pedido.

—Aquí tienes, un capuchino de vainilla y una magdalena de moras azules—la chica se agacho para asentar los platos con el contenido.

En eso Marcel pudo leer en su tarjeta del uniforme. KATELYN.

—Yo no pedí la magdalena. —comentó Marcel señalando el pan frente a él.
—La casa invita—habló la chica dándose la vuelta.

¿Le habían guiñado el ojo a Marcel Styles? Una chica le había guiñado el ojo a la rata de biblioteca y le había regalado una magdalena de moras azules. Marcel comenzó a tomar el capuchino con cierta sorpresa de que finalmente le estaban pasando cosas buenas en muchísimos años.

Al terminar de comer pidió la cuenta. No le habían cobrado por la magdalena, pero aun así la pagó y le dejó una razonable propina, además del buen servicio, fue linda con él tanto hoy como el día anterior.

Marcel salió del local, comenzó a caminar hasta el restaurante de su madre para avisarle que se iría a casa, de pronto se percató que alguien lo seguía. Era la chica del bus, Katelyn.

—Oye, olvidaste esto. —llegó a él jadeando, había corrido un largo tramo para llegar hasta él y devolverle su cuaderno de dibujo. ¿¡Cómo pudo olvidarlo!?
—No me había dado cuenta, muchas gracias. —agradeció él muy aliviado, hubiese entrado en un ataque de pánico al llegar a casa y no encontrar su cuaderno en la mochila.

Marcel guardó el cuaderno y se dirigió a Katelyn.

—No pude evitar ver tus dibujos, tienes un gran talento—le comentó, Marcel sonrío algo apenado, le daba cierto sentimiento de vergüenza que alguien más viera sus dibujos.

Había tenido malas experiencias al cometer el error de mostrar sus dibujos a Harry y a sus amigos. La última vez que lo hizo, sus dibujos terminaron en una bolsa de basura hecho añicos, o pintarrajeados con lapicero rojo con las palabras: "Fracasado", "Idiota", entre otros ridículos seudónimos.

—Debo decir... gracias— habló Marcel al fin. No tenía palabras, en su vida había hablado con una chica.
—Tengo que irme, por cierto, me llamó Katelyn. Puedes llamarme Kate. —se presentó ella finalmente.
—Soy Marcel. —ambos se estrecharon la mano.
—Está bien, Marcel, espero volver a verte pronto. —Kate le sonrió y se alejó despidiéndose con la mano.

Ese día, Marcel regresó a casa muy feliz. Terminó el boceto de Kate, y lo guardó en el cajón de su mesita de noche con otros dibujos especiales para él. Luego decidió en regresar a esa cafetería, todos los días después de la escuela, todo con tal de verla de nuevo.

-----

Un poco tarde pero aquí esta
¿qué piensan de Kate o de Alice, jaja?
Un beso, m

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top