17.❅ La Navidad de Marcel ❅
1/3
Las navidades con la familia Styles, casi siempre terminaban en desastre, sobre todo en los intercambios de regalo donde Harry le regalaba a Marcel un par de calcetas, usadas, y apestando peor que un queso podrido.
Sin embargo, este año, no había intercambio o si quiera una modesta cena de Noche Buena en casa. Este año, la señora Styles, y Harry viajaron a Dublín para visitar a la tía Dutsy. Sí, Harry accedió sin intervención alguna, creía que alejarse algunas semanas de Londres, le servirían de algo, por lo menos para aclarar su mente invadido por los sentimientos.
Mientras que nuestro querido Marcel se quedaría, pues no quería rechazar la invitación a la cena navideña de los Robinson.
Así que, acompaño a su hermano y a su madre al aeropuerto para despedirlos. Habían ido en el BMW de Harry, y si que él iba quedarse con el pendiente de que Marcel lo conduciría por las semanas que estaría ausente.
— Cuídalo bien, rata. —le advirtió Harry al bajar su último equipaje.
— Harry, cuida tu vocabulario. —reprochó su madre.
— No te preocupes, mamá, ya estoy acostumbrado a los insignificantes apodos de Harry. —contestó Marcel.
Harry revoleó los ojos detrás de sus lentes de sol. Él había notado un cambio en la actitud de Marcel, pues se defendía más, ya no le respondía mal a los apodos que le ponía, y casi nunca estaba en casa, además, poco a poco había dejado de vestir sus fachas de anciano, y a peinarse de una manera más decente. ¿A caso esa Katelyn había afectado tan gravemente a Marcel? No sé, pero Harry le agradaba por ratos.
—Marcel, ¿No vienes?—preguntó de nuevo su madre. — Puedo comprarte el boleto, la tía Dutsy te recibirá con los brazos abiertos. —insistió.
—Gracias, pero estaré bien. —ella resopló resignada.
Iba a ser la primera Navidad sin Marcel, y la idea no le agradaba del todo a la señora Styles.
—Más galletas de la abuela para mí. —dijo Harry burlesco, y la señora Styles lo miró mal antes de regresarse a Marcel.
— Al ver que no puedo convencerte. —se resignó antes de sacar un sobre de su bolso. —Aquí están los números de emergencia, te doy dinero para comida, y otras necesidades. No quiero sorpresitas, ni regresar y ver la casa hecha un desastre. —advirtió la señora Styles, y Harry rió a la simple idea de que Marcel fuera a coger con alguien– o viceversa. —Ahora dame un abrazo. —la señora Styles se aferró a su hijo que le correspondió de la misma manera.
—Feliz Navidad, mamá. —dijo Marcel.
—Te voy a extrañar, mi niño.
—Solo serán dos semanas, hasta Año Nuevo, no te preocupes. —le animó Marcel.
Casa sola durante dos semanas, y a Marcel no se le ocurría que hacer en ese lapso de tiempo.
Al separarse de su madre, Harry se acercó a él mientras le extendía las llaves del BMW.
—Ningún rasguño. —advirtió.
—Te dije que si, Harry, ahora ya vete antes de que pierdas el avión. —respondió Marcel recibiendo las llaves de mala gana.
Harry le elevó las comisuras de sus labios en una simple sonrisa.
—Feliz Navidad. —dijo.
No hubo un abrazo o contacto entre los gemelos, pero si una buena intención. Harry se dio vuelta para alcanzar a su madre, y Marcel solo se quedó ahí parado viendo como ambos abordaban el avión sin él, rumbo a Irlanda.
Regresó a casa indeciso en qué hacer.
Iban a ser dos semanas largas.
*
Marcel practico una vez más frente al espejo cuando este se decidía por si o no invitar a Katelyn a una cita.
No a una cita en sí, lo que pasa es que Marcel quería ir a la feria, pero no quería ir solo. Por lo menos esa era su excusa.
Tecleó el número en su celular, y marcó.
—Hola, Picasso. —contestó Katelyn muy animada.
— Eh, Kate... ¿Cómo estas?
—Bien, aunque te escuchó algo nervioso. —el comentario de Kate lo tomó desprevenido.
—Ah no, es que yo quería invitarte a la feria de Navidad, ya sabes tú y yo como amigos, no como una cita, tu me entiendes ¿Cierto?–explicó Marcel más nervioso de lo habitual.
—Me encantaría, Marcel —accedió Katelyn sin dejarlo terminar.
—Entonces te pasó a recoger a las 7:00, ¿Te parece?
—Claro, no hay problema.
—Entonces, hasta luego.
—Hasta luego. —colgó.
Marcel guardó su celular antes de dar algunos saltos de la emoción.
¡Dios, su primera cita!
No exactamente una cita, si no, él y la chica que le gusta, solos, disfrutando del aire libre en la feria navideña.
Por supuesto que era una cita.
*
Las siguientes dos horas Marcel se la pasó buscando un buen atuendo que ponerse, y una manera en la que su cabello se vea bien.
Ponerse los lentes de contacto, quizá había sido la cosa más difícil que Marcel haya hecho en toda su vida. Pues meterte un pedacito de plástico en los ojos, no es nada fácil.
Al fin y al cabo, Marcel termino con los ojos hinchados consiguiendo el éxito de ponerse los lentes de contacto, se aplicó las gotas hidratantes, luego se miró al espejo para examinar su nuevo físico.
Parecerse a Harry no estaba nada mal, Marcel siempre se apenó por parecerse mucho a él, pero eso terminó hoy cuando se miró a su espejo... A Marcel le gustó lo que veía en el, un joven apuesto yendo a una cita con una chica muy especial.
Se le estaba haciendo tarde, y la casa de Katelyn quedaba lejos. Acelero un poco al estar en carretera, tardó quince minutos en llegar hasta detenerse frente a la casa de Kate. Estaba muy ansioso, que las manos le sudaban.
¿Qué más da? Que pase lo tenga que pasar, y lo que no, ya habrá mejores oportunidades más adelante.
Se miró un par de veces en el espejo retrovisor antes de decidirse en bajar del auto.
La reja estaba abierta, la parrilla que se uso para el cumpleaños de Katelyn, estaba arrinconada en una esquina del jardín, con las mesas y sillas apiladas a un lado.
Marcel se detuvo en la puerta, exhalo aire por la boca y tocó la puerta. Dean, el hermano de Katelyn, le abrió.
— ¿Marcel? –dudó Dean impresionado al verlo sin sus gafas.
— El mismo pero sin gafas. –bromeó Marcel.
— Te ves bien, ¿Vienes por la pulga? –preguntó Dean, refiriéndose a su hermana.
—Gracias, y sí. –asintió encogiéndose de hombros, visiblemente nervioso.
—Pasa, creo que tendrás que esperar. –dijo Dean haciéndose a un lado para dejar pasar a Marcel. –Ya sabes. Mujeres. –articuló con humor el muchacho. — ¡PULGA, MARCEL ESTÁ AQUÍ! —avisó Dean desde la entrada.
— ¡VOY! –gritó Kate en respuesta desde su habitación.
Marcel ingresó a la sala mientras frotaba sus manos en calor. Hacía mucho frío a fuera por el invierno que cayó en la ciudad.
—Siéntate. –le pidió Dean haciendo un ademán hacia el sofá.
— ¿Y tus padres? –preguntó Marcel con la intención de socializar con él.
—Salieron a comprar los regalos de Navidad para Jack y Jasper –respondió Dean echándose en el sofá de a un lado con un aire de pereza.
Marcel sonrío para si mismo, le gustaba ver como los padres de Kate aprovechaban el dinero de una buena manera.
Al cabo de diez minutos, Katelyn salió de su habitación vistiendo un pantalón negro y una camisa blanca con bordado de encaje alrededor de su cuello. Su melena castaño claro, caía por sus hombros, y calzaba unos zapatos bajos negros. No iba muy maquillada, y eso era lo que la hacía lucir más hermosa.
—Estoy lista. –habló ella.
Marcel volteó, y al verla se levantó de inmediato. Katelyn se sorprendió al darse cuenta de que él no traía gafas puestas.
—Marcel te ves... muy bien. –le comentó ella. –Muy guapo. –añadió al encontrar las palabras. –Siempre has estado guapo, pero ahora, más.
Él se sonrojo a las palabras que decía su amiga. A pesar de que estaba enamorado de ella, su comentario valía más que el de mil personas en el mundo.
—Gracias, Kate, tú te ves mucho más linda esta noche. –contestó Marcel disimulando sus nervios.
Esta vez fue Kate la que se sonrojo.
Se despidieron de Dean, luego salieron para ir hacia el auto. Kate quedó completamente sorprendida al ver el BMW negro. Pues, pensaba que ambos irían caminando o en bus hacia la feria, porque no quedaba tan lejos de dónde estaban.
—¿Es tuyo? –preguntó Kate al subirse.
—Es... prestado. –respondió Marcel.
—¿Quién? –quiso saber Katelyn abrochándose el cinturón.
—Mi hermano, viajo a Irlanda, mientras es mío. –alardeó Marcel poniendo en marcha el vehículo.
*
Llegaron a la feria en un menor tiempo estimado, pues esa noche parecía no haber mucho tráfico que los detuviera, sin embargo, el estacionamiento estaba lleno, y encontrar lugar les había dado mucho trabajo.
Cuando por fin lo encontraron, ambos se bajaron, y Marcel le puso seguro y alarma al vehículo.
Katelyn parecía tener frío, y recordó que dejo olvidada su chaqueta en casa.
—Tienes frío. —comprobó Marcel al verla acariciar sus hombros.
—Un poco. —respondió Kate apenada.
Marcel se movió rápido, y se quito la chaqueta para dársela a Katelyn, que se negó de inmediato.
—Te enfermarás—le dijo, pero a Marcel no le importaba.
—No me importa. —respondió asentando la chaqueta en sobre sus hombros
Kate no protesto más y se la puso, le quedaba algo grande pero ya no tenía frío, y se hundió en el cálido aroma de su perfume.
—Gracias. —agradeció ella, haciendo sonreír a Marcel.
Ambos entraron a la feria Navideña, que estaba lleno de gente, y niños corriendo por doquier, sus fosas nasales se llenaron del olor de las salchichas recién asadas, crepas rellenas de nutella, y muchas cosas más que hacían su visita algo de que recordar. Katelyn pareció transfomarse en una niña, y corrió a un puesto del tiro al blanco.
— Una libra por tres tiros. —anunció el empleado encargado del puesto.
—Pido dos. —dijo Kate emocionada sacando el dinero de sus bolsillos.
Marcel se quedó parado mientras Kate se preparaba para disparar, tenía seis turnos para derribar los patitos de hule y así ganarse como mínimo una paleta de fresa. Sin embargó los patitos parecían estar sellados con pegamento, y Kate falló sus oportunidades. Al terminar regresó con Marcel haciendo un puchero.
—Fallé. —chilló, Marcel se rió de la ternura de la chica.
—Venga, vamos a otro, yo invito.
E hizo lo inevitable... Marcel la tomó de la mano para llevarla hacia otros puestos de juegos.
Pasaron por dos más que eran similares al primero, truqueados, y difíciles de ganar cuando se trataba de dinero.
Kate se desanimaba cuando salía con las manos vacías, pues ella siempre fue activa con ese tipo de cosas, y siempre tenía el pensamiento optimista de ganar aunque sea un dulce. A pesar de todo se divertían fallando, y riendo por cada cosa que hacían camino a los puestos.
—¡Marcel, hay que ir a ese!—Kate señaló hacia un puesto de juego que era sobre tirar la un balón a la canasta.
Ella tiró de su brazo para llevarlo hacia allá.
A pesar de haber comprado dos turnos de tres oportunidades, Kate fallaba y se desanimaba. El muchacho encargado de aquel puesto, al ver que fallo el último tiro, le regalo un pequeño peluche por su "esfuerzo". Y Marcel no pudo evitar ponerse celoso por aquel pequeño acto de cortesía del chico que hace rato le había echado el ojo a Kate.
—Al fin gané algo. —sonrío Katelyn victoriosa mostrando su peluche.
—Oh, lo ganaste sonriéndole al chico ese.—dijo Marcel disimulando sus celos.
—No sé de que me hablas. —contestó ella fingiendo cara de inocencia.
—No me hagas esa carita, Robinson. —la atacó Marcel haciéndole cosquillas.
Kate explotó en risas al contacto, retorciéndose a la sensibilidad del acto.
—¡No me gusta las cosquillas!—se quejó cesando las risas.
Marcel la abrazo por sorpresa mientras le plantaba un beso en la mejilla. Katelyn quedo impresionada por eso, y cuando Marcel se separo, toco su mejilla aun sintiendo el hormigueo.
Cuando Marcel siguió caminando, Kate se aferró a su brazo para seguirlo.
Se subieron a los juegos mecánicos, y Marcel tuvo que respirar de su inhalador antes de subirse al famoso "Martillo", que te dejaba de cabeza a 100 metros de altura. A Marcel se erizaba la piel y su respiración se agitaba al momento de abrocharse el cinturón, pero Katelyn, al ver su nerviosismo, entrelazó su mano con la de él, ambos se miraron, y Marcel logró calmarse antes de que el juego se pusiera en marcha, y el contenedor dará vueltas por los aires.
—¡Voy a morir!—gritaba Marcel cuando venía irse de cabeza, mientras que Kate gritaba sintiendo la adrenalina correr por sus venas. —¡Esto debe ser ilegal!
—¿¡De qué hablas!? ¡Es geniaaaal!—gritó Kate de bajada.
Marcel sintió que era un milagro al momento de pisar la tierra bajo sus pies, acomodo su cabello hecho un desastre, y respiró de nuevo a traves de su inhalador.
—¿Te gusto?—preguntó Katelyn agitada. Marcel se aclaro la garganta guardando el inhalador.
—Fue... Salvaje. —respondió Marcel aún recordando la sensación de estar ahí arriba.— Es el único, ¿verdad?— Katelyn rió por la pregunta.
—No, es solo el principio.
*
Pasaron una hora completa subiéndose a varios juegos mecánicos, Marcel agradeció internamente no haber comido nada, si no, hubiese vomitado frente a Katelyn.
Así que al final, Marcel sostenía la mano de Katelyn mientras ella disfrutaba un algodón de azúcar, y él se terminaba de comer una crepa rellena de queso en crema. Luego pasaron por la rueda de la fortuna, era lo que ambos habían dejado para el final.
Marcel pagó los dos pases para subirse, al estar sentados mientras su capsula subía para permitir a otras personas subirse al siguiente.
—Me divertí mucho hoy, Marcel. —comenzó a hablar Katelyn mientras miraba hacia abajo. Cada vez las personas se veían como hormigas.
—Qué bien, eso esperaba... Que te divirtieras. —le dijo mientras admiraba lo hermosa que se veía. —Me gusta verte feliz, Kate.
Ella regresó su mirada a él sonrojándose, se posicionó de nuevo en su asiento para arrimarse a Marcel.
Se quedó observando sus ojos verdes, eran grandes y muy brillantes, tanto que lograba perderse en ellos. Marcel se le hacía atractivo, con o sin gafas, y eso no cambiaba lo lindo y atento que llegaba a ser con Katelyn.
— Marcel, gracias. —habló ella. Sus palabras lo tomaron por sorpresa.
—¿Por qué?—preguntó, Kate se encongió en hombros.
—Por todo lo que has hecho por mí. Ayudaste a mi familia, me ayudaste a mí. —respondió apoyando su cabeza en el hombro del chico.
—Lo hice porque te quiero, Katelyn. —contestó. Ella notó un cierto brillo en sus ojos.
Kate solo sonrío en respuesta, y siguió abrazada de él. Aunque Marcel se deprimió por su silencio, aunque tenerla ahí junto a él, le fue suficiente para disfrutar del momento, inhalando el olor de fresa de su cabello, y acariciando su mano.
Marcel quería que esa noche durara para siempre, porque estar con ella el tiempo pasaba como agua en un río.
Ambos regresaron a la realidad cuando la rueda de la fortuna terminó con su tiempo. Sin soltarse de las manos bajaron, y se salieron de la feria.
*
—Deberíamos repetirlo. —habló Kate cuando Marcel se estacionó frente a su casa.
—Lo sé, me divertí... Mucho. —contestó él deteniendo el coche.
Luego se bajó rápidamente para abrirle la puerta del auto Katelyn.
—Qué caballero. —alabó ella bajándose, Marcel le guiñó un ojo.
—No hay de que. —alardeó. —Nos vemos, Kate. —se acercó a besarle la mejilla.
De nuevo esa sensación cuando Marcel se separo. Katelyn acarició su mejilla y pasó su mano por los cabellos del chico. Le encantaba su cabello, sus rizos muy bien definidos, a pesar de que Marcel los disimulaba con kilos de gel, se preguntaba si a ella le seguiría gustando mostrando su verdadera faceta de nerd.
Entonces, Kate prosiguió la acción acercándose y besándolo en los labios, Marcel se quedo petrificado, y en su estomago sintió un vértigo a la nueva sensación de los labios de Kate.
Nunca había besado a nadie. Era su primer beso y no sabía que hacer, reaccionar se le había hecho difícil, parecía un sueño, así que se acoplo poniendo su mano en la curva de su espalda para apegarla más a él y seguir el compás de sus labios.
El beso duró un minuto, que a Marcel se le había hecho eterno. Nadie dijo nada, Kate se separó y se dió la vuelta caminó a la puerta de la reja.
Marcel se apoyó en el coche observando como Katelyn entraba por la reja hasta la entrada de su casa, ambos estaban asimilando lo que acababa de pasar, había sido desprevenido, y ella tenía muchas ideas en la cabeza, y cómo aquel beso podría afectar su amistad.
Kate se detuvó en seco antes de entrar.
—Marcel...—lo llamó, él alzó la mirada. —Yo también te quiero.—sonrío al ver como sus ojos se iluminaban por la respuesta que le había dado, después entro a su casa.
Marcel al ver que nadie lo veía, se metió al coche, estaba tan feliz, que las lágrimas de aquel sentimiento no evitaron brotar. Camino a casa se reía, y se ruborizaba el mismo recordando el beso con Katelyn, la chica que Marcel quiere y está enamorado.
Mientras que Katelyn, no durmió pensando en aquel inesperado beso, sentía la necesidad de estar cerca de él, se pasaba los dedos por sus labios recordando la sensación de haberlo besado, y entre sabanas pensaba; no sabía si ahora su ya descubierta atracción por Marcel era de verdad o solo un capricho más.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top