Capítulo 1
Desperté sintiendo mi cuerpo completamente entumecido, trate de mover los brazos y las piernas pero un tirón muy parecido a un calambre detuvo mi movimiento. Un pequeño grito estuvo a punto de salir de mi seca garganta, pero el escozor no me dejo emitir ruido alguno.
Descanse un rato más reuniendo fuerzas y tratando de recordar el porqué de mi dolor. Solo una palabra pudo aparecer en mi mente. Padre.
Abrí los ojos espantada, ¿Qué hora era? tenía que levantarme para realizar el desayuno, gire mis ojos hacia el despertador creyendo que mi día comenzaría con un golpe o varios por mi negligencia. 6:00 a.m. solté un gran suspiro de alivio solo por ver esos números. Aún era temprano.
Me levanté de la cama lentamente, mi espalda dio varios crack cuando mis huesos protestaron por el movimiento. Camine como pude hacia la ducha, esperando que el agua caliente relajara mis músculos. Me lave muy bien las heridas que tenía abiertas vi como el agua se pintaba de rojo. Ya era algo común en mi vida así que no reaccione de ninguna forma.
Cure las heridas que pude, vende mi muñeca izquierda pues estaba algo hinchada, coloque un poco de ungüento para el dolor en mi garganta, hoy no podría hablar mucho. Vi los moretones en mi torso y en los brazos, cada día que pasaba mi odio hacia el espejo iba en aumento.
Cubrí mi cuerpo con una playera de manga larga y cuello de tortuga, el color gris oscuro era escogido para evitar destacar. El día según el pronóstico del clima sería nublado así que menos me notarían. Me puse unos pantalones de mezclilla negros algo holgados para evitar la presión en las piernas, aún me dolían de los azotes que hace tres días había recibido. Deje mi cabello suelto pues ocultaría las marcas de los dedos.
Salí de la habitación con temor apretando mi pecho. Hice el desayuno asegurándome de que el beicon no se quemara y estuviera crujiente, el café estaba ya listo y el jugo de naranja recién exprimido.
Exactamente a las 7:00 a.m. mi padre apareció en la cocina. No me miro en ningún momento, vi cómo se sentó y comenzó a desayunar, comió un poco de todo, lentamente pues sabía cómo de ansiosa estaba, se limpió la boca con la servilleta.
— Bien puedes comenzar — me dijo alzó la mirada para ver mi postura en ese momento. Parada a un lado de la puerta con las manos en la espalda y viendo hacia el frente. Solo escuche sus palabras y me dirigí a la puerta de entrada, tome el periódico y regrese a la cocina, coloque el periódico en la mesa aún lado de mi padre.
— Buen día padre — dije con voz baja y clara, me senté frente a él, mi desayuno era menos elaborado solo unas cuantas frutas picadas y un vaso de agua tibia. Comí poco no podía mantener el alimento en mi estómago.
Mi padre terminó y se levantó de la mesa, hice lo mismo. Comencé a levantar los platos para lavarlos. En cuanto él salió de la cocina corrí a la puerta de enfrente, tomé el maletín de trabajo de padre. Él bajó las escaleras se puso su saco y yo le tendí el maletín.
— Ten un buen día padre — le dije. Haciendo una pequeña reverencia antes de que saliera.
En cuanto la puerta se cerró tras de él respire con alivio, nada había salido mal. Vi el reloj sólo tenía poco tiempo para terminar lo de la cocina e ir a la escuela.
* * *
Los días en la escuela eran guiados por una pequeña monotonía, en donde nadie de mis compañeros veía las heridas y moretones de mi cuerpo, mientras que los profesores fingían que mis movimientos y las expresiones de dolor no existían.
Nadie quería meterse con mi padre un doctor prestigioso que tenía un montón de dinero y que apoyaba de manera muy generosa a diferentes personas e instituciones. Ni siquiera yo tenía ya la fuerza para oponerme a él.
Caminaba lentamente por los pasillos escuchando la incesante cháchara que emitían los alumnos. Podía sentir alguna que otra mirada burlona a mi paso. Los compañeros que tengo este año no son tan crueles como en años anteriores, hacían una que otra broma que solo me daba algunos sustos. Hoy no era el caso o eso esperaba.
Al llegar a mi salón me senté esperando que el profesor no tardara tanto. Todos los alumnos estaban ansiosos y murmuraban a cada segundo subiendo el volumen de sus voces.
— Hey, Angie dijo que lo vio en la mañana — escuche que un grupo de chicas decía.
— No puede ser ella ha estado todo el tiempo conmigo — fue la contestación.
— Espero que sea una chica hermosa, aquí hacen falta — me dieron ganas de bufar. A veces los chicos eran idiotas. Comenzó una pelea verbal entre chicas y chicos.
Me desconecte de todo, mi asiento estaba a un lado de la ventana era de los lugares centrales, voltee a mirar el cielo, ni un solo rayo de sol se podía ver.
Cuando era pequeña y mis esperanzas en la gente eran altas buscaba a más familiares en quienes apoyarme. Un pequeño cuaderno de piel fue algo preciado que encontré un día de limpieza. Entre lo escrito encontré unos cuantos números de teléfono.
En las ocasiones en que padre no estaba en casa logre marcar unos cuantos de esos números pero solo recibía negativas a mi llamado de auxilio.
Sin embargo hubo una persona que dispuso de tiempo y en cuanto me vio quiso mi custodia. No recuerdo qué pasó con él, solo puedo esperar que padre no le hiciese nada malo.
Un pequeño escándalo me saco de mis divagaciones. Volteé hacia el frente, las chicas estaban de pie viendo a alguien así que no podía ver quien captaba su atención. Supongo que sería el tema del día.
De repente entre las cabezas de las chicas vi unos ojos azules. Estos a su vez me vieron, fue abrumador parecía que esos ojos podían ver profundamente en mi alma. Sentí algo cálido en mi pecho, un alivio que nunca había experimentado.
Tan repentino como llegó el sentimiento éste desapareció.
— Bien chicas será mejor que tomen asiento — escuche al profesor decir. Todas tomaron su lugar emocionadas, los chicos lucían algo decepcionados.
— Ya sé que el año escolar va a la mitad pero tendremos un alumno transferido. — dijo el profesor, ciertamente era algo inusual. — Espero que todos puedan ayudarlo, preséntate. — el profesor se sentó en su escritorio, dejando al chico la palabra.
— Mi nombre es Marcus Harvey, a mi padre lo transfirieron de trabajo, es por eso que estoy aquí. — dijo con una sonrisa, él parecía un poco nervioso por la forma en que sus manos jugaban con su pantalón.
— Bien Harvey busca un lugar y siéntate. — dijo el profesor.
Vi al chico nuevo pasar la mirada por todo lo salón, cuatro asientos había disponibles, el primero estaba hasta el frente del salón, el segundo estaba al lado de Tania la chica más bonita del año, al parecer su mejor amiga y compinche Lisa no había asistido. El tercer asiento era enfrente de Kevin, el chico era de los más agresivos y me recordaba mucho a mi padre, extrañamente era el más popular. Por último el asiento a mi lado estaba libre, Darío el chico que en algún momento pensé era mi único aliado se sentaba en esa silla, él había desaparecido hacia un par de meses justo el día en el que había tratado de ayudarme fue un duro golpe para mí.
Gire de nuevo mi vista a la ventana cuando un nudo se formó en mi garganta, la elección parecía obvia para mí, si él chico quería ser popular se sentaría con Kevin, si quería ligar estaría con Tania, los otros dos asientos no destacaban.
— Espero me ayudes con las materias — una voz me sorprendió, mis ojos se abrieron de sorpresa, al voltearme vi a Marcus a mi lado sus ojos volvían a trabarse en los míos. No dije nada, solo asentí con la cabeza, mi garganta aún dolía y no podía articular palabra.
— Bien chicos empezaremos la clase — escuche que dijo el profesor, el día sería largo, vi de reojo al nuevo, era extraño pero se me hace familiar, vi cómo me sonrió al darse cuenta que lo veía. Regrese mi mirada a la ventana, puse una mano en mi barbilla para apoyarme, ese chico había llamado mi atención ya veremos cuanto tiempo toma el alejarse de mí.
* * *
En cuanto el timbre que anuncia el receso sonó mis compañeros salieron del aula. Algunos otros, es decir, las chicas se reunieron alrededor del chico nuevo.
— ¿Marcus cierto? ¿Puedes decirnos de dónde vienes? — escuche que pregunto Cam, una de las chicas que menos me molestaban. De reojo vi a Harvey tomar aire para hablar.
— Deja eso de lado Cam. — Interrumpió Tania al chico, dándole lo que parecía su mejor sonrisa continuo — Mejor dinos si tienes novia.
— Yo mejor quiero saber en que trabaja tu padre. — Por dios, no aguanto más eso, sentí un poco de pena por el chico Harvey pero no podía quedarme más.
Me levante lentamente de mi asiento tratando de ignorar la plática insulsa que se realizaba a mi derecha. Mis músculos protestaron de dolor por haber estado cuatro horas en la misma posición.
Camine a la salida. El ruido en el salón era cada vez más alto y hacia que el dolor de cabeza que tenía aumentará.
Llegue a mi lugar favorito dentro de la escuela. Un gran árbol de roble se alzaba en una de las esquinas más alejadas del edificio, nadie iba ahí ya que el basurero se encontraba a unos metros.
El olor no me importaba, raramente comía algo en los recesos, así que sólo me senté en el poco pasto que había. La noche anterior padre había llegado tarde a casa, algo debió haber salido mal en el trabajo porque había estado furioso.
Lleve una mano a mi cuello. Aun podía sentir como me faltaba el aire.
— ¿Siempre eres así de callada? — me asuste al escuchar esa voz. Alcé mi vista sólo para encontrarme con ese par de ojos azules. Se veía un poco burlón por mi reacción.
Bajé de nuevo la mirada, mi garganta seguía irritada, no sabía si al hablar mi voz saldría bien o si me fallaría al intentar emitir algún sonido.
Sentí como se sentó a mi lado. Por un tiempo no dijo nada solo se quedó ahí asiéndome compañía.
— Sabes pudiste haberme ayudado en el salón, esas chicas dan miedo. — lo vi de reojo, parecía convencido de que yo podría haber hecho algo.
Hice un encogimiento de hombros tratando de quitarle importancia al asunto.
— Es verdad, faltó muy poco para que una de ellas se sentara en mi regazo, y otra tuvo el valor de pedirme el saldo de la cuenta bancaria de mi padre. — pude sentir un estremecimiento viniendo de él.
Sonreí un poco era inevitable ese chico tenía razón. Claramente podía ver a ambas chicas haciendo exactamente lo que Marcus había dicho.
— Me gusta que sonrías — me sorprendió con su franqueza. Comenzaba a incomodarme. Este era el tiempo más largo que había pasado con otra persona. Me sentía confundida. Jale las mangas de mi playera para ocultar mis manos.
— No te conozco. — Comencé a decir en un susurro, voltee a verlo — No me conoces. — Sus ojos se suavizaron y me sonrió — ¿Porque me hablas?— mi voz término en un susurro aún más bajo.
— ¿Por qué no habría de hacerlo?
El sonido del timbre cortó cualquier cosa que fuera a decirle. Él se levantó y caminó de regreso al edificio. Ese chico era extraño. No lo conocía pero me resultaba familiar. Algo en él llamaba mi atención.
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