Capítulo 1: "Casa" nueva
—Papá, por favor. No puedes hacerme esto—suplicó.
—Sofía, sé razonable—dijo pausadamente Juan.
—¿Qué sea razonable? ¿Yo?
—Sí.
—Yo soy muy razonable. ¡Tú eres el que no es razonable! Tengo 22 años.
—Eso ya lo sé, cariño.
—¡Pues por eso mismo, joder! ¡No me puedes tratar como si fuera una niña! ¡Soy mayor de edad! ¡Puedo hacer lo que me dé la gana!—gritó exasperada.
Padre e hija discutían en la cocina, bajo la atenta mirada de una niña pequeña rubia. Luna se rió por lo bajo, para una niña de 2 años, esto era un juego.
—¡Mira, te lo voy a explicar, lo quieras o no!—gritó enfadado Juan—. ¡Tú te vienes conmigo y con Luna a esa gira! Y no me valen peros.
Acto seguido, se marchó de la cocina, visiblemente afectado. Sofía apretó los puños. Su vida tirada por el váter. Miró a su hermana con dulzura.
—¿Tú quieres ir a la gira, cariño?
Luna asintió divertida. Sofía frunció el ceño. ¿Por qué todo el mundo estaba en su contra?
—Anda, vamos a preparar tus cosas.
Luna cogió la mano a su hermana y se fueron a la habitación de la primera.
En la cena, nadie hablaba. Se notaba en el ambiente el enfado de ambos.
—Te he comprado un billete de autobús para que vengas a la parada cuando termines tu examen.
—¡Qué amable de tu parte!
—Sofía, por favor. No me lo hagas más difícil. A mí también me cuesta esto— suspiró apoyándose en la encimera.
—¿De verdad? ¿Tú vas a dejar atrás a tu novio y a tus amigos por irte de gira con gente que odias? Porque en ese caso sí te cuesta.
—Te gustará, te lo aseguro. Y casi nada va a cambiar.
—Que yo sepa, me voy a mudar a una autocaravana con una boyband famosa a una gira. Y no sólo dejaré a mis amigas y a mi novio, sino que encima no podré ir a la universidad.
—¡Ah! Si es por eso no te preocupes. Te he conseguido un profesor particular. Se encargará de que termines tu carrera.
—¡En serio! ¡Qué guay!—aplaudió entusiasmada. Aquello sí que le gustaba.
—¿Ves como ya te gusta más?
—Que me guste la idea del profesor particular no quiere decir que me guste la idea de estar con un grupo que no me gusta.
—Bueno, pero eso es un comienzo—dio por zanjado el tema cambiando de tema—. ¿Te importa pasear a tu hermana? Así se dormirá mejor.
—Claro.
Cogió a Luna de la mano y salieron al parque. Caminaron durante un rato hasta que alguien puso sus manos en los ojos de la protagonista.
—Esto... ¿quién es?
—Soy yo, mi amor.
—¡José!—se lanzó a sus brazos.
—Me he enterado de que te marchas.
—Sí... Es horrible. Me voy de gira con un grupo horrible.
—Mientras que no te enamores...
—No digas tonterías. Soy unos estúpidos chicos de un estúpido grupo. Es imposible que me gusten.
—Así me gusta, princesa—la besa.
José se marcha dejando a Sofía con mala cara. ¿Princesa? ¿Qué se ha creído?
Al día siguiente, Sofía se dirigió a su examen en la universidad. Mientras tanto, Juan y Luna llevaron todas sus maletas a un parking en el que había una gigantesca autocaravana.
—¡Coño, esto es enorme!
—Made mía...—fueron las palabras, más suaves, de Luna.
—Hola, tú debes de ser Juan.
—Esto... Sí. El mismo.
—Y ella debe de ser tu hija... ¿Luna?
—Zi—dijo encantada por la atención.
—Encantado, yo soy Magí, el mánager de la gira. Entrad, alguien se encargará de las maletas.
Padre e hija entraron en la autocaravana. Lo primero que vieron fue un gigantesco sofá en el que había sentados chicos.
El más cercano a la puerta era rubio, con cresta. Se encontraba tocando una guitarra. A su lado había un chico moreno con cresta toqueteando el móvil. Justo al lado vieron otro rubio, éste con el pelo chafado que cantaba ensimismado canciones infantiles. Sentado sobre el respaldo del sofá había un chico castaño con un poco de barba. Y justo a su lado, un moreno con barba movía los pies a la vez que cantaba lo que estaba escuchando en el móvil.
—¡Chicos!—gritó Magí para hacerse escuchar.
Surgió efecto, los cinco chicos lo miraron. Juan se sintió un poco intimidado.
—Os tengo que presentar al chófer Juan—lo señaló— y a su hija Luna—la señaló también.
—Hola—saludaron todos a la vez.
—Juan, ellos son Dani—señaló al rubio de la guitarra—, David—el moreno del móvil—, Carlos—el rubio infantil—, Blas—el castaño— y Álvaro—el moreno de la música.
—Encantado de conoceros. Será un placer trabajar con vosotros.
—Lo mismo digo pero... ¿Tú no tenías dos hijas?—David apoyó la cabeza en su mano, atento.
Juan rió nervioso ante la atención.
—Sí, en efecto... mi hija mayor está haciendo un examen en la universidad. Enseguida vendrá.
Mientras ellos hablaban y se conocían, Sofía terminó su examen.
—¿Qué tal ha ido?—preguntó Ángela, su mejor amiga.
—No muy bien. No puedo dejar de pensar en lo que me espera.
—No es tan malo.
—Para ti, mi pequeño angelito. A ti te encantaría pero yo no puedo soportarlo.
—Ya verás cómo te acaba gustando, Sof.
—¡Hola, chicas!—Lisa saltó sobre ellas. Detrás están Abigail y Martina, riéndose.
—Tenéis un serio problema.
—Es posible—Martina sonrió.
—Pero en el fondo echaré de menos vuestros problemas.
—¡Eh! Te vamos a petar de tal manera que no te dará tiempo a echarnos de menos.
—Gracias, Abi. Pero de verdad que os echaré de menos.
—¡Abrazo de grupo!—Lisa chilló.
Tras el abrazo, Sofía se dirigió a la parada de autobús. Caminaba sin ganas tratando de ir despacio.
—¿Te llevo?
Sofía se dio la vuelta para ver un mercedes negro. Lo primero que vio la dejó boquiabierta. Uno de los chicos de Auryn lo conduce. Es moreno, con barba y grandes ojos verdes.
—¿Perdona?
—Me han mandado a buscarte. ¿Algún problema?
—Prefiero ir andando. Cuanto menos os vea la cara, mejor—y continuó caminando.
—¿No te gustamos?—el chico conducía a su lado.
—Digamos que voy a ir con vosotros obligada—respondió Sofía observando como el coche sigue moviéndose.
—¿Y tampoco piensas subir a mi coche? ¿Prefieres caminar hasta la caravana?
—Bueno...—finalmente subió y cerró de un portazo.
—¡Menudo genio!
—Gracias.
—No es un cumplido.
—Oh, perdona. Siento muchísimo no estar del mejor humor por vuestra culpa.
—¿Qué culpa tendremos nosotros de que seas una amargada?
—Mira, siento no ser la Barbie que te sueles tirar, pero no hace falta que me insultes.
—¿Disculpa? ¿Barbie?
—Ya sabes... La típica Barbie rubia, sexy, tonta y sin personalidad. Esa con la que os acostáis los tíos como tú.
Álvaro apretró el volante intentando controlar el enfado.
—Voy a dejarte pasar eso, porque sé que estás de mal humor. Porque si no...
—¿Sino qué? No te atreverás a tocarme.
—¿Qué no?—frenó de golpe en un lado de la carretera y la miró con mala leche.
—¿Qué? Mira niñato, si tienes algún problema conmigo dímelo ya.
—¿Perdón? ¿ Qué YO tengo un problema CONTIGO? ¡Eres tú la que no deja de insultarme desde que has subido a MI coche!
—¿De verdad? ¿En serio crees eso? No soy tan superficial como tú.
—¡Lo ves! No paras de hacerlo.
—Serás cabrón.
—¿Sabes que te digo? ¡Te vas andando! No quiero verte la cara.
—Eres insoportable.
—Já. Debes de tener algún problema. Porque esa eres tú. Baja de mi coche. Ya.
—No—se cruzó de brazos.
Álvaro continuó conduciendo ignorando a Sofía. La tensión se podría cortar con un cuchillo. Por suerte, enseguida llegan al parking donde está la autocaravana.
—Ya está. Te puedes bajar ya—dijo, deteniéndose.
—Perfecto—comentó enfadada.
Salió dando otro portazo y entró en la autocaravana, sin mirar. Cuando entró, todos los presentes se la quedaron mirando.
—¿Qué pasa?
Tras decir esto y sin preguntar, subió las escaleras que llevaban al primer piso de la gigantesca autocaravana. Entonces Álvaro entró también.
—¿Qué ha pasado?—Juan no pudo evitar preguntar.
—Que tiene la hija más... Del mundo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top