Capitulo 9

–No es momento para tus bromas, Aaron– le dijo Clay al pelirrojo.

–¿Me ves cara de que estoy bromeando?– preguntó éste.

–No está bromeando, Moorington; de verdad tus ojos están como los de tu madre– apoyó Lance.

Clay comenzó a ponerse nervioso; nadie del equipo podía ver sus ojos mientras estuvieran así, creerían que estaba usando sus poderes. Y él definitivamente no iba a usar sus poderes luego de lo que pasó la noche anterior.

–¡Hey! ¡Regresen a sus posiciones, holgazanes!– gritó el entrenador Brickland, a lo que ellos lo miraron.

Volvieron a verse al darse cuenta de que los demás del equipo estaban comenzando a sentir curiosidad por lo que estaba pasando, per si alguno se acercaba y veía a Clay, se asustaría y avisaría al resto. Ahí quedaría su plan para conquistar Knighton junto a sus padres. Clay hizo lo primero que se le vino a la mente: cerró los ojos, sacudió un poco la cabeza, y volvió a abrirlos.

–¿Ya?– preguntó.

Sus dos amigos asintieron.

–Sí, ya no pareces el hijo de Ruina– rió Aaron, ganándose una buena mirada de Clay.

–Cállate.

Luego de un buen rato, el entrenamiento por fin había terminado, cosa que hizo que Lance se alegrara bastante. A Clay y a Lance no les molestaba, claro que quitando que el segundo es algo muy flojo, el Lacrosse; en cambio a Aaron no le convencía mucho ese deporte, y eso fue de lo que muchos se dieron cuenta.

Después de que los del equipo se ducharan y cambiaran de ropa, todos volvieron a la cancha a esperar al entrenador, excepto Clay que se dirigió a las gradas ya que tenía que esperar un rato porque el entrenador quería verlo en su oficina. No sabía el porqué, pero no le dio tanta importancia. Miró hacia las gradas y sonrió de lado al ver quién estaba ahí.

Macy, quien estaba sentada en las gradas, no se había percatado de la presencia del chico Moorington. Había estado tan concentrada en su dibujo que se sobresaltó al momento en que este se sentó a su lado.

–Me asustaste– murmuró ella, mirándolo.

Clay sólo sonrió.

–¿Qué esperabas del hijo de una villana?– preguntó él, algo burlón de cierto modo, logrando que Macy riera.

–Buen punto– dijo y volvió a ver su dibujo.

Él la miró bien; debía admitir que se veía más bonita que con todas esas cosas de princesas, como si en realidad fuera ella misma. Siempre había creído que la princesa sería una chica egocéntrica y presumida, tipo Lance, pero de Knighton y mujer.

Pero ahora que la estaba conociendo, ya estaba empezando a cambiar sus pensamientos.

–¿Sabes? Creo que no nos presentamos de la mejor manera– habló Clay, luego de unos minutos.

Macy cerró el cuaderno, lo guardó en su bolso y lo miró.

–¿Y cuál dices que es la "mejor manera"?– preguntó Macy.

–Hola, un gusto, yo soy Clay Moorington el hijo de Ruina Stoneheart, la peor villana conocida– dijo él, colocando su mano para estrecharla con la de ella.

Macy volvió a reír.

–Un gusto, Clay, yo soy Macy la futura reina de Knighton y la chica que les permitió cruzar a este lado del mar– se presentó ella, sacando una risita de Clay por lo último.

Ambos estrecharon manos mirándose. Eso había sido algo extraño en realidad porque Clay sintió su corazón acelerarse durante unos segundos. Soltaron sus manos luego de un tiempo, y Clay dirigió su mirada hacia la cancha al ver llegar al entrenador Brickland junto a su asistente, el señor Griffins.

–Muy bien, para ser el primer entrenamiento del año no estuvo tan mal, considerando que muchos de ustedes son unos holgazanes buenos para nada– dijo el entrenador, y miró a todos los chicos presentes, para luego fijarse especialmente en Aaron –Pero a ti no te veo muy convencido con esto, tal vez– pensó un poco –¿Y si pruebas el tenis?

Lance soltó una sonora carcajada al escuchar al entrenador decir eso, y Aaron le dio una mala mirada.

–¡Tengo una idea!– habló Macy, llamando la atención de Clay y todos los que estaban en la cancha –No lo sé, tal vez la arquería te vendría bien.

Aaron sonrió apenas terminó de decir eso.

–¿Está segura, majestad?– le preguntó el entrenador, no muy convencido.

–Considerando que anotó la mayoría de puntos y esquivó a casi todos los chicos, sí, estoy segura– respondió Macy.

–Me refiero a que si está segura de darle un arma a un villano– se corrigió Brickland.

¿Aunque quién no dudaría? Era Aaron Fox, el hijo de la temible Whiparella, la mujer que con tan sólo golpearte con sus látigos puede hacerte ver tu miedo más profundo. Darle un arma a Aaron, y que él, con algo, pudiera hechizarla de la misma manera que los látigos de Whiparella, sería un total problema para Knighton.

–No se preocupe por eso entrenador, yo me encargo– aseguró Axl, colocando su mano en el hombro del menor.

Brickland suspiró pesadamente.

–Confío en que no lo dejarás hacer nada malo– Axl asintió y Aaron celebró, mientras que el entrenador se volteó a ver a los demás –¡Eso fue todo por hoy, holgazanes!

Todos se acercaron a las bancas para recoger sus bolsos e irse de la cancha hacia los salones de clases; el entrenador regresó por donde había llegado mientras que el señor Griffins se volteó hacia las gradas y dirigió su mirada hacia Clay, haciéndole una seña para que lo siguiera.

–Ok, ya me tengo que ir– dijo Clay, levantándose del asiento y luego volteándose a ver a Macy –Nos vemos al rato, princesa.

–Estoy casi segura de que les dije que no me llamaran así– dijo Macy, y lo miró.

–Si lo dijiste, pero ahora yo te llamaré princesa solo porque sí– concluyó él, y bajó de las gradas, caminando detrás del señor Griffins.

Mientras iba hacia la oficina del director, se dio cuenta de que varios chicos del equipo se lo quedaban viendo con malas caras, como si estuvieran diciendo: "Él no debe estar en el equipo, ¡es un villano!". Y Clay ya estaba empezando a odiar que los juzgaran a él y a sus amigos sólo por ser hijos de villanos.

Aunque, de cierto modo eso tenía sus ventajas.

Regresó a la realidad cuando vio al señor Griffins entrar a una habitación, así que no se quedó atrás y entró, encontrándose con el entrenador Brickland sentado tras su escritorio lleno de papeles y otras cosas. El entrenador se percató de la presencia de ambos, y los miró.

–Hasta que llegan– dijo, dejando los papeles a un lado. Miró a Clay, y señaló la silla que estaba del otro lado del escritorio –Siéntate que tengo que hablar muy seriamente contigo.

Clay, extrañamente para él, obedeció. Dejó su bolso a un lado de la silla, sentándose en ésta y esperando a que el entrenador Brickland le dijera lo que le fuera a decir. Pasaron unos minutos hasta que el entrenador volvió a mirar a Clay.

–Bien, Moorington, jamás pensé que le diría esto a un villano; pero para ser de la Isla de los Perdidos tienes talento con el Lacrosse– habló el entrenador –Eres buen jugador, además de que supiste liderar a tu parte del grupo. Mi pregunta es: ¿Cómo aprendiste todo eso?

–Verá, es que en la Isla nuestras formas de entretenernos no eran muchas, así que de vez en cuando armábamos nuestros propios palos de Lacrosse y con eso jugábamos entre todos los chicos de allá– explicó Clay, sin poder ocultar una pequeña sonrisa al recordar todos esos momentos –Ya sabe, por ser los villanos del cuento, no nos daban tanta importancia.

El entrenador asintió, comprendiendo lo último.

–Pues alguien debe comenzar a darles oportunidades– dijo Brickland.

Clay hizo una mueca, algo confundido. El entrenador sólo se agachó un poco y abrió uno de los cajones, sacando algo para luego volver a cerrarlo. Colocó lo que había sacado frente a Clay, y su expresión se volvió una de sorpresa al ver la camiseta del equipo de Lacrosse, con su apellido y el número 10 en ella.

–Es toda tuya ahora– el entrenador sonrió, mientras que Clay solamente agarró la camiseta, mirándola bien –Bienvenido al equipo.

Bienvenido al equipo.

Esa frase no dejaba de repetirse en la cabeza de Clay, aun luego de salir de la oficina para regresar a su habitación. Tampoco podía dejar de sonreír mientras miraba la camiseta del equipo; él, a pesar de ser hijo de Ruina Stoneheart y ser criado con el pensamiento de odiar a todo Knighton en especial a la familia real, no podía evitar sentir que su sueño se había vuelto realidad.

Desde niño había querido ser parte de un equipo de Lacrosse, ser el primer descendiente de villano que formara parte de un equipo; siempre había querido demostrar que los villanos no son lo que todos piensan que son: unos monstruos sin corazón que solo quieren destruir y conquistar todo a su paso.

Pero a medida de que pasaban los años, ese sueño se había ido a la basura al ver que nada cambiaba, sino que la situación de la Isla empeoraba cada vez más y más.

Mientras caminaba, miró al frente topándose con la mirada confundida de su "primo" de catorce años, la cual se dirigía directo a su camiseta de Los Knights. Clay sonrió de lado y se colocó la camiseta en el hombro.

–Tú no deberías tener esa camiseta– dijo Mariano, y miró a Clay –Eres un villano, y los villanos no pueden estar en el equipo de Lacrosse, ni en ningún otro.

–Y tú deberías dejar de subestimarnos– dijo Clay, aun sonriendo, y sus ojos brillaron en amarillo tal y como en el entrenamiento.

Mariano frunció el seño.

–No me importa cómo, pero haré que los regresen a la Isla de los Perdidos. Ese es el lugar al que pertenecen ustedes– escupió el menor.

Clay sólo rió negando con la cabeza.

–Soñar no cuesta nada, primo– Clay pasó a su lado, chocando su hombro apropósito con el de él.

Se sentía bien ser un villano.


Porfis vayan a darle amor a La Música que nos Une 

Gracias por su atención :D

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