8
Inuyasha no había hablado desde que Miroku y Sango se habían ido para encontrar un lugar para quedarse hacia el centro de la ciudad - principalmente porque Sango quería fácil acceso a las tiendas. Pero para entonces, Kagome comenzaba a preocuparse. Inuyasha raramente era silencioso.
No se sentía saludable.
Los dedos de Kagome golpeteaban nerviosamente su taza mientras su mirada se desviaba de la mesa de la cocina hacia los estantes - básicamente a cualquier lado menos Inuyasha. Quería romper el silencio pero qué se supone que iba a decir? Este chico había perdido su vista permanentemente… alguien pensaría que era aún peor que perder tu vida - Inuyasha le pareció como una de esas personas.
De repente su silla tembló mientras decidía levantarse, Kagome volvió su atención, y probablemente dijo lo peor que pudiera decir en una situación como esta. "Quieres un poco de ayuda para levan-"
"Cállate!"
Kagome guardó silencio instantáneamente. Bueno, al menos había hablado.
"Eres tan sangrona y pegajosa - por qué no saltas de un acantilado y mueres!" espetó él bruscamente.
Sus palabras dolieron un poco… después de todo… sólo estaba preocupada por él y sintió un nudo formarse en su garganta. "Dios - no puedes aceptar que realmente me necesitas, verdad?!"
"Cállate, Kagome!" espetó él.
"No!"
Él se giró de repente y la agarró rudamente por sus hombros. Kagome emitió un asustado chillido. "Qué tal si te ahorro el problema de tener que usar ese tonto cerebro tuyo y te lanzo por la ventana y el acantilado!"
Kagome palideció. "No sabes dónde está la ventana!"
Él los giró abruptamente para que su espalda estuviera hacia la ventana de la cocina y comenzó a levantarla. Ella entró en pánico e inmediatamente extendió su mano, golpeándolo duro en su costado y pateándolo duro en la entrepierna. Él dejó escapar un grito de dolor y la soltó bruscamente, cayendo junto con ella.
Kagome retrocedió rápidamente contra los gabinetes bajo el lavaplatos y lo miró. "Estás loco!"
"Estoy ciego!"
"No me asustes así!" ella llevó sus temblorosas manos a sus rodillas y trató de pasar el tembloroso sollozo que subió a su garganta, pero no pudo contenerlo y comenzó a llorar.
La cabeza de Inuyasha se levantó y se tambaleó para sentarse. "Qué estás haciendo?"
"Estoy llorando, idiota!" se sonó, cerrando sus ojos y deteniendo las lágrimas que sólo brotaban libremente por su rostro. "Y-yo intento ser amable y me lo devuelves en mi cara!"
"Deja de llorar ya!" le ordenó él.
"Entonces deja de gritarme!"
"No estoy gritando!"
"Sí lo estás!" chilló ella. "Y deliberadamente trataste de asustarme!"
"Deja de llorar!"
"Basura!"
"Lo siento, sí - lo siento!" él lucía agitado. "Sólo no llores."
Kagome hipó y los sollozos subsidiaron con shock de que realmente estuviera disculpándose. "Lo sientes?"
Él asintió. "Sólo estoy un poco enojado, supongo."
Kagome sonrió y se movió para abrazarlo en el abrazo de oso más grande que pudo lograr, contenta de que no la rechazó. "Yo también… pero nos las arreglaremos, sí?"
Él no respondió, excepto que se separó levemente y pasó una mano por su rostro. Kagome lo miró confundida. "Qué estás haciendo?"
"Memorizando un rostro que nunca llegaré a ver."
Las cejas de Kagome se juntaron y lo haló en otro fiero abrazo. No era como si pudiera decir 'no te preocupes, me verás algún día' o 'todo estará bien', porque eso sería estar mintiendo.
Ella estuvo por decir algo cuando se separó, gritando de dolor. Kagome se alejó. "Qué pasa?!"
Inuyasha apretó su pantorrilla, ojos cerrados con mucho dolor, "Mi pierna!"
"Qué?"
"Duele!" jadeó él.
Rápidamente, Kagome se precipitó y levantó el dobladillo de su pantalón hasta su rodilla. Inmediatamente el problema fue evidente.
Justo bajo la suave cicatriz de esa herida de bala la carne parecía brillar de un fuerte e intermitente rojo. "Qué demonios es eso?" jadeó ella, mirándolo con shock.
"Estamos recibiendo una señal." Kikyo se detuvo en seco en la calle y gesturizó hacia Kouga quien le giró sus ojos.
"Realmente deberías haber intentado esto antes, sabes." La regañó él.
"Me pagan la hora, haz tus matemáticas." Dijo ella sin levantar la mirada del aparato en su mano. "Bueno… agradecidamente el transmisor todavía no ha sido removido de la herida de bala."
"Le disparaste con un transmisor?" Kouga lucía incrédulo.
"No sólo una cara bonita, hm?" ella se giró lentamente hasta que la flecha estuviera apuntando hacia la destellante luz roja.
"Noroeste - hacia la costa."
Hacia la casa de Kagome, pero Kouga no dijo nada, y diplomáticamente siguió a Kikyo mientras se dirigía a paso apresurado por la calle.
"Qué hacemos?!" Kagome se movía nerviosamente mientras miraba a Inuyasha desde donde estaba recostado en el sofá, apretando la tela bajo él, pero manteniendo su boca cerrada ante cualquier grito de dolor que pudiera emitir. No respondía probablemente porque no confiaba en sí mismo para hablar normalmente.
"De acuerdo…" Kagome se puso de rodillas y le dio un vistazo más de cerca a su pierna derecha. "Parece… como un destellante rojo profundo bajo la piel… hay algo ahí y está curado."
"La… bala…" gruñó Inuyasha.
"Pero Miroku la removió con tenazas!" Kagome sacudió su cabeza. "Hay algo más… a menos… que estuviera atado a la bala y Miroku no sabía que estaba ahí así que se le pasó o algo!"
"Kagome… cállate… y sácalo…" dijo él con forzada calma. "Todo mi lado derecho… está seriamente encalambrado…"
"Cómo lo saco?!" gritó ella, poniéndose de pie. "No soy cirujana!"
"Yo no puedo hacerlo!"
"Pero tus… garras y… cortas - oh por el amor de dios - llamaré a Miroku!"
"NO!" Inuyasha agarró su muñeca antes de que pudiera correr y la haló para que cayera de rodillas. "Para cuando ese tarado llegue aquí los otros me habrán encontrado."
"Qué?"
"Es un transmisor, tonta!" jadeó él y señaló su pierna. "Probablemente está enviando una señal en ese minuto - probablemente hay gente del instituto conduciendo hacia esta casa en este momento - podrían derribar la puerta en cualquier segundo!"
"Pero-"
"No podemos esperar por ese doctor tuyo! Tienes que sacarlo AHORA antes de que me encuentren!" gritó él.
"Pero no puedo cortarte!" gritó ella, la simple idea de causarle dolor fue suficiente para enviar una gota de transpiración por su frente.
"Tienes que hacerlo! Córtame o me capturan!" él levantó una mano para presionar el costado de su cabeza como si tuviera una migraña. "Por favor Kagome…"
Ella lo miró, respirando duro y evaluando lo que había dicho antes de asentir fervientemente. "Bien… de acuerdo… traeré un escalpelo."
Kagome permanecía ante él, escalpelo sujeto en su mano y un poco roja en las mejillas. Estaba avergonzada de que casi le había tomado una hora recoger el maldito escalpelo y ahora estaba intentando forzarse a contemplar cortar la pierna de Inuyasha.
"Pero no tenemos anestesia!" chilló ella. "Te lastimaré!"
"Duele como si tuviera mil cuchillos clavados en mi pierna! Uno más no me molestará!" él estaba presionando sus puños duro contra sus ojos. Kagome sabía muy bien que el dolor en su pierna había desatado una reacción en cadena de dolor durante la hora pasada y no sólo su pierna le dolía sino que su cabeza también, y aparentemente sus ojos también estaban dándole problemas. Y aquí estaba de pie como una tonta mientras pasaban los segundos. El enemigo podría venir en camino en ese mismo momento.
"De acuerdo… de acuerdo… puedo hacer esto." Ella tomó un profundo respiro y se hundió de rodillas a su lado con sus ojos cerrados.
"NO LO HAGAS CON TUS MALDITOS OJOS CERRADOS!" Gritó Inuyasha.
"Cómo lo supiste?!" ella lo miró.
"Pude escucharlo!" gritó él. "Deja de ser una chiquilla y hazlo! No me importa!"
"Lo haré!" ella acercó la punta del escalpelo a la cicatriz en su pantorrilla y mordió su labio. Estaba diciendo una pequeña oración por lo bajo mientras se acercaba poco a poco hasta que su mano descansaba en su pierna al lado de la vieja herida y su otra mano sujetaba la hoja a milímetros sobre la piel.
"A la cuenta de tres…" dijo Inuyasha lentamente, comenzando a jadear. "Uno… dos… tres…"
"Hazlo a cinco - no espera - diez!"
"Kagome!"
"Bueno, bueno…" ella cerró sus ojos y sacudió su cabeza brevemente antes de enfocar su atención en su pierna. "Vamos a contar juntos."
Así lo hicieron. "Uno… dos… tres-"
"NO, no puedo hacerlo!" Ella se retractó rápidamente con un grito que lo hizo gruñir.
"Kagome! Esto estará en tu cabeza si me encuentran!" jadeó él. "Pensé que ibas a protegerme!"
"L-lo haré…" tartamudeó ella. "Sólo dame un minuto…"
"Hazlo ahora, Kagome! O te perseguiré hasta que mueras!"
"Estás diciendo que te matarían?!"
"SI! CUALQUIER COSA - SÓLO SACA EL TRANSMISOR DE MI MALDITA PIERNA!" gritó él.
Kagome hizo una mueca y se acercó. "Bien! Pero no grites de lo contrario me moverás y podría cortar tu pierna."
"Kagome…" dijo él en advertencia, pero fue interrumpido cuando un frío dolor se disparó por su pierna. No fue nada comparado al dolor que explotaba detrás de sus ojos, y podría jurar que pudo ver luces de colores destellando.
"Deja de moverte!" Advirtió Kagome, haciendo una horrible mueca mientras cortaba más profundo. "Y no me hagas esa cara! Estoy haciendo lo mejor que puedo!"
"No es personal!" gruñó él.
Finalmente logró encontrar el luminoso aparato miniatura en su pierna. Para ella, parecía una de aquellas pequeñas SIM cards que encuentras en los teléfonos - excepto que tenía una destellante luz roja y un tablero electrónico atrás. Lo sacó con cuidado, haciendo una mueca cuando lo escuchó gruñir antes de presionar una toalla firmemente contra la herida y lo levantaba para mirarlo. "Está fuera!" respiró ella con alivio.
"Entonces destrúyelo!"
"Es muy plano! No puedo quebrarlo!" Ella mordió su labio y limpió la sangre. Frunció cuando vio el logo al lado de la luz roja. "Laboratorio Central de Ciencias?"
"Tíralo!"
Y lo hizo… en la caneca.
"Kagome… a menos que los hombres de la basura vengan en los próximos cinco minutos la señal aún estará AQUÍ!" dijo él pacientemente mientras escuchaba la tapa metálica de la caneca cerrarse.
"Ah!" Kagome retiró la tapa de la caneca y comenzó a escarbar por la luz roja - nada placentero el trabajo. "Qué hago con él?"
"Usa tu imaginación!"
Los ojos de Kouga estaban fijos firmemente en la casa acercándose en el horizonte. Donde sabía que Inuyasha y Kagome estaban. Los ojos de Kikyo estaban firmemente pegados a la pequeña pantalla en su aparato manual mientras subían por el camino. Era inconsciente de la cercanía de la casa adelante.
"Cuatrocientos metros y acercándose." Le informó ella.
Kouga asintió. Encontrarían a Inuyasha de seguro.
De repente Kikyo se detuvo y levantó una mano para detenerlo también. "Espera… las señales se mueven… se dirigen directo hacia nosotros!" ella miró adelante hacia la casa. "Viene a nosotros!"
Kouga frunció sus ojos… no podía ver nada.
Kikyo miró su pantalla verde, la parpadeante luz roja se acercaba a asombrosa velocidad. "Definitivamente está vivo… y muy rápido… trescientos metros y acercándose!"
Kouga miró de un lado a otro. Aún no había Inuyasha.
"Cien yardas y acercándose! Está aumentando la velocidad!" ella levantó su cabeza para revisar el suelo. "Debe estar en el rango!"
Kouga apretó sus puños y se preparó para pelear si fuera necesario.
"Cinco metros!" Kikyo se giró de repente para encarar el otro camino. "Nos ha pasado…"
Kouga miró el camino antes de notar algo a un lado de la carretera. Un registro. "La señal es subterránea."
Kikyo también miró el registro y suspiró. "Lo ha tirado a las cloacas." Ella bajó el aparato y lo colgó en su cinturón. "Bueno, al menos ahora sabemos que está vivo. Y sabe muy bien que estamos tras él. Vamos Ookami."
Ella comenzó a regresar por la carretera. Kouga le dirigió una mirada a la casa donde las líneas de las alcantarillas deben estar conectadas a la estructura. No se le había ocurrido a Kikyo que la señal había comenzado desde ese punto.
Sacudió su cabeza y siguió a Kikyo. Lo que no entendía era que Inuyasha parecía estar quedándose en un lugar. El sentido común debería haberle dicho a ese perro pulgoso que necesitaba moverse si estaba siendo buscado. Una niñita no podría esconderlo para siempre… a menos… que algo estuviese pasando entre ellos… algo que habría detenido a Inuyasha de moverse.
Bueno… eso explicaría los muchos, muchos condones extra largos que Kagome había comprado hace poco tiempo…
Kagome entró a la sala de nuevo y se desplomó al lado de Inuyasha, físicamente temblando y bañada de un sudor frío en su piel. "Lo mandé por el inodoro."
"Bien…" Inuyasha suspiró y luchó por sentarse. Kagome le dio una mano, aunque Inuyasha sólo la rechazó. "Eso me da un poco más de tiempo."
Kagome abrió su boca. "Estás hablando como si eventualmente te encontrarán. No lo harán. No cuando me tienes."
"No voy a discutir esto otra vez…" dijo él tranquilamente, frotando sus sienes. "Te perdono esta vez… pero sólo porque tengo un punzante dolor de cabeza."
Kagome tocó su mejilla tiernamente antes de dirigirse hacia la cocina para traer vendajes limpios para la herida que había hecho en su pierna. Al menos ese pequeño susto había subido un poco sus espíritus.
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