¡Brindemos!

David.

  Estaba demasiado feliz no lo podía evitar. Llegué a la práctica e inmediatamente todos lo notaron.

 —Estás en todas partes, tu cabello enrulado y su melena roja están dondequiera. Finalmente la recuperaste amigo— Me dijo Santos en el entrenamiento.

Si y por eso tienen que venir a la cena, tenemos que celebrarMe vestí, finalmente para ir al restaurante, M ya estaba allá. Lo bueno es que no tenía que vestir formal, los códigos de vestimenta no iban con ella. La tenía de vuelta y ahora si estaríamos juntos. Llegué y me llevaron a la mesa donde estaban Santos y Diana. M apareció luego, el lugar estaba a reventar. Antes de comenzar nuestro servicio llamó la atención de todos en el salón y comenzó a decir en francés:

Hoy es una ocasión muy especial porque estoy celebrando que estoy aquí con el amor de mi vida, David, mi amor ¡no sabes cuán feliz estoy de que estés conmigo! Así que por ser una noche tan especial, ¡todo el servicio va por la casa!— Todos aplaudieron y pidieron un beso, que nos dimos provocando que enloquecieran aún más. Al final la cena salió muy bien, por supuesto Sabrina no apareció. 

Santos, Diana ¡un placer tenerlos aquí! espero que puedan venir más seguido.

Seguro M, este lugar tuyo está muy bien y felicitaciones por ti y David— dijo Diana.

Bueno señorita Distinguida, ¡si que sabes cocinar! iremos a fiestear por ahí, ¡avísame cuando tengas tiempo!

— Claro Almeiros, ¡cuenta con eso!

— ¿Te llevo a casa?

— Si amor, estoy muy cansada— Cuando entramos al coche soltó:

— En verdad quiero besarte ahora. No podía esperar a salir de allí— Acto seguido se me abalanzó. Me besaba casi con furia, pronto, estaba completamente encima de mi.

— ¿De verdad quieres hacer esto? Estamos en un estacionamiento.

— Mi estacionamiento, amor. Y claro que quiero— Logré mover el asiento hacia atrás, así no estaríamos tan incómodos. Bajé mis manos poco a poco hasta su trasero y luego comencé a desabotonar la chaqueta de chef. Ella me besaba mientras tanto, terminé de sacar la camisa que tenía debajo y quedo solo con el sujetador.

— ¿Por qué sigues vestido?

— Porque no sé como vamos a lograr esto M, es muy incómodo.

— Qué quejica te has vuelto...— dijo y besó mi cuello, bajó su mano derecha hasta mi ya inevitable erección tomándola por encima del pantalón, jadeé con sorpresa y demasiada lujuria cuando hizo eso. Mordió mi labio inferior, estaba tratando de volverme loco.

— No creo que logres contenerte hasta llegar a casa, de hecho, yo tampoco puedo ya... Tengo demasiado tiempo sin nada de... nada, quiero decir, con alguien más... he tenido que encargarme yo sola durante todo este tiempo... dime Madeiros: ¿te encargarás de esto por mi ahora?— Se frotaba contra mi y desabrochó mis pantalones— Solo no puedo esperar...— Bajé los suyos junto con las bragas, eso fue especialmente difícil de lograr, pelirroja siguió tentándome— No sé si mi memoria falla, pero ¡Zeus, David! te siento hasta más adentro que antes...— Sus últimas palabras fueron casi un gemido tras otro, no respondí aún porque esto era como mil emociones golpeándome al tiempo, sentía un vacío en el estómago igual a la sensación de vértigo cuando te subes a atracciones en un parque de diversiones,  era totalmente nuevo para mi, los sonidos de M, su respiración, todo lo extrañaba. Pero hacerlo en el auto no era ni remotamente fácil. Seguimos acelerando la velocidad hasta que tuve que sostenerme del volante, ella se aferró al reposa cabezas, hasta que por primera vez en la vida llegamos al clímax al tiempo, esto sucedió porque sentí las contracciones de su vientre apretar mi masculinidad dentro de ella y no pude hacer otra cosa que enloquecer, los dos estábamos gimiendo demasiado alto, gracias a Dios los vidrios eran tintados. Terminamos y descansó en mi pecho buscando aliento, todavía no salía de dentro de ella y en realidad no quería hacerlo aún, en este momento se sentía como si éramos uno solo.

— M no recordaba que hablabas tanto durante el sexo... eres una parlanchina...— Me reí— creo que eso no era así antes, estoy casi seguro...—  Me besó repetidas veces pero ya no con deseo, sino simplemente como si me amara.

«Ella me amaba»

  Acaricié sus cabellos y se inclinó en dirección hacia mi mano para luego besarme un poco más, sosegada, sin prisa. Besó la punta de mi nariz y mis ojos cerrados, por último puso un beso en mi mejilla y uno en mis labios.

— Te extrañé tanto... gracias por esto... Hablé mucho porque eso estuvo muy bien, deberíamos hacerlo más seguido...— respondió seria al principio, pero finalmente riendo.

— ¡Por favor no aquí! M espero que entiendas las consecuencias de que no hemos usado protección... me has tomado por sorpresa, yo en realidad...— Le recordé mientras nos compusimos y vestimos de nuevo para ir a su casa.

— Es cierto... ¡soy una estúpida calenturienta que olvida la protección!... bueno precioso, solo queda cruzar los dedos a que no quede embarazada, no aún... David, tengo que volver a Londres mañana. ¿Quieres quedarte hoy conmigo?

— No eres estúpida preciosa, solo que yo soy muy irresistible, no sé si te das cuenta pero siempre hemos tenido sexo de manera demasiado inesperada.— Me burlé— No solamente me quiero quedar hoy, pero algo es algo. ¿Cuándo vuelves?

— En un mes cuando tenga todo arreglado, sería menos pero tengo que ir a mi país.

— No sé por qué presiento que olvidaste mi fiesta de cumpleaños.

— No olvidé tu cumpleaños, solo olvidé que tenía que planear el banquete, pero no te preocupes amor, para eso hay personas encargadas de recordarme los eventos a un tiempo prudencial. Todo saldrá bien.

— ¿Quién dice «tiempo prudencial» en una conversación casual? A veces eres demasiado cerebrito.

— Lidia con eso amigo...— Mi M había vuelto. Llegamos a su departamento y en realidad era pequeño, pero imagino que lo eligió así para no sentirse sola. Desde que salimos estuvimos en en una especie de pacto silencioso, no hablamos más hasta estar en su cama, de hecho, una vez ahí tampoco lo hicimos, esta vez ella me tomó de las mejillas para besarme con vehemencia, la tumbé sobre el colchón, me dediqué a sacarle la ropa poco a poco, de nuevo, ella me miraba prestando atención a cada uno de mis movimientos, especialmente cuando besé sobre su estómago y saqué sus bragas. Una vez estuve dentro de ella con sumo cuidado, sus talones apretaron mis caderas marcando la intensidad con quería que la embistiera, yo estaba en un éxtasis infinito, estábamos haciendo el amor de nuevo, esto no era un sueño, de verdad estaba pasando. La abracé a mi con más fuerza tratando de convencerme. 

  — Te amo, no me importa cuán empalagoso y psicópata suene eso ahora — susurró rompiendo el voto con los ojos cerrados. Yo solo no quería que el olor de su piel y su cabello fuese a ninguna parte.

— No puedo creerlo preciosa... que estemos así... de verdad bien, sin engaños, ni mentiras, ni rencores...— susurré haciendo círculos con mis dedos en su espalda, ella estaba desnuda completamente, yo todavía conservaba mi ropa interior. Seguía abrazándome, sus pies frotaban los míos de manera familiar mientras me respondió:

— No puedo creerlo tampoco David, me siento como en un muy bonito sueño. Después de esta noche no quiero pasar otra sola, no quiero estar lejos de ti...

— Nos hubiésemos ahorrado mucho tiempo si no fueses una necia empedernida...— repuse apretando el abrazo y juntando nuestras caras— Yo pude haber llegado a tu oficina y tú pudiste solo haber dicho: «David, mi amor, qué bueno que ya estás aquí», punto.

— Tenía que hacer tu vida algo interesante, supongo que normalmente te mueres del aburrimiento— Rió y yo me mofé de su broma.

— Sigue por ese camino pelirroja... sigue por ese camino y tendrás que encargarte sola de tus asuntos de nuevo— Ella soltó una risa de niña...

— En todo este tiempo supongo que tuviste alguna mujer que se encargara de tus asuntos... no soy tonta...— repuso con cierto aire de reproche y celos.

— M si hubo una que otra... pero no estoy mintiendo y créemelo que no, cuando te digo que cada vez que estaba con alguien yo solo podía pensar en ti, como de diferente se sentían mis manos sobre tu cuerpo, mis labios contra los tuyos... en como hubiese deseado que fueses tú... ninguna de esas chicas me hacían sentir ni por un segundo lo que tú provocas en mi... yo te extrañaba y te pensaba todos los días de mi vida... si querías que pagara por algo date por bien servida porque fue agonizante todo ese tiempo.

— Para mi también lo fue... estaba muerta en vida... pero yo no podía dejar que otro hombre me tocara, se sentía mal... por cursi que suene, mi cuerpo te pertenece, es para tus manos, para tu boca... para todo tú— Se rió—. Si nos hubiésemos reencontrado yo creo que no hubiese dejado que nadie me tocara de nuevo...

— Yo te iba a buscar mi amor... siempre fue mi plan buscarte... nosotros debemos estar juntos Emsosa, tu tipo de necedad y la mía son la combinación perfecta...— Nos dormimos abrazados y con las piernas entrelazadas, tal vez no dormiríamos así siempre, pero hoy en verdad quería sentir cada centímetro de su piel. Por la mañana palpé el vacío a mi lado en la cama y me sentí mal, yo estaba esperando que pelirroja amaneciera a mi lado, por un momento pensé que había soñado todo, o que me había dejado de nuevo, por eso no pude evitar gritar:

— ¡M!— Un poco más fuerte de lo que me propuse, ella gritó de regreso mi nombre, escuché ruido de sartenes y ollas, me quería levantar, de verdad, pero la cama tenía algo que no me dejaba huir. En un momento apareció ella en la puerta vistiendo una camisa grande que no era mía, con las mangas hasta los codos.

— Traeré desayuno para los dos, precioso.

— Dos preguntas.

— Dispara.

— 1) ¿Por qué estas usando una camisa de vestir que no es mía? Y 2) ¿Ahora te levantas siempre tan temprano?

— 1) Las compro porque son cómodas y frescas. 2) sí, no levantas un restaurante despertándote tarde. Voy por la comida— Volvió con las bandejas para comer en la cama, que no tengo idea de como se llaman y nos sentamos a comer.

— Para consentir a mi precioso...— dijo sentándose a mi lado y poniendo un beso en mis labios— buenos días, mi amor.

— Si esto va a ser así siempre créeme que ya me compraste M, buenos días preciosa...— Colocó un pedazo de sandía en su boca acercándose para que yo lo tomara con la mía, solo que en el proceso el sabor dulce de la fruta se mezcló con el de sus labios y de alguna manera habíamos terminado besándonos muy apasionadamente de nuevo, ella ya se encontraba encima de mi, pero me detuvo.

  —  Me esforcé demasiado haciendo toda la comida como para que la dejemos ahí solo para tener sexo y se enfríe, la idea de esto es comer, concéntrate: ¡comer!—  dijo poniendo otro beso corto sobre mis labios que esbozaban una sonrisa, se quedó sobre mi, pero seguimos con el desayuno. Este sin duda era el mejor desayuno de mi vida.

— Iré a Londres po algunos días, debo agradecer que esta gripe del demonio está cediendo. Iré allá, me aseguraré de estar sana y volveré en algunos días, ¿de acuerdo?

— Con ese tipo de afirmaciones no creo que realmente necesites que yo esté de acuerdo, ¿o si?— Me miro con un aire de diversión.

— Por supuesto que no— Sonrió con picardía.

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