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Cocoa… una cura para todo lo que te duele." Kagome le alcanzó la taza caliente a Inuyasha al otro lado de la mesa de la cocina. Estaba vestido - ella no - por lo único que no tenía que preocuparse en su presencia era vestirse eficientemente. Así que aún estaba en su pijama.
"Puede curar la ceguera?" Se quejó Inuyasha como usualmente lo hacía en las mañanas.
"Podría. Pero cura… el hambre… y…" ella lucía pensativa. "Y la sed."
"Vaya, realmente estás exprimiendo tu cerebro." Él le dio una tentativa olfateada y luego un pequeño sorbo antes de toser un poco. "Caliente!"
"Tienes que soplarlo antes de beber." Señaló ella un poco tarde.
Él hizo una mueca e hizo lo que le aconsejó y lentamente tomó otro sorbo. "Mm… probablemente sabría bien si mi lengua no estuviera quemada."
Kagome estuvo por responder a eso cuando sonó el timbre. Cerró su boca y miró por la puerta de la cocina hacia la puerta. Inuyasha inmediatamente levantó su cabeza y gruñó. "Kouga."
"Kouga?!" Kagome se levantó de un salto y agarró el brazo de Inuyasha para alejarlo de la mesa.
"Oye!" protestó Inuyasha cuando el chocolate caliente se derramó en su muslo.
"No hay tiempo! Escóndete!" él lo metió en una habitación y cerró la puerta tras él antes de componerse para responder la puerta. Cuando lo hizo la abrió con una gran sonrisa. "Oh, hola otra vez, Kouga!"
"Hola Kagome." Saludó él simplemente.
"Aún buscas a tu amigo? - Porque no lo he visto todavía." Dijo ella, sus dedos retorciéndose tras su espalda como lo hacían usualmente cuando decía una mentira.
"Nah… en realidad quería preguntarte si podríamos hablar algún día." Él ladeó su cabeza levemente, su mirada la pasó hacia la puerta de la habitación donde estaba seguro podía escuchar leves sonidos.
Kagome, quien no podía escuchar nada con su audición, no se dio cuenta de lo que estaba haciendo. "Hablar? Sobre qué?"
"Cosas… tal vez con una bebida y algo de comer en Starbucks." Él se encogió y le destelló una apuesta sonrisa.
Kagome no tuvo el corazón para desilusionarlo. "De acuerdo… cuándo quieres hablar?"
"Esta noche si es posible." Pero sólo porque esta era la única oportunidad para alejarse de Kikyo quien estaba de regreso con sus amigos militares en la costa. Si ellos encontraban la casa y a Inuyasha - Kouga no quería que encontraran a Kagome y también la castigaran.
"B-bien." Tartamudeó ella levemente, esperando que no estuviera muy sonrojada.
"Grandioso, te veo entonces." Él sonrió de nuevo y se giró.
"Adiós!" Kagome suspiró y cerró la puerta.
Un gran golpe de la puerta de la habitación siendo abierta a la fuerza puso su mente en perspectiva. "Oh no…"
"Kagome!"
"No comiences conmigo, Inuyasha!" ella se giró y levantó un dedo para regañarlo mientras se precipitaba hacia ella, conociendo su camino por la casa a pesar de su falta de visión.
"Qué demonios crees que estás haciendo?!" rugió él, llegando cara a cara con ella.
"Yendo a una cita! Tienes un problema con eso?" gruñó ella.
"Pero él es uno de ellos!" siseó él.
"No es como tú?"
"Nació y fue criado pero es uno de un puñado que trabaja para el instituto. Es su única oportunidad para salir del complejo ocasionalmente - es un cobarde ruin y traicionero! Y ahogaría a su propia madre en el río para mantener su posición como perro faldero!"
"Oh, estás exagerando." Ella ondeó una mano en despedida y lo pasó. Él la siguió como una sombra.
"No puedes verlo!" espetó él como un padre/hermano/novio/amigo sobre protector.
"Por qué no?"
"Porque te lastimará!" espetó él.
Kagome suspiró y se giró para encararlo, haciéndolo estrellarse con ella inesperadamente. Cuando los estabilizó, comenzó de nuevo. "Estás sobreactuando. No intentaría nada en un lugar público - y de cualquier forma - si lo veo entonces puedo obtener algo de información sobre tu búsqueda que servirá a nuestra ventaja."
"Como si - sólo quieres pegar cara con él!"
"Pegar-cara?" ella le jadeó. "Eres increíble!"
"Por qué? Lo hiciste conmigo!"
"Llámalo besar, sí? Sólo besar!"
"Entonces estás diciendo que lo besarás?" él frunció sus ojos.
"Estoy diciendo que haré lo que tenga que hacer para ayudarte." Respondió y se dirigió hacia la cocina. "Además. Me estoy aburriendo. He pasado años encerrada en esta casa con nada que hacer además de mirarte." Ella pasó el refrigerador hacia los gabinetes.
"Me miras? Eso es enfermo… bueno… te gustaría si yo te mirara?" él pretendió mirarla - o más - al refrigerador.
"Estoy aquí, Inuyasha." Le dijo planamente desde el lavaplatos.
"Lo sabía." Dijo él y se encontró una silla para sentarse.
"Cuida la casa, sí?" Llamó ella mientras recogía su bolsa y llaves del corredor.
"Piensa en lo que dijiste." Le dijo Inuyasha.
"Um… de acuerdo… SIENTE la casa mientras me voy, sí?" ella agarró su chaqueta.
Inuyasha se levantó de su posición en el sofá. "A dónde vas?!"
"A una cita."
"Pensé que lo discutimos." Espetó él enojado.
"No, discutimos y yo gané, recuerdas."
"Debo tener esa maldita amnesia otra vez." Dijo él sarcástico.
"Como sea, me voy." Dijo planamente y se fue por la puerta de la cocina.
"Te prohíbo ir a verlo! No es nada sino un mal problema!" gritó Inuyasha, pero no recibió nada sino silencio. "Kagome? Estás molesta?… Kagome…?"
En realidad, a mitad de la noche, Kagome estaba comenzando a desear que hubiese atendido la advertencia de Inuyasha. No es que Kouga estuviera asustándola ni nada… sólo estaba aburriéndola…
Estaba sentado ahí hablando sobre esto y aquello y cómo debía ser el hombre más afortunado en la tierra para tener una cita con una chica tan amable. Estuvo halagada al menos la primera vez que lo dijo. Pero entonces comenzó a aburrirse y su mirada bajaba de sus ojos a la mesa, comenzando a notar las pequeñas marcas en la madera.
"Entonces!" ella saltó cuando tomó una pausa para respirar. "Cómo va la búsqueda de tu amigo?"
Él la observó por un momento antes de responder. "No muy bien." Al menos eso era verdad.
"Cuándo lo perdiste?" preguntó Kagome con ojos inocentes mientras tomaba su cola con su pajilla.
"Hace casi una semana. Cayó de un rompeolas… estaba un poco dañado en algunas rocas abajo y no lo hemos visto desde entonces." Le dijo calmadamente.
"'Nosotros'?" repitió ella.
Él pareció morderse su propia lengua por su desliz. "Sus otros amigos y yo estamos buscándolo."
"Vaya… realmente debes tenerle cariño para pasar por tanto problema. Cuántos están buscando?" realmente iba por el oro.
"Bueno, somos yo… su novia, Kikyo… y al menos otras tres personas buscando en la costa."
Kagome no creyó la parte de la novia. Era muy improbable considerando que Inuyasha le había dicho sobre lo que pasaba en ese instituto al que pertenecían. Incluso pensarlo la hacía sentir un poco repulsiva.
"Lo siento, Kouga… no creo que este sándwich de pollo realmente esté de acuerdo conmigo… me siento un poco mal." Ella presionó una mano en su estómago para enfatizar. "Puedo ir a casa?"
"Quieres que te lleve?"
"Seguro." Después de todo, ella no quería caminar a casa sola en la oscuridad. Después de un tiempo Kagome comenzó a temblar debido al frío aire nocturno… así que Kouga amablemente le ofreció su chaqueta.
Caminaron a casa, conversando en el camino, algunas veces con largas pausas en la conversación donde caminaban en silencio. Cuando finalmente alcanzaron la casa vacacional en la costa Kagome se giró hacia Kouga, recordando fingir su malestar. Los hizo detenerse en la puerta del antejardín, no queriendo que se aproximara completamente a la casa porque probablemente Inuyasha aún estaba ahí. A menos que hubiese decidido ir a caminar solo y hubiese caído del acantilado en algún lugar.
"Gracias por la noche, Kouga." Sonrió débilmente como si el simple movimiento de labios estuviera causándole dolor y le devolvió su chaqueta.
"Estás segura que estarás bien?" preguntó él con genuina preocupación.
"Estoy segura que puedo encontrar el camino." Ella miró la casa que sólo estaba a unos metros.
"Entonces no importa. Tal vez la próxima vez." Él acarició su mentón afectuosamente y se retiró.
Kagome lo observó irse, asegurándose de que se fuera definitivamente antes de dirigirse a la casa. "Inuyasha?"
"Perra escurridiza!"
Un zapato salió volando de la puerta para golpear la pared a sólo un metro de ella. Saltó automáticamente de la sorpresa, pero sabía que Inuyasha debió haber apuntado para fallar incluso si estuviera ciego. Porque nunca fallaba.
"Qué te hizo cambiar?" ella asomó su cabeza por la puerta.
"Tú! No puedo creerte! Sólo saliste con él para molestarme!"
"Tal vez!" dijo ella fuerte, aún cuando esa no había sido la razón.
Inuyasha se levantó del sofá y encontró su camino hacia ella, inclinándose levemente para inhalar profundo.
"Apestas a él!" acusó él acaloradamente.
"Cómo lo sabrías?"
"Ha estado sobre ti, verdad?!" Gritó Inuyasha.
Le tomó a Kagome un momento entender por qué olía a Kouga, pero antes de que pudiera responder, Inuyasha estaba saliendo de su línea de visión. "Como sea… no me importa lo que hiciste."
Kagome lo siguió a la cocina. "Sí, te importa, de lo contrario no estarías actuando así."
"Así cómo?"
"Como si estuvieras celoso."
Él frunció. "NO lo estoy."
"Sí lo ESTÁS!" Frunció Kagome y se deslizó frente a él para bloquearlo de huir otra vez. "Verdad?"
"Eres una decepción!" él se giró y se sentó en la silla más cercana que encontró. "Y no quiero hablar más sobre Ookami."
"Bien." Kagome permaneció tensa por un tiempo con sus brazos cruzados y una apretada línea en sus labios. "Averigüé más sobre tu búsqueda."
"Dije que no quiero-"
"No me importa lo que dijiste, Inuyasha!" interrumpió ella. "Me dijo que él y una mujer están buscándote y tal vez otros tres por la costa. Lo que significa que podría haber un mínimo de cinco personas allá afuera, removiendo la arena por ti!"
"Fuiste a una cita para averiguar ESO?" él hizo una mueca.
Kagome apretó sus puños. "Podría ayudarnos a alejarnos de su camino. Así que si escuchas pasar a alguien llamada Kikyo - corre por tu vida."
"Correr a dónde? Y no es como si pudiera salir." Gruñó Inuyasha.
Kagome se relajó un poco. No se había dado cuenta que había estado tan tensa desde que Kouga le contó de Kikyo siendo la novia de Inuyasha, aún cuando hubiese sabido que era una ridícula noción. Pero aún estaba aliviada de escuchar la prueba de que no había reaccionado a su nombre. Probablemente nunca la había conocido antes, considerando que había logrado evitar a las mujeres por cuántos años?
Ella tomó un profundo respiro y dejó salir un suspiro. "Sólo dale tiempo sí… Miroku pasará en unos días… para entonces deberías recuperar tu vista y puedo sacarte a salvo."
"Dios mío…"
"Qué?" Kagome miró ansiosa entre Inuyasha y Miroku. Sango estaba detrás de Kagome, luciendo preocupada.
"Cómo demonios te curaste tan rápido?" Le preguntó Miroku a Inuyasha.
Pero los labios de Inuyasha estaban presionados levemente y se rehusó a hablar. Miroku miró a Kagome por un poco de ayuda. Así que respondió en lugar de Inuyasha. "Él es… un rápido curador, supongo…"
"Incluso sin cicatrices." Miroku tocó levemente el hombro del otro joven, como si probara la piel. Kagome vio los puños de Inuyasha cerrarse y aclaró su garganta en advertencia.
Kagome miró a Sango quien claramente estaba manteniéndose fuera del camino. En verdad Inuyasha parecía ponerla nerviosa… además el hecho de que se supone no debería estar aquí no ayudaba. Se había escabullido con Miroku en su auto sin el permiso de su padre para acompañar a su novio a hacerle un chequeo al extraño. Y se mantenía recordándole a Kagome que su madre la quería de regreso muy pronto y tenía que estarse preguntando cómo estaba Kagome sola.
"Sus ojos están curados?" Preguntó Kagome abruptamente mientras Miroku parecía estar pensando en la situación principal desde que la habilidad de curación de Inuyasha lo maravilló.
"Oh sí…" Miroku sacó una linterna de su bolsillo y la encendió. "Mira hacia adelante."
Kagome esperó por que Inuyasha saliera con una respuesta a lo que Miroku había dicho, pero sorprendentemente su boca permaneció sellada. Aunque no parecía como si estuviera oponiéndose a mirar al frente.
Miroku destelló la luz en el ojo izquierdo de Inuyasha, luego el derecho y frunció un poco. A Kagome no le gustó la forma como frunció. "Qué pasa?"
"Es como si tuviese una bebida de mentol o algo…" Miroku suspiró.
"En términos claros, Einstein." Le dijo Sango.
"Puedes ver la luz de la linterna?" preguntó Miroku.
Por la forma como frunció Inuyasha, Kagome no creyó que hubiese sabido que Miroku había estado destellándole una linterna. "No puede verla."
"Qué, eres síquica?" Miroku la miró. "Por qué no puede hablar?"
"No te hablará. Eres un doctor." Dijo Kagome simplemente, disparándole a Inuyasha una nerviosa mirada.
"Y…?" Esto claramente no cruzó la mente de Miroku como algo de qué apenarse.
"No le gustan los doctores." Kagome se encogió. Él todavía no le había dicho por qué no le gustaban los doctores, pero ahora no era el momento para preguntar. "Y cuál es el pronóstico con sus ojos?"
Miroku suspiró tristemente y ondeó su mano ante los ojos de Inuyasha. "No puede ver luz… y no puede diferenciar entre luz y oscuridad incluso después de dos semanas. La mayoría de las personas que sufren daño retinal habrían recuperado al menos algo si fueran a recuperar sus vistas."
La sangre de Kagome se congeló. "Qué estás diciendo?"
"Estoy diciendo que no ha mostrado signos de mejoría… y después de dos semanas no habrá posibilidad de recuperación." Le dijo tranquilamente. "Me temo que esto va a ser permanente."
El silencio que siguió prácticamente fue doloroso. Miroku y Sango miraron a Kagome quien sólo podía escuchar el sonido de sus rápidos latidos en sus oídos. La cabeza de Inuyasha se hundió levemente… desapercibida.
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