(𝟑𝟒) · 𝐌𝐞𝐧𝐭𝐢𝐫𝐚𝐬 𝐩𝐢𝐚𝐝𝐨𝐬𝐚𝐬 ·
A veces, lo más imposible y surrealista termina siendo lo aceptable y lo único que te permite dormir por las noches.
Como cuando estás a punto de conciliar el sueño y escuchas un ruido y decides que es una rata en las cañerías. O que, si es un fantasma, es el de un ser querido y no te desea ningún mal y solo viene a protegerte. Son mentiras piadosas que te tranquilizan y te hacen sentir bien. Como cuando muere un ser querido y piensas que al menos está en un lugar mejor, aunque no sepas dónde está o si acaso está en algún sitio.
Que Harry Potter esté vivo dentro de su varita es una de esas mentiras.
Aunque no saben dónde termina la ficción y dónde empieza la realidad, porque todavía no saben qué creer. O Cedric es un embustero increíble y sabe todas y cada una de las palabras que diría Harry, o verdaderamente puede verle y hablar con él.
El caso es que Ron está muy enfadado y triste a la vez, pero ya no quiere pegar a Cedric. Solo le pregunta cosas sin cesar y Cedric se las responde, sin apagar la varita de Harry en ningún momento porque le apena siempre decirle adiós. Todos han hecho el intento de usarla para comprobar si ellos tienen la misma suerte que él, pero al final han determinado que solo Cedric es capaz de ver a Harry, igual que Harry solo es capaz de verle a él.
Están sentados alrededor de la mesa, haciéndole preguntas sin cesar. Fred, incluso, se ha disculpado con él por haberle gritado y haberle llamado estúpido. Están tan volcados sobre Cedric que Nyx no aguanta más y se va de la cocina con su hermano, mirando a su abuela con severidad para que los siga. Remus también imita a los Longbottom, pues ha percibido que se avecinan problemas.
—Neville, puedes dormir con Ron, y Nyx dormirá con Ginny y Hermione —comenta el adulto, intentando apagar el fuego antes de que comience siquiera el incendio.
Nyx mira a su abuela con una ceja alzada. Se está preguntando cuál será su cama.
—Yo me vuelvo a casa —resuelve la anciana, colocando ambas manos sobre su bastón.
—¿Y qué hay de aquello de estar protegidos?
—Yo me sé proteger sola.
Nyx abre la boca para discutir, pero su abuela la silencia con una mirada fulminante. De poco sirve rebatirle nada a Augusta Longbottom.
—Creo que me voy a desmayar —anuncia Neville, con la respiración pesada.
Remus deja que se apoye en su brazo y lo insta a subir las escaleras para ayudarle, aunque en realidad está casi levantando él solo el peso de Neville en cada escalón. Está diciéndole algo al oído para tranquilizarle, pero Nyx no alcanza a escuchar qué es. Lo escoltan hacia la habitación donde duerme Ron y la abuela convoca su maleta.
—Neville, debes saber que lo que ha dicho Dumbledore, aunque suena aterrador, no deja de ser una suposición —le advierte Remus—. Depende de muchas cosas y...
Remus da un respingo cuando suena otra vez el timbre. El cuadro de la señora que Sirius ha descrito como su difunta madre, comienza a gritar sin parar.
Nyx se asoma por el hueco de las escaleras para comprobar de quién se trata. Entorna la mirada cuando ve que es el profesor Snape.
—¿Y este qué hace aquí? —masculla Nyx, apretando los puños.
—Es de la Orden... —confiesa Remus con una mirada desconfiada.
Nyx bufa, antes de observar rápidamente a Neville como si quisiera comprobar que se encuentra bien.
—¿Snape es de la Orden? ¿Me tengo que fiar de que quiera proteger a mi hermano, cuando se ha pasado cuatro años acosándole?
Ni siquiera Augusta dice nada contra eso. No la regaña porque sabe que ha dicho la verdad.
—Eso dice Dumbledore, que se fía de él, aunque no había venido a ninguna de las reuniones. Que yo sepa, lleva desaparecido desde lo de Harry... —Remus se acerca a Neville y le da un apretón en el hombro—. Luego seguimos hablando, ¿eh? ¿Por qué no te instalas? La casa es un poco fría, pero al menos estamos todos juntos...
Remus se marcha y deja solos a los Longbottom, probablemente consciente de que tienen una conversación por delante y no está haciendo más que retrasarla de manera inevitable. Neville está sentado en la cama, mirándose los cordones de las zapatillas con indecisión. Nyx quiere que diga algo. Cualquier cosa.
Conoce perfectamente a su hermano. Podría afirmar que lo sabe todo sobre él. Sabe que es tímido, que le cuesta expresar lo que siente y que sería completamente incapaz de hacer daño a una mosca. Lo quiere tanto que haría cualquier cosa por él.
Ahora lo mira y, por un segundo, siente que no lo conoce tanto.
Se da cuenta de que ha crecido mucho, tanto que la supera en altura. Se ha cortado un poco el pelo y parece más mayor. La muerte de Harry lo ha hecho crecer de repente, como si hubiera marcado el paso entre la preadolescencia y el borde de la vida adulta.
El enemigo de Voldemort.
¿Cómo va a ser Neville el enemigo de nadie?
Tiene que ser mentira. Como ha dicho Remus, no deja de ser una suposición, pero Nyx siente que aquello es mucho más serio de lo que parece, y que el problema no ha hecho más que empezar.
—¿Tú lo sabías, abuela?
Es Neville quien ha hecho la pregunta, no Nyx. Estaban pensando en lo mismo al mismo tiempo.
Augusta se apoya sobre su bastón y lo mira con una mirada inescrutable.
—Claro. Dumbledore nos advirtió, a mí y a tus padres.
—Por eso te quedaste en el armario —adivina Nyx. Le tiemblan los labios por la rabia—. Por eso dejaste que se me llevaran.
Su abuela mira hacia otro lado. Por un segundo, parece que está a punto de llorar. Nyx niega sin parar. Comprender todo es descorazonador y le hace ver todo de manera diferente. Habría preferido que su abuela mintiera y dijera que no, que aunque Neville fuera importante, se la llevaron porque no hubo más remedio y no porque sirvió como cebo.
Pero Augusta no sabe mentir. Odia las mentiras.
—¿De qué hablas, Nyx? —espeta su hermano.
Nyx decide que ella tampoco quiere mentir. Aunque a su abuela no le guste esa parte de la historia.
—Me sacaron del armario cuando atacaron a los papás, Nev. Casi me matan a mí también.
Neville se atraganta con su propia saliva, sin entender del todo lo que está ocurriendo, y eso que a Nyx, normalmente, la entiende sin problemas. Ella chasquea la lengua y le devuelve la mirada a su hermano.
—Casi me matan, Nev —le cuenta, rememorando su recuerdo con pesadumbre—. Mamá sabía magia muy avanzada y me salvó antes de...
Neville observa a su abuela para ver si ella le puede explicar mejor lo que está ocurriendo, pero Augusta desvía la mirada con una mezcla de vergüenza y tristeza. Neville siente que todo el mundo a su alrededor son desconocidos que no dejan de mentirle sin parar.
—Mamá me conectó a la luna —prosigue Nyx, consciente de cómo suenan sus palabras—. Y ahora sigo conectada y... Es muy largo de explicar, Nev, ya te lo contaré, pero la abuela Thea también está al tanto. Y Luna.
—No entiendo nada. ¿Yo tengo una profecía y tú estás conectada con la luna?
Augusta se retira el sombrero y lo esconde bajo su axila, peinándose el cabello con la mano libre mientras niega de un lado para otro.
—Ojalá fuera mentira, Nev —susurra Nyx, tomándole de la mano—. Lo que quiero decir es que no estás solo y que... Parece ser que todos estamos dispuestos a hacer lo que sea por asegurarnos de que estés bien y a salvo.
Al decir eso, mira a su abuela con la mirada entornada. Ella habría hecho lo mismo por salvar a Neville de estar en su posición, lo sabe, pero aun así le cuesta hacerse a la idea de que Augusta la sacrificara en un abrir y cerrar de ojos. Aunque fuera lo correcto, es completamente inconcebible.
—Vais a estar seguros aquí —sentencia la abuela con la voz grave—. Con la Orden. Mientras esperamos a que Voldemort actúe.
—¿Tú sí confías en Cedric? —pregunta una incrédula Nyx, cruzándose de brazos.
—Sí. Siempre supe que él regresaría a terminar lo que empezó. Lo que no esperaba era que se hubiera equivocado de niño de verdad y que...
Augusta cierra los labios para no seguir hablando.
Ver a Augusta Longbottom con la lengua apretada entre los dientes porque no sabe qué decir es algo nuevo, y doloroso. Nyx cree que puede ver triste a cualquier persona menos a su hermano y a su abuela, y de repente, el brillo en los ojos de Augusta hace que su nieta se dé cuenta de que es una anciana, y que conoce demasiado bien la pérdida y por eso parece que nada le afecta.
Pero sí lo hace. Se ve a sí misma en ella.
Por eso se acerca y la abraza. Apenas recuerda su último abrazo. Sorprendentemente, Augusta acepta el gesto y se lo devuelve, justo antes de que Neville se levante para unirse.
—Tengo mucho miedo —confiesa Neville. Está al borde del llanto.
—Yo también, niño —admite Augusta. Jamás lo volverá a admitir en toda su vida, y Nyx es consciente de ello.
También es consciente de que le toca ser la fuerte del grupo, como su abuela lo ha sido siempre para ellos.
—El miedo que lo tenga el que intente acercarse a nosotros —bromea, usando las palabras que habría dicho su abuela de no estar sobrepasada por la situación—. Somos los Longbottom. Sabemos defendernos. Para algo nos has estado entrenando desde siempre.
Su abuela asiente, limpiándose las dos escasas lágrimas que bañan sus mejillas antes de reponerse y mirar a Nyx.
Va a disculparse. Y ella jamás pide perdón.
Le cuesta muchísimo, y Nyx entiende por qué porque a ella también le cuesta, así que la libera de su carga.
—Lo sé —dice Nyx antes de que ella diga nada. Augusta asiente, agradecida por lo mucho que su nieta la comprende.
Cuando alguien interrumpe el silencio de la tarde con unos golpes de nudillo sobre la puerta, Nyx está tumbada junto a su hermano, que se ha quedado dormido hace un rato. Ella se incorpora, suponiendo que es Ron, pero en su lugar, Fred la espera con la mirada cargada de pánico.
Le hace un gesto con la mano para pedirle que salga.
Ella lo sigue con ligera reticencia hasta la habitación contigua, que debe de ser la que comparte él con su hermano, por lo desordenada que está.
Fred se debate sobre si debe tomar asiento o no, hasta que decide que es mejor quedarse de pie.
—Están interrogando a Cedric —comenta Fred, encogiéndose sobre sí mismo—. Llevan más de una hora encerrados y no nos dejan entrar.
Nyx asiente. Que Cedric esté ahí, con todos ellos, es sin duda una de las cosas más normales que están ocurriendo en ese momento, a pesar de lo inusual que es.
—¿Sois...?
Nyx alza la mirada, esperando que él termine la frase. Casi parece que lo está desafiando.
—No sé, antes has dicho que no tenías novio, pero cuando ha venido...
—Honestamente, no te importa, Fred.
—Perdón. Tienes razón.
Fred baja la mirada y se mete las manos en los bolsillos. Nyx observa que tiene el pelo mucho más corto, igual que su hermano, y que tiene aspecto de alguien que lleva días sin dormir en condiciones. Si ellos están también metidos en esa casa, debe ser por precaución.
Eran como la familia de Harry, y Nyx está segura de que eso les pone en peligro de alguna forma. Nunca lo ha visto tan consumido, tan superado por la situación que es incapaz de alzar la cabeza. Parece treinta centímetros más bajo ahora que le pesan los hombros por la tristeza.
Nyx siente compasión ante esa imagen, pero sobre todo siente rabia porque sigue guardándole rencor, y no le parece justo que tenga que perdonarle todo solo porque esté triste.
—También has cortado con Angelina, ¿eh? A finales de curso. Desde luego, eres un chico de tradiciones.
Fred deja escapar todo el aire con lentitud antes de mirar hacia arriba y dedicarle una sonrisa culpable.
Idiota.
—Y encima te ríes.
—No me río —aclara Fred, que en realidad no parece feliz en absoluto. Alza las manos en señal de inocencia—. Solo me ha hecho gracia porque sé que te caigo fatal y estabas muriéndote de ganas de reprochármelo.
—Tengo todo el derecho a hacerlo.
—Así es.
Se miran y, por un segundo, Nyx quiere reírse, pero se aguanta las ganas porque necesita mantener su fachada de enfado. Fred parece que va a hacerlo también, pero entonces la sonrisa se le tuerce hacia abajo, tensa el mentón y se le escapa un sollozo.
Se sienta en la cama, tapándose el rostro, y llora tras sus manos. Nyx se queda quieta, sin decir nada. Odia cuando la gente llora porque nunca sabe qué hacer para arreglarlo.
—Lo siento, Nyx. Lo siento muchísimo —musita tras sus manos, con el aliento atrapado por la angustia.
Nyx se pasa el pelo detrás de las orejas, intentando procesar lo que está ocurriendo. Es demasiado orgullosa como para sentarse a su lado y consolarlo, a pesar de que sabe que es lo moralmente correcto. Intenta mantener la cabeza fría.
—¿Qué pasa, Fred?
—Lo siento, porque fui estúpido y me porté mal contigo —musita, limpiándose las lágrimas como puede y mirándola con súplica—. Y lo siento porque me he puesto a llorar, pero es que...
Llora por Harry.
Nyx lleva la vista al techo y se sienta en la cama. Deja de parecerse a su abuela para parecerse a su hermano. Se debate sobre qué debe hacer con sus manos. Alza una de ellas para colocarla sobre su espalda, pero no sabe cómo reunir el valor para volver a tocarle, así que al final decide no hacer nada.
—Siento lo de Harry, Fred. Sé que lo apreciabais mucho.
Él asiente muy despacio. Pasa una mano por debajo de su nariz e intenta mirar a Nyx, pero le da demasiada vergüenza.
—No deberías consolarme. No lo merezco, la verdad.
—Cállate —contesta Nyx con un bufido—. Esto no tiene nada que ver con lo que pasó.
—Un poco sí —dice él después de tragar saliva—. Me he dado cuenta de que he estado mucho tiempo pensando solo en mí mismo y dándolo todo por hecho, y de repente... De un día para otro, Harry se muere... O no, no lo sé. No entiendo nada.
Nyx siente algo similar. Es una idea que cuesta mucho concebir. Parece una broma de mal gusto que no termina jamás. Para Nyx, no ha hecho más que empezar.
—Corté con Angelina porque no puedo estar con ella ahora mismo, tengo que estar con mi hermano y con mi familia —susurra, con la voz ahogada porque quiere seguir llorando y no se atreve—. Meterla en todo esto es egoísta.
Nyx le mira de reojo. No le parece real tener esa conversación con él.
—No quiero que sigamos así, Nyx. No quiero arriesgarme a que sigas pensando que soy la peor persona del mundo y que un día de repente uno de los dos no esté y nos hayamos ido sin hacer las paces.
—No seas dramático.
—Voldemort ha vuelto —contesta él, con la voz quebrada—. Creo a Diggory, y si lo que dice es cierto, entonces las cosas van a cambiar, Nyx, y va a haber otra guerra.
Nyx asiente muy despacio. No sabe cómo procesar todo aquello. La palabra guerra es muy perturbadora, algo digno de los libros o de historias lejanas que nunca pensó que le ocurrirían a ella.
—¿Tan importante es mi perdón para ti, Fred? Porque...
—Quiero ver qué puedo hacer para que puedas convivir conmigo en una misma casa sin empezar a pelear. Estoy seguro de que puedo hacer algo.
—No voy a ser tu amiga —aclara. Toda esa familiaridad que tenían juntos; esas risas interminables que solían distinguir sus antiguos encuentros, terminaron con esa conversación en el jardín del colegio. No va a volver nunca a ser esa Nyx.
—Me sirve con que no me intentes asesinar por la noche.
Nyx se echa a reír al escuchar aquello. No va a negar que ha tenido esa imagen en su cabeza varias noches para conseguir conciliar el sueño, cuando aquello le importaba lo suficiente como para pasar el tiempo mirando al techo.
—Lo puedo prometer, pero no puedo decir lo mismo por mi abuela.
Fred se echa a reír también. Se le caen un par de lágrimas que había estado aguantando cuando cierra los ojos.
Lo que sea que está a punto de decir se ve interrumpido por unos nuevos golpecitos sobre la puerta. Cedric y George están observándolos desde el pasillo, el primero igual de consternado que cuando ha llegado a la casa y el segundo observando la escena con cautela.
Nyx se levanta rápidamente para ir a por Cedric, musitando una despedida a Fred completamente ininteligible. Agarra al chico del brazo y lo lleva a la primera habitación que encuentra libre para después cerrar la puerta y musitar un hechizo de silencio.
—Te voy a matar, idiota.
Lo dice como una amenaza. Luego se acerca a abrazarlo.
Cedric deja escapar todo el aire y se funde en sus brazos, apoyando la cabeza en su hombro. La aprieta muy fuerte, intentando asegurarse de que es real y no un nuevo producto de su imaginación. Desearía que aquello no terminara jamás, pero Nyx se aleja y le da un medio empujón.
—¡Estaba preocupada, pedazo de imbécil!
—Lo siento —balbucea el chico, todavía abrumado por la situación—. Yo estaba esperando tu carta, siento no haber...
—Mi abuela no me dejaba tener correo. Tenía miedo.
Cedric asiente muy despacio. Nyx se debate entre mirarle a los ojos o no. Es como si le diera mucha vergüenza hacerlo porque no tiene confianza para mirarlo así, tan de cerca, pero a la vez han estado juntos en tantas ocasiones que no hacerlo es extraño.
—Me han contado lo de la profecía —confiesa Cedric, cuya cabeza no hace más que pensar en la información que acaba de recibir.
A Nyx se le cae el alma a los pies.
—¿A ti?
—Han visto mi recuerdo.
—¿Todos?
—Dumbledore, Remus, Snape y Sirius. Tu abuela ha dicho que me creía sin necesidad de hacerlo.
Nyx se sonroja ligeramente. No esperaba que su abuela tuviera una fe tan ciega en Cedric.
—¿Tú querías verlo, Nyx?
La pregunta va más allá. Está preguntándole si confía en él o si necesita verlo también para creerlo.
—Cuéntamelo tú. Quiero saberlo por ti.
Él sonríe muy ligeramente. Nyx percibe el rubor en sus mejillas al escucharla decir su nombre. Solo lo ha visto sonreír así una vez y fue unas horas antes de que todo se torciera para siempre, y por un segundo tiene el sentimiento más egoísta del mundo: desea que ojalá nada hubiera ocurrido y todo siguiera siendo tan tedioso y aburrido como siempre, que todos los problemas del mundo se detuvieran para tener un poco de tiempo a solas junto a él y poder vivir el resultado de su confesión el 24 de junio. Se había arriesgado por fin a abrirse en canal y no habían tenido tiempo de hablar bien de ello, y ahora parecía algo tan frívolo que no había forma de sacar el tema. Dedicarle un solo segundo a una conversación como esa le haría sentirse muy mala persona.
Así que prefiere ocupar su tiempo junto a Cedric hablando, aunque sea, del tema que verdaderamente les concierne. Así no se siente tan culpable.
—La copa era... —Cedric relata pacientemente lo ocurrido. Es la primera vez que consigue hacerlo sin comenzar a hiperventilar. Cuando llega por fin al cementerio, le cuenta la verdad—. Me lanzaron el hechizo y...
Se levanta la camiseta. Nyx percibe el impacto del hechizo en el centro del pecho, una marca suave y negruzca que está desvaneciéndose como lo haría un hematoma. Nyx alarga la mano hasta la herida y siente un escalofrío al rozarla con los dedos justo antes de notar un familiar calor viajar por sus venas.
Cedric observa la mano de Nyx sobre su pecho y sigue el recorrido de su brazo hasta llegar a su rostro. La mira con el mismo ruego que mira a todos cuando cuenta la historia.
Créeme, por favor.
—¿Cómo fue? Morir y resucitar.
Cedric aprieta los labios al escuchar aquello. Siente el alivio más grande de todos. Se rompe delante de ella y no le salen las lágrimas. Solo gratitud.
No lo aguanta más y lleva las manos a sus mejillas y se acerca para besarla en labios con mucha suavidad. Se siente verdaderamente escuchado, por fin. Los de la Orden lo han interrogado, han indagado en sus recuerdos y han intentado hablar con Harry a través de él, como si no fuera más que un puente, pero Nyx le ha preguntado por sus sentimientos. Le ha preguntado cómo fue morir sin esperar escuchar una completa locura. Es la única persona, además de su madre, que parece genuinamente preocupada por él y no derrotada por lo que le ocurrió a Harry, como si Cedric no fuera importante en absoluto.
Se aleja de ella y deposita una caricia en su mejilla, todavía con esa mezcla de vergüenza y atrevimiento que le caracteriza cada vez que está junto a ella. Que Nyx no se haya alejado o le haya dado un empujón es muestra suficiente de que algo que parece una completa locura no lo es.
Es cierto. Está ocurriendo. Nota los labios húmedos tras el beso.
—Lo siento —susurra, sin sentirlo en absoluto—. Tenía ganas de verte y tenía miedo de que pensaras que estoy loco, pero...
—Yo... también quería verte —sisea ella, arrugando la frente por cómo suenan esas palabras con su voz. No se puede creer que esté diciéndole algo así a nada más y nada menos que Cedric Diggory—. He debido de caer muy bajo.
—Yo también, y no tiene nada que ver contigo. —Una sonrisa triste adorna su rostro al decir aquello. Aún le late fuerte el corazón por el beso.
Se sujetan de las manos y no dicen más porque aún es de lo más extraño tocarse. Decir ese tipo de cosas sin que suene incómodo.
—Bueno, cuéntame.
—Te vas a pensar que...
—Cuéntamelo, pesado.
Cedric no sabe si contarle la verdad; que cuando se murió y miró hacia el cielo mientras todo se volvía negro, pensó en ella. Que ella fue lo primero en lo que pensó también al regresar.
—Todo se apagó, sin más, hasta que de repente había como un hilo del que me estaba sujetando. Tuve que agarrarme y subir por él para no caerme...
Prefiere guardarse esa información acerca de cómo el hilo se convirtió en las manos de ella. Es demasiado y no sabe si Nyx le tomará en serio.
—¿Caer a dónde?
—Había un océano oscuro, no sé —prosigue él, encogiéndose de hombros. Al escucharle relatar aquello, Remus le ha dicho que tal vez todo fuera producto de su mente, una alucinación provocada por la falta de oxígeno o el propio terror—. Y arriba un sol. El hilo me llevaba hacia el sol.
Nyx deja escapar una risita nerviosa.
—¿Por qué te ríes?
Yo veo la luna y tú ves el sol, claro que sí.
—Nada, sigue.
—Y luego vi la luna. Cuando abrí los ojos solo vi la luna.
Y te vi a ti.
Eso no lo dice.
La sonrisa de Nyx se desvanece al instante.
Vio un sol. Y una luna.
Siente que se va a marear.
No dice nada. Espera a que el chico termine de relatar su historia y cuente una vez más cómo se quedó con la varita de Harry y cómo puede verlo cuando está usándola.
—¿Te vas a quedar la varita?
—Me han pedido que lo haga. Harry me lo ha pedido, y no es como si tuviera mi propia varita, en realidad.
Nyx asiente.
—¿De verdad cees que está vivo? ¿Que está ahí y que...?
—No lo sé. Dumbledore tampoco lo sabe, pero creo que no es posible que lo que veo sea un recuerdo. Es imposible que yo sepa esas cosas... Te juro que lo veo claramente y que hablo con él, como hablo ahora mismo contigo, pero no puedo tocarle.
Nyx asimila esa información muy despacio.
—¿Qué han dicho?
—Ese Sirius... Parece muy afectado —murmura él, encogiéndose de hombros—. Y parece que tampoco le cae muy bien Snape.
—¿A quién le cae bien? —bufa Nyx—. No me fío.
—No va a hacer falta que te fíes, Nyx. Se ha largado.
Ella abre los ojos como platos. Cedric asiente rápidamente.
—Ha discutido con ellos. Parecía enfadado con Dumbledore y... No sé, no sabía que le tuviera algún tipo de aprecio a Harry.
—No que yo sepa. De hecho, Neville siempre me ha dicho todo lo contrario.
—No sé, ha mencionado a la madre de Harry. Ha dicho que esto no tenía ningún sentido y que... Se desentiende. Que se marcha.
—¿A dónde?
Cedric se encoge de hombros.
—Lo único que sé es que ha dicho que no piensa ir con Voldemort, y que no cree que actúe porque está... Enfermo.
Nyx se pone en pie, con los ojos llenos de alarma.
—¿Lo ha visto?
—Parece ser que sí. Pero a mí no me pareció enfermo cuando lo vi...
Nyx lo mira. Parece que la verdad la asedia en ese mismo instante, a pesar de que ha estado escuchándola durante días.
Ha visto a Voldemort.
Se ha enfrentado a él.
Solo de pensar en Cedric, blandiendo una varita frente a él, se le ponen los pelos de punta. Había tenido un horrible presentimiento de que podía morir y se había cumplido, y de alguna forma, había regresado después de eso.
—¿Por qué crees que sobreviviste a la maldición?
—No tengo ni idea —susurra—. Pero creo que era Harry o yo esa noche. Creo que, si no hubiera sobrevivido, no habría ayudado a Harry y los mortífagos no habrían atacado. Lanzaron el hechizo para acabar conmigo, no con él.
—No digas eso, Cedric, porque no lo sabes—asevera ella, mirándole con dureza—. Si Harry está muerto es porque ha vuelto Voldemort y porque tiene gente que lo apoya. Él lo ha matado, no tú.
—Pero...
—No.
Nyx se sienta otra vez junto a él y lo mira. Se debate todo el tiempo entre sorprenderse porque Cedric Diggory esté ahí o alegrarse por ello. Todavía le cuesta concebir la realidad, porque ni siquiera tiene tiempo para procesarlo.
—No sé qué va a pasar ahora —se queja él—. Todo ha cambiado, Nyx. La gente no me cree, en los periódicos dicen cosas sobre mí y... Han intentado entrar a mi casa. Mi padre no puede ir a trabajar porque la gente lo amenaza.
—A lo mejor Dumbledore habla con el Ministerio. Tendrán que hacer algo, ¿no? Tendremos que defendernos.
Cedric asiente muy despacio.
—¿Te vas a quedar aquí? ¿Con nosotros?
—¿Tú vas a estar? —pregunta él. Nyx asiente.
—Lo hablaré con mis padres —decide, bajando la mirada con las mejillas sonrojadas—. Prefiero estar aquí que en casa, la verdad. Aunque Todd...
Nyx le vuelve a tomar la mano y mira hacia otro lado. Quiere decirle más cosas, pero no sabe expresarse.
Cedric también tiene mil cosas que decirle.
Y odia no poder. Ha soñado durante mucho tiempo con estar junto a Nyx. Con poder besarla como ha hecho antes y que ella le devuelva el beso.
Siempre que había pensado en esa posibilidad, se había imaginado que lo demás sería sencillo. Que estarían en Hogwarts, o fuera, pero que todo seguiría como siempre. Él con sus deberes de prefecto, con su equipo, sus clases. No pensó que ocurriría en mitad de una guerra.
Y ahora quiere estar con ella y no puede disfrutarlo.
Él también se siente culpable de hacerlo. Como si no dedicar cada minuto de cada día a pensar en lo ocurrido fuera egoísta. Con todo lo que vendrá. Con lo que supone que Harry siga vivo, de alguna forma, solo para él.
No ve espacio para Nyx en esa ecuación, por mucho que su hermano esté implicado.
¿Y si la arrastro conmigo?
Si todos piensan que estoy loco, la desterrarán a ella si está conmigo.
—Nyx...
Ella alza una ceja con inquisición.
No puedo creer que vaya a decir esto.
—No sé si deberíamos estar juntos...
Ella no dice nada. Hace una mueca con los labios, apretándolos con fuerza. Le tiemblan un segundo los párpados. Siente que se le va a salir el corazón por la boca porque no quiere escuchar lo que Cedric tiene que decir.
—¿A qué te refieres?
Cedric respira con fuerza.
—Sé que te gusta mucho interrumpirme, Nyx, pero déjame que diga esto, por favor.
Ella quiere hablar, pero se frena al darse cuenta de que iba a darle la razón. Iba a interrumpirle.
Se calma porque si no se va a enfadar. Va a decir alguna tontería, como que ella no quiere estar con él.
Sabe que será mentira. Que lo dirá solo por tener la última palabra y por salvaguardar su dignidad.
—Mira, contra todo el sentido común, me gustas desde hace tiempo —confiesa Cedric, tragando saliva—. Si te digo desde cuándo no me creerás, así que dejémoslo en más de lo que sabes.
Nyx mira hacia otra parte. Le da vergüenza hablar de eso, por supuesto.
—No te invité al baile por... Ni siquiera sé qué excusa puse, pero no fue por eso. Te invité porque quería ir contigo más que nada en el mundo —confiesa, sin pararse apenas a respirar—. Y cuando te besé, lo hice por lo mismo. Porque no aguantaba más. Y me sigues gustando.
—Cedric...
—Igual —continúa, elevando la voz por encima de la de ella—. No, mentira, me gustas más porque me crees y no piensas que se me ha ido la olla. Porque yo también te... gusto a ti.
Cedric la mira de reojo con precaución, como si temiera que eso haya cambiado en estos días o que fuera fruto de su imaginación.
Nyx se muerde el labio inferior.
Qué vergüenza, por Circe.
—Y la verdad es que, a pesar de que he dicho que no creo que debamos estar juntos, eso es lo único que quiero —expresa Cedric, tragando saliva con dureza—. Sí, es lo único que quiero de verdad desde hace tiempo, pero no sé si...
Aprieta su mano, intentando buscar fuerzas que le den sentido a lo que está diciendo. Nyx está demasiado nerviosa ahora como para intervenir.
—A la mierda, sí quiero estar contigo, pero no sé si tú quieres o si debemos o si tendremos tiempo y...
Cedric, respira.
Parece que le duele el pecho el doble por el esfuerzo. Se suponía que iba a decirle que no podían estar juntos al principio de su monólogo, pero sus sentimientos han terminado saliendo a la superficie. De nada sirve echarse atrás.
—No tenemos que ser nada —continúa, quitándole un poco de seriedad a aquello. Siente que pedirle salir a Nyx es una locura incluso más grande que decir que se murió y revivió—. Si te da vergüenza que te vean conmigo, nadie tiene por qué saber nada, no te voy a exigir nada.
Se siente tonto repitiendo lo mismo. Nyx se siente idiota porque lo único que quiere es decirle que no le da vergüenza que los vean juntos. Siente que le daría un puñetazo al primero que se atreviera a insinuar algo. No le da vergüenza, pero sí un poco de vértigo, por cómo todos estuvieron al tanto de su anterior relación.
Le da miedo que salga mal.
—Porque no te puedo dar nada ahora, Nyx. Si esto hubiera ocurrido en otro momento, habría sido muy distinto, pero ahora mismo no tengo ni idea de quién soy —explica, revolviéndose el cabello hacia atrás. Cada vez que se mueve, el mechón que hay siempre en mitad de su frente baila con indecisión de un lado a otro—. No sé qué es lo que tú quieres o lo que tú sientes, Nyx, pero yo siento que tengo la oportunidad de estar contigo y que lo noble sería dejarlo pasar por tu bien, pero...
Pero no quiero.
Nyx se queda en silencio, sopesando sus palabras. No sabe si está rechazándola o confesándole su amor.
No sabe qué decir.
Opta por molestarle.
—¿Quién te ha dicho que quiera estar contigo, eh? —se burla ella—. Ya te gustaría...
Qué idiota se siente soltando una estupidez como esa en un momento tan tenso, cuando todo lo que quiere decir no tiene nada que ver. Claro que quiere estar con él, aunque no termine de entenderlo. La ha besado hace unos minutos y, aunque han estado hablando de algo gravísimo, su cabeza no para de dar vueltas desde entonces, como si verdaderamente fuera la luna rotando alrededor de la tierra y estuviera esperando el momento indicado para dejar de hacerlo y estrellarse contra la superficie como si fuera un asteroide.
—Es cierto, ya me gustaría —confiesa Cedric, abochornado por haber dicho algo tan intenso frente a Nyx y que ella no lo sienta igual.
—¿Tú y yo? Es una locura enorme, Cedric.
A pesar de la sonrisa triste de Cedric, Nyx ve el dolor y la vergüenza en su mirada. Nyx se da cuenta de que es algo muy serio para él. Cedric se levanta, como si quisiera huir de la situación, y Nyx le imita sin perder un solo segundo.
Se maldice por ser tonta y no saber expresar sus sentimientos, pero en su defensa, la culpa es del chico que está en otra habitación en ese pasillo. A él se los expresó como nunca a nadie y no fue suficiente.
Le gustaba alguien más.
Está empezando a comprenderlo. No cree que tenga mucho que ver con lo que ha pasado antes. Cree que lo entiende desde hace meses, cuando los vio pasar tiempo juntos en el baile de navidad y parecían felices. Cree que Angelina y Fred estaban destinados a terminar juntos, aunque él no haya podido mantenerlo.
Seguro que vuelven en un futuro.
Ellos habían sido un trámite. Una iniciación al amor. Habría tenido que terminar, de una forma u otra, eventualmente. Nyx sabe ahora todo lo que no quiere en una relación, y algunas pocas cosas que sí quiere.
Cedric tendría todas esas cosas que sí quiero.
Nyx le mira y sopesa lo que ha dicho. Que lleva mucho tiempo detrás de ella.
Que no sé cuánto, pero es más de lo que pienso.
¿Es una locura, arriesgarse otra vez?
Él, al menos, le está diciendo desde el principio que no puede darlo todo por ella, por mucho que quiera.
Pero ella sí quiere ser algo para él. Porque lo tiene delante y quiere estrujarlo o tirarle del pelo o no sabe qué quiere, pero quiere. Quiere dejar de ser tan terca para todo y expresar sus sentimientos igual que él hace con ella.
Así que lo atrapa de la camiseta y se acerca y lo besa contra la pared. Hunde las manos en su pelo, acariciándolo desde la nuca, y junta su torso contra el de él. No es mucho más alto que ella, y eso le permite poder estar casi al mismo nivel. Expresa con el lenguaje físico lo que no es capaz de hacer con el verbal.
Cedric envuelve sus brazos en sus caderas. Nyx se siente muy bien así, con él rodeándola. Con sus manos encima de su cuerpo.
Es un salto de fe enorme, besar a Cedric.
Es decirle que le cree, que no está loco, y que puede contar con ella.
Es decirle que le da igual no ser nada. Que lo prefiere, porque tiene un poco de miedo y no está preparada para darlo todo.
Que es mejor así, porque aún está averiguando lo que siente por él, y aunque el manojo de nervios en su estómago le grita la respuesta sin parar, lo frena porque prefiere ir despacio.
Se separa y lo mira directamente a los ojos.
¿Siempre han sido tan bonitos? ¿Siempre me han mirado así y yo lo he confundido por algo más?
—No me hagas caso cuando digo tonterías como esa, Cedric. Sabes que no soy muy de pensar antes de hablar, por eso tardé tanto en... —Cedric asiente. Nyx suspira antes de besar sus labios y alejarse—. Yo también quiero estar... Cerca de ti, aunque no seamos nada. Podemos ser esto.
Cedric asiente, mucho más aliviado al escucharla decir aquello. De nuevo, sus mejillas se sonrojan y Nyx aprovecha para, por fin, alzar la mano y tirar del mechón que cuelga sobre su frente. Cedric la mira mirarlo. Ahoga un suspiro, o un grito de satisfacción, no lo sabe.
Solo sabe que está sumergido hasta el cuello en miles de problemas y sabe que lo peor solo está por llegar, pero, de alguna forma, Nyx nada junto a él y lo hace de manera voluntaria. Siente que si la tiene cerca, no todo tiene que ser tan negro. A lo mejor, no todo está perdido.
Solo para asegurarse, detiene su mano y la separa para que nada se interponga en su camino entre sus labios. Sus labios.
Decir que no quiere estar con ella es la mentira menos creíble de la historia.
¡Gracias por las 8k! En el capítulo anterior, hace 3 semanas, os daba gracias por las 7k, qué loco. Curiosísimo porque solo he visto a 2 nuevas lectoras que me votan todo y comentan mmmm funny, but not funny haha... No pasa nada esto lo hago por amor al arte <3 Pero si os gusta dejadme una estrellita en honor a mis niños, ya que pega con la aesthetic del fic.
¿Ha sido este un capítulo de puro cotilleo? Sí, pero creo que hacía falta después de todo el notición de Harry-
Nos vemos prontoooooo, avisaré por Instagram si subo la semana que viene. ¡Mil gracias por leer! 💜
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