Capítulo 4

Al despertar lo primero que sentí fueron los cálidos rayos del sol. Me sentía cansada pero no podría volver a dormirme, de alguna manera me sentía segura en donde estaba. Trate de recordar el motivo de mi actual posición. Lentamente los momentos que pase en la escuela llegaron a mi mente, los impresionantes ojos azules de Marcus con esa mirada preocupada y compasiva. Un golpe seco de algo cayendo fue suficiente motivo para que mis ojos se abrieran.

Me costó un poco de tiempo acostumbrarme a la luz de la habitación, el ruido venía de mi derecha así que mi mirada fue a ese lado. Lo que vi casi me hace reír, casi. Marcus se encontraba en el suelo enredado en una manta, probablemente se había quedado dormido en la pequeña silla atrás de él, y cayó cuando el peso lo venció.

— Se más cuidadoso — dije en voz queda. Mi garganta estaba tan seca que dolía horrible. Aunque había soportado cosas peores como para quejarme de eso.

— Sí claro — su cara se encendió, tenía un agradable tono rojito. —, ¿Cómo te sientes? — Su mirada se dirigió a cualquier lugar en la habitación menos en mi, sonreí mentalmente ante tal escena lucía bien todo avergonzado.

— Boca seca, dolor leve de cabeza y mi espalda está tirante. — No tenía por qué ocultar mi dolor. Me había dado cuenta que había pasado bastante tiempo con ellos y no me entregaron a mi padre. Creo que podría darles el beneficio de la duda a estas personas.

— Bueno, no puedes tomar agua pero si puedo darte hielo picado. — con una cuchara me dio el hielo, no tenía fuerza para levantar los brazos así que él hizo el trabajo. — Mis padres salieron a hacer un recado, cuando lleguen hablaremos seriamente. — su voz sonaba tan amable, mis ojos se llenaron de lágrimas. Hacia tanto tiempo que nadie me había hablado con ese tono de voz, últimamente mis emociones estaban como en una montaña rusa, con altos y bajos momentos.

— ¿Por qué? — la pregunta salió de mis labios sin siquiera pensarlo. Eso también está pasando más seguido, ¿Por qué tenía que llegar este chico? Siempre me había felicitado de poder mantener mis pensamientos bien guardados. ¿Serán sus ojos?

— Cuando ellos lleguen Amy — Asentí con la cabeza, podía esperar un poco más por las respuestas. — Sabes has pasado tres días inconsciente. — se sentó en la silla de nuevo, no hizo el intento de acercarla a la cama. Cosa que agradecí, por muy segura que me sintiera no podía bajar la guardia tan fácil. Lo había aprendido a la mala hace algunos años.

— ¿Me contaras como lo han tomado todos? Aunque no creo que le dieran mucha importancia. — mi voz se quebró un poco, odiaba ser tan débil. No importa si los demás no se preocupan. Estoy bien sola.

Su silencio fue suficiente para saber que tengo razón. Nos quedamos en silencio por un rato, mi mirada recorrió el cuarto, era sencillo, los tonos crema y el natural de la madera combinaba perfecto, era luminoso.

En la mesita de la derecha había una pila de cuadernos y libros. Pude ver un libro de álgebra, química e inglés. Marcus debía haber hecho la tarea. Por encima vi la ecuación de álgebra, estaba mal el procedimiento de ese problema.

Marcus debió seguir mi mirada porque acercó su silla y tomó el cuaderno.

— Mi papá me dijo que tú eres muy lista, y si no mal recuerdo te dije que me ayudaras con las materias cuando me presente en clase. — me ayudo a sentarme sin que mi lastimada espalda se resintiera, luego tomó un lápiz y un formulario. — Sé que está mal pero no entiendo dónde.

Esta vez sí sonreí, nadie me había pedido ayuda, normalmente exigían que hiciera sus deberes nunca a que les explicará.

— Bueno entonces veamos...

* * *

Pasamos un par de horas trabajando en su tarea, casi llegamos a lo último de inglés cuando la puerta del cuarto se abrió. Mi cuerpo se tensó antes de que a mi mente llegara la comprensión de que nadie peligroso sabía que estaba aquí. Trate de relajarme pero era difícil.

— Hijo sería bueno que... ah estás despierta. — dijo la madre de Marcus cuando entró al cuarto, sus ojos conectaron con los míos y sonrió. Me sentí incomoda al ver esos gestos cálidos, así que dirigí mi mirada a Marcus, era lo único familiar en el cuarto.

— Mamá dile a papá que bajaremos enseguida. — dijo Marcus, se levantó de la silla y comenzó a recoger las cosas que habíamos ocupado. A pesar de solo tener 16 años sus movimientos eran fluidos y llenos de seguridad.

— ¿Tienes hambre pequeña? — preguntó la mujer, mi estómago se comía así mismo pero negué con la cabeza. No sería la primera vez que la comida no estaba en el número uno en mi lista de prioridades. Pero mi cuerpo no opino lo mismo ya que en ese momento mi estómago se rebeló y sonó fuerte en el cuarto.

— Bueno eso lo dice todo — dijo riendo un poco. Mi cara se puso roja por la vergüenza. — Bueno hijo, se cuidadoso al bajar. — La mujer salió del cuarto dejando la puerta abierta, aún escuchaba su risa. Cuando mi atención giro a Marcus lo vi parada a un lado de la cama. Su mirada se había ensombrecido un poco.

— Lo lamento. — dijo Marcus, no entendí a qué se refería con eso cuando repentinamente movió las mantas para destaparme, me cargo con mucho cuidado. El dolor recorrió mi cuerpo, no mucho pero sí el suficiente para que hiciera una mueca.

— Mamá te puso ungüento, dijo que ayudaba con la cicatrización y que hidrataba las heridas para que no doliera tanto cuando te movieras. — él parecía estar justificando el dolor en mi cuerpo. Sabía de qué ungüento hablaba, padre me daba uno para que curara mis heridas, algunas tuve que hacer remedios para poder curarme.

Llegamos a la planta baja, me llevó a la sala, ahí estaba el hombre de antes, tomaba una copa de whisky si el olor decía algo. El lugar era bastante grande, lo suficiente para que una familia de 6 viviera cómodamente.

Marcus me dejó en el sillón de una plaza, agarró la manta que estaba en el respaldo y me cubrió las piernas, dejó que yo envolviera los extremos. Él se quedó parado a un lado mío colocando una mano en mi hombro, dándome su apoyo de manera silenciosa.

Cinco minutos después la madre de Marcus entraba con una bandeja de comida. La colocó en la mesita de centro, y se fue a sentar con su esposo en el sillón de dos plazas frente a mí, estaban a unos dos metros de distancia.

Agradecí silenciosa por el espacio. Marcus me sorprendió al sentarse a mis pies, tomó un plato con fruta y me lo dio, comí lentamente. No tenía prisa. Solo comí la mitad de la fruta cuando Marcus me ofreció un vaso de jugo, tomé unos sorbos.

— Amy — alce mi cara hacia la voz, unos ojos grises se fijaron en los míos. Gris contra gris. ¿Por qué era tan familiar? Su voz era fuerte, su expresión seria, parecía a punto de derrumbarse pero al mismo tiempo como si nada pudiera tirarlo.

— ¿Por qué? — volví a preguntar.

— Porque es lo correcto. — mi cara bajo a mi regazo, apreté el vaso con los dedos. ¿Era solo una obligación? — Porque te lo prometí.

Mis ojos se abrieron de sorpresa, alce la vista él estaba sonriendo. Trate de recordar donde había visto su rostro. Él era... era... mis ojos se llenaron de lágrimas.

Un solo rostro vino a mi mente, un hombre joven con una sonrisa brillante y ojos llenos de lágrimas. Acompañado de una mujer que cargaba a un bebé y de un niño casi de mi edad.

— Quiero que estés conmigo, con mi familia.

Un hombre curando las heridas en mi labio y en las muñecas.

— Jamás estarás sola.

Una familia abrazándome, dándome fuerzas.

— Te prometo sacarte de esa casa.

— ¿Tío? — mi voz tembló, él estaba bien. Su familia estaba bien, años de creer que pudo haber muerto. Ahora todo estaba claro, esa seguridad que sentía en esta casa, al lado de estas personas. Todo eso era porque ellos son mi familia.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, con la vista nublada vi como él se levantó del sillón y camino hasta donde yo estaba. Nos miramos intensamente en silencio. No supe quien se movió primero, solo vi mis brazos ir hacia adelante mientras que mi tío caía frente a mí de rodillas, mis dedos aferraron su camisa mientras los brazos de mi tío se envolvían cuidadosamente a mi alrededor, siendo cuidadoso de no tocar ninguna de mis heridas.

Sus brazos eran tan cálidos, tan seguros. Finalmente me rendí al llanto después de años de no derramar una sola lágrima. Mi tío también lloraba, pero en silencio, permitiendo que me desahogara mientras me sostenía entre sus brazos. Sentí la ternura y el cuidado en ese abrazo, lo apreté a mi cuerpo todo lo que pude.

Mi familia estaba viva.

El abrazo duró mucho tiempo, tanto que el azote de la puerta me asustó.

— Mamá ya llegué. — dijo la voz infantil de un niño. Escuche pasos de alguien corriendo, estaba a punto de levantar la mirada cuando escuche el jadeo de un hombre, me tense tanto que mis heridas protestaron. Los brazos a mí alrededor se apretaron. Mi corazón comenzó un latido frenético.

Levante la mirada y con temor vi al oficial Evans parado en la puerta.

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