5

"Algunas pistas? Algunas sospechas?"

"No todavía."

Naraku apretó sus puños contra la mesa de vidrio y tomó un profundo y calmado respiro mientras miraba a Kouga. "Debí saberlo mejor que dejar que un incompetente Ookami tratara con algo tan vital como esto."

Kikyo saltó en su defensa, pero realmente sólo porque quería un codazo ante el jefe. "En realidad, Ookami es uno de los mejores rastreadores en el instituto - secundado sólo por Inu, lo cual probablemente es por qué ha sido tan difícil rastrearlo… Ookami es el mejor recurso que tenemos."

Un leve frunce se formó entre las cejas de Kouga al ser llamado un 'recurso' como si fuera una especie de instrumento. Pero lo obligó a borrarse al momento que Naraku le puso los ojos encima. Era obvio que Kikyo fue exitosa en su intento por molestarlo más.

"Qué noticias tienes, animal?" Demandó Naraku calmado.

Kouga echó sus hombros un poco hacia atrás como si se preparara para algo. "Ninguna todavía. Pero estoy seguro que está en el pueblo costero."

"Cómo puedes estar tan seguro de eso si no tienes noticias?" Naraku frunció sus ojos una fracción.

"Porque está muy lejos de la ciudad de Tokio para hacer una parada. Nadie le permitiría subirse en sus medios de transporte. Además, con heridas como las que tiene es dudoso de que fuera capaz de lograr cruzar las montañas."

Naraku esperaba en silencio.

"Señor." Kouga añadió rápidamente después de darse cuenta que Naraku esperaba por él.

"Sin duda…" Naraku se movió en su silla y miró hacia Kikyo quien permanecía a unos pies tras Kouga. "Bueno, desde que el animal es tan incompetente, podríamos enviarle un pequeño cómplice, eh, Señorita Kikyo."

Ambos se tensaron.

"Sí… eso suena muy agradable." Él se recostó como si fuera un trato hecho. "Y no te atrevas a regresar a menos que tengas su cabeza o sepas dónde está."

Ambos maldijeron mental y repetidamente mientras salían de la oficina, lanzándose mutuas miradas sucias. Naraku parecía ser el único miembro feliz de la reunión - viendo que había enviado lejos a dos molestos bichos de un disparo.

Como matar dos pájaros con una piedra.

Kagome estaba comenzando a desarrollar un dolor de cabeza increíblemente severo para el final del tercer día con Inuyasha. Era como un niño de tres años… pero más grande… más malgeniado… y mucho más fuerte y más fácil de aburrirse.

Para comenzar, también había tomado residencia en su cama y ella había sido obligada a irse a la otra habitación que era levemente más grande, pero menos cálida. Y tenía que esperar de manos y pies por Inuyasha… aún cuando insistía que no necesitaba ayuda.

"Tienes tu camisa al revés." Le informó ella mientras entraba a la cocina, paso a mini-paso.

Se detuvo y frunció sus ojos. "Importa?"

"Uh… sí, porque la etiqueta está debajo de tu mentón." Ella se movió para levantarse de su banquillo. "Quieres ayuda para ponerla-"

"No!" espetó él furioso mientras ella retrocedía levemente.

"Sólo intentaba ayudar…" murmuró ella tranquila, sentándose lentamente. Desvió su atención al periódico matutino ante ella, e ignoró sus esfuerzos al otro lado de la mesa para retirar su camisa.

Era una de las nuevas, una de color gris, plana, un poco suelta y normal. Y aún tenía dificultad. Le dio un pequeño vistazo cuando la había removido completamente, diciéndose que sólo revisaba heridas. Pero al no ver rasguños o cicatrices - aparte de la piel estando un poco en carne viva en algunos lugares - su mirada permaneció un poco más de lo necesario en ese torso plano y duro. No sobre-musculoso pero con una cantidad decente de músculos para ser llamado 'muy sexy'. Aunque no veía alguna razón de por qué era particularmente fuerte - no cuando su padre había sido mucho más fuerte de apariencia pero había tenido problemas para levantarla del tobillo cuando tenía tres años… no es que lo hubiese intentado - aún era un buen padre en su cabeza.

Ella desvió su mirada cuando comenzó a ponerse su camisa y pretendió estar ocupada en hojear páginas, lamiendo su dedo índice mientras lentamente volteaba cada página con gran cuidado. Sólo porque Inuyasha estaba comenzando a tener problemas. Pero terminó eventualmente. "Ya. Ves, puedo hacer cosas solo."

Kagome le dio una rápida revisión antes de bajar la mirada. "Tus etiquetas aún están debajo de tu mentón." Le dijo cansadamente.

"Dispara…"

"Y ahora está por dentro."

Él dio un irritado gruñido y removió de nuevo su camisa. Su acción fue un poco ruda y Kagome hizo una mueca. "Oye, cuidado! Esa camisa costó dinero!"

"Como sea." Comenzó a ponérsela de nuevo pero Kagome suspiró.

"Otra vez lo haces mal." Señaló ella.

Él frunció. "Bien! Hazlo entonces!" él le lanzó la camisa con asombrosa puntería considerando que estaba ciego, y la golpeó suavemente en el pecho y cayó en su regazo. Le tomó unos segundos superar el shock inicial de que estuviera pidiendo ayuda. Durante los pasados tres días había despreciado cualquier ayuda de quien fuera, a pesar del hecho de que algunas veces la necesitaba, pero aún tenía su orgullo.

"De acuerdo," ella tomó la camisa y caminó hacia él, colocándola bien mientras lo hacía. "Brazos arriba!"

Él gruñó profundamente obedeciendo y sonrió levemente mientras deslizaba la camisa por sus brazos y cabeza - en forma correcta. Todo el proceso le recordó mucho de cuando tenía que vestir a Souta cuando su madre estaba presionada de tiempo en las mañanas de escuela. "También quieres que ate tus lazos?"

"No me trates como un niño." Gruñó él.

"Entonces deja de actuar como uno." Espetó ella y se sentó a su lado, ignorando la forma en que él se alejó levemente. Era algo a lo que se acostumbraría. No le gustaba estar cerca a otros - algunas personas eran así. Estaba bien… en tanto como no vivieras en Tokio.

"Me pasas el cereal?" preguntó él, extendiendo su mano expectante.

"Cuál es la palabra mágica que se supone agregas al final?" respondió ella.

"Me pasas el cereal… perra?"

"Aquí tienes." Ella le alcanzó las sobras de su propio desayuno y lo dejó masticar los azucarados contenidos. No es que pareciera importarle comer sus sobras. Aunque realmente pensaba que con alguien con un orgullo y un ego tan grande como el suyo, tendría un poco más de… vergüenza…?

"Cuchara?" demandó él de nuevo y su mano se extendió hacia ella, tomándola por sorpresa y estrellándose accidentalmente con el lado derecho de su pecho. Frunció levemente y estuvo por investigar un poco más cuando ella rechazó su mano bruscamente, sonrojándose hasta su línea del cabello. "Qué demonios son esos?"

Kagome miró, aún sonrojada furiosamente con su franqueza. "Qué quieres decir con 'qué son esos'?!" gruñó ella.

"Exactamente lo que dije. Eres sorda o qué?"

"Exactamente dónde has ESTADO durante los últimos dos milenios de evolución?" espetó ella. "Cómo puedes no saber cuáles son las partes de una mujer?"

"Nunca he conocido a una mujer - ya te dije!" le espetó él.

"Pero eso es imposible!" jadeó ella.

"Realmente no si vives en un lugar tan aislado como yo!"

"Y dónde era eso?!"

"En un- oye! No es tu asunto!" espetó él.

Kagome sintió su mejilla retorcerse levemente molesta. Había estado intentando sacarle por años el tema de quién era y qué era. Pero ha estado ocultándolo, y no estaba cerca a averiguar más que su nombre. Así que trató de cambiar de nuevo el tema. "No creo que nunca hayas conocido una mujer. Y aún si no, por qué no tuviste educación sexual?"

"S-sexo?" él parecía como si se hubiese tragado una grapadora. "No puedo haber tenido… eso… si nunca he visto una mujer."

"Educación!" jadeó ella. "Y obviamente no has tenido mucho de eso - tu gramática es horrible!"

Él cruzó sus brazos. "Tu punto?"

"Entonces nunca fuiste educado?" preguntó Kagome con cautela. Él sacudió su cabeza. "Nada?"

"Conozco sobre derechos humanos… eso es…" dijo él tranquilamente.

"Eres humano…?" ella quería saber.

"Parezco humano?" él giró su cabeza en su dirección, pero sin enfocar sus ojos en ella.

"Sí… pareces…" Kagome no estaba segura que fuera la respuesta correcta pero él se encogió de todas formas. "Cómo es que sólo sabes de derechos humanos?"

"Porque es un juego protector." Dijo él con una sarcástica sonrisa. "Como colgar carne en frente de un león hambriento."

Kagome no entendía… pero dudaba que fuera a decirle mucho más que eso. "Definitivamente no eres de aquí, verdad?"

"Qué me delata?"

"Bueno… estás huyendo de un grupo de personas." Su gran imaginación se activó… sólo para especular por supuesto. "Déjame adivinar - eres como esta NUEVA subespecie de humano que fue encontrado en alguna distante isla tropical por el gobierno que ha sido mantenido oculto y prisionero en una especie de laboratorio subterráneo?"

Él resopló. "Eres extraña."

"Lo sé. Pero sólo porque pareces estar susurrando códigos del gobierno… o militares en tu sueño." Ella se movió en su asiento para poder encararlo apropiadamente. "Dime… qué significa… 'tres dos nueve I'?"

Su tazón se estrelló tan fuerte que casi lo rompe. "Quién te dijo eso?"

"Tú." Dijo ella rápidamente, un poco sorprendida por su reacción. "En tu sueño."

"Me ves dormir?" espetó él, frunciéndole.

"No - cuando estabas inconsciente cuando te encontré."

Guardó silencio antes de sacudir su cabeza. "Eres una de ellos - tienes que serlo - yo NO hablo en mi sueño!"

"No estabas dormido - estabas inconsciente!" se infló ella.

"Dijiste que fue cuando estaba durmiendo!" gritó él.

"Mentí - demándame!" gritó ella igualmente agresiva.

"Así que estás mintiendo - entonces debes ser una de ellos!" él se alejó del banquillo y la mesa de la cocina.

"Quiénes son 'ellos'?!" Kagome se levantó también, girándose lentamente mientras se alejaba de ella. Su hombro lastimado se conectó con el marco de la puerta y jadeó de dolor y casi se tropieza. Kagome estuvo a su lado en un santiamén.

"Déjame en paz!" gritó él, empujándola, no muy gentilmente.

"Estás herido y ciego - qué se supone que debo hacer?!" gritó ella, su voz un poco áspera. Nadie la había hecho gritar tanto como este chico.

"Por qué no me dejas en paz! No necesito tu ayuda!" él retrocedió contra la pared, y en todos los aspectos se veía como un animal acorralado. "Escapé para encontrar mi propia libertad y vida - y no ayudas al intentar volverme un miserable inválido dependiente!"

Kagome se calmó un poco más, y dejó extender la pausa un poco para que pudiera hacer lo mismo. "Mira… no entiendo por qué estás tratando de huir de algo - pero si me lo dijeras…"

"Qué si eres una de ellos?" interrumpió él.

Kagome luchó por mantener al mínimo su rabia. "Pero no lo soy, de acuerdo… quiero ayudarte apropiadamente pero no puedo si no me DEJAS, sí? Todo lo que quiero saber es qué te pasó…? Por qué no conoces las cosas que todo adolescente debe saber…? Por qué nunca conociste una chica en tu vida…?"

"No tengo idea de cómo son. Sólo son rumores… sabía que existían pero es como un mito de criaturas legendarias. Sabía que estaban ahí afuera… no sabía que conocería una." Ahora sonó un poco titubeante.

"Qué hay de tu madre?" Kagome frunció.

"Nunca la conocí."

"Hermanas?"

Sacudió su cabeza.

Kagome suspiró y se acercó más, él sintió su proximidad y se echó hacia atrás tanto como fuera posible desde que había retrocedido tanto como podía. Tomó una de sus manos por la muñeca pero se detuvo cuando lo vio hacer una mueca. "Qué pasa?"

"Nada." Dijo él entre dientes.

"No voy a lastimarte." Dijo ella con cuidado.

"Como si me preocupara." Frunció él, relajándose un poco.

"Sólo quiero mostrarte…" ella tomó su otra tensa mano y las llevó hacia su rostro. Era algo que había experimentado con frecuencia con uno de sus tíos - el hermano de su madre. Había sido ciego desde el nacimiento por un accidente en la incubadora cuando nació… algo sobre demasiado oxígeno… un error que había sido corregido en los hospitales - pero su tío había tenido que vivir con ello toda su vida. Y aunque nunca había visto su rostro, con frecuencia decía que era su hermosa sobrina porque lo 'vio' en su rostro.

Las almohadillas de los dedos de Inuyasha estaban tensos contra su piel y por un momento pensó que sólo iba a quedarse así, hasta que un pequeño frunce apareció en su entrecejo y sus dedos se abrieron un poco para examinarla. Ella descansó sus manos contra sus antebrazos y él tocó delicadamente su rostro con tal cuidado que casi temblaba… algo que contradecía su anterior agresión y fuerza.

"Cómo eres?" preguntó él tranquilamente. Siempre se lo había preguntado.

"Tengo cabello negro, a la altura del hombro." Ella sintió su mano derecha bajar por su cabello hacia las puntas, asimilando la sedosa textura. "Ojos azules-"

"Azules?" sus dedos gentilmente tocaron sus párpados cerrados. "Pensé que eran marrones… todos los que conozco los tienen marrones… es algo de chicas?"

"No… sólo algo mío." Ella sonrió y sintió sus dedos sentir la sonrisa.

"Qué más?"

"Um… la gente dice que tengo piel clara… pero después de mucho tiempo en el sol se ha oscurecido."

"Estás bronceada?"

"No mucho."

"Nunca he visto el sol, no puedo estar bronceado." Él sacudió su cabeza levemente, su concentración aún en su rostro.

Kagome rápidamente le dio un vistazo. No era blanco… estaba lejos… tenía un leve bronceo - más oscuro que ella aunque no podía entender eso si había dicho que nunca había visto el sol. Aunque había escuchado de luces internas que eran usadas en gimnasios que podía simular la verdadera luz solar.

"Eres hermosa?" Preguntó Inuyasha de repente.

Kagome parpadeó dos veces. "Huh?"

"Eres… bonita?" estaba seguro que se sentía bonita. Piel suave, cabello fino, labios cálidos y suaves… se sentía mucho más bonita que él.

Ella lo miró. La trataría diferente si pensaba que era bonita. Estaba bien consciente de su propia apariencia, y sabía que la trataría mejor… o peor. Así que optó por lo seguro. "Mm… promedio, supongo. Un poco bonita… pero no espectacular… fea tampoco."

"Bueno, si eres promedio - qué tan bonitas son las chicas?" él frunció, retirando sus manos de su rostro, ambos respiraron profundo mientras terminaba el momento.

Kagome se sonrojó un poco y se giró hacia la mesa, contenta al menos de que no estaban discutiendo más. "Muy bonitas."

Kagome entró a la sala en la mañana para encontrar a Inuyasha sentado de piernas cruzadas en el sofá, escuchando atentamente la televisión, casi como si pudiera ver el movimiento en la pantalla. "Es una bonita mañana."

"Sí?" él sonó aburrido.

"Quieres ir a dar un paseo?"

"Cuál es el punto si no puedo ver la mañana?" refunfuñó él.

Kagome frunció un poco. "Bueno, tal vez no puedas verla… pero puedes olerla - y sentirla, y escuchar el viento en los árboles."

Él pensó por un momento antes de suspirar como el chico reluctante que era y comenzó a levantarse. "Bien." Kagome se contuvo de alcanzarlo para ayudarle - sabía que sólo sería rechazada. El joven era un gruñón en las mañanas. Pero iba a intentar hacerlo abrirse… aún si fuera un poco.

"-Y vivió una vida feliz a pesar del hecho de que no podía ver. Esposa, hijos… dinero… tenía trabajo, mi tío. No le molestó que fuera permanente-"

"Pareces convencida de que esto es para siempre, sabes." Interrumpió él bruscamente, deteniéndose de su paseo con ella por la playa. "Y además - nunca supo de lo que se perdía si era ciego desde que nació.

"Todo lo que estoy diciendo es que entiendo lo difícil que puede ser ser ciego - pero puedes acostumbrarte-"

"Aún piensas que es permanente!" espetó él.

Kagome frunció y cruzó sus brazos, la leve brisa enfrió sus piernas desnudas y la hizo temblar. "No vas a llegar a ningún lado si continúas rechazando mis esfuerzos por ayudarte."

"Y debes estar sorda si piensas que necesito ayuda! Te lo digo una y otra vez! No te necesito ni te quiero!"

Kagome frunció sus ojos. "Bien, si así es cómo te sientes, entonces me iré."

Él la escuchó girarse, pies descalzos, en la arena y comenzó a caminar hacia el acantilado hasta que el sonido de sus pasos murieron. Por un momento se sintió mejor. Le gustaba estar solo, al menos ahora podía relajarse. Pero luego comenzó a sentir pánico. Estaba solo.

No podía ver el camino de regreso a la casa, apenas podía decir dónde estaba el acantilado y dónde el océano desde que el sonido de las olas parecía rodearlo. Se giró hacia allá y hacia acá, aferrándose al miedo que se elevaba… no… no tenía por qué temer… Kagome regresaría por él y luego…

Inuyasha se desplomó en la arena derrotado. "Maravilloso… ahora comienzo a pensar que la necesito…" gruñó él, pasando sus manos sobre su rostro y frotó sus ojos, sólo en caso de que comenzaran a funcionar de nuevo.

"No me rendiré en un caso sin esperanza como tú." Dijo Kagome bruscamente desde atrás. Él se puso de pie tan rápido que perdió su equilibrio y cayó en su trasero otra vez.

"Cuándo regresaste?!" gritó él, avergonzado de ser atrapado hablando solo sobre ella.

"Nunca me fui." Dijo ella simplemente y sintió su mano en su hombro. No había visto venir el contacto e hizo una mueca con sorpresa. Ella lo tomó mal, pensando que no quería ser tocado y retractó su mano. "Me NECESITAS Inuyasha, lo dijiste."

Guardó silencio. No había manera de que pudiera retirar lo que había dicho. "Y?"

"Y, vas a regresar? Tengo frío." Le dijo ella gentilmente, con una pizca de sonrisa en su voz. Él no sabía cómo sabía que estaba sonriendo, pero de repente el tono salió de esa forma como cuando reía o sonreía.

Ellos comenzaron a regresar, Kagome caminaba un poco adelante de Inuyasha, diciéndole dónde había escalones o rocas. "No me he rendido a tus posibilidades de recuperarte, sabes. Miroku dice que podrías recuperar tu vista la próxima semana o dos."

"Y si no…?"

"Entonces realmente será permanente." Dijo ella simplemente. Pausó un momento antes de suspirar. "No me daré por vencida contigo. Necesitas mi ayuda te guste o no."

"Has preguntado si la quiero?"

"Quieres?" se detuvo ella.

"Como sea."

Eso fue lo cercano a un sí que iba a obtener y sonrió ampliamente. Era un comienzo. Entrelazó su brazo por el suyo para guiarlo, contenta de que no se alejara. "Genial. Pero esto significa que también tienes que hacerme favores."

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