~2~
Día dos
Kim Seokjin & Oc (Nana)
~Hold me tight/Love is not over~
2. Eating out (anilingus)
omegaverso (omegaxomega), power bottom, poliamor (OT7+Nana).
No sabe cuándo es que las esponjosas sábanas de su nido dejaron de sentirse frescas contra su piel. Bueno, talvez no sean las sabanas las que se sienten calientes, es muy posible que sea él.
Su celo se ha estado construyendo piedra a piedra y lo que parecía ser solo ser el precalentamiento; en las últimas horas se convierte en pesada y pegajosa excitación que lo tiene duro desde mitad de la película.
Todo había estado bien, obviamente se sentía somnoliento y tan deseoso de afecto y mimos, lo normal en las primeras fases del estro. Taehyung ya había empezado a saquear los roperos y las tinas de ropa sucia buscando lo necesario para armar su nido y Nana había estado comiendo mucho más que de costumbre. Sabía que sus celos llegarían pronto.
Jin pensó que sería Tae el primero en entrar en celo, Tae había sido el primero de los tres que rompía en calor desde que se sincronizaron sus ciclos. Pero cuando él se fue a trabajar luciendo tan fresco y guapo como de costumbre, pensó que todavía tendrían unos días.
Que crédulo fue.
La excitación se propagó difusamente pero con decisión bajo su piel, poco a poco y con cautela su cuerpo paso del sentirse cómodamente tibio a febril; se tensa y estremece. Cuando Nana abrazada contra él resopla una risa y se acomoda contra su costado, presionado su cuerpo contra el suyo, tan suave y dulce; tiene que detenerse, respirar lento por la boca y concentrarse en otra cosa que no sea los escalofríos que le recorren la piel.
Necesita algo, pero no está seguro de que. Hasta hace tan solo unas horas su cómodo nido rodeado del aroma de sus compañeros, un tierno abrazo, sentir los dedos de Nana peinar con cuidado su cabello, había sido más que suficiente. Se derretía al sentir sus dedos delinear las mordidas sobre sus hinchadas glándulas de olor. Eso había sido bueno, pero ahora se siente fuera de su piel, ansioso y deseoso de más, mucho más.
Su macha ha empezado a filtrarse, mojando la parte trasera del pijama. Espera que Hobi no se moleste por haber arruinado sus pantalones de deporte. La ansiedad le aguijonea el vientre y no sabe si es por excitación o ansiedad, porque sabe que es irracional Hoseok no se enojaría con él por una cosa tan fútil.
Pero aun así, no puede evitarlo. Él solo quiere ser un buen omega, un buen novio y no quiere enojar a nadie. Menos a Hobi; Hoseok da miedo cuando se enoja. Ese pensamiento lo hace tensarse y gime. El olor de Jin se vuelve confuso, mezclado entre vetas de cariño, amarga ansiedad, miedo, vibrante anhelo y calurosa excitación.
El cambio no pasa desapercibido por la omega a su lado; ella huele la dulce mancha manando de la entrada de su omega. Al principio quería esperar, irritar un poco al mayor; erizar sus sentidos y dejarlo hecho masilla en sus manos sin haberlo tocarlo realmente. Pero no quería esto, no quería que su omega oliera así, que se sintiera de esta manera ¿Estaría pensando que lo estaba ignorando? ¿Qué no creería tocarlo o complacerlo?
—Jin, bebe; ¿qué pasa?—lo encara preocupada.
—Nada, estoy bien—dice sin convicción con la voz áspera y torpe—En serio—repite, tratando de sonar más convincente.
Ella no contesta, y él no agrega más. Jin mira embelesado la cara de su compañera, ella lo mira inquieta, con el ceño fruncido y los ojos llenos de amor; tiene la carita sonrojada y los labios hinchados. No la ha besado en casi media hora, tiene que besarla, necesita besarla. La piel de Jin se calienta y siente como si su sangre se convirtiera en miel de solo tenerla con él, no puede evitar sonreír.
Sus brazos se sienten torpes cuando trata de moverlos, así que con cuidado acuna su rostro entre sus manos, se inclina sobre su cuerpo y la besa. Ella le da un pico cómodo y tierno, lo besa lenta y delicadamente. Es solo una fina presión contra su boca. Sus labios se sienten húmedos y suaves. El aroma de Nana se extiende debajo de su piel, saborea la espesa miel y el café. Gime en contra sus labios y ella cuela su lengua dentro de su boca.
Se vuelca en el beso, intentando mantener su ritmo; dándole juego. El omega se siente sedado, pero no quiere dejarla tomar el control, y le da una floja mordida en su jugosa boca. Nana con un toque de mariposa, le roza la nuca con las puntas de los dedos, toma un mechón de cabello y él vuelve a gemir contra sus labios. Ella lo devora con un beso desordenado, y él no puede más que abrazarse a su suave omega y dejarse arruinar.
La saliva cae por su balilla y al cambiar el ángulo del beso sus dientes chocan, las manos de Nana jala el cabello de su nuca. Y cuando sus uñas rascan su cuero cabelludo, Jin se frota contra ella y filtra un chorro de mancha. Nana le da un corto pico en los labios antes de besar su barbilla, y marcar un camino de besos hasta su cuello. Da una larga lamida a la mordida que tiene en el hombro y una rica corriente eléctrica le sacude el cuerpo, la cara se le llena de sangre, y un hermoso sonrojo le pinta de las mejillas hasta las orejas.
—Tranquilo, déjame cuidarte—.
Con calma ella rompe el abrazo, no quiere que el omega siente que lo está rechazando, toma sus manos entre las suyas y le besa los dorsos. El mayor siente su pecho bullir de cariño; cómo no lo haría, la omega lo está cuidando tan bien, siendo tan dulce y cariñosa, dándole tanto. La ama mucho. Nana lo hace acostarse de nuevo, sus manos se deslizan del ancho pecho de Jin hasta su cadera con un toque casi mínimo.
La omega cuela su mano por debajo de la holgada camisa que el mayor trae, y su húmeda palma se pega a su vientre, se queda quieta un segundo y al siguiente le rasguña la piel hasta donde puede alcanzar aun teniendo la camisa puesta. Le sube poco a poco la camisa, sus dedos trazan su firme vientre, sigue la línea de su fina cintura y le acaricia las costillas. La tela sube un poco más rozándose contra sus hinchados pezones, enrolla la camisa sobre el escote del omega y se muerde los labios al ver sus endurecidos pezones.
La chica no los deja pasar, toca con delicadeza uno con la punta de su lengua, delinea su aréola, le da un lento lametazo, y le da su atención al otro. Lo toma entres sus dedos, dándole un ligero apretón que hace gemir a Jin, este se termina de endurecer en sus pantalones empapados. Nana le pasa las uñas muy ligeramente a su pezón y cuando lo hubo torturado a su antojo, se lo lleva a la boca; toma con los dedos el otro pezón y escucha a su precioso omega dar un grito estrangulado.
—Nena-ah, por favor, necesito—está muy cerca del borde, sabe que se correrá, pero no quiere hacerlo de esa manera, necesita algo más.
—Lo sé—Nana habla tranquila, como si no hubiera convertido a Jin en una sustancia pegajosa.
Los omegas están completamente volcados el uno en el otro; el sonido de la televisión es un sonido difuso en el fondo y a estas alturas ya no importa quién de ellos tres se supone que entraría en celo primero.
Nana le quita le quita los arruinados pantalones, la tela húmeda da algo de trabajo, pero con un ligero tirón se los quita. Las largas piernas desnudas la reciben extendiéndose ante ella. Mira a Jin y no sabe que hizo para ser tan afortunada de ser compañera de esta persona, de ser pareja de sus maravillosos novios.
—Seokjin—lo llama por su nombre completo y no sigue hasta que Jin le devuelve la mirada—Te amo.
—Te amo también—dice solemne.
Se siente borracha de amor, de los aromas del nido y del exquisito olor del omega. Vuelve la atención al precioso cuerpo del mayor, empieza con toquecitos a lo largo de su pierna por aquí y por allá. Sus manos se envuelven alrededor de sus tobillos, acaricia la parte sensible del interior de sus rodillas y sus dedos tocan con gula las coyunturas de sus piernas. Jin se tensa de anticipación, esperando ella tome su descuidada erección.
En cambio ella lo toma por debajo de los muslos y lo hace doblar las piernas. Toma una de las almohadas del borde de su nido y la coloca debajo de su cadera. Nana se apoya con descaro en sus muslos y los presiona contra su pecho, casi doblándolo por la mitad. Su entrada queda a la vista; con un atractivo sonrojo, brillante de lubricante y necesitada de atención.
Cierra los ojos con fuerza y espera, y espera, y espera; pero no llega nada. Abre los ojos y ve a Nana mirarlo directamente con los ojos velados de ansia. Sin dejar de mirarlo saca la lengua y esta recorre desde la base de su pene, su saco lleno, pasa por su perineo y se detiene en el borde de su ano.
Marca ese recorrido varias veces antes de aplanar la lengua contra su entrada y Jin gruñe. Quiere despejar siquiera un poco su cabeza y concentrarse en algo; quiere evitar correrse, porque quiere más de esto. Quiere más de esa lengua, quiere más de esas manos. Deja caer la cabeza con las almohadas y trata de respirar lentamente, pero cuando capta el olor de Jungkook en las almohadas, se desmorona un poco más.
—Jin—ella lo llama y es lo que necesita para recuperar algo de atención—Ángel, necesito que pongas tus manos aquí—el omega gorjea de satisfacción, Nana lo llamo ángel, Nana sabe lo mucho que adora los apodos lindos. Medio aturdido cumple la orden. La omega acomoda las manos de Jin en donde ella lo estaba sosteniendo. Él trata de imitar la presión que ella mantenía sobre su cuerpo.
—Así está perfecto, eres un omega hermoso, eres nuestro omega hermoso; lo sabes ¿verdad?—con timidez asiente con la cabeza y se trata de contener algunas lágrimas. Le gusta que ella no lo obligue a contestar en voz alta como lo haría Namjoon o Yoongi.
Ahora que la chica tiene las manos libres, toma las regordetas nalgas y las separan. La sonrosada entrada del omega se cierra alrededor de la nada y no deja de manar lubricante de ella, la vista le hace agua la boca. Se inclina hacia él y saca la lengua. Su húmeda lengua da toquecitos alrededor de su ano, si el olor era delicioso, el sabor es el cielo; no puede evitar mojarse al probarlo. La chica da algunas largas lamidas de gatitos antes de dibujar largos círculos en la goteante entrada del omega. Jin se estremece al sentir la respiración de Nana contra él.
Ella entierra las uñas en su trasero y las arrastra a lo largo de las nalgas, el mayor siente el picor de los rasguños en su piel y se retuerce, balanceándose contra la cara de la chica. Nana le palmea la piel reluciente de sudor, le da cuatro sonoras nalgadas y le hace sentir la piel chispeante de electricidad y hambriento de atención. Nana presiona los talones de sus manos en su piel, dejando claro que quiere su atención y lo quiere quieto. Jin toma un largo respiro y trata de mantenerse tranquilo. Ella lo recompensa marcándolo con sus uñas desde los muslos a las nalgas.
Creyó que ese era recompensa hasta que sintió la punta de su lengua penetrarlo. Sus manos se crispan y siente laxas las piernas, suelta una de sus piernas y esta cae al colchón. Ella lo chupa y lo lame, antes de volver a introducir su lengua. Jin pone los ojos en blanco y larga un profundo gemido. Nana aleja una de sus manos del culo de Jin mientras ello lo sigue penetrando y lo ayuda a acomodar su pierna sobre su hombro. Jin con la mano que tiene libre toma una de las desordenadas prendas del nido y se la lleva a la cara, inhala largamente y el perfume de Jimin se pega a su cara.
La omega frunce los labios sobre la húmeda entrada y los mueve como cuando lo besa con lengua y dientes, es un beso desordenado, hay mucha saliva y mancha corriendo por sus mejillas y cuello. No deja de penetrarlo con su lengua. La omega se separa para respirar y saborear ese dulzor picante. El sonido del chapoteo capta la atención de Jin y lo hace apartar la cara de la sudadera ahora húmeda de saliva y buscar los ojos de la chica.
Ella no aparta la mirada de él mientras lo sigue comiendo. No sabe si ella lo ha estado mirando todo este tiempo, la idea los hace sonrojarse y el rubor trata de calentar aún más su cuerpo febril. Ella lo mira a los ojos mientras le come el culo. Nana luce algo rota, los ojos nublados, pupilas dilatadas y la cara roja, tratando de respirar y no dejar de beber de esa deliciosa mancha. Jin se muere por recostarla en su nido y adorarla como se merece, pero también desea poder inclinarla contra la ropa de sus alfas y llenarla de corrida hasta que gotee, porque es una omega hermosa que merece eso y más.
De pronto siente la lengua de la omega apartarse de su ano, y este boquea buscando llenarse con algo, se siente vacío y no le gusta esa sensación. Nana lame a lo largo de su perineo y vuelve a su ano. Sus pulgares separan su entrada y cuando se prepara para volver a sentir su lengua, ella le da una suave mordida muy cerca de su ano. Grita, se arquea y su erección tiembla expectante, está cerca, muy cerca. Su lengua se siente gruesa y pesada como si no perteneciera a su boca.
La chica le palmea las nalgas, rápido pero conciso, no se detiene hasta que la piel esta rosa y bonita y las marcas de sus uñas se destacan aún más sobre esa hermosa piel de durazno. Dos resbaladizos dedos le acarician el perineo y sin aviso lo penetra con tres dedos. Lo embiste varias veces antes de que Jin empiece a balancearse contra su mano. Dos embestidas más y ella encuentra su próstata y no deja de acariciarla. Deja de abusar del sensible perineo del omega, y cierra la mano contra la roja erección.
Ella está a punto de empezar a masturbarlo cuando se corre en su mano. La intensa eyaculación lo golpea y se alarga, su ano se contrae y succiona los dedos de Nana como si no quisiera dejarlos ir. Ella aprovecha y sigue aporreando su abusada próstata, y sus labios se cierran en torno a la sensible cabeza de su pene, dejándolo al borde de la sobreestimulacion. Su cuerpo cae y con renuencia ello lo suelta. Jin flota en una atolondrada neblina orgásmica, pero aun si nota cuando ella vuelve a sostenerlo y lo acuna contra su pecho. Siente una húmeda mano rodearle y otra acariciarle el cabello.
—Ven aquí—dice Jin con voz pastosa. La acerca a su cara y le da un beso perezoso. Se prueba a si mismo en los labios de su omega y siente una lejana chispa encenderse en su vientre—Creo que hice un desastre—comenta medio avergonzado, medio complacido.
Jin lame su mancha de la barbilla y cuello de la chica; entre su propio sabor siente el sudor de Nana en su lengua, y no puede evitar lamer más hasta tener más del sabor de su omega.
—No importa, me gusto—comenta con la voz ávida pero rota—la próxima vez siéntate en mi cara y móntala—pide esperanzada y pareciendo al borde de que su celo rompa hervor.
Jin le toma la cara entre sus manos, roza la punta de su nariz contra la suya; le da un húmedo pico y le dice que si a eso y a más. Busca entre las almohadas uno de los tapones de Jin para el calor, y mostrándoselo le pide permiso para ponérselo. Quiere aprovechar lo dilatado que está y también quiere darle algo en qué concentrarse hasta la próxima ronda.
Está a punto de acomodarse otra vez contra su omega, cuando el intenso almizcle de un alfa se siente en el pasillo y la puerta se abre sin siquiera tocar, seguro que apresurado por el aroma de omegas en calentamiento.
—¿Díganme que no llegue tarde?
—Claro que no, Alfa—.
...
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