(𝟐𝟑) · 𝐔𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐞ó𝐧 𝐜𝐨𝐛𝐚𝐫𝐝𝐞 ·

—¿Conoces mucho a Cho Chang?

Cedric escucha las risitas de sus amigos cuando Astrid hace esa pregunta fingiendo completa ignorancia. Están en la sala de estudios, y casi todos los alumnos de los cursos más avanzados están sentados ahí, terminando sus deberes. Cedric no puede evitar levantar la mirada de su pergamino y llevarla hacia donde está sentada Cho, con sus otras amigas de Ravenclaw. La joven sonríe con las mejillas sonrojadas antes de mirar hacia otro lado con timidez.

—Solo he hablado con ella un par de veces, en algún partido —musita Cedric. Ahora también se le han sonrojado a él las mejillas.

—Pareces un tomate, Ced —se ríe Philip. Está demasiado ocupado haciendo un avioncito de papel con su pergamino como para mirar más que de reojo a su amigo.

—Hay que admitir que Cho es guapísima —concede Astrid, mirándola sin ningún reparo.

—Está bastante... Parece una chica muy simpática—sonríe Todd, tras pensar bien sus palabras.

Todos saben que iba a hacer algún comentario sobre su aspecto físico que todos iban a definir como desagradable e innecesario, así que deben concederle el esfuerzo que ha hecho por reprimirlo. El chico está en proceso de aprendizaje y tener a Astrid junto a él es un incentivo maravilloso, porque la joven no tiene reparos en arreglar su actitud a base de golpes de libro. O pinchazos con el extremo de la pluma. Todd tiene una herida con restos de tinta en la mano como muestra de ello.

—¿Por qué no la invitas a salir? —propone Philip, haciendo dibujos de ventanillas en su avión de papel—. Es un sí asegurado.

—No tengo tiempo de salir con nadie, con el Torneo...

—Precisamente por el Torneo tienes que salir con gente, Cedric —le interrumpe Astrid, pasando un brazo por sus hombros—. ¿Eres consciente de la de chicas y chicos que quieren salir contigo ahora que eres el campeón de Hogwarts?

—Hay más de un campeón de Hogwarts, debo recordarte.

—Bueno, el campeón de verdad —se corrige Astrid.

Debe de estar siendo terrible para Harry. Cedric no puede evitar pensarlo cada vez que lo ve caminar por los pasillos, cabizbajo y tratando de correr todo lo que puede para evitar las miradas de los demás. Le culpan por lo ocurrido, a pesar de que él asegura que no introdujo su nombre en el cáliz. Incluso aunque lo hubiera introducido, no tendría sentido que el cáliz hubiera sacado su nombre si ya había un campeón de Hogwarts. Hay algo extraño en todo ese asunto.

Así que Cedric no deja de pensar en algo que dijo el profesor Moody la noche del nombramiento. No lo había tenido en cuenta en su momento porque estaba asustado, pero después lo había recordado y no podía quitárselo de la cabeza: alguien podría haber hechizado el cáliz para hacerle creer que había cuatro colegios en lugar de tres y habría introducido el nombre de Harry Potter a sabiendas de que saldría nombrado sí o sí.

¿Quién podría poner tanto empeño en que el joven participara? ¿Y por qué querrían hacer que participara a la fuerza? La teoría del profesor cobra fuerza conforme más lo piensa Cedric: alguien quiere asegurarse de que Harry muera en ese Torneo.

Sin embargo, el resto del colegio no lo ve así. Los demás acusan a Harry de tratar de pisotear la victoria de Cedric, de haber engañado a todos y de envidioso. No son capaces de ver que el chico no quiere tener nada que ver con el asunto. Tampoco hacen demasiado caso a Cedric cuando les pide que dejen en paz a Harry.

—El caso es, Cedric, que si no utilizas esto para follar, estás perdiendo una oportunidad de oro —termina Todd, que probablemente haya pensado una forma más suave de decir aquello y no se le haya ocurrido.

—Por una vez, debo decir que estoy de acuerdo con el troglodita —admite Astrid, mirando de reojo a Todd.

—¿Por qué os importa tanto lo que haga o deje de hacer con mi pene?

—Es por tu bien, tío —dice Todd dándole unas sonoras palmadas en la espalda—. Es por tu bien.

Cedric agradece que la profesora Sprout irrumpa en la sala buscándolo para llevarlo a su entrevista con El Profeta. Le deja que entre un minuto al cuarto de baño para arreglarse el pelo para la foto y, aunque no se lo ha dicho, susurrarse frente al espejo palabras de ánimo y practicar una sonrisa encantadora.

Si me viera alguien me moriría de la vergüenza.

Es surrealista lo que está ocurriendo desde que le nombraron campeón. Se le ha olvidado el miedo que sentía aquella noche porque desde entonces todo son halagos, saludos y palabras de aliento. El mundo se ha abierto para él y tiene desplegadas todas las posibilidades frente a sus ojos y no deja de recibir. Sus padres y todos sus familiares le han escrito cartas de motivación, le han salido admiradores de todas partes e incluso un equipo de quidditch nacional se ha interesado por él.

Todo son ventajas.

Sprout le despide en cuanto llega al aula donde se realizará la entrevista y Cedric encuentra que han reubicado los pupitres de la clase para que quepa más gente. Primero le saluda Ludo Bagman, que no tarda en confesarle lo contento que está su padre, anunciando por todos los rincones del Ministerio que su hijo Cedric es uno de los campeones.

—¡Ced!

Fleur se coloca junto a él con una sonrisa radiante. Cedric no sabe si lo hace a propósito o simplemente es su forma de moverse, pero cada vez que da un paso su cabello ondea sobre su espalda como las olas de un mar plateado. Es completamente hipnótico.

—Dicen que saldgremos en la pogtada —le cuenta Fleur con entusiasmo.

—Creo que nunca he salido en el periódico —comenta él, rascándose la cabeza antes de mirar en dirección a Viktor—. ¿Has conseguido sacarle alguna palabra?

—Sí, alguna —responde ella antes de echarse a reír.

Cedric quiere ir a entablar conversación con él ahora que ha recobrado la confianza en sí mismo, pero entonces llega Harry, que parece tan incómodo como siempre.

—¡No tienes por qué preocuparte, Harry! —exclama Ludo. Su tono entusiasta no parece tranquilizar a Harry en absoluto, sino totalmente lo contrario—. No es más que la ceremonia de comprobación de la varita.

—¿De la varita?

—Bueno, tenemos que comprobar que vuestras varitas se hallan en las condiciones idóneas para el Torneo, por supuesto. Ahora vendrá un experto en varitas para analizarlas —explica él, encaminando a Harry hacia una de las sillas—. Y esta señora tan amable es Rita Skeeter, de El Profeta, que va a escribir un pequeño artículo sobre el Torneo.

—No tan pequeño, Ludo —sonríe la periodista.

Lleva las gafas más horteras que Cedric ha visto en su vida, adornadas con piedras preciosas brillantes que relucen cada vez que mira de un lado a otro. Se las acomoda mientras observa a los campeones de arriba abajo, y Cedric nota que sus uñas deben tener por lo menos siete centímetros de longitud, pintadas de un color rojo brillante que hace que parezcan unas garras larguísimas.

—Me preguntaba si podía llevarme a Harry cinco minutitos.

Ludo le concede que aparte a Harry de los demás y ella no duda en llevárselo casi a rastras, agarrándolo bien del brazo. El chico mira al resto de campeones con súplica, y Cedric levanta una mano para saludarle y tratar de decirle que todo irá bien.

—¿También nos hará entrevistas a los demás? —le pregunta a Ludo una vez Rita y Harry han salido de la habitación.

—Supongo, ¡quién sabe!

Dumbledore y los demás directores entran al aula, acompañados de Ollivander. El director apenas le mira de reojo antes de pedirle a los demás que se sienten. Cedric se ha dado cuenta de que los otros directores sí que hablan a menudo con los campeones, pero Dumbledore ni siquiera le ha dirigido una sola palabra desde que empezó el Torneo. Solo ha hablado con Harry, que él sepa.

Y me parece que puedo esperar sentado a que venga a hablar conmigo. No me ha dado ni la enhorabuena.

Ni los buenos días.

El mencionado llega poco después, con un gesto de incomodidad tras la entrevista que le hace saber a Cedric que no ha ido bien y que no tiene nada que envidiar. Se sienta junto a él y trata de mirar hacia la mesa para averiguar qué va a ocurrir a continuación.

—Os presento al señor Ollivander —comienza Dumbledore, hablando en dirección a los extranjeros—. Se encargará de comprobar vuestras varitas para asegurarse de que están en buenas condiciones.

—Mademoiselle Delacour, ¿sería tan amable de entregarme su varita para la inspección?

La joven le cede su varita y el anciano la hace girar frente a ellos, provocando que broten unas chispas rosadas del extremo. Seguidamente, se acerca el mango a los ojos y la examina con cuidado.

—Veinticinco centímetros, madera de palisandro... El núcleo es... ¡Por Morgana!

—Es un cabello de mi abuela, que ega veela.

Cedric alza las cejas con curiosidad antes de mirar a Harry, que también parece sorprendido por esa información. Ahora ya entienden cómo es posible que sea tan complicado quitar los ojos de encima de Fleur.

—Muy interesante, yo nunca lo he utilizado, ya que suele generar varitas muy temperamentales, aunque tal vez a usted le venga como anillo al dedo.

Cierra los ojos y pasa las yemas de los dedos por cada centímetro de la varita, examinándola en busca de alguna muesca o algún arañazo. Finalmente, apunta hacia la mesa y recita:

Orchideous.

De la varita brota un precioso ramo de flores moradas. Harry sonríe con entusiasmo y un deje de sorpresa. Para Cedric es un hechizo de lo más común, no por nada el jardín de su madre está así de bien cuidado. Mira a Harry con complicidad, y este aparta la mirada avergonzado, como siempre.

—Está en perfectas condiciones, sí —declara, ofreciéndole la varita y el ramo a la joven. Seguidamente, dirige su mirada hacia Cedric—. Señor Diggory, su turno.

Cedric saca su varita de su túnica, muy contento con su decisión de abrillantarla el día anterior. No se había preparado concretamente para aquella inspección, ya que nadie le había avisado, pero desde que ha sido nombrado campeón cuida mucho más su aspecto. Está acostumbrado a ese tipo de detalles.

—Esta es una de mis creaciones, ¿verdad, muchacho? —exclama Ollivander con emoción al reconocer su propio trabajo—. La recuerdo muy bien, claro. El núcleo proviene del cabello de la cola de un unicornio macho, ¡casi me da una buena coz cuando se la corté! Por no hablar del cuerno, por supuesto. Treinta centímetros y medio y la madera del fresno más grande que encontré. Está en perfectas condiciones, chico, ¿la tratas con regularidad?

—La abrillanté ayer mismo, señor.

Ollivander asiente con una sonrisa antes de provocar unos anillos de humo plateados con su varita y comprobar que funciona a la perfección. Se la entrega antes de proceder con la siguiente varita. Por fin, tras su exhaustivo examen, es el momento de hacerse fotos.

La primera foto colectiva con todos los campeones, directores y los organizadores del Torneo es un desastre. Es imposible ponerse de acuerdo con quién se coloca delante y quién detrás, y cuando lo deciden, Madame Maxime es demasiado alta y le tapa la luz a todos y al final el fotógrafo se enfada y la sienta en una silla mientras los demás se quedan de pie.

—La chica francesa delante también —pide el fotógrafo, haciendo que Fleur se ponga delante.

—¡Y Potter! Potter también debe ir en primera fila —exclama Rita antes de coger de nuevo el brazo de Harry y enviarlo al frente.

Hacen después una serie de fotos individuales. Cedric sonríe con maestría frente a la cámara, tal y como ha ensayado. Viktor, sin embargo, se queda completamente serio. A pesar de que seguramente le han hecho muchas fotos desde que es jugador profesional, no parece entusiasmarle demasiado.

Se atreve por fin a hablar con él cuando deciden que ya es suficiente por hoy.

—Parece que nosotros no tenemos entrevista —le dice mientras salen del aula. Él parece dirigirse directamente al barco donde duermen los estudiantes de Durmstrang, así que Cedric finge que va en la misma dirección.

—Parece que no. Solo chico menor.

Cedric asiente. No le sorprende que Harry sea el único que llame la atención de Rita Skeeter, pero no era necesario que fuera tan evidente.

—Es que es famoso, ya sabes. No creo que sea nada personal.

—Yo también soy famoso.

Cedric sonríe. La conversación ha llegado exactamente hasta donde quería que llegara.

—¡Cierto! Te vi jugar en el Mundial.

—Mundial fue desastre.

—Tú estuviste muy bien —continúa Cedric, intentando no hacerle enfadar—. No te quité los prismáticos de encima, es que yo también soy buscador, ¿sabes?

No hace falta que seas tan obvio, Cedric. Si quieres le besas los pies también.

Viktor le mira por fin y lo examina de arriba a abajo. La verdad es que no tienen nada que ver el uno con el otro: Viktor es enorme y su espalda mide casi el doble que la suya. Para ser buscador es demasiado grande, normalmente montan sobre la escoba a los voladores más ligeros para capturar la snitch, pero Viktor es la excepción.

—¿Juegas?

—En el equipo de mi casa, sí. Soy el capitán.

Lo anuncia con una sonrisa brillante que no causa ningún efecto en Viktor.

—¿Quieres jugar quidditch después de estudios?

Cedric se rasca la cabeza para darse unos segundos para pensar. ¿Se decepcionará Viktor si le dice que no? ¿Querrá ser su amigo si le dice que sí?

—Todavía no lo he decidido. El otro día se interesó un equipo por mí, pero creo que es solo porque he salido elegido como campeón, ya sabes. No sé si soy tan bueno.

—Veremos si tan bueno en el Torneo. Adiós.

Gira la esquina sin más rodeos y se aleja a paso rápido. Cedric casi tiene la sensación de que debería sentirse ofendido por su repentina marcha, pero en cambio se echa a reír porque ha sido de lo más extraño su comportamiento y sabe que, si Connor estuviera delante, se reiría también.

En efecto, su amigo se ríe en cuanto se lo cuenta durante la cena. Se seca las lágrimas con la servilleta e intenta repetir la cara de Cedric al contarlo, pero le hace tanta gracia que es incapaz de decir una sola palabra coherente entre carcajada y carcajada.

—Le tendrías que presentar a Nyx —dice finalmente, cuando consigue calmarse un poco—. Lo admira mucho.

—Eso no es cierto —masculla la chica, terminando de tragar un trozo de calabaza.

—Es buscador profesional, Nyx. Es una estrella.

—¿Desde cuándo te importan los jugadores de quidditch, Connor?

—Desde que tienen el culo prieto y la espalda enorme. ¿Te imaginas estar entre esas manos?

Él mira a Viktor con una sonrisa entre siniestra y enamorada, pero los demás tienen ahora la imagen del culo de Viktor en sus mentes y están demasiado alterados por ello como para seguir comiendo. Hina, sin embargo, devora su melocotón con una sonrisa mientras mira al búlgaro.

—Llevas varias semanas haciéndole ojitos, Connor. ¿Por qué no te lanzas a hablar con él? —le pregunta ella, con gesto distraído.

—Mucha suerte si consigues sacarle más de dos palabras —murmura Cedric con una risita.

—En realidad, hace tiempo que lo estoy pensando. Puede que él sea callado, pero yo hablo por los dos —comenta el joven, alisándose la túnica—. Además, anoche soñé con que Nyx me obligaba a hablar con él.

La aludida frunce el ceño al escuchar aquello.

—¿Has soñado conmigo?

—Bueno sí, pero lo menos importante del sueño eras tú, compañera. Lo importante era lo que ocurría después —suspira Connor con una sonrisa.

Nyx se ríe junto a los demás y trata de restarle importancia al hecho de que Connor haya soñado con ella. No le ha contado a nadie que Fred también lo hizo. Bueno, que Fred tuvo una pesadilla con ella.

No ha intentado volver a acercarse a ella por su bienestar corporal. Había pensado que confesarle que jamás había ocurrido una infidelidad como tal calmaría a Nyx de alguna forma, pero lo cierto es que solo la ha enfadado más.

Aunque ahora ve las cosas desde una perspectiva diferente. Es más fácil ignorar a la pareja por el castillo si le tiene rabia a Fred en lugar de despecho. Está empezando a entrar en una fase en la que empieza a enfadarse consigo misma por llorar por alguien así.

No le había puesto los cuernos, no, pero la había hecho el objetivo de todas las miradas. Nyx odia las miradas.

Así que canaliza su rabia en las clases y está decidida a subir todavía más las notas, especialmente en Pociones, porque Snape quiere ponérselo más difícil. Intenta provocarla en cada una de las lecciones, y la chica no ha abierto la boca ni una sola vez.

Cedric la ha retado para que no lo haga, por supuesto. Le ha dicho que si le responde mal a Snape una sola vez, tendrá que reconocer frente a todos en la sala común que Cedric es el mejor buscador de los dos. Es un gran aliciente para Nyx y a veces tiene que ir corriendo en busca de Hina para que le cure la lengua de tanto mordérsela después de cada lección.

Están por la tarde en el aula de estudio otra vez. No tienen tantas horas como el año anterior, pero estas las aprovechan bien porque ya saben bien cuál es su dinámica.

Aquella tarde, es Nyx la que tiene que tirar de Cedric para terminar la clase. Él no puede dejar de pensar en lo que ha ocurrido justo antes de acudir al aula: Harry lo ha parado para contarle, tras balbucear unos cuantos segundos y evitar su mirada, que sabía de qué iba la primera prueba: dragones.

Así que no hay forma de que Cedric se concentre en la clase después de eso.

Dragones.

Quiere pensar que Harry se lo ha inventado, pero ahora empieza a entender por qué había escuchado a Madame Maxine y a Hagrid hablando de Rumanía y de Charlie Weasley. Le había parecido una conversación curiosa la primera vez, pero ahora ha atado cabos porque sabe que ese chico, que era un buenísimo buscador y capitán, es domador de dragones.

Dragones. No puede ser verdad.

Dragones. Yo frente a un dragón.

Yo dentro de la boca de un dragón.

Yo en el estómago del dragón.

—Bueno, pues me largo.

Sale de sus pensamientos cuando ve a Nyx recogiendo sus cosas rápidamente. Él se levanta para tratar frenarla, y al hacerlo tira su mochila del pupitre, provocando que todo el contenido caiga al suelo.

—¡Potter apesta!

Una de las chapas que han hechizado Todd y otros amigos comienza a canturrear insultos del estilo hacia Harry. Nyx bufa antes de pisotearla para hacer que se calle.

—Vaya, Diggory, qué maduro por tu parte. Solo es un chico de catorce años.

—¡Yo no he hecho esas chapas! Han sido los demás.

—Pues tendrías que haberlos parado. Harry no lo está pasando bien.

Cedric la mira con curiosidad, preguntándose cómo puede ser que ella sepa cómo se siente Harry. Ella pone los ojos en blanco.

—Mi hermano es amigo de Harry. Dice que apenas duerme, y su mejor amigo Ron ni siquiera le habla. Tiene que ser duro pasar por esto solo.

Nyx se ha vuelto a sentar porque claramente es una conversación interesante. No le ha preguntado nunca nada a Cedric sobre el Torneo desde que salió como campeón, pero está claro que siente curiosidad.

—La primera prueba son dragones —escupe Cedric. Necesita contárselo a alguien—. No me preguntes cómo lo sé y si se lo cuentas a alguien te puedes olvidar de aprobar Pociones.

—Dragones.

Primero ve una chispa de emoción en su mirada.

Es más valiente que yo.

Luego esa chispa desaparece y se le apagan los ojos.

—¡¿Dragones?! ¡¿Cómo que dragones?!

—Ya, eso me pregunto yo.

—¿Y qué tienes que hacer con un dragón?

Cedric se encoge de hombros y deja escapar todo el aire muy despacio. Cree que si respira mucho más rápido se echará a llorar.

—La verdad es que no lo sé. Algo pensaré.

Nyx se queda examinándole demasiado tiempo. Cedric es consciente de que si le devuelve la mirada, ella mirará hacia otro lado, así que no la mira. Deja que ella lo analice y lo estudie y piense lo que tenga que pensar con detenimiento. No es buena idea provocarla porque siempre dice lo primero que se le pasa por la mente.

—No pasa nada por admitir que tienes miedo a enfrentarte a un dragón, Diggory...

Cedric levanta por fin la mirada. No esperaba que, de todas las cosas, Nyx intentara consolarle. Es tan impropio de ella que se encuentra con el corazón acelerado pensando que se preocupa por él. Se permite hacerse una ilusión muy pequeñita después de un par de meses intentando reprimir lo mucho que le gusta.

Hasta que la mira y ve que ella sonríe de lado. Sabe que lo que ha dicho, lo ha dicho de verdad. Pero ahora se está burlando.

Porque esa es nuestra dinámica.

—Claro, porque tenerle miedo a un dragón es de cobardes, ¿no? Tú te enfrentas a uno todos los domingos.

—Pues claro —bufa Nyx, con una risita nerviosa—. Juego con ellos. Les lanzo un cordero y ellos me lo devuelven, aunque a veces me lo traen en forma de chuletas a la brasa.

Cedric se queda completamente estupefacto ante lo que acaba de ocurrir.

Nyx me ha gastado una broma.

Eso es inusual.

Pero es más inusual lo que la broma esconde.

Nyx me está consolando, a su modo. Está haciéndome rabiar porque es lo que yo hago siempre con ella. Está haciendo que me olvide de lo mucho que me preocupa.

Cedric estalla en una carcajada y, joder, qué bien se siente soltando toda esa tensión. Pronto se imagina a un dragón sirviéndole una bandeja de chuletas a Nyx y le parece la cosa más divertida del mundo. Nyx se ríe también.

Abre la boca y deja ver los dientes que siempre esconde bajo un ceño fruncido y está preciosa. Su risa se une a la de Cedric y forman una melodía completamente nueva, porque casi nunca se han reído juntos.

Y cuando dejan de reírse, no es tan incómodo. Podría serlo mucho más, como hace justo un año. Solo es un 70% incómodo. Es un adelanto.

—¿Qué has pensado hacer? ¿Puedes aturdir a un dragón?

Cedric sopesa la pregunta. Ni siquiera lo ha pensado.

—Creo que se necesita a más de una persona para aturdirlo con un simple Desmaius.

—Habrá otros encantamientos, seguro. Es cuestión de encontrar el libro adecuado.

Los dos se quedan en silencio. Cedric cavila todavía más acerca de cómo dormir a un dragón, pero Nyx ya está pensando nuevas posibilidades.

—Creo que lanzar hechizos de ataque no será lo más adecuado. Tal vez tengas que domarlo y montarte en su lomo, no quieres enfadarlo.

—¿Montarlo?

—¿Te imaginas? Tiene que ser impresionante volar en un dragón.

Lo dice y se le vuelven a iluminar los ojos. Su mirada se ha perdido más allá y ahora Cedric casi puede imaginársela verdaderamente montada a los lomos de un enorme dragón grisáceo. Con un moño mal peinado, igual que se hace siempre que tiene que subirse a la escoba. Los brazos extendidos para sentir cómo pasa el aire a través de ellos.

Se pone tan nervioso ante esa imagen que se queda mirándola un buen rato sin darse cuenta y ella también lo mira a él. Él está pensando en lo guapa que está subida a un dragón y ella está imaginándoselo frente a uno, armado nada más que con su varita.

Se lo imagina con el pelo despeinado, como ahora. Con el jersey un poco chamuscado. Parece una imagen sacada de uno de los relatos de Hina, porque de repente le parece que hay algo atractivo en ese Cedric valiente y enfrentándose a una bestia gigante. Siempre le ha parecido que Cedric está más guapo cuando no se peina tanto el pelo y cuando tiene la camisa arrugada debajo del jersey.

¡Nyx!

Se reprende por ese pensamiento. ¿Cómo ha podido ocurrir?

¡Es Diggory! ¡Cedric Diggory!

—¿Qué piensa la chica esa de Slytherin? Tu novia, esa chica del pelo rizado.

Cedric se sorprende tanto ante la pregunta que deja caer la varita al suelo.

—¿Mi novia?

Nyx tiene las mejillas sonrojadas cuando Cedric la vuelve a mirar, así que finge que guarda de nuevo sus cosas para esconder la cara tras el cabello. Cuando Cedric traga, siente que se está tragando un pulmón que se le había subido a la garganta por los nervios.

—¿Te refieres a Astrid? Es mi amiga. Supongo que tuve algo con ella, pero hace muchísimos meses de eso.

Nyx ahoga una risa. Lo ha dicho porque es la última noticia que ha tenido sobre Cedric. No es como si se interesara mucho por él, claro.

—Astrid se ríe de mí porque dice que me encanta toda esta atención.

Nyx sonríe y esta vez si levanta el rostro y se vuelven a mirar.

—Entonces, tenemos algo en común. Yo también pienso que te encanta.

Me encantas tú.

Cedric traga saliva al pensar aquello.

Joder, joder, joder.

Había pasado bien esos dos meses. No había pensado tanto en ella.

Pero están teniendo una conversación normal y es...

Es genial. Es raro verla diciendo más de cinco palabras seguidas que no van acompañadas de gruñidos o resoplidos. Cedric está tan contento que tiene que evitar sonreír sin parar. Nyx se relame los labios y Cedric mira cómo brillan ahora y se le encoge algo dentro, por la zona del estómago.

Concéntrate, idiota.

—¿Tú también piensas que me he presentado a esto solo para hacerme famoso?

Nyx se carga la mochila al hombro antes de responderle con una sonrisa de lado. Cuando lo hace, estira ligeramente el cuello y se le ve la clavícula porque se abre el cuello de su camisa. Cedric pasa la mirada muy brevemente por esa zona hasta llegar a su mandíbula. Aprieta los dedos de los pies y el estómago.

—Está claro que se te ve cómodo con la atención. Siempre te ha gustado que todos te miren.

—¿Me estás intentando provocar, Longbottom?

—Estoy intentando averiguar si te vale la pena. La atención a cambio de enfrentarte a un dragón. ¿Te compensa?

Cedric frunce el ceño y trata de responder, pero no sale nada cuando abre la boca. Sabe que esa es una conversación de varias horas y no de unos segundos, y es una conversación que no debería tener con Nyx.

—No lo hago por la atención.

—¿Por qué entonces? Tus padres tienen dinero, no puede ser por el premio.

—No tienen tanto dinero.

—Sabes a lo que me refiero.

Se vuelven a retar con la mirada, y es tan familiar como siempre.

—Podrías morirte, Diggory.

—Vaya, qué bonito, te preocupas por mí —lo dice en voz baja, porque sabe que eso la pone nerviosa. Hace como si esa idea, que le atormenta por las noches y hace que le cueste dormir, ni siquiera se le pasara por la cabeza. Aprovecha para provocarla un poco. Se piensa bien sus próximas palabras y no sabe si es demasiado evidente al repetirlas, pero quiere sacarle otra sonrisa. O ponerle las mejillas sonrojadas otra vez—. ¿Vas a ponerte a llorar?

Como bien decía Hina, cuando el agua suena, río lleva. Yo ahí lo dejo.

Esta semana viene bien cargada de Nyx: subo otro capítulo este domingo, otro el jueves que viene (uno que SOCORRO) y luego el especial por el capítulo 25 el domingo siguiente (o lunes, según me pille).  Gracias por leeeeeeeeeeeer. No queda mucho más y AAAH necesito que os enteréis de todo, necesito HABLARLO con vosotras.

Este capítulo va dedicada a la bonita de LinxyBlack porque es su cumpleaños. Feliz cumple a mi compi Aries, a una de mis amigas internacionales más queridas. Eres un sol y tienes un talentazo INCREÍBLE. Me siento privilegiada por poder leer cada una de tus palabras💙

Nos leemos este domingo, que al siguiente capítulo hay que echarle un par de...

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