Cap. 44: Sorpresa
El peliblanco se sentó al borde de la cama después de su baño, con una toalla envolviendo su cintura, listo para vestirse cuando sintió unos pequeños brazos rodearlo y besos subiendo por su espalda hasta llegar a su hombro, donde terminó con una pequeña mordida que lo hizo reaccionar de inmediato.
- Sabes que si sigues así no podré salir a ni una parte...
- Lo siento, no pude evitarlo. - Le dijo con una leve risita traviesa, apoyando su mentón sobre su hombro. - ¿Te dije que el pelo largo te queda muy bien? Me gusta.
- Si, anoche... Y ayer por la mañana.
- Jajaja ups... Es verdad.
Él negó con su cabeza sonriendo levemente, se giró a mirarla y la besó dulcemente en los labios.
- Rin, tengo que solucionar algunos temas antes de venir a buscarte...
- ¿A buscarme para mi sorpresa? - Preguntó emocionada. - Aún no he olvidado que hoy sabré.
- Si... - Respondió con una corta sonrisa de lado, enternecido por ella. - Me gustaría quedarme aquí y disfrutar de la vista - Dijo recorriendo a la castaña con su mirada y con una voz que la hizo temblar. - Pero es importante, siento dejarte sola.
- Está bien, no te preocupes, de todas formas quería salir a comprar algunas cosas.
- Bien, entonces cuando termines puedes buscarme en las oficinas.
La castaña asintió aunque pensando que ojalá no tuviera que ir a trabajar porque lo único que le gustaría en ese momento sería quedarse así con él, eso era todo lo que quería... Sabía que pronto tendría que decidir qué hacer de ella, y aunque aún no tenía ni la menor idea, no quería pensarlo, ahora estaba bien... Y lo estaba disfrutando.
Lo soltó para que pudiera levantarse y vestirse, pero no sin antes recorrerlo con su mirada de pies a cabeza como una pervertida, es que con él no podía evitarlo.
Qué hombre más exquisito.
Aprovechó ese día para almorzar con Kagome, contarle todo lo que había ocurrido y pasar la tarde fuera comprando las cosas que necesitaba. Cuando estuvo lista se encaminó hacia las oficinas a buscar a Sesshomaru como habían acordado.
- ¡Kagura! Hola, ¿Cómo estás?
- ¡Rin! - La pelinegra se levantó de su puesto para abrazarla, la castaña quedó algo sorprendida ante su gesto. - ¿Cómo estás? Supe lo que pasó, la verdad es que no tenía idea que tuvieras un hermano, pero lo siento mucho...
- Si, gracias Kagura, estoy bien, mucho mejor.
- Que bueno, me alegro, supe que renunciaste a tu trabajo... ¿Volverás a trabajar aquí? - Preguntó emocionada. - ¿Por eso estás acá?
- No, no volveré... - Respondió sin estar completamente segura de qué decir.
- Oh, ¿Entonces?
En ese momento Koga se acercó a abrazarla interrumpiendo su conversación.
- ¡¡Rin!!
- ¡Koga! ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo va la vida de hombre casado? - Preguntó riendo.
- Jajaja excelente, ¿y tú cómo estás?
- Bien, lo siento por no responder tus mensajes, he estado algo desconectada estos días.
- Está bien, no te preocupes, lo entiendo... - Rin miró al joven que estaba parado a su lado, mirándola insistentemente. - Oh, es verdad Rin, él es Aki, el nuevo tú.
- ¿El nuevo yo? - Preguntó la castaña divertida. - Supongo que eres el nuevo asistente del señor Taisho, un gusto Aki.
- Si, un gusto señorita Rin, finalmente la conozco, la carpeta que dejó me ha salvado en incontables ocasiones de ser despedido.
- Jajaja que bueno, me alegro.
- Tengo que decir que no me imaginaba que fuera tan... Joven.
- Ya, suficiente Aki, vuelve a trabajar. - Dijo Koga rodando sus ojos, la castaña se carcajeó.
- ¿Inuyasha está aquí? Aprovecharé de saludarlo.
- Si, pero...
- Koga - Lo llamó el pelirrojo que se acercaba a él caminando por el pasillo leyendo unos papeles. - Antes de irme necesito hablar contigo sobre los documentos que dejaste en mi escritorio.
- Kirinmaru, si, en seguida.
- ¿Rin? - Preguntó extrañado al levantar su mirada. - Hola, qué agradable sorpresa.
- Hola señor Kirinmaru.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó algo confundido. - Supe que renunciaste a tu trabajo con Hakudoshi, ¿Volverás a trabajar para Sesshomaru? - No pudo evitar mirarla rápidamente de pies a cabeza, ella había llamado su atención desde el primer momento. Hasta ahora era la única mujer que lo había rechazado y aunque no quisiera admitirlo, eso lo hacía sentirse aún más intrigado por ella.
- Si, renuncié... Ehm, no, no volveré, sólo estoy de paso, estoy esperando al señor Taisho. - Respondió sintiéndose algo incómoda ante su mirada interrogante.
- ¿A Sesshomaru? ¿Se podría saber para qué?
¿Qué se supone que tenía que decir? ¿Y si Sesshomaru aún no quería que ellos supieran que había algo entre los dos? ¿Qué iba a decir Kirinmaru de todo eso? Además, él la había invitado a salir... ¿Y por qué la miraba así? Dios, quería desaparecer de ahí, que alguien la rescate de esa incomodidad...
- Ehhh, yo...
- Rin, Sesshomarue está con Inuyasha y Jaken en su oficina, no tarda en salir. - Dijo Kagura, comprendiendo la situación. - ¿Quieres acompañarme mientras tanto a llevar estos documentos abajo?
- Si, claro - Respondió Rin aliviada, abrazando mentalmente a Kagura. - Vamos.
- No será necesario. - Dijo Kirinmaru. - Ahí viene Sesshomaru.
Rin quedó parada en el lugar, sin saber qué hacer, mientras veía al peliblanco acercarse a ellos con su mirada seria y quizás más seria que lo normal.
Sesshomaru caminó pasando por frente de Kirinmaru y sin decir ni una palabra, tomó a la castaña de la cintura y la besó en sus labios frente a todos.
- ¿Estás lista? - Preguntó con toda la normalidad del mundo, Rin asintió sin palabras en su boca, como todos los que estaban ahí. - Bien, vamos. - Tomó su mano y salió caminando junto a ella del lugar, sintiendo la mirada de la castaña y la de los demás ancladas sobre él
- ¿Qué fue todo eso? - Preguntó Rin al entrar en el auto, aún algo incrédula de lo que había pasado, aunque no podía negar que amaba eso de él, que no le importara lo que el resto pensara. Además, no pudo evitar recordar por un segundo su primera cita. Aún no dejaba de sentir todas esas sensaciones cada vez que él la besaba.
- No sé de qué hablas.
La castaña soltó una risa mientras negaba con su cabeza y se acercó a besarlo tiernamente en sus labios.
- ¿Ahora me dirás a dónde me llevas?
- No, cuando lleguemos lo sabrás.
Rin hizo un puchero que lo hizo sonreír inconscientemente, viajaron por un buen rato, mientras él disfrutaba escuchándola hablar feliz y cómoda. Le encantaba, era lo único en lo que podía pensar mientras conducía, estaba completamente loco por ella.
- ¡Ya sé! Vamos al hotel de la playa del señor Myoga.
- Si vamos a la playa, pero no donde Myoga.
- ¿De verdad? ¿Por qué?
- Ya lo sabrás.
La castaña iba maravillada mirando por la ventana, completamente encantada con el lugar, cuando al fin parecían llegar a su destino.
- Qué lindo, nunca había estado aquí. - Sonrió emocionada. - ¿A quién venimos a visitar? Qué hermosa casa, debe tener una vista maravillosa.
El peliblanco sonrió algo aliviado al escucharla y se bajó del auto para abrirle la puerta.
- Qué bueno que te guste... Porque es para ti.
- ¿Qué? - Soltó una risa nerviosa. - Es broma... ¿verdad?
- No, no es broma Rin.
La castaña abrió sus ojos a todo dar y su boca cayó al escucharlo, no cabía la impresión en su cara y no sabía qué decir.
- Sesshomaru... ¿Te volviste loco?
- Si. - Respondió con tanta sinceridad que Rin no pudo evitar sentir algo de risa, aunque seguía sin mover un dedo.
- Recuerdo que me lo mencionaste una vez, pensé que te gustaría.
- ¡No lo hice con la intención de que me compraras una! - Respondió nerviosa.
- Lo sé.
- ¡Sesshomaru! ¡No puedes andar por la vida regalando casas!
- Es la primera que regalo. - Respondió divertido ante su actitud y sus comentarios.
- ¡No me mires así! Esto no es un juego... No puedo aceptarlo.
- Rin, sólo te pido que la veas, después puedes seguir gruñendo. - Ella lo miró con sus ojos entrecerrados. - Por favor.
- Bueno...
Él la llevó hasta la casa, mientras Rin observaba todo detalladamente sin decir nada, la casa era hermosa, era grande, más grande que el departamento que compartía con Kagome, pero no exageradamente grande para sentirse vacía, era acogedora y realmente tenía una vista maravillosa.
- ¿Te gusta? - Ella no respondió. - Ven, hay algo más que quiero mostrarte.
Tomó su mano y la guio hasta el segundo piso, ahí abrió la puerta de una habitación y Rin quedó más paralizada aún.
- Sesshomaru... - Dijo en un bajo susurro cortado al ver el lugar.
Tenía un ventanal gigante con vista al mar, un atril en el medio para que pudiera pintar, un mesón y un gran y hermoso mueble al lado para guardar sus pinturas, la luz que entraba por el ventanal iluminaba todo el lugar de manera perfecta.
No sabía qué decir, por un momento pensó que quería llorar. No podía creer que él hubiese hecho todo eso por ella, todo por un simple comentario que había hecho hace ya tanto tiempo atrás, de días que ahora que recordaba parecían un agradable sueño.
- Rin, escucha... No quiero hacerte sentir presionada, no quiero que pienses que tienes que mudarte conmigo o algo por el estilo, esta casa es para ti y puedes hacer con ella lo que quieras, si no te gusta puedes venderla o puedes venir a vivir sola o con una amiga, lo que quieras... Es para ti. Sé que aún tienes muchas cosas en qué pensar y no quiero apresurarte a tomar una decisión, es sólo que... Cuando me contaste eso en la playa ese día, sonabas feliz y segura y pensé que quizás, estar aquí te podría ayudar a descubrir eso que necesitas.
- ¿Y qué pasaría si... Te digo que quiero que tú te quedes aquí conmigo?
- Entonces me quedaré aquí contigo y jamás volveré a hacer alguna idiotez que te aleje de mi lado.
La castaña se acercó a besarlo en sus labios, completamente embobada.
- No sé qué decir...
- Puedes decirme que me amas y que soy el mejor novio que has tenido. - Rin soltó una risa.
- ¿Entonces ahora somos novios? No recuerdo que me hayas pedido tal cosa. - El la miró con sus ojos entrecerrados. - Te amo, Sesshomaru.
- Yo a ti pequeña.
- Espera... ¿Y qué harás con tu trabajo? Es lejos, te cansarás demasiado viajando todos los días, no había pensando en eso, lo siento.
- Iré a las oficinas de vez en cuando y trabajaré desde casa el resto del tiempo. Ahora que Inuyasha está en la empresa, él se puede hacer cargo, resultó no ser un completo inútil después de todo.
- ¿Esa es tu manera de decir que confías en tu hermanito?
- No te pases.
Rin se carcajeó.
- Vaya, aún no puedo creerlo, así que viviremos juntos. - Le dijo con una sonrisa que lo hizo babear. - ¿Te parece si vamos a estrenar la habitación nueva?
- Pensé que nunca lo dirías.
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