6
"Gracias, Sr. y Sra. Ookami. Su habitación está rodeando la esquina - número dieciocho." El empleado le sonrió felizmente a la nueva pareja. "Disfruten su luna de miel en nuestro Resort."
"Lo haremos!" Respondió Kikyo y arrastró a su 'esposo' Kouga tan rápidamente como fuera posible antes de cerrar.
Entraron a su suite y Kikyo inmediatamente se puso a revisar el lugar por bichos (del tipo auditivo, no del tipo que pican) mientras Kouga se tomaba su tiempo disfrutando de las mentas gratis en las almohadas de la enorme cama emperador.
"Tengo una teoría." Dijo Kikyo, regresando a la habitación del baño.
"Las sábanas no están lavadas apropiadamente?" Adivinó Kouga, inspeccionando críticamente el satín bajo él.
"No - es sobre Inu."
"Se llama Inuyasha."
"Me importa?" Resopló Kikyo y se sentó en la cama, cruzando sus piernas delicadamente y colocando sus manos en su regazo. "Creo que es muy lógico asumir que ha sido recogido por alguien."
"Oh sí?" Kouga no sonó interesado.
"O secuestrado por alguien." Asintió ella.
"Extraterrestres?"
"No - humanos." Asombrosamente ella lo había tomado seriamente. "Ningún hombre en el instituto ha logrado encontrar su cuerpo en un radio de diez millas de la costa, y han registrado el océano entre aquí y allá. Así que o ha flotado más allá del radio como un cadáver - o alguien lo encontró y cuida de él."
"Por qué piensas eso?"
"Porque si hubiese muerto desangrado, estaría allá afuera esperando por nosotros para encontrar su cuerpo. Y no podría ser enviado al hospital, de lo contrario la herida de bala ya habría sido reportada. O estaría en una morgue... pero he revisado todas las locales y no está en ninguna."
"Tal vez hizo una parada en la ciudad después de todo?" Kouga se acostó en la cama, mirando el techo.
"No con su apariencia. Y he revisado los hospitales en las ciudades cercanas, e incluso en Tokio."
"Entonces está por aquí en algún lugar siendo hospedado por alguien que no dice nada." Kouga se encogió. "Tal vez está despierto y los ha hecho guardar el secreto."
"Eso creo." Kikyo sonrió. "Nos estamos acercando. Lo sé."
Probablemente no había razón de por qué despertó a mitad de la noche, además del hecho de que su boca estaba seca y quería un vaso de agua. Kagome se levantó, bostezando, y se dirigió con pies arrastrados fuera de su habitación hacia la cocina. Estaba oscuro afuera, así que no podía ver nada además de las polillas que colgaban de las ventanas debido a la luz de la cocina.
Se sirvió un vaso de agua y pausó un momento para tomar unos sorbos. Casi suelta el vaso completamente cuando un masculino grito atravesó el aire.
"ALÉJATE DE MI!"
Era Inuyasha, gritando a todo pulmón. Sin ninguna consideración por su propia seguridad, atravesó la casa hacia la habitación y abrió la puerta. Esperaba que alguien estuviera sobre él... pero no había nadie además de él mismo.
Estaba retorcido en las sábanas, forcejeando como si estuviera atrapado por amarres invisibles e incapaz de alejarse de lo que sea que estuviera causándole su sufrimiento. "Inuyasha!" gritó ella, intentando despertarlo. Pero no respondió.
"Dos, dos, nueve O..." la respiración de Inuyasha estaba tornándose laboriosa. "Era él...! No me toques! Te mataré!"
No estaba gritándole esto a Kagome... sino a algún fantasma en su sueño.
"INUYASHA!" Kagome no quería acercarse más a la cama debido a la forma en que estaba azotando esas extremidades y afiladas garras suyas.
"Mi brazo!"
Kagome no pudo soportarlo más y vació el agua del vaso en su cara. Casi de una vez sus movimientos se detuvieron y se tomó un momento para calmar su respiración y abrir sus ojos. "Quién está ahí?"
Kagome tragó aliviada de que estuviera despierto.
"Quién está ahí?!" Dijo Inuyasha más urgentemente, sentándose derecho.
"Soy yo, Kagome! Tenías un mal sueño." Ella se sentó a su lado, tocando su brazo suavemente. "Pero ahora está bien, sólo fue un-"
El resto de su oración murió en su garganta con un grito ahogado cuando de repente él la haló rudamente en un abrazo quiebra huesos... literalmente. Apenas podía respirar, mucho menos sentir más sus brazos. Fue tan totalmente inesperado que se sentó perpleja por unos momentos, su mentón descansaba en sus hombros con su rostro hundido en su cabello.
Después de unos minutos, él pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y se separó un poco. "Um..." fue todo lo que pudo decir.
"Un mal sueño?" intentó ella, sin molestarse en resistir la urgencia de retirar sus mechones de su frente. "Estabas gritando."
"Yo no grito."
"Bueno, no piensas eso porque estabas dormido cuando hablaste y gritaste, así que no sabes que estás haciéndolo." Señaló ella lógicamente.
Él se desplomó rápidamente.
El interés de Kagome destelló rápidamente en lo que había estado diciendo antes. "Qué es dos, dos, nueve O, entonces?" preguntó ella, entrelazando sus dedos.
"Cállate."
Ser ordenada tan cortamente después de semejante muestra de emoción la intrigó. "No."
"No sabes de lo que estás hablando." Él se giró para alejarse de ella.
"Entonces dime." Rogó ella.
"Si lo supieras, te matarían."
"No quiero morir." Admitió ella sinceramente.
"Entonces no preguntes."
"Qué si no saben que pregunté?"
"Entonces aún lo sabrías. Y ellos saben que sabes, sin importar lo que sabes o no sabes."
"Qué?"
"No lo sé." Suspiró él.
"No asumirían que me dijiste todo sobre ellos si nunca me encuentran?" preguntó ella sinceramente. "Si es así, por qué no me dices para saber de lo que se supone me escondo?"
Él guardó silencio por largo tiempo, pero Kagome se sentó paciente, esperando que no se hubiese dormido. "No debes tratar con esto."
"Por qué no?"
"Porque eres muy buena. No mereces ser involucrada en cosas por tu cabeza."
"Ni tú. Estás ciego - me necesitas - nos ayudaremos mutuamente."
Él suspiró y se sentó de nuevo para encararla. "Estás cometiendo un error."
"Vas a decirme?"
"... Sí..." suspiró derrotado de nuevo.
"De acuerdo." Kagome se movió para ponerse cómoda, con una feliz sonrisa. "Entonces, quiénes son 'ellos'?"
"Personas malas." Dijo él simplemente.
"Lo sé - pero de dónde eres?"
"Una isla... pensé que si escapaba de ahí sería libre para siempre... pero, aunque he escapado, no creo que seré libre." Pasó una mano por su cabello. "Desde que nací, he estado en ese instituto... como experimento... físico y mentalmente, y tratado para mejorar. Nunca nos dejan salir a menos que sea noche, y en el día nos mantienen adentro en nuestras celdas o en pruebas en esas salas iluminadas."
Kagome lo miró en silencio, intentando absorber esta información. Esto realmente sonó mucho más serio que la guerra que había presumido antes. "En 'nuestras' celdas? Hay más personas como tú?"
"No... nunca fuimos iguales... siempre fuimos diferentes - siempre siendo mejorados o empeorados de alguna forma." Dijo él amargamente. "Hay sujetos ahí terminando su adolescencia... eso es lo mayor que llegamos... con todo tipo de cosas malas en sus cuerpos, dentro y fuera."
"De qué hablas?" Kagome le frunció.
"Nunca escuchaste de la experimentación genética?" preguntó él. "Donde te inyectan con el AND de un embrión o algo antes que crezca?"
"Eres...?"
"Parte perro."
"Y Kouga...?"
"Parte lobo..."
"Y los otros?"
"Conejos, gatos, monos, leones, ratas... nómbralos - algún pobre idiota está destinado a serlo."
"Y el código que dijiste antes, 'tres, dos, nueve, I' y 'dos, dos, nueve, O'?'" presionó Kagome.
"Tres dos nueve es mi código. Mi cambio de AND - la I por Inu. Y Kouga es dos, dos, nueve, O. Los dos y los nueve al final del código es el código canino."
"Esto es real?" Kagome lo miró planamente. "No estás inventando esto? Cómo puede pasar? Alguien debió haber descubierto esto hace años y detenerlo!"
"La gente que lo hace es una rama del gobierno. Eso es todo lo que sé. Eso es todo lo que saben todos. Pero nadie aquí en el continente entiende la extensión de la experimentación de allá. Inspectores vienen anualmente para revisar la investigación, y todo lo que el instituto les muestra es una vieja investigación de hace años sobre genes y cromosomas. Nos esconden..."
"Por qué...?" Kagome apretó sus manos en puños. "Cómo pueden hacer eso? Por qué?"
"Porque pueden. El hombre dirigiéndolo cree que es Dios. Puede hacer lo que quiera. Está tratando de crear los más fuertes e inimaginables seres humanos - pero aún así dice que somos animales. Los hombres ahí se burlan de nosotros con toda esa basura de los derechos humanos, sabiendo que están rompiendo cada regla en el libro, pero pueden salirse con la suya porque no estamos clasificados como humanos."
"Eso es horrible... no es de extrañar que quisieras huir..." Kagome tocó su brazo y su cabeza se giró hacia ella.
"Quería ser un hombre real, pero no me siento real... no con estos..." Él gesturizó hacia sus ojos. "Todo me ha sido robado..."
"Aún puedes ser real incluso si no puedes ver!" Protestó Kagome. "Mi tío-"
"Otra vez él?" Inuyasha echó hacia atrás su cabeza.
"Sí, él otra vez! Tenía muchas mujeres porque era bien parecido - no tenía que ver a las mujeres con quienes salía para saber que estaban mirándolo." Ella sonrió.
"Ninguna chica con autoestima me miraría dos veces. Y aún entonces sólo pensaría 'oh, mira ese monstruo'." Gruñó él.
"No sé... aún desde que tus heridas se curaron, creo que has sido bien parecido." Dijo ella. "Tus orejas son lindas... cualquier chica pasaría cualquier limitación visual para salir contigo."
"Eso me saca de tu liga entonces." Él cruzó sus brazos molesto.
"Por supuesto, la incapacidad de ser un idiota es un asunto totalmente diferente." Ella giró sus ojos.
"Nah... siempre estarías adelante mío en cualquier liga." Dijo él tranquilamente. "Cualquier día de la semana."
Kagome le frunció levemente, un poco compasiva. No pensaba que fuera un monstruo. Un idiota tal vez, pero no un monstruo. Para ella sólo era Inuyasha... Inuyasha con las orejas graciosas... pero escasamente era diferente a los chicos en su clase. Aparte del hecho de que no sabía quién era Pamela Anderson.
De repente sin más inhibición, ella se inclinó y presionó sus labios firmemente contra los suyos. La acción lo tomó por sorpresa completamente, y él la miró con amplios ojos ciegos. "Qué estás haciendo?" murmuró él contra sus labios.
Ella se separó un poco. "Besarte."
"Ah..."
Ella dudó por la mirada en su rostro que nunca antes había sido besado. Y si lo fue, se preocuparía desde que la única persona que ha conocido había sido del lado masculino de las especies.
"No deberías preocuparte que el instituto venga por ti. Juro que te protegeré." Prometió ella mientras se levantaba, deslizándose de la cama. "Buenas noches."
Estaba en la puerta cuando lo escuchó murmurar una respuesta casi inaudible. "No necesito protección."
Ella sonrió y se fue, cerrando la puerta firmemente para dejarlo dormir un poco. Él se recostó en la cama y rodó boca abajo en la almohada - su posición para pensar. Distraídamente frunció sus labios, reflexionando en la forma como se había sentido... tan suave...
Todo sobre ella era suave. Su cuerpo, su naturaleza y su caricia... excepto su temperamento, el cual podría igualar el suyo a veces. Era muy gentil para soportar esto... y ella era quien necesitaría protección. Y con sus ojos en el estado en el que estaban, dudaba que pudiese lograrlo.
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