Cap. 42: Sin arrepentimientos (Parte I)
La castaña olió por última vez las flores que sostenía en su mano y no pudo evitar sonreír ligeramente al sentir el aroma de los girasoles casi marchitos, aunque esta vez fue una sonrisa llena de... Nostalgia.
Soltó las flores en el basurero y tomó sus libros y su cuaderno de dibujos, caminó hasta la puerta y se giró a mirar por última vez la habitación ahora vacía...
- Sin arrepentimientos... - Susurró y finalmente cerró la puerta tras ella.
- Ya te vas. - Habló el doctor, que la vio salir del lugar.
- Si...
- No volveré a verte, ¿verdad?
Ella negó con su cabeza.
- No lo creo... - Le dijo con una triste sonrisa. - Ya no hay nada que me ate a este lugar.
- Comprendo... - Dijo decaído. Rin lo abrazó.
- Gracias por todo, Suikotsu.
- Lo siento Rin, pero tienes que saber que hiciste lo mejor, te lo digo como su doctor. - Rin se separó de él y lo miró fijamente con sus ojos brillantes. - Pero como tu ex, tengo que decir que... Voy a extrañar tenerte cerca. Llenabas de color este lugar. - La castaña sonrió débilmente. - Suerte en todo, Rin.
Lo besó tiernamente en su mejilla.
- Adiós, doctor.
***
Casi una semana había pasado desde su conversación con Rin. Había intentado llamarla un par de veces para saber cómo estaba y qué había hecho finalmente, pero en todas las ocasiones encontró su teléfono apagado y estaba comenzando a impacientarse.
Quería verla y ya no podía seguir esperando.
Tomó su abrigo y salió del edificio con dirección a su trabajo.
Quién diría que alguna vez él, el gran Taisho Sesshomaru, saldría persiguiendo a una mujer hasta su oficina...
- Joven Sesshomaru - Saludó Hakudoshi. - Si viene por la reunión me temo que tengo malas noticias que darle. - Dijo con preocupación, mientras acarreaba una ruma de papeles. - Pésimas en realidad...
- No, no vengo por la reunión. - Dijo con su habitual seriedad. - Vine a ver a Rin.
- Precisamente esas son las malas noticias. - Sesshomaru lo miró impaciente, esperando que hablara. - La señorita Rin renunció... Al parecer su hermano falleció. Le ofrecí tomarse los días que quisiera, pagados por supuesto, comprendo que debe ser una situación difícil, pero ella no quiso. Me abandonó y ahora no sé qué hacer.
- ¿Cuándo?
- Hace 4 días... o 5... No estoy completamente seguro, la verdad es que todo este trabajo me tiene mareado.
El peliblanco asintió sin decir más y rápidamente se dio la media vuelta para salir.
- ¡Joven Sesshomaru! - Lo llamó. - ¿Cuándo quiere tener la reunión?
- Me da igual. Reprográmenla para cuando estimen conveniente. - Fue lo último que dijo antes de desaparecer del lugar.
Hakudoshi resopló agotado y siguió su camino.
Manejó hasta el edificio de la castaña para encontrarse con que no había nadie en su departamento, o por lo menos nadie le abrió.
La situación lo estaba comenzando a desesperar. Sabía que aún había algo que podía hacer para saber de ella, pero de sólo pensarlo se ponía de mal humor... Aún así tenía que intentarlo, era su última opción.
Volvió a su trabajo y caminó hasta la oficina que se encontraba al otro extremo del lugar, lo más alejada posible de la suya y entró sin tocar la puerta.
- ¿Qué quieres, idiota? - Preguntó molesto su medio hermano al verlo entrar de esa manera tan prepotente al lugar.
- ¿Sabes dónde está Rin?
- Si, si lo sé.
El mayor se quedó mirándolo esperando a que hablara, pero al parecer Inuyasha no tenía intención de hacerlo. Definitivamente era experto en sacarlo de sus casillas en el momento menos indicado.
- Habla y no me hagas perder el tiempo, que ya no me queda paciencia.
- Tsk. ¿Y tú cuándo has tenido paciencia? - Lo miró con los ojos entrecerrados y luego suspiró rendido. - Rin está con Kagome... Llevaron a su hermano al pueblo donde vivía con sus papás, lo enterraron ahí con su familia.
- ¿Y por qué el idiota del doctor no fue con ella? - Preguntó molesto.
- Sesshomaru... Rin terminó con Suikotsu. - El peliblanco permaneció en silencio, intentando no demostrar todo lo que sintió al escuchar esas palabras. - No vayas a molestarla...
- No te metas en lo que no te incumbe.
- Lamento decírtelo, pero si me incumbe, Rin es mi amiga... Y por algo no te dijo donde iba a estar, necesita estar sola por ahora. Dale un tiempo... Además, probablemente ya regresen en un par de días.
El Taisho lo miró con el ceño fruncido sin decir nada. Sintió un extraño presentimiento en su interior... Aún así, Inuyasha tenía razón. Por más que quería estar a su lado en este momento, lo mejor sería darle su espacio por ahora, entendía que quizás eso era lo que ella necesitaba.
***
- ¿Estás segura de que esto es lo que quieres? - Le preguntó Kagome a su amiga, mientras miraba fijamente hacia la laguna que había frente a ellas, en el tranquilo parque donde estaban sentadas.
- Es lo que necesito... Aún así, no puedo evitar sentir como... Si estuviera escapando. Supongo que con el tiempo dejará de sentirse así. - Sonrió. - Es raro, ¿Sabes? Por primera vez en mi vida soy completamente libre de hacer lo que quiera y... No tengo ni la menor idea de qué hacer. - Suspiró. - Por primera vez no tengo nada decidido...
- ¿De verdad no piensas decirle nada a Sesshomaru?
La castaña negó.
- No podría despedirme de él. - Calló por un momento. - Pero esta vez estoy tranquila... Si lo que él me dijo es verdad... Si realmente estamos destinados, entonces algún día nos volveremos a encontrar. Y ojalá sea en mejores circunstancias que estas... - Dijo con una corta sonrisa y dejó de concentrarse en los peces que nadaban en la laguna para girarse a ver a su amiga.- ¿Qué pasa Kagome? ¿Estás llorando?
- ¡No! - Rin la miró sonriendo. - Un poco... Es sólo que... Te voy a extrañar. Llevamos cuánto, ¿más de 6 años viviendo juntas? Nunca me he separado de ti por más de una semana... No me puedo acostumbrar a la idea de que quizás no te volveré a ver.
Rin la abrazó con fuerza.
- Nos volveremos a ver, te lo prometo. Eres la única familia que me queda, no te dejaré tan fácilmente. - Kagome sonrió y se limpió las lágrimas de su cara. - ¿Ya le diste las buenas noticias a Inuyasha? - Preguntó la castaña y la mayor asintió. - ¿Qué dijo? ¿Está feliz?
- Al principio se asustó, vivir juntos es un gran compromiso para él... - Rin se carcajeó. - Pero ahora está feliz y emocionado.
- Me alegro amiga, estoy muy feliz por ustedes, de verdad.
- Gracias Rin... - La tomó con firmeza de sus hombros. - Y tú, por favor prométeme que si te sientes sola vas a volver, sabes que siempre tendrás un lugar aquí. - La castaña asintió. - ¡Di que lo prometes!
- ¡Siiii mamá, lo prometo! - Le dijo entre risas, Kagome la miró con sus ojos entrecerrados.
- Más te vale.
***
- Hola Kagome, ¿Buscas a Inuyasha? - Preguntó el moreno al verla entrar en las oficinas.
- ¡Hola Koga!, siiii
Rápidamente el peliblanco salió de su oficina cuando creyó escuchar su escandalosa voz... Si Kagome estaba de vuelta, eso quería decir que Rin también.
- ¿Sabes si está en su oficina? - Preguntó la pelinegra.
- Si, ahí viene... - Respondió Koga mirando en la dirección de dónde Inuyasha venía caminando hacia ellos. - Me enteré de la noticia, ¡Felicitaciones! Finalmente se mudarán juntos.
- ¡Siiii! - Respondió emocionada y no pudo evitar mirar a Sesshomaru, quien parecía ignorarlos, pero podía imaginarse que estaba atento a su conversación. - Hoy comenzaremos a ordenar mis cosas en su casa.
- Qué bueno, ya era hora. - Dijo riendo. - ¿Cómo está Rin? Le escribí cuando supe lo de su hermano, pero no he sabido nada de ella ¿Ella se quedará con el departamento?
- Rin está bien, mucho mejor. Y no... Ella se irá de viaje. - Respondió mirando al peliblanco de reojo. - Indefinidamente...
- ¿De verdad? - Preguntó algo asombrado. - ¿Cuándo?
- Pronto. Se quedó en casa terminando de ordenar sus cosas, mañana entregará el departamento.
Koga iba a preguntar algo más, cuando Sesshomaru salió caminando del lugar sin decir nada, llamando la atención de todos los que estaban ahí, que entendieron perfectamente a dónde se dirigía.
El peliblanco manejó a toda velocidad sin importarle nada más, lo único que podía pensar en ese momento era en que simplemente no podía aceptar la idea de no volver a verla.
No de nuevo.
Subió hasta llegar a su departamento y tocó el timbre sintiendo un dolor en su estómago de sólo pensar en qué ella no le abriría o peor aún, que ya no estaría ahí.
Pero todo se esfumó cuando la castaña apareció por la puerta, tan hermosa como siempre y con sus profundos ojos chocolate bien abiertos.
- Sesshomaru... ¿Qué estás haciendo aquí?
Él miró hacia adentro y nuevamente algo se revolvió en su interior al darse cuenta que la mayoría de las cosas en su departamento ya estaban empacadas y que el lugar se veía prácticamente vacío... Rin se iría.
- ¿De verdad pensabas irte sin despedirte? - Preguntó con firmeza y tono molesto, la castaña lo miró extrañada y sintiéndose mal.
- Si... Pensé que quizás sería más fácil así, lo siento.
Él la miró fijamente y caminó acercándose a ella.
- Nunca va a ser fácil separarme de ti. - Fue lo último que dijo antes de poner una mano en su espalda y perder la otra entre sus cabellos castaños, apegándola a él.
Rin no pudo hacer más que perderse en sus ojos dorados que la miraban tan fijamente como si quisieran decirle algo que no lograba comprender, hasta que lo sintió tan cerca que dejó de verlo y simplemente se dejó llevar al sentir sus cálidos labios sobre los suyos, su lengua abrirse paso en su boca mientras jugueteaba con la suya y sus brazos envolverla con firmeza, apegándola cada vez más a su cuerpo.
Ahí estaba nuevamente esa sensación, pensó que quizás su mente había exagerado lo bien que se sentía ser besada por él, pero no. Era tal cual como lo recordaba...
Verano.
Sesshomaru subió ambas manos por su cintura, por su costado y por su cuello, hasta tomar su rostro con delicadeza y se separó de su beso para mirarla fijamente a los ojos, perdido en esa mirada que lo tenía completamente rendido desde el primer día.
Rin le sonrió sonrojada, intentando asimilar las mil y un sensaciones que recorrían su cuerpo y nublaban su mente, como su corazón latía tan fuerte que pensó que iba a salir de su pecho, hasta que lo escuchó hablar... Y en ese momento sintió que todo se detuvo.
- Te amo.
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