13

Kikyo agarró el brazo de Kagome y comenzó a arrastrarla hacia la oficina de Naraku. Kagome no iba a tener nada de eso. "¡Oye! ¡Quítame las manos!" zafó su brazo. "¡Eso es acoso! ¡Podría hacerte apresar por eso!"

"Y yo te haré apresar por traspaso, espionaje y suplantación de un agente." Dijo Kikyo fríamente.

"Ah…" antes de poder salir con algo mucho más inteligente que eso se giró y corrió por su vida, intentando recordar el camino a la entrada.

"¡Hey! ¡Alguien deténgala!" Kikyo estaba usando zapatos peligrosamente altos, habría sido mortal perseguir a Kagome. Fue afortunada de que unos pocos se molestaran en ayudar a Kikyo.

Ella se disparó por el corredor, esquivando al hombre ocasional que trataba de derribarla. Si hacía un mal giro entonces sería acorralada y capturada y probablemente castigada. Y suponiendo por la cantidad de 'terminados' con los que se había topado en los archivadores, no le gustaba pensar en las muchas formas como podrían 'castigarla'.

Estaba llegando a la salida y vio a los guardias a cada lado mirar confundidos. "¡Deténganla!" alguien gritó desde atrás y ambos se prepararon para atraparla.

Kagome tampoco iba a tener nada de eso, y sacudió su cabeza. "¡Están locos! ¡Deténganlos!"

Obviamente ellos querían obedecer la palabra de 'Kikyo' sobre la de los hombres tras ella y la dejaron pasar por las puertas sin problema.

Kagome se disparó por los suelos pavimentados rodeando la base y se dirigió hacia la puerta del cercado, tambaleándose mientras pateaba sus zapatos.

Los hombres en las puertas sólo miraban con expresiones perplejas. "¡Olvidé mis contactos!" dijo Kagome mientras la dejaban pasar. Estuvo a tiempo porque segundos después, un flujo de militares salió por las puertas gritando por que todos detuvieran al espía.

Kagome puso fuerza extra y corrió. Afortunadamente estaba corriendo por un suave camino de grava hacia la costa, así que no tuvo que preocuparse en pisar algo afilado y herir sus pies. ¿Había sido así de fácil para Inuyasha escapar? No completamente…

El bote que había usado para llegar a la isla estaba esperando por ella - igual que Kouga.

"¡Apúrate!" llamó él mientras corría por el muelle y entraba al bote. Él ya había encendido el motor en preparación y comenzó a moverse en el agua. Ya estaban a buena distancia del muelle antes de que los hombres los alcanzaran y comenzaran a subir a sus propios botes.

"¡Van a atraparnos!" susurró Kagome urgentemente.

"No lo harán." Dijo Kouga.

Casi tan pronto como lo dijo hubo un enorme boom, desde atrás que sacudió su pequeño bote. Kagome giró su cabeza hacia el muelle y quedó boquiabierta mientras llamas y humo envolvían toda el área en una explosión de calor, elevando un enorme hongo en el aire. Podía sentir el calor del fuego a una distancia tan grande.

"Tú… ¿hiciste eso?" susurró Kagome.

Kouga no respondió.

"Supongo que te gustó la idea de Inuyasha más de lo que mostraste." Dijo ella gravemente. Un profundo respeto por las personas que habían quedado atrapadas en esas llamas… pero no sentía completamente pena por ellos.

"Dijo que estaría aquí para entonces…" gruñó Kagome mientras se sentaba en los arbustos con Inuyasha y Sango.

Habían estado sentados ahí desde el amanecer. Al momento que Kagome había regresado había sacado arrastrando a Inuyasha de la casa y por todo el camino de la autopista fuera del pueblo. Sango se les había unido después… sólo para que la madre de Kagome (también conocida como el taxi) no sospechara si Kagome aparecía sola con un extraño.

"¿Puedo ir a estirar mis piernas…?" preguntó Sango, totalmente aburrida.

Kagome asomó su cabeza por los arbustos y miró de un lado a otro del camino. No había tanques militares ni jeeps ni nadie sospechoso buscando alrededor. "Bien… pero regresas."

Sango giró sus ojos y fue a caminar un poco. Kagome miró de reojo a Inuyasha cuya expresión lucía aún más apretada que hace un minuto. "¿Qué te está molestando?"

"Kouga."

Ella sintió esa inminente sensación de otra discusión - una en la que no quería entrar. "Realmente te pones celoso y posesivo, verdad."

"Yo… ¡no!" espetó él y se jorobó un poco más malhumorado. "Es sólo que te pones toda cariñosa con él y esas cosas, y ¿esperas que no haga nada? ¿Qué hay de ese beso?"

Kagome se sonrojó ante el recuerdo. "¿Qué hay con eso?"

"¿No significó nada para ti?" él le frunció.

"Sí… no… digo… sólo estaba mostrándote, recuerdas… te lo advertí." Murmuró ella. "Además… eso no significa que sea tu novia o que me poseas en ninguna forma."

Inuyasha frunció aún más profundo. "¿Entonces eso significa que puedes coquetear con cada hombre que conoces?"

"¡Eres TAN exagerado!" Le jadeó ella. "Yo no coqueteo con Kouga y no conozco muchos otros chicos aquí - y ¡cómo sabes el significado de la palabra 'coquetear'!"

"¡Sí!" gruñó Inuyasha. "Sabes muy bien lo que tocar a Kouga le hace - y aún ¡lo haces! Y también lo haces conmigo - y ¡con cada otra persona! Maldición… incluso debes coquetear con Sango."

Kagome se enrojeció aún más. "Tocar es una simple interacción humana, Inuyasha. Aunque dudo que hayas encontrado mucho de eso."

"¡Me han tocado muchas veces y nunca he sentido como siento cuando tú me tocas! ¡Lo haces deliberadamente!" espetó él.

Kagome parpadeó ante eso. Realmente no había sabido lo que una simple caricia le había hecho… "Pensé que no te gustaba que te tocara…" dijo ella tranquilamente.

"No." Dijo él rápidamente. Muy rápidamente. Bueno, era verdad… cuando la había conocido al menos. Él suspiró y desvió la mirada, medio enojado consigo más que con ella. "Tocar debe ser malo. Significa distancia de donde vengo."

"También puede ser una bendición." Señaló Kagome. "Puede hacer florecer cosas que se descomponen. Mi madre siempre decía eso."

"¿Estoy descompuesto?" Inuyasha arrugó su nariz.

"Sólo cuando no te bañas. Tampoco floreces exactamente." Ella deslizó tranquilamente su brazo alrededor de sus hombros y recostó su cabeza, preguntándose qué significaba cuando no hacía una mueca y la alejaba. "¿En qué estás pensando?"

"¿Cómo es que eres tan diferente?" frunció él levemente, ladeando su cabeza para frotar su mejilla contra la cima de su cabeza. "¿Por qué no me molesta cuando me tocas?"

"¿Porque soy una chica?" supuso ella, asombrada de lo honesto que podía ser. Por supuesto, probablemente él nunca tuvo que preocuparse por expresarse mucho.

Ella lo sintió levantar su cabeza e hizo lo mismo en respuesta - sólo para encontrar que sus labios se estrellaron contra los suyos por accidente. Ambos se retiraron al mismo tiempo, Kagome sonrojada furiosamente mientras Inuyasha sólo lucía confundido.

"Creo que es porque eres tú." Dijo él con un frunce como si realmente no confiara en lo que decía. Kagome sonrió y se alejó un poco, ansiosa de poner un poco de distancia entre ellos desde que parecía estar exhibiendo un acalorado sonrojo de repente.

"¿Qué es eso?" Las orejas de Inuyasha se inclinaron. "Suena como un vehículo… pero más débil…"

"Es un auto." Dijo ella rápidamente y saltó de pie para asomarse por el arbusto. Seguro ubicó el auto negro de la familia dirigirse hacia ellos - definitivamente su madre. "Vamos - ¡ponte tu sombrero!"

Ella trotó por el camino y movió sus manos hasta que su madre se detuvo a su lado y bajó la ventana. "¡Hola extraña!"

"Hola mamá." Kagome movió su bolsa sobre su espalda. "Quiero que conozcas a alguien."

La Sra. Higurashi miró pasándola y ubicó a Inuyasha saliendo de los arbustos, a medio camino de ponerse su sombrero. Un pequeño frunce apareció en su rostro. No era como si cada madre amara ver a su hija tambalearse fuera del arbusto con un joven de largo cabello blanco.

"Este es Inuyasha - Inuyasha esta es mi mamá."

Ambos se consideraron mutuamente como luchadores antes de que la Sra. Higurashi esbozara una sonrisa natural. "Encantada de conocerte Inuyasha." Aunque ninguno estaba seguro de que fuera en serio.

"Igualmente." Inuyasha asintió y miró a Kagome por ayuda.

"¿Él también viene a Tokio?" le preguntó su madre.

"Sí… también está de vacaciones y a sus padres no les importa que regrese conmigo y Sango."

"¿Sango también viene?" preguntó su madre. "Su padre está teniendo gatitos."

Inuyasha lució sorprendido y Kagome tuvo que susurrar rápidamente 'no literalmente' para asegurarle.

Sango llegó a ese punto y saludó a la Sra. Higurashi. "Hola, Sra. Higurashi."

"Hola Sango. Cuánto tiempo de no verte, eh?"

Sango sonrió y rió mientras Kagome apresuradamente movía a los otros dos en la parte trasera antes de que alguien pasara y entró al lado de su madre.

Inuyasha y Sango intercambiaron miradas antes de mirar por la ventana. Ninguno podía creer que fueran metidos en un carro lleno de gente por medio día en un viaje a la ciudad.

Al menos el viaje fue un poco más interesante para Inuyasha quien no había visto mucho más además de la costa y la isla. Todo el escenario en el camino de regreso a la civilización era toda una nueva experiencia para él. Sango encendió su walkman y cantó sus canciones favoritas mientras Kagome comenzaba a leer discretamente los archivos que había conseguido del instituto.

"¿Qué estás leyendo?" le preguntó su madre en algún punto del viaje.

"Um… sólo busco… Estudios Comerciales." Mintió Kagome rápidamente.

"Dios, Kagome, no has regresado de tus vacaciones por dos horas antes de comenzar a hacer tarea." Ella rió suavemente.

"Sí, esa soy yo. Adicta al trabajo." Kagome continuó leyendo apresurada, intentando identificar cuál madre sustituta podría ser la de Inuyasha.

"Al menos quince de esas mujeres viven en Tokio… esparcidas en diferentes distritos aquí y allá y… ¿podrías concentrarte?" Kagome le espetó a Inuyasha quien estaba colgando de su ventana otra vez. Golpeó los archivos esparcidos en su escritorio. "¿No quieres encontrar a tu madre?"

"Sí pero… wow… este lugar es asombroso…" él se inclinó más. "Tantas personas y vehículos… tantos árboles - y ¿cómo es que nunca dijiste que vivías en una casa que la gente veneraba?"

"Es un templo, Inuyasha…" suspiró, lo había explicado antes. "¡Vamos! Tenemos que concentrarnos aquí o nunca asegurarás tu libertad. ¡Aún pueden encontrarnos! Ellos saben mi nombre - sólo es cuestión de tiempo antes de que me rastreen aquí y te encuentren."

"Bien, bien…" él se sentó en la cama al estilo indio y miró alrededor los objetos en su habitación.

"Bien… tenemos que reducir la búsqueda… ¿cuándo naciste?"

"¿Qué tiene que ver eso con esto?" él frunció, desviando su mirada hacia ella.

"Para que pueda encontrar cuál es tu madre por la fecha de cuando dio a luz."

"Oh… bueno… dijeron que fue un… diecinueve ochenta y cinco." Hizo el cálculo. "Lo cual significa que tengo diecisiete…"

"Bien… diecinueve ochenta y cinco…" ella buscó en los archivos, descartando los que no tenían esa fecha. Sólo quedaron tres. "¿Qué mes?"

"Ni idea."

"¿No sabes cuándo es tu cumpleaños?" Kagome pareció sorprendida.

"No realmente." Él se encogió y sonrió.

"Ven, dale un vistazo a estos." Ella lo llamó y él obedeció, inclinándose sobre su hombro para ver los archivos. "¿Alguna de ellas te suena?"

"Um…" las fotos no le recordaban de nada especial. Ninguna de las caras era familiar, ni las descripciones. Una había sido terminada después del nacimiento y la otra aún estaba viva… excepto que había una diferencia. "Estas dos - el infante murió dos y cuatro años después de nacer. Soy el único Inu de diecisiete años… así que tiene que ser ella."

Él señaló el archivo restante, mirando la foto con nueva luz.

Kagome sonrió. "Es bonita."

"También es joven." Frunció él. "Parece más joven que yo."

"Esta fue tomada hace diecisiete años." Señaló Kagome. "Dice aquí que tenía dieciséis… así que debe estar por los treinta y tres ahora. Vive en el distrito Yakara… ese es un viaje de veinte minutos si vamos en tren."

"¿Podemos ir ahora?" Preguntó Inuyasha sin rodeos.

"Bueno, apenas regresamos y estoy muy cansada…" ella captó su intensa mirada. "Pero estoy segura que a mamá no le importará si nos escapamos por un tiempo."

Kagome no había anticipado cuán difícil iba a ser el tren para Inuyasha. Tuvo una expresión perpetuamente enojada durante todo el viaje. La gente estaba reunida contra ellos desde todos los lados - y mientras Kagome había sido estrellada contra Inuyasha con un gran sonrojo - Inuyasha había intentado alejarse de todos a su alrededor. Kagome podría haberlo imaginado, pero él se mantenía disparándole sucias miradas al hombre cuya espalda la tenía contra la de ella.

Cuando se bajaron lucía más feliz.

"Aquí estamos… distrito Yakara…" ella miró alrededor apreciativamente. "Mamá pensó que podríamos mudarnos aquí por los agradables suburbios… pero al abuelo realmente no le gustó la idea de dejar el templo - digo, ha estado en nuestra familia por generaciones."

"¿Ahora por dónde?" él miró alrededor. Su madre ciertamente había hecho muy bien si vivía en un área tan agradable como esta. Estaba poblado como el resto de Tokio, pero tenía calles limpias y las casas lucían pulcras y ordenadas - y había menos personas caminando por las calles que en otras áreas.

"Um…" Kagome revisó el archivo. "Dice que se ha mudado dos veces… y su actual dirección desde mil novecientos noventa y cinco está por ese camino."

Kagome señaló e Inuyasha partió, Kagome tuvo que correr para alcanzarlo. La casa realmente no estaba tan lejos de la estación y cuando se detuvieron en frente de una casa, tuvieron dudas de si estarían en el lugar correcto o no.

"Este es el lugar." Kagome consultó el archivo de nuevo antes de retirarlo. "Yashira Koshi."

"Me nombraron como ella." Él miró a Kagome. "La parte Yasha."

"No pasa nada." Ambos tomaron un profundo respiro. "Vamos."

Ninguno de ellos se movió, y eventualmente intercambiaron nerviosas miradas. Kagome retorció sus pies. "¿Quieres golpear?"

"No…"

Al menos aún era tan honesto como siempre. Kagome suspiró y lentamente subió los escalones hacia la puerta y golpeó educadamente.

"¿Quién es?" la voz de una mujer llegó desde adentro.

"Hola… soy Kagome Higurashi… me gustaría hablar con usted, por favor." Respondió ella.

La puerta se abrió y Kagome retrocedió ligeramente para ver a la mujer. Lucía igual a la foto… excepto que su rostro no estaba tan suave con juventud, sino lucía mayor y más hermosa. Una mirada a Inuyasha le dijo a Kagome que estaba mudo.

"¿Te conozco?" Preguntó Yashira con una amable sonrisa.

"¿Es Yashira Koshi…?"

"Sí." Ella asintió, mirando de ella a Inuyasha y luego a ella, claramente esperando por la razón de por qué había sido alejada de su limpieza.

"Yashira Koshi… ¿del Laboratorio Central de Ciencias?" preguntó Kagome lentamente.

"Uh… no." La mujer sacudió su cabeza amablemente, su sonrisa aún puesta. "No conozco ningún laboratorio de ciencia."

Por supuesto. Ella no admitiría cosas como esas si de ocultarlo dependía su vida.

"Está bien… sabemos lo que pasó y-"

La puerta de repente se cerró en su cara y Kagome encontró su nariz a milímetros de la madera que casi podría haber roto su nariz. Quedó boquiabierta ante la puerta y luego ante Inuyasha antes de molestarse un poco. "¡Oiga! ¡Venimos desde la costa para hablar con usted! ¡Lo menos que puede hacer es darnos una taza de café!"

"¡Váyanse!" vino la corta respuesta.

"No somos los chicos malos, Srta. Koshi!" llamó Kagome por la puerta. "Necesitamos su ayuda para liberar a su hijo."

Hubo una larga pausa antes de que la puerta se abriera una raja. "Cómo es que sabes todo esto."

"Porque estoy tratando de ayudar a que su hijo sea libre," Kagome miró a Inuyasha.

La mujer tomó la señal y salió lentamente por la puerta para mirar a Inuyasha. Lo miró abiertamente, asimilando su cabello y ojos y rasgos de su rostro. "¿Qué le pasó a tus orejas?"

"Crecieron hacia afuera." Inuyasha retiró su gorra para que las viera y ella jadeó. Kagome se dio cuenta que no debió haber nacido de esa forma.

"T-tú… realmente eres…" ella tuvo que sujetar la baranda de las escaleras para mantener firmes sus rodillas. "¿Cuál es tu nombre?"

"Inuyasha."

"Un nombre de esclavo." Ella entrecerró sus ojos tristemente y frunció. "¿Te opresaron?"

"Solían hacerlo." Respondió Inuyasha.

"Por favor…" Kagome susurró suavemente. "Necesitamos que nos ayudes a liberarlos a todos. Si sólo pudieras ir a las autoridades entonces-"

"Lo siento - no puedo ayudarte." Interrumpió la madre de Inuyasha bruscamente. "Me matarán si voy a la policía - lo sabrán - están más arriba en la cadena que las autoridades. No hay manera de que pueda ayudarte. Lo siento."

Abruptamente regresó a la casa y les cerró la puerta. Kagome aún estaba un poco perpleja y descendió las escaleras hacia Inuyasha quien aún miraba la puerta. "Bueno… no resultó… tal vez debamos intentar con una de esas otras madres y luego regresar para verla después-"

"No." Dijo Inuyasha cortamente.

"¿Por qué?" Kagome frunció.

"Si mi propia madre no me salvó entonces por qué esas otras mujeres arriesgarían sus vidas." Espetó él.

Kagome hizo una mueca. Puesto así sonó como si todo el mundo estuviera contra él… lo cual básicamente así era.

"Todavía no me rendiré." Dijo ella firmemente y comenzó a buscar otra dirección.

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