Capítulo 13: De-sas-tre
—Me tengo que ir. Pórtate bien, ¿vale?
Luna asintió ante las palabras de su hermana. Sofía iba a Córdoba todo el día y ella debía quedarse con los chicos. No necesitaba ser mayor para saber que iba a ser un desastre.
—Sofía, nos vamos ya.
Su padre apareció por la puerta. Era hora de marcharse. Sofía besó la frente de su hermana y se marchó.
—¡Suerte! La necesitarás.
Al rato, Luna vio como Sweet California dejaba también la autocaravana. Aunque ninguna pudo evitar hacer carantoñas a la rubia niñita. Era adorable.
Por último, tanto Magí como Álvaro salieron de allí. Tenían que desmentir su relación con Sofía. Por su bien y el de ella.
—Pórtate bien, ¿eh, pequeña? No seas muy mala con ellos. Son un poco tontos, pero buena gente.
—Te he oído —David bajaba las escaleras, aún con el pijama.
—Eso pretendía.
—Álvaro, tenemos que irnos.
—Voy —le dio un beso en la mejilla a la niña y se marchó.
Dani bajó nada más marcharse Álvaro. Poco después, bajaron Carlos y Blas, el primero con algo de dificultad. En todo ese tiempo, Luna los había observado.
¿Cómo podía ser que su hermana la dejara con aquellos desastres? Estaba sola, sin adultos, al menos, responsables.
—¿Qué vamos a hacer con ella?
—Pues ni idea. La llevaremos a dar un paseo y luego estará cansada. No hará trastadas.
Tras cambiarse, "los 4 Fantásticos" pasearon a Luna, de la mano de Blas. Se tiraron una hora en el parque, en la que Carlos se divirtió más que la propia niña.
Cuando ya había pasado esa hora, Luna se dirigió a los otros tres, que estaban en un banco.
—Me aburro...
—¿Qué te aburres? ¡Pero si no has parado quieta! ¡Ni Carlos podía seguirte el ritmo!
—Es que Carlos es inválido. Y es un poco tonto.
—¡Ahí le has dado! —David rió.
—La cría ésta es listísima. Lo entiende todo.
—¡Qué mala persona! Luna, nunca lo hubiera esperado de ti —Carlos dramatizó—. Lo hubiera esperado de los chicos, de mi familia, e incluso de Sofía, pero de ti... Me has decepcionado totalmente.
—Y luego al que le gusta el teatro es a Álvaro. Mira que no eres dramático.
—No es dramático, es tonto, que no es lo mismo.
—Así, vamos. Haciendo bullying al pobre rubio. Muy bien, en serio.
—Eres raro...
—¡Veis cómo la chica es lista! Lo pilla todo.
—¿Por qué te cae mejor Álvaro que yo?
—Porque es bueno, tranquilo y es normal.
—Las dos hermanas no se parecen en nada. Una le odia y la otra lo adora.
—Bah. Eso es porque es el único que le da de comer cuando no está Sofía. A mí no me engañas.
—Es el único que me quiere.
—No... Nosotros también te queremos —Dani se agachó.
—¿Me lleváis a casa ya?
—¡Sí! —se levantaron del banco. Iban a demostrarle que eran responsables con ella.
Ya en casa, Carlos y Dani jugaron un poco con ella, mientras los morenos preparaban un potito. Luna se lo estaba pasando en grande. Había decidido divertirse un rato.
—Hora del potito... —cantó Blas.
Dani sentó a Luna en la sillita y la sujetó. Blas cogió una cucharada y se dirigió a su boca.
—Aquí viene el avión.
Pero Luna quería divertirse, así que mandó la cuchara a la mierda de una patada.
—David, necesitamos una cuchara.
—Deja, se lo doy yo. Ya veo que no eres capaz.
David la cogió entonces. Le dio la primera cuchara, pero Luna se la escupió en la cara y la camisa.
—¡Aaaah!
Todos menos él empezaron a reírse. Era patético. Luna era la más entretenida. Se habían convertido en sus muñecos. Hacía con ellos lo que le daba la gana.
—Dejadme a mí. Que los morenos de hoy en día no son muy listos.
Dani lo intentó, pero recibió la misma respuesta que con Blas. Esa niña era imposible.
—Veo que tendré que darle de comer yo. Que haríais sin mí.
Carlos se situó delante de ella con una mirada desafiante. Luna lo miró de igual modo, pero Carlos no pareció sorprendido.
Fue a darle el potito. Parecía que se lo había comido, pero se escuchó un ruido raro. Se miraron. Luna vomitó sobre Carlos más que en toda su vida. Estaba quedando asqueroso. Para el arrastre.
—¡Yo la mato! Juro que mato a esa niña.
—Tranquilo, relájate. Ve a cambiarte. Nosotros limpiamos esto.
Limpiaron la cocina y la sacaron de la sillita. No había hambre, ni ellos ni ella.
Cuando Carlos volvió con ropa limpia, Luna se decidió a seguir jugando con ellos. Se levantó del sofá y empezó a corretear.
La miraban extrañados.
—¿Y ésta que hace ahora?
—Dejadla, por dios, a ver si se cansa.
Primero fue una lámpara, luego un plato y después las cortinas. Todo lo que la niña tocaba acababa en el suelo. Los chicos no se lo podían creer.
—¡Pero estate quieta!
—¡No tires eso, es un recuerdo!
—Tranquila, por favor... Lo vas a destrozar todo.
Luna miró a Blas con una sonrisa traviesa. Cogió una cortina y empezó a dar vueltas a su alrededor.
—¡Chicos! ¡Planea matarme!
Con aquello no podían. Mientras la niña terminaba, ellos se partían de la risa. Era increíble.
—¡No tiene gracia! —sorprendentemente, Blas estaba inmovilizado. Luna era mañosa.
—Un poco sí, Blas. Ten en cuenta que es una niña. Que pueda contigo es divertido.
Blas refunfuñó, pero nadie lo liberó. Estaban demasiado ocupados tratando de impedir la última travesura de la rubia.
—¡Ven aquí!
—¡Demonio! ¡Estate quieta!
Cual fue la sorpresa de Álvaro y Magí al encontrarse ese panorama: la casa destrozada, con todo en el suelo, Blas atado con una cortina y sin rastro del resto.
—¿Pero qué ha pasado aquí? —medio gritó Magí.
De la parte de arriba salió Dani. Su aspecto tampoco daba mucho que desear. La camiseta rota y el pelo revuelto.
—¡Esa niña es un demonio! ¡No deberíais habérnosla dado!
—Estoy de acuerdo contigo. Con vosotros no se puede quedar esa pobre niña.
—¿Pobre? Esa "niña" nos ha dado vueltas por toda la casa, ha atado a Blas y ha destrozado la autocaravana.
Carlos y David bajaron también. La llevaban en brazos. Esta pataleaba.
—La hemos cogido.
—Por fin.
Luna se soltó y fue hacia Álvaro. Este la tomó en brazos. Con él, estaba mucho más tranquila.
—No tengo ganas de calentarme la cabeza. Encargaros vosotros de arreglar este desastre. Yo me voy a mi habitación.
—Muy bonito. Magí nos deja cuando pasan cosas malas.
—En el fondo nos quiere.
—Oye, ¿qué tal ha ido lo de la rueda de prensa?
—Bien... Creo que he conseguido que se les quite de la cabeza una posible relación entre nosotros.
—Al final ocurrirá y me darás la razón —apuntó Blas.
—Menos mal que soñar es gratis, Blas. Menos mal...
Tras la breve conversación, se pusieron manos a la obra. Lo limpiaron todo. Incluso Luna ayudó poniendo bien las cortinas y limpiando los restos de lámpara.
Un par de horas más tarde, todo estaba como si nunca hubiera pasado nada. Salvo la lámpara, que ya no estaba.
—Por cierto, quería avisarte de que Luna no ha comido.
—Gracias por dejármelo todo a mí.
—De nada —y Carlos se marchó tan campante.
Se asomó al salón. Se habían quedado todos dormidos. Estaban agotados, de tanto pelear con una niña y limpiar.
Álvaro suspiró y empezó a darle su potito a la niña. Le había cogido mucho cariño en ese mes que había estado ahí. No era en absoluto como su hermana.
Para que comiera, le iba haciendo carantoñas. Luna disfrutaba con él.
Sofía, su padre y el profesor llegaron entonces. Al verlo todo tan en silencio y oscuro, los dos últimos subieron a la parte de arriba sin decir nada.
Sofía, en cambio, se quedó observando a Álvaro. Parecía encantado de la compañía de su hermana. Sabía que puede ser una bicho...
—Hola...
Álvaro se sorprendió. No se había fijado que estaba allí.
—Ah, hola. ¿Qué tal ha ido?
—Bastante bien. Ha sido divertido.
—Me alegro —se quedó un incómodo silencio—. Sofía...
—¿Sí?
—Quería pedirte perdón por lo de ayer. Estaba enfadado y avergonzado. No debí tratarte así.
—Gracias, y... yo también lo siento... A veces soy muy impulsiva, y me enfado con facilidad.
—Tranquila —sonrieron.
—Bueno... —suspiró—. Gracias por encargarte de dejar esto como nuevo. A saber cómo lo habrán dejado ellos.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque aunque tenga cara de ángel, Luna es un bicho. No para quieta y siempre hace algo. Además, que todo esté oscuro y huela a lejía quiere decir que habéis limpiado.
—Chica lista. Pobrecitos... Están agotados. Ha debido de darles un día de locos.
—Probablemente.
Sofía se acercó a los chicos, exhaustos, que descansaban en el sofá. Les dio un beso en la mejilla a cada uno y les puso una manta por encima.
Suspiró mirando a Álvaro. Varias veces en sólo unos minutos había tenido la necesidad de besarle. No se lo iba a perdonar. Ni ella, ni él, ni su novio si se enteraba.
—Perdóname por esto.
—¿Por qué? —Álvaro la miró extrañado.
Sofía no respondió. Se acercó a él y posó sus labios sobre los de él. Álvaro se quedó paralizado. Ella tomó el control del beso, le cogió de la nuca y lo profundizó.
Tras dos minutos de un beso apasionado, ella se separó. Álvaro apenas se había movido.
—Lo siento —resopló y subió las escaleras hacia su habitación.
Álvaro miró a su lado. Luna estaba allí, con los ojos como platos.
—Mierda...
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