Capítulo 6: Tregua

-Los principales problemas del periodismo en el mundo actual son...

Sofía apoyó la cabeza en su brazo. Era su primer día en las clases particulares de aquel profesor. Ese hombre le caía bien, era simpático, pero le había demostrado que era un hombre serio y estricto.

-Sofía, ¿estás escuchando?

-Esto...-levantó la cabeza.

-No hace falta que lo digas. ¿Tan cansada estás?

-Bueno, es que son las ocho de la mañana. Y hemos empezado a las seis...

-Tienes razón. ¿Terminamos por hoy?-suspiró su profesor.

Sofía asintió. Estaba agotada y ya no le entraba nada más en la cabeza.

Cuando su profesor subió hacia su habitación, en un intento para volver a dormir, ella cayó sobre la mesa, dormida en el acto.

Diez minutos más tarde, Álvaro bajó las escaleras. Tenía pensado irse a correr antes de que se fueran a Granada.

Se quedó un poco extrañado de ver a Sofía totalmente dormida sobre la mesa. Trató de moverla, pero no hubo manera humana de levantarla.

Se sentó en el lado contrario de la redonda mesa. La miró un buen rato. Estaba muy tranquila, respirando acompasadamente. Casi no parecía la misma que peleaba con él.

Aunque el último día había optado por pasar de él. Lo que a Álvaro le venía mucho mejor.

Al final, harto, decidió despertarla. Le acarició la mejilla con suavidad mientras susurraba su nombre.

-Sofía... Sofía...

Pero cada vez empezó a ser más insistente. La chica no se levantaba; al contrario, parecía que disfrutaba durmiendo. Solo para cabrearle a él.

Sofía sonrió inconsciente, y acarició la mano del chico. Álvaro se quedó blanco. ¿Por qué le invadía aquella sensación?

-Sofía, por favor... Quiero desayunar antes de irme a correr.

-Estoy muy a gusto aquí, mamá-suspiró en sueños.

-Tú lo has querido.

La tomó en brazos, con cuidado, y la depositó sobre el sofá. Después recogió los apuntes que Sofía había desparramado por la mesa. Y por fin pudo tomar su preciado desayuno.

Una hora después, Sofía despertó, algo extrañada. ¿No se había dormido en la mesa de la cocina? ¿Qué demonios hacía allí?

-Hola, cielo-su padre la saludó, removiendo el café-. Por fin te despiertas.

-Hola papá. ¿Qué estoy haciendo aquí?

-Pues hija, tú sabrás. Cuando he llegado, ya estabas ahí dormida.

-Esta mañana he tenido clases con el profesor, pero no recuerdo haberme dormido en el sofá. Ni que hubiera ordenado mis apuntes.

-No sé qué decirte. Lo mejor es que lo subas todo a tu habitación, nos vamos ya a Granada.

-Está bien-suspiró.

Recogió todos los apuntes, que estaban perfectamente ordenados, y los subió a su habitación.

-Sofía...

La aludida se giró. Blas la llamaba desde la puerta de su habitación.

-¿Qué pasa, Blas?

-¿Podemos hablar?

-Sí, claro, dime.

-En mi habitación, si no te importa.

-No, tranquilo.

Entró a la habitación que compartía todo el grupo. No estaba tan desordenado como ella hubiera esperado, pero tampoco tan ordenado.

-¿Pasa algo?

-Bueno... No sé si te lo habrán dicho, pero yo soy algo así como el psicólogo del grupo.

-Sí... Algo me dijo Magí.

-Bueno, pues me han dicho que hable contigo.

-¿Por qué? No tengo ningún problema.

-Álvaro es tu problema.

-Eso no es culpa mía. Es que él es un imbécil.

-El caso es que ninguno queremos que haya más peleas dentro de este sitio. Y parece que sois incapaces de dejar de discutir.

-Y te han mandado a ti.

-Sip.

Sofía resopló, mosqueada. No quería hacer las paces con él, solo quería evitarle. Seguro que eso funcionaría.

-Ya sé que no te gusta la idea. Pero podrías intentar llevarte bien con él, no contestarle, contar hasta cien... Hay muchas posibilidades.

-¿Y qué te parece la idea de pasar de él? Evitaría muchos problemas.

-Es que no puedes pasar de él de por vida. Tienes que tratar de ser amable y simpática.

-Amable y simpática... Los adjetivos que lo definen estando conmigo, sí señor.

-Sofía...-la regañó mirándola fijamente con sus ojos azules.

-Blas...-lo repitió, estallando la risa entre ellos.

-Si fueras así con él con habría ningún problema.

-Es que tú me caes bien, él no.

-Pues vas a tener que solucionar eso. Todos estamos hartos de vuestro comportamiento. Ni que decir que eso puede bajar el rendimiento del grupo.

-Bueno... Podría intentarlo.

-De poder nada. Lo vas a hacer porque me llamo Blas Cantó.

-Está bien-sonrió, divertida-. Lo haré porque te llamas Blas Cantó.

-Esa es mi niña... ¿Un abrazo?

-Vale-chilló cual niña pequeña, abrazándole.

-Oye, chicos, que dice Magí que bajéis, que nos vamos ya a Granada...

Álvaro se quedó mirándolos fijamente al encontrarlos en un dulce abrazo. Algo se removió en su interior.

-¡Ah, sí!-Blas se separó-. Me voy bajando ya. ¿Vienes, Sofía?

-Ahora voy, espera un poco.

-Vale-Blas bajó las escaleras, dejándolos solos.

-Esto... ¿Vas a bajar?

-Creía que tenías novio.

-Y lo tengo. Lo de Blas... Le estaba agradeciendo una cosa.

-Ya-respondió, seco.

-Pues sí. Al menos él es amable.

-Entonces no sé lo que estoy haciendo aquí-hizo ademán de marcharse.

Sofía recordó lo que le había dicho a Blas. Se lo había prometido.

-¡Espera!

Álvaro se dio la vuelta, extrañado. ¿Qué querría entonces esa niñata?

-No quiero seguir peleada contigo-como si le hubiera leído la mente-. Lo... siento. Es que suelo cabrearme con mucha facilidad.

-No importa, tranquila.

-No digo que seamos amigos, pero podríamos al menos llevarnos bien.

-Me parece bien.

-¿Sí?

-Supongo-se encogió de hombros-. Yo tampoco quiero discutir contigo.

-Entonces... ¿Tregua?-puso la mano.

-Tregua-sonrió, estrechando su mano con la de la morena.

Sofía no podía evitar sonrojarse ante los ojos y la preciosa sonrisa de aquel cantante que solía ponerla de los nervios.

¿Qué le estaba pasando?

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Hola a todos!! Qué os ha parecido el capítulo. Parece que han hecho las paces. ¿Hasta cuándo durará?
Votad y Comentad!!

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