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¿Estaba seguro de lo qué iba hacer? No, pero ya puestos, qué más podía perder en público si ella misma, iba a dar la noticia. Era su última carta, para intentar hacerle ver a Jacqui, que todo había sido siempre una mentira para ocultar sus verdaderos sentimientos.

Pero abrigaba miedo en su corazón, pues la había visto muy decidida cuando había despertado de su trance. Puede, que ya no aceptara nada y quisiera seguir adelante, dejando lo ocurrido entre ellos como cosa de un paso tormentoso.

Estaba aterrado y nervioso.

¡Dios! Volteó los ojos al techo, al odiar su maldita parte romántica, heredara del maravilloso matrimonio de sus padres.

Iba a dejar desnudar su alma, por demostrarle que la amaba.

Apoyado en el quicio de la puerta, observó como su amiga Zaida, una de las periodistas del corazón más conocidas de Mónaco y también, amiga de su familia. Se atusaba la melena y carraspeaba un poco, antes de que le dieran la señal de directo en uno de los programas del corazón de aquel canal informativo.

Bien, la boca del lobo se acababa de abrir sin cuerda alguna para cerrarla. Y su corazón, parecía haberse detenido al ir a la velocidad que iba, de modo que llevó su mano izquierda a su pantalón y como siempre, con fuertes dedos agarró la pequeña caja que portaba desde una vida entera y la apretó con dedos fuertes, para tratar de volver la calma a su sistema nervioso.

-Hola a todos –Sonrió Zaida-, supongo que se sentirán confusos de verme interrumpir la emisión del programa, y más al verme sentada en una silla sin decorado alguno tras de mí –Se alzó de hombros-. ¿Tiene algo que ver, con la rueda de conferencia que va nos va a ofrecer la casa real en directo? –Cuestionó con sonrisa astuta-. Sí –Confirmó con tono tajante-. Tengo un invitado más que especial, en verdad es todo un honor –Se llevó sus manos al pecho-. Por primera vez, será entrevistado en emisión directa y con total libertad –Guiñó un ojo sonriendo-. No vamos a recibir ninguna denuncia por las preguntas que hagamos, cierto que no está obligado a responderlas a todas... Pero esperemos que lo haga –Medio susurró, para atraer aún más la atención del público-. Indico con antelación, que intentaremos volver la emisión en directo con la casa real a tiempo, para que podamos resolver de cierta manera, las aclaraciones que averiguaremos en breve... Pero si no lo hacemos, invito a todos a que cambien de canal, yo lo haría –Se alzó de hombros sincera-. Quién sabe, si nos estarán viendo también y nos querrán devolver las respuestas o aclarar algunas mentiras... -Aspiró con cierto orgullo y mirada brillante-. ¿Ya adivinaron quien se sentará en ésta silla de enfrente? Espero que sí, porque en unos minutos lo verán. No se marchen –Volvió a guiñar el ojo, para levantarse de la silla cuando escuchó como cortaban por unos minutos la emisión, dando paso al presentador del programa que había en antena.

Aún de pie en el mismo lugar, vio como su amiga se acercaba a él, con una pequeña botella de agua mineral, para entregársela en mano.


-Te ofrecería un whisky –Anunció la mujer con cara de preocupación-, pero solo tengo agua mineral y creo, que no te va a bastar para calmar tus nervios. Estás pálido.

Kénan, sonrió débil ante su preocupación.

-Tranquila, una vez que esté ahí confesando, se me pasará todo el nerviosismo –Indicó, pasándole un brazo alrededor de los hombros.

-¿Estás preparado? –Alzó un poco su rostro, para mirarlo a los ojos, viendo como éste le guiñaba un ojo tras coger aire profundamente.




Que mejor, que ponerse su traje habitual al trabajo, para afrontar a la prensa. Con aquello, se sentiría al menos algo más fuerte. Era como llevar su coraza habitual...

Enfocarlo todo de una manera estricta... ¿O eso esperaba lograr?

Pensó completamente apesadumbrada, cuando iba bajando las escaleras de la planta superior, seguida de las increíblemente calladas de sus hermanas pequeñas. Para ser interceptada de forma veloz y brusca, por el brazo de su padre, quien la agarró y a medio arrastre, la condujo por el pasillo que llevaba a su despacho.

-Auch –Se quejó, frotándose el lugar por donde la había agarrado-. Espero que no pretendas encerrarme ahora aquí –Soltó con tono molesto, pues aún no había perdonado lo de las mazmorras.

-Jacqui, mira... -Soltó en un susurro ahogado Enora, que no había dudado en seguir a su padre, apoyada por su hermana Harmonie. Ahora, parecían sus guardaespaldas privadas.

Se giró con el ceño fruncido, hacia donde miraban sus hermanas y padre fijamente. Para notar como su corazón se detenía de sopetón, al ver a Kénan hablando por televisión.


Aquello iba a resultar muy difícil.

Cómo iba a olvidarlo por una vida nueva, si con solo verlo, su cuerpo y corazón, dejaban de ir acorde con su cerebro... Ya volvía a sentir el renacer de sus lágrimas, desde el más profundo dolor...

Era inútil negarlo, a quien quería engañar, si ni a sí misma podía... Lo amaba.

-Es una emisión en directo –Señaló su padre, logrando sacarla de sus pensamientos.

Se giró a mirarlo confusa y con lágrimas en los ojos, comprobando como solo se había detenido a mirarlo, dejando de lado a su sentido del oído.

Aspiró con fuerza y caminó al sillón más próximo, para prestar por primera vez desde que había entrado en el estudio, suma atención a la ronca y sensual voz del hombre.



-Bueno-Soltó un profundo suspiro la periodista-, acabamos de aclarar, que tu vida amorosa ha sido prácticamente como la de un monje –Hizo una mueca con los labios-. Que suerte, las pocas que se te han llevado a la cama a lo largo de tu vida –Se abanicó con la libreta que portaba en las manos-. Mira que me gustaría poder indagar aún más en ésas cosas, pero el tiempo se nos agota y quiero ir directa a lo que nos interesa –Aspiró con decisión-. Quiero saberlo todo, sobre tus sentimientos a nuestra heredera al trono, es decir a la princesa Jacqueline o tal vez, podría indicarla ya como tu esposa.

-¡Joder, está concediendo una entrevista sincera! –Soltó de sopetón sorprendida Enora, cosa que los demás también les hubiera gustado exclamar de sorpresa.

-¿Por qué está haciendo esto ahora? –Inquirió Harmonie-. Todos sabemos como siempre a protegido su intimidad ante la prensa rosa y amarilla.

-Por ti tesoro –Se atrevió a señalar su padre, intentando guardarse sus fuertes emociones.

Los miró por un segundo con los ojos como platos, para después girarse a mirar la pantalla absorbiendo todas las palabras de él, con suma atención.


-Cierto, es mi esposa –Confesó con una sonrisa llena de cariño-. Pero mejor os cuento todo, desde un principio muy resumido –Indicó con su peculiar guiño de ojos.

-¿Tal vez puedas concederme otra entrevista otro día sin tantas presiones? –Interrumpió con tono socarrón la bella mujer, logrando arrancarle por un momento, una gran carcajada a un relajado Kénan.

-No –Negó divertido con un movimiento de cabeza-. Que conste que estoy aquí, en apoyo a la casa real y solucionar lo que ha salido a la luz... -Aspiró con calma-. Me enseñaron a ser un caballer, y no veía para nada bien, que ella se enfrentara sola a todos vosotros –Sonrió con un gran brillo en los ojos-. Aunque es una gran mujer y sé, que habría podido de sobras bien sola.

-Tengo que decirlo –Volvió a interrumpirlo con cierta complicidad al ponerle una mano en el brazo-. Eres un hombre enamorado, lástima por todas las que soñaban con echarte el guante o la joya al dedo... -Acabó guiñándole un ojo.

-Para que voy a negarlo a estas alturas Zaida –Se alzó de hombros-. Fui un chaval enamorado de ella y hoy, soy un hombre aún enamorado de la misma persona.

-Pero –Alzó una ceja inquisitiva Zaida.

-Fui un imbécil rematado como muchos otros hombres –Confesó con cierto fastidio-. Nos conocimos, porque ella es amiga de mi hermana Noah. Me sentí cautivado de inmediato por su belleza, su nobleza, su sonrisa e inteligencia... Pero por aquel entonces, yo recelaba bastante ya de la prensa –Volvió a mostrar una mueca de fastidio-. No quería salir en los titulares de ninguna revista y sabía que con ella, sería cosa difícil. Además, ella era por aquel entonces menor de edad y princesa, presentada como la futura heredera... -Por un momento se vio una sombra triste en sus ojos-. Congeniamos a la primera, pero mis pensamientos en aquel entonces, eran que si me pinchabas el dedo no saldría de él, sangre azul –Sonrió con las comisuras de forma débil-. Sabía, que a cada día me calaba más hondo y yo, nunca iba a poder ser su caballero de blanca armadura. Como adolescente inmaduro, creí que lo mejor era apartarla de mí.

-Que triste –Soltó un profundo suspiro su amiga, completamente entregada a las palabras del hombre.

Como también lo estaba Jacqueline, sus hermanas y su padre, sin contar casi la población entera de Mónaco.

-¿No sería mejor decir, que cobarde? –Rió con cierta burla.

-¿Qué hiciste, porque debió fallar para que estéis casados? –Demandó en casi un susurro, no queriendo romper el ambiente creado que tenía Kénan, en seguir confesando todo.

-Me convertí en un completo necio con ella –Confesó con cierto desagrado hacía sí mismo-. Encuentro casual que tuviéramos, siempre iba cargado de pullas hacia ella. Poniéndola como una fría princesa, adjetivos dañinos para que me odiara, me cogiera asco... Pero una vez más, como tantas otras. El grupo de amistad de mi hermana se mezclaba con el mío para según qué quedadas, y una de ellas fue viajar a Irlanda.

-Creo que ya entiendo cómo llegó la boda –Soltó con aire afligido.

-Una vez más, no pude evitar el chincharla... -Rió con cierta aflicción-. Pero era por la rabia que me consumía, de desear acercarme a ella, agarrarla, abrazarla y decirle lo mucho que la quería... Era tan bonita, estaba tan bonita aquella noche... -Sonrió con melancolía-. Pero ya solo conseguía hacerle daño, ya no sabía cómo mostrarle a mi verdadero ser... Nuestros encuentros, han sido para ver quien ganaba en pullas hasta hace poco.

-¿Qué ha cambiado?

-Supongo que por unos días, ambos hemos bajado un poco la guardia –Confesó sonriendo-. Hemos sido capaces por ese corto periodo, de decirnos con la mirada y con el cuerpo, lo mucho que nos queremos...

-Oh, por dios, nos estás diciendo... -Se inclinó hacia delante en la silla, intentando captar su mayor atención.

-¿Nos besamos?-Preguntó con aire despistado pero juguetón-. Sí, creo que lo habéis visto todos en el informativo...

-Ya veo –Dijo con cierta suspicacia Zaida.

-Estoy aquí, porque fui un cobarde en su día y no luché por mi corazón. Di por sentado, que tenía una muralla encima de mí –Resopló apenado-. No deis nunca nada por sentado sobre el amor, si esa persona no os lo ha notificado en primera persona... Solo conseguiréis una vida vacía para vosotros mismos y tal vez, para vuestro amor perdido... No hace falta que señale, que tenéis una gran futura reina, la cual ha sacrificado mucho por vosotros... No seáis duros con ella, por lo que pueda sentir su corazón... Al fin y al cabo, todos vivimos una historia de amor afortunada o desafortunada... El amor te viene y te atrapa, poco se puede decidir sobre él a veces.

-¿Y ahora? –Aventuró a cuestionar la mujer con cierta esperanza en su interior, porque le diera una respuesta de ensueño.

-Nada –Se encogió de hombros-. Creo que dije todo por mi parte.

Jacqueline, se puso en pie con un mar de lágrimas en los ojos.

Ahora comprendía la mirada, poco antes de besarla en su liberación, como también las miradas cuando había aquella mañana el amor.

Era la mirada, del joven que la había enamorado, dulce y transparente... Él, también había bajado la guardia. Es solo, que habían pasado muchos años y aquellos dos inocentes chicos, habían crecido con ciertas obligaciones y responsabilidades.

¿Por qué habían tardado tanto? ¿Qué idiotas habían sido?

Todo por no querer reconocer que se gustaban, su destino habría podido ser diferente. Tenía que ir a su encuentro. Tenía que responderle a su gran confesión...

-Mi coche –Se giró a sus seres queridos, justo cuando su madre entraba en el despacho con ojos llorosos. Obvio, que también había visto la entrevista-. Debo ir a por él, yo...

-¡No! –Protestó veloz Emmanuelle, sorprendiendo a todos por sus palabras.

-Querida, qué pretendes ahora –Frunció su marido el ceño.

-¡Mamá, por favor, qué más quieres! –Sollozó Jacqui.

-Que le muestres lo mucho que lo quieres –Dijo orgullosa, con un largo suspiro de regocijo.

-Pues déjala marchar –Apuntilló Enora.

-Que poco románticas, hijas –Volteó los ojos, sacando ya una sonrisa a su marido, mientras se acercaba a su hija mayor y le rodeaba los hombros con el brazo, para susurrarle algo al oído-. ¿Qué te parece, aguantarás?

-Sí –Sonrió llorando un poco-. Te quiero mucho –Rió tratando de detener sus lágrimas, para abrazarla con mucha fuerza por el cuello.

-¡Eh! –Protestó Harmonie-. Ya estáis compartiendo.

-Primero, debo acudir a la rueda de prensa –Les guiñó un ojo a sus hermanas con aire travieso.



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