Capitulo 15

Uma.

  Hace veinte minutos que estaba esperando a que la pelirroja se dignara a salir de su casa, no podíamos quedarnos mucho tiempo, estábamos muy expuestas.

Me tranquilicé cuando la vi salir corriendo de su hogar, con una mochila colgando del hombro.

— ¿Por qué tardaste? ¿Te metiste en problemas? —Cuestioné seria cuando ella se subió a la motocicleta.

—No, me tardé porque tenía muchas cosas que traer. —Se excusó la hija de Drizella, colocándose el casco.

—Me estabas preocupando, ¡si tenía que esperarte cinco minutos más, juro que iba a entrar a sacarte! —Insistí y acomodé mi cabello. —Tenemos que irnos ya. —Dicho esto, empecé a conducir hacia la frontera, recité el hechizo y salimos de aquella prisión sin siquiera mirar atrás.

Hasta nunca, horrible isla.

  Aceleré y cuando llegamos al reino, conduje por el bosque hasta llegar al Páramo, nos bajamos de la motocicleta dejando ambos cascos allí y entramos solo para encontrarnos con Jane y Carlos sentados en el suelo, junto a unas piezas de metal enormes.

— ¿Se puede saber por qué carajo no empezaron todavía? —Me crucé de brazos, irritada porque no se tomaran esto en serio.  —Esto no es un partido de Tourney, es de vida o muerte así que a trabajar, muévanse que no tenemos todo el día. —Ordené.

—Tranquilízate, wow, la isla sí que te altera. —Mencionó el único chico, incorporándose y ayudando a su esposa a levantarse del suelo.

—Lo que me altera es que no hayas hecho nada, ¡nos fuimos hace una hora, es tiempo más que suficiente para lograr juntar más que solo esas partes! —Repliqué, señalando los pedazos de metal que seguían en el suelo.

—No me levantes la voz, ¿¡crees que no quiero que Mal regrese!? ¿¡Crees que no quiero cuidarla!? —Gritó De Vil, empujándome a medida que hacia una nueva pregunta. — Claro que sí pero no podemos hacer esto solos, necesitamos a Evie y Jay.

—Ya discutimos esto y no van a saberlo, es mi última palabra y si se los dices te juro que…—Empecé, señalándolo con el dedo.

— ¡Ya cállense los dos!, no tenemos tiempo para discutir esto, por el amor a toda la magia, los perros y los moños. —Intervino Jane, separándonos para luego mirarme atentamente. — ¿Conseguiste lo que necesitábamos?

—Claro que sí, siempre consigo lo que quiero—Sonreí victoriosa y saqué de mi bolso la hoja arrugada que Freddie me había dado, en ella estaba el hechizo que necesitábamos para activar esa máquina cuando la armáramos, se la entregué.

—Esto va en contra de todos mis principios y de todo lo que es bueno, correcto y legal en Auradon—Protestó ella luego de leerlo.

—Ay no empieces con eso…—Habló la nieta de Lady Tremaine, acercándose a nosotros y negando con la cabeza.

—Claro que es ilegal, todo lo relacionado con el uso de magia está estrictamente prohibido en este reino, lo sabes perfectamente pero aún así sabes controlar tu magia. No eres la única que se pone en riesgo aquí, todos nos estamos arriesgando pero aquí la que más tiene que perder es Mal así que basta de contradecirme y a trabajar. —La miré seria, la pareja iba a quejarse pero antes de que lo hicieran, hablé—: Si tienen tantas quejas, conocen la salida. —Añadí, señalando la misma.

—De ninguna manera voy a dejar que tú te encargues del destino de mi mejor amiga, no voy a permitir que su vida esté en tus manos, no otra vez. —El menor del grupo negó con la cabeza rápidamente, mirándome con desconfianza.

— ¿¡Se pueden callar de una maldita vez e ir a conseguir las piezas que faltan para poder armar esta cosa extraña!? —Gritó la novia de Audrey, se notaba que estaba harta de nuestras peleas.

—Vamos amor, hay que ir a traer todo lo que falta. —Murmuró la hija del hada madrina, tomando la mano de su chico.

—Bien, pero vamos a tardar mucho más—Accedió De Vil de mala gana, me interpuse entre ambos para evitar que se retiraran.

— ¿Me vas a dar la hoja que recuperé? —Dudé, alzando una ceja.

—Ese hechizo es muy poderoso y peligroso, si sale mal…—Empezó Jane.

—Ya sé qué puede pasar si esto no funciona correctamente. —Intervine rápidamente.

— ¿Qué sucede si eso pasa? —Preguntó Dizzy, parecía desorientada pero supuse que era normal ya que nunca había estado aquí.

—Se abre un portal a un la isla... Y todos los villanos podrán salir y ahí sí será el fin de todo lo que conocemos. —Respondió la chica de ojos azules, haciendo una mueca.

—Es por eso que esta máquina tiene que ser construida con tiempo, si hay un solo error... Estaremos muertos. —Añadió el pecoso.

— ¿Cómo es que esta máquina puede abrir un portal a una dimensión rara o a la isla si es que algo falla? No tiene sentido —Mencionó la pelirroja.

— La magia es impredecible—Comenté, encogiéndome de hombros.

—Ah y no es que desconfíe de ti pero será mejor que yo me quede con esta hojita, así evitaremos que ocurran posibles desastres. —Jane me sonrió antes de guardarse la hoja con el hechizo y salir del Páramo junto a Carlos.

— ¡No puedo creer que sean tan desconfiados! ¿¡Cómo es posible que todavía no crean que esto lo hago con buenas intenciones!? ¡Han pasado años desde que elegí el bien! Y no importa cuantas cosas buenas trate de hacer, ellos nunca las toman en cuenta. —Me quejé, pateando varias piedras antes de marcharme furiosa, dejando a Dizzy allí, me subí a mi motocicleta y aceleré rápidamente. Estaba muy enojada pero al mismo tiempo me sentía insuficiente y bastante impotente.

Jamás valorarán nada de lo que hago por ellos, pensé negando con la cabeza, pero aún así sigo dándolo todo por encajar, por ser aceptada en este lugar, pero les voy a probar que soy más que una villana.

Danielle.

  Salí de aquel lugar y empecé a caminar sin rumbo, la verdad era que el reino era enorme pero tarde o temprano llegaría a mi próximo destino.

[…]

Había tardado una maldita hora pero finalmente había llegado al enorme castillo que se veía desde la isla, el palacio real.

  Me subí a un árbol solo para espiar cada una de las habitaciones y al llegar a la ventana de la más oscura y tétrica –y a decir verdad, a la que más me recordaba a mi verdadero hogar– me metí por la misma.

Era un pequeño cuartito que era bastante extraño, en los estantes habían miles de muñecos y demás objetos que inmediatamente reconocí porque los había visto en Dr Facilier’s: Voodoo Empire, la tienda del hombre Sombra; supe que había ingresado a la guarida de su hijastra así que empecé a revisar los cajones y demás.

  Si yo fuera esa perra, ¿dónde escondería un corazón? Pensé mientras seguía desordenando cada rincón, hasta que escuché que la puerta se abría y maldije.

— ¡Dizzy! ¿Qué haces aquí? —Escuché la voz de Mal, me volteé lentamente.

La chica de cabello morado que vestía elegantemente y llevaba una corona en su cabeza se cruzó de brazos, observándome seriamente.

  Puede engañar a todos aquí, menos a mí.

— ¿Me extrañaste Arianita? —Le sonreí falsamente, alzando una ceja, entonces la vi chasquear los dedos e inmediatamente su cabello se tornó castaño, revelando quien era realmente.

—Considérate muerta, mocosa —Masculló y de un segundo a otro, las ventanas se abrieron violentamente y sentí aquella energía horrible que me rodeó y de un momento a otro sentí cómo esa maldita magia negra me apegaba a la pared con violencia, gemí de dolor cuando esa perra se acercó rápidamente.

—Cálmate, no soy quien crees... —Hablé rápidamente. —No puedo creer que aún no sepas distinguirnos—Dije antes de quitarme la chaqueta para mostrarle la marca de nacimiento en forma de T que tenía en el hombro, eso era lo único que me diferenciaba de mi hermana.

— ¿Danielle? ¿Cómo escapaste? —Murmuró extrañada, ella chasqueó los dedos logrando que me cayera al suelo y me incorporé mientras la miraba con desprecio.

—Es una larga historia, espero que tengas bastante tiempo. —Empecé.

—No tengo todo el día. —Intervino esa Perdida, cruzándose de brazos.

—La idiota de Dizzy volvió a la isla así que la obligué a contarme todo lo que está pasando, la encerré en el closet y vine, fue bastante fácil en realidad. —Comenté entonces, relamí mis labios lentamente.

—Pero la barrera... ¿cómo la atravesaste? —Inquirió Ariana, bastante confundida.

—Los detalles no importan, estoy aquí ahora y vine a ayudarte. —Musité antes de sonreírle falsamente.

— ¿Por qué crees que alguien como yo necesita la ayuda de la nieta de una madrastra malvada? —Me inspeccionó de arriba hacia abajo antes de reírse.

—Siempre subestimándome... Como todos. —Bufé, aunque ya estaba acostumbrada a que la gente me tratara de esta manera, pero que lo hiciera cuando estábamos en este reino me irritaba aún más. —Pero me necesitas porque tengo información valiosa sobre tu aliada, pero solo te lo diré si me das lo que quiero.

— ¿Cómo sé que no me mientes? —Dudó, mirando sus uñas, casi sin prestarme atención.

—Tienes mi corazón, sabes cuando miento y cuando no. —Repliqué.

—Buen punto pero aún así no te lo regresaré... —La hija adoptiva de madre Gothel negó con la cabeza. —Si vas a estar aquí haciéndote pasar por Dizzy, más te vale que sirvas para algo.

—Carlos y Jane están despiertos. —Admití antes de que a esta loca se le ocurriera arrojarme por la ventana o algo por el estilo.

— ¿¡Cómo es que eso es posible!? —Exclamó apretando los puños, algo sorprendida por la información que acababa de revelarle.

—No lo sé, mi hermana no me lo dijo. —Me encogí de hombros, acercándome a una de las sillas y dándola vuelta para así poder apoyar mis brazos en el respaldo, aún prestándole atención.

—Agh que inútiles son, no esperaría menos de las Tremaine. —Se quejó la hermana de Freddie antes de empezar a recoger las muñecas que yo misma había tirado cuando estaba buscando mi corazón.

—Me ofendes, ellos quieren hacer una máquina para traer a Mal de nuevo. —Añadí, observando el lugar que me recordaba bastante a la tienda de cosas vudú de Facilier.

— ¿¡Ellos qué!? —Alzó la voz antes de arrojarme las muñecas, las esquivé rápidamente.

—Lo que oíste…—Susurré mientras jugaba con mi cabello, la observé de reojo y pude notar que empezaba a caminar de un lado a otro por la habitación, nerviosa.

—Voy a matar a esos entrometidos, sí, eso es lo que haré, les voy a arrancar los corazones y los aplastaré, merecen una muerte lenta y dolorosa por meterse con la villana equivocada. —Amenazó para luego regalarme una sonrisa llena de cinismo.

—Casi olvido mencionar que Uma los está ayudando. —Proseguí.

— ¡Esa perra traidora! Nunca confié totalmente en ella, pero va a desear no haberse metido conmigo. —Volvió a gritar, golpeando la mesa. —Cuando llegue el momento indicado me voy a encargar de esa desgraciada, y en cuanto a ti más te vale que no levantes sospechas, ¿sabes algo más?

—Si a esa máquina le falta algo, abrirá un portal a la isla para que todos los villanos puedan salir. —Musité mientras me levantaba de mi asiento.

—Ayúdalos a construirla  y cuando sea el momento indicado, encárgate de arruinarla. Si triunfas, te devolveré tu corazón…—Ordenó Ariana, dirigiéndose hacia el escritorio y abrió un cajón con una llave que ella tenía, del mismo sacó un pequeño cofre del tesoro y la abrió; allí estaba mi corazón. Lo tomó y me sonrió falsamente. —Pero si fallas, lo aplastaré hasta que solo queden cenizas. —Añadió para luego presionarlo un poco, caí de rodillas pues el dolor era insoportable, cerré los ojos para evitar que las lágrimas escaparan de mis ojos. Esa perra dejó de presionarlo y volvió a guardarlo, entonces suspiré hondo y me levanté lentamente.

—Sacaré un tornillo, me divertiré viéndolos discutir porque no sirve y cuando el portal se abra, volveré a casa, me cambiaré esta ropa horrenda y regresaré para reclamar lo que le pertenece a mi familia. —Accedí entonces.

—Ahora si no te importa, tengo cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo aquí contigo así que lárgate de mi castillo. —La castaña me inspeccionó seria, esperando a que me marchara.

—No es tuyo. —Repliqué, cruzándome de brazos.

—O desapareces de mi vista o aplasto tu patético corazón, sabes perfectamente de lo que soy capaz de hacer así que no te metas más conmigo. —Advirtió acercándose a mí rápidamente, vi como sus ojos empezaban a brillar y rápidamente salí por la ventana sin siquiera mirar atrás. 

Ariana.

Apenas la pelirroja se retiró, cerré la ventana y guardé el pequeño cofre del tesoro en el cajón, lo cerré con llave y me la guardé, más tarde tendría tiempo para ordenar este desastre.

  No puedo creer como no me había dado cuenta antes de lo que está pasando a mí alrededor, ¿¡cómo pude ignorar que estaban despertando!?

¿Estaré perdiendo mi poder? Pensé y negué con la cabeza, eso no podía suceder.

  Busqué el espejo mágico y lo tomé, solo para ver a esa perra asustada, atrapada en esa dimensión de la que no permitiría que saliera.

—Nadie va a salvarte, estarás muerta para ellos antes de lo que crees. —Murmuré y volví a guardar el objeto que le había robado a Evie, chasqueé los dedos para cambiar mi apariencia y suspiré hondo.

Tengo que empezar con este plan lo antes posible.

  Me acerqué a la ventana y miré el reino con una sonrisa llena de malicia.

Auradon, la paz se acabó, esta vez no serán felices por siempre.

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