Capítulo 10: ¿Atracción?

Cristina y Sofía se encontraban tomándose un café en la cocina.

—¿Y todo va bien?

—Tú ten en cuenta que todas las fans de Auryn, sobre todo las sombreritas, me están petando a insultos o felicitaciones por una foto que ha subido tu novio.

—Ya... Llevo casi dos años con él... Sé cómo pueden ser las cosas con las fans.

—Es que te juro, que si no es porque tú me caes bien, os dejo sin hijos.

—¡Ay, por dios! No me des ese disgusto.

—Ya, ya —se rió.

—Anda, cámbiame de tema. Que mi novio es un desastre lo sabemos todos.

—Pero estás con él. Por algo será.

—Pues porque le quiero, hija. Será todo lo que será, pero es una gran persona.

—Estoy de acuerdo. Y eso que apenas lo conozco.

—No hablemos de mi novio. Hablemos del tuyo.

—¿Por qué? ¿Te entra curiosidad?

—¿Tienes fotos?

—Claro. Espera —buscó en su cartera una foto de los dos y se la mostró.

—¡Dios bendito!

—¿Tan feo es?

—¿Pero qué feo ni qué feo? ¡Está buenísimo el chaval!

—Bueno... —sonrió.

—Eso sí, está muy bueno, pero... ¿cómo es?

—Demasiado celoso para mi gusto. Por lo demás, genial.

—He oído celoso y ya me cae mal. ¿Sabes quién está bueno y es un cielo de chico?

—Ahora mismo no caigo. ¿Quién?

—Álvaro.

Sofía no pudo para de reír en los siguientes minutos.

—No entiendo por qué te hace gracia. Es un chico muy agradable y dulce.

—Pues será con todos menos conmigo. Nuestra relación es de amistad-odio.

—Querrás decir amor-odio.

—No. Él no me gusta. Si fuera siempre simpático me caería bien.

—Dicen que los que se pelean se desean.

—Y también dicen que esas relaciones no duran.

—¡Vamos! Admítelo, Álvaro te gusta.

—Con respecto a Álvaro, sólo puedo admitir una cosa.

—¿Qué cosa? —se emocionó.

—Que está bueno.

—¿En serio? ¿Nada más?

—Cristina... Álvaro me cae bien y todo eso, pero solo siento atracción.

—¿Atracción?

—Sí, atracción. Debo reconocer que está bueno. Tiene un cuerpo escultural increíble —exageró con las manos—, y encima es guapísimo. Pero no me gusta, me atrae.

—Atraer es un tipo de amor.

—No, Cristina. Atraer es que te gusta físicamente esa persona. Gustar va más allá.

Cristina miró mal a Sofía. Ella estaba segura de que en el fondo sentía cosas por él.

—¡Hola Luna! ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Luna había estado en una esquina escuchando toda la conversación.

—Madre mía... Que niña más guapa... ¿Qué edad tiene?

—Dos años y medio.

—Que niña más bonita, de verdad.

—¿Dónde estabas?

—Con papá —dijo con dificultad.

—¿Quieres irte con los chicos? —ella asintió—. Pues vete, cariño, están en el gimnasio. Aquí al lado.

—¿Dejas a tu hermana sola?

—Tranquila, conoce el camino. Es muy lista.

En el gimnasio...

—¿Dónde se han metido los de la D?

Álvaro sonrió ante la comparativa.

—David y Dani se han ido. Creo que a hacer compras o algo así.

—Genial... Llevo buscándolos un buen rato, para nada —Blas se sentó resignado junto a Carlos.

—Veniros a entrenar... Me aburro solo... —se quejó Álvaro.

—Llevo muletas. No es buena idea hacer boxeo.

—¿De qué hablas? Tú no harías nada aunque estuvieras perfectamente.

Carlos se lo pensó antes de responder.

—Ahí me has pillado.

—¿Vienes Blas?

—Estoy cansado. Mejor otro día.

—Vale —Álvaro les sacó la lengua.

—Avisadme cuando aparezca Dani. Estoy planeando matarle —Carlos miró su iPhone.

—¿Qué pasa?

—Que no se le ocurre otra cosa que subir una foto de Sofía y yo durmiendo. Las fans me están petando a mensajes.

—Pues no haber dormido con ella.

—No hubiera tenido esa necesidad si tú no hubieras estado acostándote con una tía en la habitación que compartimos todos.

—Golpe bajo —susurró Blas.

—Además, yo hubiera dormido en el sofá, pero Sofía estaba cabreada contigo.

—¿Cabreada? ¿Conmigo? ¿Por qué?

—Porque te estabas tirando a una en su propia cara.

—¿Y?

—Aunque no te lo creas, le gustas.

—Ya, claro. Y el chocolate puede volar.

—No bromees. Tú no la viste como se puso cuando te escuchó. Se le saltaban las lágrimas.

—Es Sofía. Me odia a muerte.

—Quizá es que comenzasteis mal. Si os hubierais conocido a la vez que nosotros, todas esas discusiones no hubieran ocurrido.

—Sofía no lo va a admitir, es orgullosa. Pero la vi, Álvaro.

—Y a todo esto... ¿Tú que sientes por ella? —Blas apoya la mano en la cabeza.

—¿Yo? Nada.

—Tío...

—¿Qué? No me gusta.

—Pero algo te pasa con ella.

—Lo único que puedo admitir, es que está buena.

—¿Buena? ¿En serio?

—Sí, es muy guapa y tiene un gran cuerpo. Eso se llama estar buena.

—Entonces te gusta.

—No te equivoques. Eso se llama sentir atracción.

—¿Atracción?

—Cada día te pareces más a Carlos, Blas.

—¡Eh! —se indignó el primero.

—Atracción es que solo te gusta físicamente. No siento más por ella.

—Pero...

—C'est fini.

—Pero...

—Cappici?

—Vale, ya lo he entendido. Solo atracción.

Entonces vieron aparecer a la dulce niña, hermana de Sofía.

—Hola —sonrió ésta.

—Hola guapa. ¿Qué te trae por aquí?

—Me aburro.

—Bien y ¿por qué no...?

— Cristina... Álvaro me cae bien y todo eso, pero solo siento atracción. ¿Atracción? Sí, atracción. Debo reconocer que está bueno. Tiene un cuerpo escultural increíble, y encima es guapísimo. Pero no me gusta, me atrae.

Los tres chicos se quedaron alucinados ante todo lo que dijo Luna. Estaba reproduciendo exactamente lo que su hermana y Cristina habían dicho minutos antes.

—¿Qué acabas de decir?

—¿De dónde has sacado eso?

—Lo han dicho mi hermana y la morena.

Álvaro era el único que no había hablado. Estaba paralizado.

—Me encantan los niños pequeños. Son como loros —la cogió Blas.

—Ya sabes, Alvarito. Ella también te quiere para un polvo.

—Ni de broma. No voy a destrozar una relación por un polvo. Está buena, pero yo no soy así.

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