26
Bajaba las escaleras, de la puerta principal para llevarse una sorpresa, al hallar a Emmanuelle, junto a su coche.
Volviendo adoptar una sonrisa falsa, se acercó a ella, sacando las llaves del vehículo de su bolsillo.
-¿Acaso deseas saber mi nota ante tu nueva área para huéspedes? –Reprochó con cierta ironía.
-No –Respondió con el mismo tono que el hombre-. Pero puedo darte la nota ante tu valentía – Soltó poniendo los brazos en jarra-. Cero patatero –Soltó con cierto aire enfurruñado.
Kénan chascó la lengua para mirarla también con gran enfado.
-No puedes llegar a imaginarte –Sonrió de forma benevolente-, lo mucho que me estas hinchando las pelotas.
-Pensé que las tenías descargadas –Alzó una ceja de forma inquisitiva-, al haberte acostado con mi hija, ésta mañana hijo.
Se la quedó mirando en silencio por unos segundos, para después resoplar con cierto furor.
-Touché majestad –Señaló accionando el mando de las puertas, para abrir la del conductor.
-Te marchas para no volver, cierto –Lo miró con cierto pesar en sus ojos.
-Créeme –le sonrió de forma exasperada-, que lo último que voy hacer, es tenerte al tanto de mis futuros movimientos –Se llevó una mano hasta la cabeza-. Ya os habéis inmiscuido más de lo permitido.
-Pero lo tenía que hacer –Se acercó al hombre, para poner una mano con suavidad en el hombro de él-. Tenía que hacer reaccionar a mi hija... Hacer que se revelara un poco –Bajó la mirada al suelo-. Nos sentíamos tristes y culpables, no veíamos que fuera a buscar su felicidad, por ello...
-Un momento –Sonrió con cierta incredulidad-. Habéis sido siempre vosotros, los que de forma escondida les metisteis a las chicas esas ideas.
-Más o menos –Se estrujó un poco las manos en un claro gesto de nervios-. Pero siempre ha sido mi marido, quien ha sabido la verdad de vuestro matrimonio –Achicó por un segundo los ojos descontenta-. Me enfadé porque me ocultara eso, pero me alegré mucho que tú fueras el escogido.
-Me escogió, sí –Dijo pensativo-. Pero también me acaba de alejar ahora... Y verás, necesito arreglar una cosa de cierta prioridad –Se disculpó con la mirada-. Debo partir Emmanuelle, pero no te guardo ningún rencor –Sonrió con cierta amabilidad, subiendo al vehículo y arrancándolo, para cerrar la puerta y emprender la marcha de allí, justo cuando en la puerta aparecía más gente de la encerrada y entre ellas, se hallaba Jacqui quien lo miraba fijamente alejarse.
Hasta que no se metió bajo el chorro de agua, que no se permitió libre de poder soltar todas sus lágrimas retenidas.
¿Qué es lo que había sucedido con Kenan? ¿Cómo había sudo tan incrédula de abrirle su corazón en el último minuto?
Y todo para qué, pensó con cierto amargor.
Volvía a estar sola... Bueno, en verdad nunca había dejado de estarlo. Así, que no tenía porque ponerse a llorar por él.
Y menos ahora, que había visto como había tardado muy poco en poner distancia entre ellos. Solo faltaba ver, qué iba hacer cuando averiguaran si se hallaba embarazada.
Pero lo peor, que sus hermanas lo sabían ahora todo, y solo veía lástima en su mirada por ella, por perder una vez más al amor de su vida.
Porque si en todos aquellos años, no había dejado de quererlo, dudaba que pudiera hacerlo así como así. Eran unas heridas en continuo sangrado.
Aquella era su vida. Solo le quedaba vivir el momento y puede, que en el día de mañana, dejara de sufrir y tuviera un camino completamente diferente.
Pero ahora, le tocaba volver a representar que era una mujer feliz.
Logró dejar de llorar, una media hora después de estar bajo el agua. Era el momento de salir fuera y empezar afrontarlo todo.
Salía a su dormitorio con el albornoz puesto, para toparse con la presencia de sus hermanas de un humor cabizbajo. Quienes le sonrieron de forma delicada y un gran suspiro.
-Gracias por no cerrar la puerta de tu dormitorio –Habló Enora, intentando averiguar su estado emocional.
-De nada –Respondió con tono algo desdeñoso-. Hoy perdí mi corazón –Hizo un amago de sonrisa-. No tenía ganas de ser la culpable de perder a mis hermanas, con el salto libre de balcones.
-¿Tan segura estas de ello? –Propuso con cierto tono de duda Harmonie, mostrando con aquello que aún se sentía dolida por lo ocurrido abajo.
Jacqui, solo supo encogerse de hombros con la cabeza cabizbaja, intentando retener el flujo de sus lágrimas.
-Yo, ya no se qué creer de todo esto –Confesó dándole igual, el mostrarles a ellas, cuan de roto se hallaba en aquel momento su corazón-. En todo éste tiempo, nunca me buscó como lo ha hecho ésta semana –Rió sarcástica-. Supongo que tengo la culpa, al haberlo ido a buscar a su oficina y pude provocarlo sin darme cuenta...
Enora, alzó su mirada por aquel dato.
-Confieso, que por unas horas fui la mujer más feliz del mundo –Las lágrimas comenzaban aparecer con cierta fluidez-. Pero desperté de forma brusca de aquel paraíso... Corrí, puse distancia con él, así como también hizo lo propio él, hace apenas un rato.
-Jacqui –Susurró Enora, yendo hacia ella para agarrarla de los hombros y sentarla en el lecho-. Quien sabe...
-¡No! –Sollozó con gran energía Jacqui-. No me hagas eso por favor –Suplicó con un gesto negativo de cabeza, y un río amargo por sus mejillas a causa de las lágrimas-. No quiero abrigar falsas esperanzas, no quiero esperar a un no, más tardío... Lo que ocurrió hoy, simplemente fue una entrega de cierta curiosidad, que nos invadía desde hacía años –Se limpió los ojos con energía, al tiempo que se alzaba en pie-. No fue nada más que eso Enora, no quieras darme falsas esperanzas... Si hubiera la más mínima posibilidad, Kenan no habría salido el primero de todos del lugar –Aspiró con fuerza-. Debo prepararme para la prensa, de modo que mejor no hablemos más del asunto por ahora, por favor... -Las miró con gran cariño, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de las chicas.
Frenó su coche en el casi solitario parquin, sabiendo cual era el motivo de aquella calma allí.
Todos o casi todos, se debían hallar en camino a los dominios privados de la casa real, para estar presentes en la rueda de prensa de la futura monarca. Aquello, era una de las expectaciones más grandes que se iban a emitir, en todo aquel año de una casa real europea.
Salió del vehículo y se encaminó hacia la entrada principal, del enorme recinto de aquella cadena televisiva. Iba con paso decidido, pues sabía con quien tenía que hablar, para lo que tenía en mente.
En recepción, iban a detenerlo por no llevar ninguna credencial encima, pero se detuvieron de hacerlo, en cuanto reaccionaron a su persona.
-Busco a Zaida –Demandó casi en una orden.
-Creo que se halla reunida en su despacho, pero... ¡EH! –Exclamó, cuando Kenan emprendió la marcha hacia el interior con mirada asesina, hacia la pobre joven del mostrador.
Minutos después, aparecía por el pasillo una morena de piernas largas muy atractiva, con los brazos cruzados.
-Pensé que tenías más modales, Kenan –Lo riñó un tanto molesta.
-Te acuerdas que me debes un favor –Soltó directo, sin aflojar su paso.
-Cierto –Alzó la barbilla-, pero si vienes para detener la confesión de...
-Vengo, a que muestres mí confesión –Soltó sincero, parando a un paso de ella-. Quiero que me saquen en antena, antes que ella...
-Kenan, no puedo...
-Vas a realizarme en directo una entrevista de mi vida, serás la primera en hacer algo así... -Admitió con voz dura-. Sin recortes –Aspiró con fuerza-. Sabrás todo lo que quieras de mí, con la condición que me preguntes también por mis verdaderos sentimientos por Jacqueline.
Su amiga, lo había estado escuchando con mirada incrédula, para reaccionar al segundo que éste se calló mirando su reloj de pulsera.
-¡Luc, Marc! –Vociferó a pleno pulmón en el pasillo, logrando que se asomara mucha más gente por el tono histérico apresurado, viendo como agarraba al rey de las joyas del brazo y lo llevaba al elevador del final del pasillo-. ¡Al estudio cinco, quiero emisión en cinco minutos en canal abierto!
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