3.- Un poder sobre mi
No tengo la menor idea de lo que voy a hacer, es más que obvio que quiero salir corriendo y olvidarme de todo, esconderme en casa y pensar como alejarlo sin hacerlo trizas. Soy un peligro para él, ya en dos ocasiones he roto las ilusiones de alguien, pero a uno no lo quería y con Jonathan era necesario terminar todo lo que nos unía por el bien de ambos. Adam no merece que sea cruel, no hay razón alguna para alejarlo —excepto mi miedo—, y en mi cabeza hay una pequeña voz que me dice que me deje llevar, que mandé al diablo el miedo y que lo intente, grita desesperadamente que ya basta de seguir alimentando falsas esperanzas con alguien que ya tiene una vida hecha. Una a lo que yo misma lo empuje.
—Kate no me dejas más alternativa —me dice para después ponerse de rodillas—. Te quiero, siempre lo he hecho, te pido solo una oportunidad.
—¡Adam por Dios levántate! No hagas el ridículo, por favor, si no quieres arruinar nuestra amistad —le dije y me arrodillé junto a él para levantarlo, pero es persistente. Y sobre nuestra amistad ya esta más que arruinada, no hay manera en la que pueda soportar verlo con el corazón roto.
Yo no estoy hecha para ver el dolor que causó, no señor prefiero irme lejos y dejar que sanen, sé que eso probablemente creará más resentimientos pero es lo mejor, prefiero que me odien que odiarlos, es así de simple, el tiempo debe curarlos y supongo que es más fácil si no tienen que verme.
—¡Yo no quiero tu amistad te quiero a ti! ¿Estás tan ciega para no verlo? —esto me esta doliendo más a mí, pero ahora el que no me deja alternativa es él. Me levanté y lo miré lo más fría posible. Espero que lo que estoy por decir no lo cambie, de verdad espero que después de esto siga siendo la magnífica persona que es.
—Por supuesto que no Adam —no quería sonar tan dura, pero fallé en el intento—. Nunca pasará, mejor deja de hacer el ridículo.
—¿Qué? —tiene los ojos brillantes, si empieza a llorar solo hará que me sienta aún peor— ¿Cómo qué no? Te la pasas jugando conmigo primero me besas y luego te vas y me dejas ahí parado bailando solo —con eso mi culpabilidad disminuye solo un poco, no era necesario darle a todos esos detalles, solo me motiva para seguir adelante.
—No sabía que eras tú la que robaba besos Kate, si es así me dejo asaltar —grito Francis, si no estuviera tan enfocada en Adam iría a darle una patada en donde el sol no le da.
—Cállate imbécil deja que Adam termine de tirar la poca dignidad que le queda —contesto Brayan—. Esto solo les corresponde a ellos —por esa precisa razón amo más mis amigos no se meten en lo que no les corresponde o les afecta, ellos quieren que sea feliz y por eso me siguen insistiendo para que le dé una oportunidad a Adam y a pesar de eso me siguen apoyando en lo que decida y ahora los necesitaré más que nunca, ahora que me hace quedar como la bruja mala del cuento, yo no lo bese o tal vez sí, pero ese no es el punto, ese día yo estaba perdida y borracha cualquiera diría que la víctima soy yo.
—Cierren la boca, todos. Adam por favor levántate —suena a súplica de mi parte, pero después de todo lo dicho ya no importa.
—No hasta que aceptes hablar conmigo, no pido nada más, debes admitir que es un precio muy bajo, no voy aceptar menos que eso después de lo humillante que es esto para mí —como si fuera lo más romántico del mundo—. Esto se puede arreglar de una manera más fácil.
—No me vas a chantajear, y es porque nadie te pidió hacer nada —solo mamá tiene el poder para hacerlo y en ocasiones ella tampoco lo logra—. Respecto al besó jamás hubiera pasado de no haber estado tan mal ese día y lo único que es mi culpa y que estoy dispuesta a aceptar es que te pedí ayuda por qué estaba perdida, tu fuiste quién se aprovechó de mí. No te quieras hacer la víctima, no te queda y al parecer eres más idiota de lo que pensaba, en mi vida sería tu novia —levanté la cara, después de todo tengo que demostrar que no me afecta, aunque por dentro me muero ganas de levantarlo y darle lo que quiere pero ya no puedo echarme para atrás, no después de todo lo dicho.
Se levantó del suelo sólo para mirarme a los ojos, ya no parece que este a punto de echarse a llorar pero no estoy dispuesta a quedarme a comprobarlo, me cuelgo al hombro mi mochila y salgo muy despacio pero con la cabeza bien en alto, antes de salir por completo apenas alcanzó a escuchar como alguien dice que soy la mayor perra que existe.
Lo soy y por eso no me regreso a contestarle a la idiota que lo dijo, no necesito más problemas además odió las peleas de salón, ni siquiera son ingeniosas sólo se trata de ver quién saca el mejor insulto y en mi estado no ganaré y eso solo va a empeorar mi estado de ánimo.
Una de las cosas que más me gustan del colegio son los árboles, hay muchas jardineras, ahora que todo me da vueltas voy hasta una de las más alejadas y trato de que nadie se fije mucho en mí me acurrucó y cierro los ojos, las voces en mi cabeza me siguen diciendo que todo lo que acaba de pasar no es lo correcto, mi corazón me pide como una súplica desesperada que regrese y me de la oportunidad para estar con Adam. Sé que si vuelvo estoy dándole la oportunidad de destrozar mi corazón y mí vida entera. Dios sabe que mi corazón aún no está del todo completo, una vez ya me lastime poniendo mis esperanzas en la persona equivocada y él no había hecho nada más que hablar del futuro que soñaba.
Un futuro que era maravilloso y prometedor pero que no era para mí. No es lo que yo quiero.
Jonathan me ofreció todo lo que poseía, su vida, su futuro, todo en mis manos, pero una niña de quince años no podía con tal responsabilidad y lo mejor que podía hacer era dejarlo ir para que el buscará todo lo que quería.
Él ejerce un poder sobre mi que nunca he entendido, de un día al otro ya me tenía comiendo de su mano a pesar de que nos conocimos siendo unos niños, yo solo tenía diez años y nunca le hablé —es mayor que yo y no había ninguna razón para entablar una amistad con él—, nuestros padres son amigos, así que fuera de la escuela también coincidíamos pero en ningún momento me sentí atraída por él, pero el tiempo paso, la pubertad llegó; cuando nos volvimos a encontrar fue como si los fuegos artificiales hubiesen surgido de la nada. Ambos cambiamos mucho físicamente, él era más alto y aunque no tenía un cuerpo de revista se defendía muy bien, tiene unos ojos cafés obscuros muy bonitos y un cabello negro, una combinación bastante atractiva y ruda, tengo que admitir que no era mi tipo, sin embargo con una sonrisa me enamoró. También ayudo mucho el hecho de que tiene una labia espectacular, no solo me enamoro a mí, sino que también a mis padres.
Por si fuera poco tiene unas metas muy bien definidas, una mucha suerte y contactos. Tiene todo para triunfar en la vida es una persona centrada y directa, con visión para los negocios, su gran problema conmigo es que yo también aspiro a cosas demasiado grandes. No es para menos, toda la vida mi padre me ha enseñado y recalcado que nací para ser importante y eso solo se logra con años de trabajo y esfuerzo, para llegar a eso en ocasiones se deben sacrificar algunas cosas y si ya sacrifique a Jonathan tiene que valer la pena, no puedo detenerme solo porque un chico se pone en mi camino. Aunque Adam no es cualquier chico, él tiene algo que me gusta demasiado, Anna dijo una vez que en mi rostro solo hay vulnerabilidad cuando estoy con él, que a su lado soy como un libro abierto, en ese momento me reí a carcajadas, yo no soy un libro abierto con nadie, me guardo mucho para mí.
Estoy pensando seriamente en ir al baño y vomitar, aún sentada me siento muy mal y recordar sólo lo empeora y no me refiero a Jonathan; no sabía hasta donde llegaban mis sentimientos por Adam hasta que lo vi arrodillado, tan dulce, tan frágil, cada segundo que pasa me siento más en la obligación de ir y tomarlo entre mis brazos, quiero decirle que todos sus sentimientos son completamente correspondidos. Si tan solo mi corazón me perteneciera por completo, desde hace mucho tiempo anhelo que todas las partes de mi corazón sean completamente mías.
Tres años y cada una de las noches imaginó como pudo haber sido mi vida a al lado de Jonathan, sin embargo hubiera no existe, él ya se encuentra a años luz de mí y tiene responsabilidades que no me corresponden. Sinceramente le temo a esas responsabilidades. Nunca podré con una carga tan grande como esa.
Me pongo de pie, así debe de ser, ahora solo tengo que resistir una semana, solo eso, unos cuantos días me separan de un nuevo comienzo, ni Adam, ni nadie puede desviarme de mi camino, el que escogí hace muchos años.
El orgullo con el que salí de aquel salón ya se desvaneció por completo voy con la mirada en el piso y camino lento solo para evitar que alguien me vea, pero como no es mi día a medio camino escucho una voz gritar mi nombre, es él de nuevo, sospechaba que no sería fácil hacer que me dejara en paz pero es más perseverante de lo que imaginé, por lo menos hoy esperaba librarme de él.
—Kate por favor, tenemos que hablar de nosotros —me toma de los brazos, ahora no tengo la fuerza suficiente para soltarme y solo bajo la mirada.
—Entiende no hay nosotros, no te quedo bastante claro ahí adentro —no quiero llamar la atención así que hablo lo más bajo posible—. Ya basta de espectáculos, los odio y eso deberías saberlo.
—Lo sé, pero no me has dado de otra, solo quiero hablar contigo. Es importante, sé que sientes algo por mí, lo veo en tus ojos, en la manera en que me tratas y te va a sonar muy cursi pero te puedo afirmar que lo sientes desde esa fiesta —me mira fijamente y tiene toda la razón en esa fiesta solo por un momento me imaginé a su lado y me permití dejar de pensar en Jonathan.
Pero por supuesto no puedo admitirlo y no solo por orgullo, también lo hago por él, merece a alguien que pueda amarlo por completo y no alguien que anhela la ilusión de una vida al lado de otro, si para alejarlo de mi es necesario romperle el corazón, lo haré, eso es mejor que engañarlo dándole alas.
—No seas ridículo —me reí sólo para darle más realismo, al parecer funciona ya que su mirada se entristece, abre la boca para hablar pero no lo permito, tengo que acabar con esto de una buena vez—. No acabas de entender que estaba borracha y no sabía lo que hacía, en mis cinco sentidos jamás te hubiera besado. Ya deja de seguirme ¡No quiero nada contigo! ¿Crees que tengas la inteligencia suficiente para entenderlo? —me acerca más a él, se ve enojado pero no es capaz de causarme ningún daño.
—Sé que no somos los mejores amigos, pero te conozco lo bastante bien para saber que mientes, quieres lastimarme para que me alejé —con una de sus manos acaricia mi mejilla, justo así era como no quería estar con él, sólo necesita acercarse un poco más y todo mi auto control se irá a la basura—. Eres buena para muchas cosas pero nunca para mentir. No importa el tiempo que me lleve voy a lograr que aceptes que me quieres. Esto no se acabó aquí —mira mis labios y solo inhala repetidamente, tal parece que a nuestro alrededor no hay nadie ya que no escucho más que su respiración—. Nos vemos mañana, si cambias de opinión tienes mi número —se inclina para darme un beso justo en la comisura de los labios y esta vez es él quien se aleja.
—Kate, ¿qué pasó? ¿qué más te dijo? —es Anna que al parecer también aprovecho las jardineras para ocultarse.
—Que no se va a rendir —suspiré, no tengo la menor idea de como resistí el impulso de gritarle para que regrese a mi lado.
—Es un romántico, dale una oportunidad —seguimos viendo como sale por la puerta y no le respondo hasta que pierdo a Adam de mi vista.
—Para darle una oportunidad tendría que… —me detuve, Anna no sabe nada de Jonathan, jamás quise comentarle nada a nadie, solo lo sabemos muy pocas personas, mis padres, mis tíos, Marian y Joanna, básicamente solo la familia y de esa lista de personas solo dos personas conocen al cien los detalles de ese romance fugaz, no es que no confíe en Anna es simplemente que entre menos personas lo sepan más rápido saldrá de mi vida así una vez que lo olvidé nadie podrá recordármelo— Será mejor que me vaya a casa.
—¿Te vas a ir a caminando? —mi casa en realidad no esta tan lejos pero después del día que he tenido no tengo el ánimo para una caminata. Además, tengo una misión.
—No, mi tío me dijo que llamara a una agencia en la está invirtiendo y quiere saber qué tal va, hoy seré su piloto de pruebas —o su ratón de laboratorio, me usa a mí y a Marian solo para asegurarse de que todo marche bien en sus negocios. Marian lo ve como si fuera espionaje.
—¿El papá de Marian? —pregunta incómoda y no es para menos, ella y Marian aún tienen demasiadas cosas por resolver y ninguna de las dos quiere dar el primer paso, lo cual me pone de malas, ahora es cuando me gustaría tenerlas a las dos.
—Es el único tío que tengo y además no tengo ganas de ver a nadie —lo dije un poco grosera, espero que ella logré entender que no ha sido un día fácil.
—Te veo mañana, te cuidas —se despidió con un beso y se fue.
Mi transporte llegó rápido, pero como la vida quiere darme en la cabeza, el vehículo se descompuso y el conductor tuvo que llamar a la grúa y a otro chofer, solo espero que no tarde. Esta es de las ocasiones en las que aborrezco ayudar a mi tío, lo más raro es que no tienen la más mínima idea de quién soy yo, bueno no es tan raro Marian no viene conmigo, ella sí que llama la atención, se hace notar y hace saber la posición que ocupa en el mundo, nadie se atreve a negarle nada.
Marian es una de las personas que más amo en mi vida y aún es así siempre es muy difícil quedarme solo a mirar su brillo y como siempre obtiene lo que quiere —en ocasiones parece que todo le cae del cielo—. Todo el tiempo, todo tipo de personas nos subestiman, sé que nuestros padres tienen una gran fe en nosotras pero las demás personas no, solo quieren vernos en el suelo y es por eso que no tengo muchos amigos. Los que tengo son sinceros y me quieren. Son como una segunda familia para mí y más desde que Marian no está todo el tiempo conmigo como antes, justo ahora me dan ganas de ir a buscarla, ella estudia aquí y por supuesto si le pregunto a cualquiera que pase a mi lado seguro sabrá en donde encontrarla; sólo quiero ir a contarle cuanto quiero a Adam, por lo menos Marian si me comprendería al cien por ciento pero es muy injusto que solo la busque cuando mis problemas me sobrepasan y ahora que lo recuerdo no es la única que puede ayudarme, solo necesito mi teléfono y suerte para que me conteste.
—Hola muñequita, ¿pasa algo? —se escucha algo preocupada y no es para menos hablamos cada semana pero nunca sin previo aviso— Kate, ¿estás ahí?
El chófer que había permanecido callado mientras esperaba a su compañero salió del auto dándome privacidad.
—Yo… Joanna, necesito que me ayudes.
Gracias por seguir leyendo.
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