Capítulo 43
–Blaas... Quiero mimos...
El nombrado levantó la vista de su móvil y observó al rubio sentado en la camilla, con las piernas fuera y los brazos extendidos buscando un abrazo.
Hacían apenas cinco minutos que se habían quedado sólos, los tíos de Carlos tenían que volver al trabajo, Sonia acababa de terminar su turno y Alba le propuso ir a tomar algo, por lo tanto ellas dos también se habían ido.
–No pides tú ni nada –Dijo Blas riendo a la vez que se acercaba al rubio y lo abrazaba mientras acariciaba la nuca del rubio.
Carlos hizo un leve ronroneo, como si fuese un gato siendo acariciado, le encantaba estar entre los brazos de Blas, se sentía como cuando era pequeño y su madre le abrazaba después de tener una pesadilla.
Sonrió con nostalgia y morriña, le echaba mucho de menos.
Se encogió más entre los brazos de Blas y se permitió el lujo de apoyar se cabeza en el pecho del moreno.
Blas sonrió y comenzó a trazar círculos sobre la espalda de Carlos, sintiendo como el rubio se acomodaba más en él con cada roce.
Se separó de él por un momento recibiendo una queja del rubio por la falta de cariño.
–Pero no te separes... –Dijo Carlos haciendo un puchero que fue interrumpido por los labios de Blas.
–Tranquilo rubio –Dijo separando sus labios para después coger ambas piernas del rubio y con cuidado rodear su propia cintura con ellas, facilitándole la tarea de cogerlo en brazos.
–¿Q-que haces? –Dijo Carlos poniéndose nervioso.
–Cuidado con el gotero –Contesto Blas dándose la vuelta, quedando con la camilla a su espalda, se sentó en ella y con el máximo cuidado posible deshizo el agarre del rubio para así poder tumbarse él en la cama con el rubio encima.
–Me gusta más abrazarte así –Dijo Carlos cerrando los ojos a la vez que apoyaba ambos brazos en los hombros del moreno.
Blas rodeó la cintura del rubio y sonrió, Carlos era demasiado adorable, tanto que le chocaba que luego fuese tan atrevido en cuanto a sexo se refiere, aunque luego se intentase autoconvencer de que no era el pasivo de la relación.
Cuando todo el mundo sabe que Carlos es el uke, porque vamos a ver, se le nota en la cara.
Desprende "ukedad" por los poros de la piel.
Sin embargo, Blas es todo un seme con pinta de azotador.
Tiene cara de como te pille no vas a poder andar en una semana.
Bueno, volviendo a la historia, ambos chicos estaban tumbados en la camilla del hospital, abrazados, dejando el tiempo pasar.
Blas se acordó que se había traído con el unos auriculares, así que con cuidado sacó de su bolsillo derecho del vaquero el móvil y los auriculares, para después conectarlo y colocar uno de los auriculares en la oreja de Carlos y otro en la suya.
–¡Dj Cantó in da house! –Gritó Carlos arrancándole una risa al moreno que le acarició la cabeza a la vez seleccionaba una canción.
–Cada vez que escucho esta canción me acuerdo de ti. –Dijo Blas reproduciendo Hello Kitty de Avril Lavigne.
Carlos soltó una carcajada y miró divertido al moreno.
–¿Y eso?
–Es que en un principio piensas que es una canción super adorable, pero luego cuando analizas la letra te das cuenta de que de adorable tiene poco.
–¡Oye! ¡Yo soy adorable! –Dijo Carlos haciendo un puchero.
–Si yo no lo niego, pero luego en la cama tu adorabilidad se va a la mierda.
–Y te encanta –Dijo Carlos aún con la sonrisa en la boca mientras se concentraba en la canción.
Come come Kitty Kitty
You're so pretty pretty
Don't go Kitty Kitty
Stay with me
Pura prosa.
–¿Cómo es que tienes una canción así en el móvil? –Preguntó Carlos
–No sé, creo que me la pasó Álvaro –rió Blas. –Porque no recuerdo haberla descargado.
Blas cogió el móvil y cambió la canción, dejando que una cover de take me to church inundara sus oídos.
–Esta canción te pega más –Dijo Carlos acomodándose sobre su chico. –Pero es muy corta venas... ¿Me dejas elegir a mi?
Blas asintió y le pasó el móvil a Carlos, que lo cogió con algo de dificultad, tenía los músculos débiles.
Fue pasando la lista de canciones hasta que encontró una que le gustaba.
–Esto que es, ¿una indirecta? –Rió al escuchar la canción.
Carlos se incorporó sobre Blas hasta estar llegar a la boca del moreno y sonreír.
–¿Estás en el menú rubio? –Dijo Blas rozando sus labios con los de Carlos.
–Bon appetit, baby –Cantó Carlos sobre los labios de Blas, el cual lo miró sorprendido, tenía una voz muy dulce.
–Cantas bien –Dijo Blas sonriendo.
–Gracias –Carlos se sonrojó inmediatamente y tuvo que esconder la cabeza en el pecho de Blas para que este no lo notase.
–Te has puesto rojito. –Río Blas.
–Mentira –Replicó Carlos mordiéndose la lengua.
–Verdad, te he visto.
–¡Qué no!
Blas rió y le acarició la cabeza mientras un lo que tú digas salía de su boca.
Katy Perry dejo de cantar dando paso a otra canción, In the Name of Love de Bebe Rexha y Martin Garrix.
–Me encanta esta canción –Dijo Blas enterrando su mano entre el pelo del rubio a la vez que tarareaba la melodía.
Cuando la canción llegó a la parte favorita de Blas, comenzó a cantar sin ser consciente de que había alzado la voz más de la cuenta.
–In the darkness, in the middle of the night
In the silence, when there's no one by your side
Would you call in the name of love? –Blas entonó perfectamente cada una de las notas, dejando totalmente embobado al rubio con su voz.
Jamás había escuchado una voz tan perfecta, le había puesto la piel de gallina y sentía su corazón latir emocionado. Tenía una voz preciosa, propia del ángel que había sido años atrás.
–Wow –Fue lo único que pudo decir el rubio.
Blas se rió, sabía que tenía una voz bonita, siempre la había tenido, pero rara vez la mostraba, era algo especial para él y solo se lo mostraba a la gente en la que confiaba, y Carlos era una de las personas que integraban ese grupo reducido de gente, en el cual ahora se encontraban Álvaro y Carlos... Pensó en que hubo un momento de su anterior vida en el que en ese reducido grupo de personas se encontraba solamente Miguel...
Había cantado miles de veces para él y parecía gustarle, pero realmente no fue así.
–Te has puesto triste. –Dijo Carlos en un susurro.
–Da igual, sigamos escuchando música...
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