11

Dos días después, y finalmente Kagome tuvo el coraje de regresar a la casa. Sango fue con ella por apoyo… y para actuar como un escudo humano si fuera necesario… pero afortunadamente, los militares se habían ido para entonces. Entraron por el antejardín en silencio y lentamente evaluaron el daño.

"Oh dios… mamá va a matarme…" murmuró Kagome mientras pasaban por la puerta completamente demolida y miraban alrededor. Nada en la casa misma parecía estar roto - todo sólo estaba fuera de lugar o tirado. La cocina estaba en un estado mucho peor, porque no sólo la ventana estaba rota, sino que pequeños agujeros de bala alineaban las paredes y había sangre en el piso donde había caído con Inuyasha. Sólo entonces se dio cuenta que debió haberse herido con los pequeños fragmentos de vidrio… y genial… ahora se sentía culpable.

"Kagome!" Sango llamó desde la sala y Kagome entró e hizo una mueca.

"Oh sí…" las puertas francesas estaban completamente destruidas, y ahora todo en el salón estaba húmedo. "Creo que mamá va a torturarme primero… luego me tirará por el acantilado al océano para que nadie me encuentre…"

"No es tan malo…" Sango se movió incómoda.

"No es malo?!" Kagome se giró hacia ella. "Hay una pintura original en la cocina la cual ahora tiene tres balas en el lienzo - cada una tomando seis mil yen de su valor!"

"Por qué me gritas?! Yo no hice esto?!" espetó Sango rápidamente. "Porque diría que un grupo de hombres armados hicieron terrorismo aquí?!"

Kagome se calló. Esa era la historia que le había dicho a todos quienes preguntaban sobre el incidente en la casa. Simplemente fue un malentendido que las fuerzas especiales habían pensado que había traficantes de drogas en su casa… una total y obvia mentira que debía ser muy extraña de creer - pero de nuevo, ser atacada durante la noche por hombres swat también era un poco extraño.

"Cómo voy a arreglar esto?" Kagome suspiró mientras pateaba el vidrio roto en la alfombra.

"Bueno…" pensó Sango lentamente. "Conozco un par de chicos que pueden ayudarte. Está Hisato… es un obrero en el piso arriba de nosotros - un hombre grandioso - lo haría gratis! Y las ventanas… um… Hisato podría conocer personas que pueden ayudar."

"Genial…" dijo Kagome y regresó a la cocina para salvar la comida que quedaba. Se agachó ante el refrigerador y giró sus ojos cuando vio que todo lo sabroso había sido consumido. Obviamente dispararles a las chicas era un trabajo duro… por supuesto que esos pobres hombres habían necesitado una merienda.

Ella se enderezó, y revisó las flores que estaban arregladas al lado de la ventana. Eran el orgullo y la alegría de los dueños y muy caras y afortunadamente… no se veían muy dañadas. Kagome suspiró con alivio… ciertamente tendría pena de muerte si una simple hoja hubiese sido dañada.

Casi por reflejo, se inclinó y revisó una de las hojas largas para asegurarse de que no hubiese huecos en ella. La giró y se paralizó rápidamente.

Sango escogió ese momento para entrar. "Revisé las habitaciones - una de las camas está rota a la mitad y las alfombras un poco enlodadas pero… estás bien…?"

Kagome miraba la pequeña cosa de plástico y metal negro que había sido puesto en la cara inferior de la hoja. No tenía que ser una agente secreta para saber lo que era. Kagome se giró hacia Sango. "Creo que debemos revisar un poco más… asegurarnos de que todo está bien."

Y así lo hicieron. Y en cada habitación además de gabinetes, armarios y baños, había un bicho - del tipo auditivo.

Al menos ahora estaba segura que Inuyasha no había estado inventando toda esa basura sobre agencias del gobierno.

"Oye, tú!"

La mejilla de Inuyasha tembló levemente con molestia. Se giró lentamente y miró al pequeño hombre que corrió hacia él. "No eres el tipo de los afiches?"

Esa molestia rápidamente se transformó en preocupación. Él sonrió y ondeó una mano como si lo hubiese escuchado antes. "Ya he pasado por esto dos veces esta mañana - digo, no me parezco a ese hombre!" Él señaló la pared del edificio a su lado en la calle donde los afiches de se busca habían sido pegados. "Hablando de ese extraño cabello - están buscando un hombre de cincuenta años - no a mi."

El hombre le frunció sospechosamente. Inuyasha miró brevemente los afiches a su lado. No era de extrañar que todos estuvieran tan entusiasmados en atraparlo. La recompensa era por más dinero del que hubiese visto o pudiese imaginar.

"Estás seguro?"

"Parezco un anciano para ti?" Dijo Inuyasha cortamente, con una pizca de amenaza en su tono. Lo cual, antes eso, el hombro huyó.

Inuyasha suspiró y continuó por la calle, manteniendo su cabeza gacha con su gorra estirada para esconder sus ojos y orejas - la mayoría de su cabello también había sido recogido en ella.

Rodeó una esquina y se detuvo en seco, ojos abiertos. Ante él había un grupo de oficiales de policía hablando con Kouga y… quien pensó era Kagome. Qué estaba haciendo con ellos? De repente Kouga pareció reconocer su presencia y se giró bruscamente para encararlo. La joven mujer siguió su repentino movimiento y frunció sus ojos cuando lo vio. Los oficiales de policía lo reconocieron de una.

"Atrápenlo!"

Inuyasha rápidamente se echó a correr, por donde había llegado y se dirigió directo hacia las multitudes. Eso le daría tiempo y con la gorra puesta - no podrían seguirlo tan fácilmente-

Pero ante esa pequeña idea, un niño, siendo cargado en el hombro de sus padres, extendió su mano y tomó la gorra de la cabeza de Inuyasha, haciendo caer su cabello. Inuyasha casi pensó dos veces para recuperar el sombrero, pero cuando vio a los oficiales correr hacia él rápidamente cambió de opinión.

"Inu! No puedes huir para siempre!" escuchó gritar a alguien.

Ante eso, él se escabulló en la multitud y entró en un callejón y detrás de un grupo de basureros. Esperó hasta que los oficiales hubiesen pasado completamente antes de sujetar el tubo de desagüe al costado del callejón y comenzó a trepar hacia el techo. Infortunadamente, no todos los oficiales habían pasado aún el callejón - mientras unos pasaban ubicaron su ascenso.

"Está en el techo!"

Él maldijo levemente mientras se deslizaba sobre la baranda del techo y corría hacia el espacio entre este techo y el siguiente, lo pasó de un salto y luego a un techo más bajo, fuera de la vista de alguien que pudiera seguirlo… como… Kouga por ejemplo.

En el techo más bajo corrió hacia el borde y miró hacia abajo. Bajo él estaba la plazoleta en frente del supermercado y directo estaba Kagome… aunque no podía ubicar qué era diferente en ella. Pero tenía que hablarle.

Se lanzó y aterrizó con un golpe que lastimó su rodilla… no lo había intentado en un tiempo, eso era seguro. Luego hizo su camino tan insospechadamente hacia Kagome como pudo. "Qué estás haciendo con ellos?" preguntó él deteniéndose tras ella.

Ella se giró y sus ojos se ampliaron con reconocimiento. "Es mi trabajo."

"Tu qué?"

"Garantizado, estar con un grupo de hombres chauvinistas no fue mi idea, fue idea de mi superior." Ella cruzó sus brazos calmada si no pagada de sí misma. "Entonces… te entregas?"

"Me traicionaste." Gruñó él. Entonces de repente notó la diferencia. Esta no era Kagome. Esta mujer olía a perfumes sintéticos… Madreselva… mientras Kagome tenía un aroma mucho más suave y floral. No se basaba más en las apariencias. "Espera…"

"Realmente eres tan estúpido como dicen, verdad." Resopló ella. "Ookami puede ser muy incompetente para capturarte - pero te aseguro que soy muy diferente."

Ella sacó algo de su bolsillo y comenzó a levantarlo hacia él.

"Qué demonios…?" murmuró Inuyasha, pero no estaba mirando a Kikyo… estaba mirando algo tras ella. "Oh dios mío…"

Kikyo se giró bruscamente para ver lo que estaba mirando pero se encontró mirando la tienda sola. Cuando regresó, abriendo su boca para decir algo, se había ido.

Toda una semana desde que la casa había sido arrasada… e Inuyasha no había tenido la decencia de contactarla - mucho menos enviar una nota. Kagome restregaba las alfombras en la habitación con una furiosa expresión.

Pero otra vez… algo mucho peor podría haber pasado…?

Las manos de Kagome se detuvieron mientras analizaba ideas mucho más gruesas sobre la que podría ser la verdadera razón de por qué no la había contactado. Pero entonces sonó el timbre.

"Inuyasha?" se levantó, su corazón prácticamente dolía mientras corría por el corredor para responder la recién reparada puerta. "Inu…"

"Siento decepcionar." Le dijo Kouga neutral desde el pórtico.

"Oh hola, K-"

"Shh!" él llevó un dedo a sus labios y la llamó fuera de la casa. Ella siguió obediente y cerró la puerta. "No podemos hablar aquí, están escuchando." Le dijo él.

"Lo sé."

"Necesito hablar contigo." Lucía serio. "Es urgente."

"Oh de acuerdo… vamos… a caminar entonces?" ella levantó sus cejas y él asintió.

La caminata los llevó al bosque detrás de la casa antes de que Kouga hablara de nuevo. "Inuyasha muy probablemente te contactará pronto… y pondrá tu vida en peligro de nuevo."

"Uh huh…" Ella estaba ocupada tratando de evitar la olorosa savia en su camisa desde los árboles.

"Y he decidido que para mantener tu vida a salvo… entonces debo intentar mantener también la de Inuyasha." Él llegó a un alto al lado de un enorme árbol.

"Hablas en serio?" Kagome frunció sospechosa. "Pensé que lo odiabas… y también eres uno de ellos?"

"Contra mi voluntad, te lo aseguro." Dijo él tranquilamente, acercándose un poco más. "Tengo una información que ayudará a Inuyasha…"

"Qué tipo de información?" aún estaba sospechosa.

"El tipo que podría asegurar la libertad de todos los individuos genéticamente manipulados incluyéndome." Él ladeó su cabeza. "Quieres escucharme?"

Duh! Ella asintió rápidamente y él se inclinó para susurrar en su oído.

Él había olfateado a Kouga al segundo que salió al camino hacia la casa de Kagome. Así que había sido muy cuidadoso de mantenerse con el viento todo el camino, siguiendo el rastro del lobo apestoso hacia la casa, donde se unía con el de Kagome antes de desaparecer en los bosques.

Instantáneamente sus celos habían destellado. Qué más hacían dos personas entrando en los bosques aparte de… relacionarse mejor? (Probablemente no se le ocurrió a Inuyasha que también podías relacionarte mejor en la casa…) Él siguió el rastro por los bosques hasta que vio a dos figuras en un claro adelante.

Aún con el viento, rodeó un árbol y se asomó entre los arbustos, sus ojos se fruncieron cuando vio que parecía Kouga y Kagome envueltos en una profunda conversación. Aunque probablemente Kouga susurraba cosas dulces en el oído de Kagome. Y justo cuando estuvo a punto de precipitarse hacia allá, incapaz de soportar más, ambos se separaron y Kagome le dio a Kouga un gran abrazo de oso antes de partir. Inuyasha observó con escrutinio mientras Kouga se alejaba de la casa y Kagome se dirigía hacia ella.

Por un momento Inuyasha estaba indeciso de cuál seguir? Darle una golpiza a Kouga o ir a demandar una explicación de Kagome. Bueno… le gustaba más Kagome así que la siguió.

Para cuando llegó ahí ella ya estaba dentro y tuvo que golpear la puerta.

Ella la abrió. "Kou…"

"Siento decepcionar." Gruñó él.

Ella tragó duro antes de tirarle la puerta en su cara. Un poco perplejo era una subestimación, porque Inuyasha estaba muy sorprendido ante lo que tuvo el valor de hacer. Pero rápidamente lo superó. "Kagome! ABRE ESTA PUERTA AHORA!"

Él podía escucharla moverse dentro pero no podía decir lo que estaba haciendo.

"O LA DERRIBARÉ DE NUEVO!" gritó él.

La puerta se abrió y ella levantó una libreta diciendo 'SHHH! SÍGUEME!'. Él le dio una mirada incierta mientras hacía movimientos de cierre en la boca.

Había alguien más ahí?

Antes de que pudiera preguntar ella colocó una mano sobre su muñeca y lo arrastró por el corredor hacia la sala de calderas, descartando la libreta mientras lo hacía. Cuando estuvieron ahí, cerró la puerta firmemente y se sentó en el banco opuesto a la caldera.

Estaba muy sucio y oscuro e Inuyasha medio se acomodó entre las rodillas de Kagome y la enorme caldera.

"Qué estás-"

"Siéntate." Ella palpó la banca a su lado. "Y mantén tu voz baja, toda la casa está plagada."

"Bueno, todo lo que necesitas es un apestoso rociador que siempre usas para las hormigas-"

"No de ese tipo - digo del tipo micrófonos." Siseó ella. "Este es el único lugar que estoy segura no se molestaron en poner micrófonos."

Inuyasha se sentó lentamente y trató de ponerse cómodo. No ayudó que estuviera medio sentado en el regazo de Kagome. "Por qué tan pequeñ-"

"Ouch! Mira donde pones ese pie!" espetó ella y se movió para que pudiera sentarse apropiadamente y ella pudiera poner sus piernas por su regazo. Él no parecía muy perturbado por la acción, pero ella estaba sonrojada hasta el fondo.

Antes de que pudiera decir algo sobre el problema en mano, Inuyasha intervino. "Qué estabas haciendo con Kouga?" preguntó él en tono bajo.

"Viste, huh?"

"Todo." dijo él.

"Entonces también lo escuchaste todo?"

"Um… no…"

"Entonces deja de saltar a conclusiones." Dijo ella simplemente. "Kouga vino a decirme algo importante - sobre ti."

"Sobre mi?" Inuyasha sonó sospechoso, como ella se había sentido antes.

"Sí… dijo que quería asegurarse de que yo estuviera a salvo (inserten aquí un resoplo de Inuyasha) y que la única forma de hacerlo era asegurar que tú…" Ella se desvaneció mientras una de sus manos se deslizaba para descansar en su muslo, enviando una corriente eléctrica. Luchó por continuar. "Que… er… tú permanecieras libre y…"

"Cómo?" él sonó curioso, probablemente muy inconsciente de lo que su simple mano en su pierna estaba haciéndole.

"No me dijo mucho… y creo que vas a tener que informarte por mi…" su pie dio un nervioso giro.

Él de repente apretó su muslo un poco más firme, su expresión seria. "Qué fue?"

Ella rápidamente se movió para estar bien sentada y su mano cayó de su pierna. "Dijo… que la única forma de asegurar tu libertad yacía con tu madre…?" ella sonó escéptica.

"Cuál?"

"La verdadera, dijo."

Eso pareció tocar un nervio, y él se veía como si estuviera listo para una rabieta… pero lentamente su furiosa expresión se suavizó y Kagome frunció cuando suspiró. "Entonces nunca seré libre, verdad?"

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