Capítulo 41
Entre Blas y Alba consiguieron vestir adecuadamente a Carlos, que desde que llegó al hospital sólo vestía con batas que solo tapaban su parte delantera.
Blas, que se había acercado con Krystal a la casa del rubio, buscó unos pantalones blanditos, una camiseta de manga larga y una chaqueta calentita para que el rubio estuviese cómodo y caliente, porque diciembre había llegado y con él el frío.
Blas le subió los pantalones con cierta dificultad, pidiéndole ayuda a Alba para que le subiese la parte de atrás. ¡Los calzoncillos no le habían costado tanto!
Alba colocó los pantalones en su sitio entre risas.
–Carlos, si tuvieses menos culo, esto sería más fácil
"Una pena"
Blas se rió y con cuidado sentó al rubio en la silla de ruedas, para así poder ponerle la camiseta y la chaqueta más fácilmente.
Una enfermera llegó con un bote de suero portátil, el cual lo conecto a Carlos mediante la vía que tenía en la mano, sin ese bote no podían salir, era el alimento del rubio desde hace cosa de un mes.
Ya con Carlos totalmente vestido y bien puesto en la silla de ruedas, salieron del hospital, saludando a todas las enfermeras que se encontraban. El grupo estaba feliz, iban a poder despertar al rubio por fin.
Cruzaron la puerta automática y una fuerte ráfaga de viento frío golpeó a los cuatro.
"Cuando ingresé aún hacía algo de calor..."
Blas, que se encontraba arrastrando la silla de ruedas lo miró con cierta pena, Carlos no decía nada acerca de su estado, pero él sabía perfectamente que le estaba afectando negativamente.
Menos mal que ya quedaba nada para acabar con el hechizo.
Las cuatro personas se alejaron del hospital y buscaron una zona donde no hubiese casi gente para poder teletransportarse y ahorrarse la caminata hasta la sala de entrenamientos donde Blas se preparaba para poder despertar a Carlos.
Cinco minutos después de salir del hospital encontraron un parquecito donde solo habían dos mujeres y dos ancianos. Las dos mujeres conversaban animadamente sentadas en un banco, mientras que los dos ancianos que parecían rondar ya el siglo de edad, hablaban más pausadamente cada uno sentado en su respectiva silla de ruedas.
El grupo de amigos pasó por su lado, intentando alejarse lo bastante para que no notasen que iban a desaparecer por arte de magia.
Pero no les salió bien la jugada. Los ancianos llamaron su atención al ver al rubio sentado en la silla de ruedas.
–Pobre, tan joven y ya en silla de ruedas. –Dijo uno de los ancianos mirándolo con pena.
El moreno sintió como Carlos se ponía algo triste y le dió un leve apretón en el hombro.
"Tranquilo"
Las dos chicas sonrieron a los dos ancianos e intentaron seguir su camino junto a los novios.
–Oye Miguel, ¿no te suena la cara del chico moreno?
–Joven, te pareces mucho a un amigo mío de mí infancia. –El anciano tosió repetidas veces para luego seguir hablando. –Eres idéntico.
Blas se mareó y tuvo que sujetarse a Alba para no caerse. No podía ser.
Alba sujetó al moreno con fuerza sin entender nada, ¿por qué le había afectado tanto lo que le habían dicho los ancianos?
Y Carlos odió más que nunca no poder mover ni una parte de su cuerpo, porque de haber podido hacerlo hubiese sacado a Blas de allí corriendo. No podía ser que después de casi ochenta años el gilipollas que lo delató siguiese vivo y Blas hubiese tenido la tan mala suerte de volver a encontrárselo.
–Otro chico que murió fusilado... –Dijo Miguel mirando directamente a Blas. –No se lo merecía...
Y el moreno totalmente fuera de si cogió fuerte la silla de ruedas donde estaba sentado Carlos y comenzó a correr, sin escuchar más los comentarios de ambos ancianos hablando de él en su pasado.
Mentiría si dijera que no tenía ganas de llorar, su mejor amigo en aquella época, su amor platónico, el chico que lo delató... Lo había tenido delante después de casi ochenta años...
–¡Blas! ¡Para! –Dijo Alba corriendo al lado de Krystal intentado alcanzar a la pareja.
Blas bajo el ritmo, cosa que Carlos agradeció, porque el paseo se había convertido de repente en una montaña rusa y veía peligrar su propia integridad física.
–¿Qué te pasa? –Dijo Alba apoyándose en el hombro de Blas.
Blas murmuró un nada que a Alba le dió a entender que le pasaba algo realmente, pero que no lo quería contar.
Krystal, que era conocedora de la historia gracias a Álvaro (el cual los estaba esperando en la sala de entrenamiento montándolo todo), entendía que es lo que le pasaba a Blas.
–Vámonos de aquí –Dijo Blas en un susurro.
Krystal y Alba asintieron y con la ayuda de Krystal desaparecieron del parque sin llamar la atención.
...
El grupo al completo apareció en una sala sin ventanas bastante conocida para Blas, pero que ahora estaba algo cambiada. Una especie de camilla estaba justo en el medio de la habitación, con cinco velas alrededor de ella.
Blas lo primero que hizo fue ir y abrazar a su amigo, el cual le devolvió el abrazo con cariño.
Al separarse se acercó al rubio y se acuclilló delante de él.
–En nada volverás a moverte, de verdad.
Carlos interiormente sonrió, en nada iba a poder abrazar y besar a Blas sin necesidad de estar en un sueño. Tenía unas ganas...
–Será hora de ir colocándolo en su sitio... –Dijo Krystal.
Blas y Álvaro asintieron y entre los dos consiguieron levantar al rubio y tumbarlo en la cama improvisada.
–En nada estarás recuperado –Dijo Blas apartándole un mechón de pelo del flequillo.
Se apartó de la mesa y se puso al lado de Álvaro y Krystal notando como el corazón le iba a mil por hora, ¿y si el contrahechizo fallaba? ¿Y si Carlos no volvía a poder moverse?. Mientras Blas se ponía cada vez más nervioso Alba hacia aparecer de su dedo una fina llama de fuego, dándole a entender a Álvaro que era la hora de apagar las luces.
Con toda la habitación a oscuras Alba encendió la primera vela, para después ir dando la vuelta a la mesa encendiendo una a una las otras cuatro velas, iluminando finalmente toda la habitación.
Se posicionó justo al lado de la primera vela que había encendido y con un cuchillo de plata que le había dado Álvaro, se hizo un corte en la palma de la mano, dejando salir un poco de sangre, la cual retuvo en su palma de la mano mientras recitaba el contrahechizo.
"Deshaz la magia que actuó aquí. Invierte el hechizo para que todo vuelva a ser como antes"
Al pronunciar la última palabra dejo caer la gota de sangre, apagando la vela y haciendo que una luz blanca surgiera de ella, conectando todas y cada una de las velas creando un pentágono perfecto.
De pronto la luz blanca se expandió por toda la habitación, obligando a los presentes a cerrar los ojos por el estallido de luz cegadora repentino.
De pronto la luz desapareció, dejando la habitación iluminada solamente por cuatro de las cinco velas.
Aparentemente el contrahechizo había salido bien.
Todos los presentes se acercaron al centro de la habitación y observaron fijamente al rubio, que se encontraba con los ojos cerrados.
Hasta que de pronto el rubio abrió los ojos y se intentó sentar.
Blas fue el primero en ayudarlo, notando su corazón dispararse. ¡Se había movido!
–¿Soy yo, o peso más que antes?–Dijo Carlos con dificultad– No puedo ni conmigo mismo...
Esa voz, esa voz que tanto echaba de menos Blas... Sin pensárselo abrazó al rubio, siendo imitado por el resto de gente en la sala.
–¡Ha salido bien! ¡El contrahechizo ha salido bien! –Dijo Alba separándose del abrazo y tirando de Krystal y Lava para que se apartaran también.
Todos los presentes aplaudieron, todos excepto Blas y Carlos, los cuales estaban abrazados, totalmente en su mundo.
–He echado de menos tu voz –Dijo Blas en el oído de Carlos.
Carlos se separó por un momento y siendo consciente de que todos los estaban observando sonrió y tiró de la camiseta de Blas hasta unir por fin sus labios.
Alba pegó un grito que fue callado por la mano de Krystal, la cual se colocó con fuerza sobre la boca de la pelirrosa. La pelirrosa se vio forzada a apretar los puños para canalizar la emoción del momento.
Álvaro por su parte solo pudo observar a su amigo volviendo a ser feliz. Porque a él no se lo admitiría nunca, pero ese chico rubio al que había protegido años atrás se había convertido en su felicidad.
Al final ambos chicos se separaron, ambos con las mejillas algo rojas. Carlos se escondió en el pecho de Blas y este lo acunó de nuevo.
Krystal por fin apartó la mano de la boca de Alba al note algo húmedo en su palma.
–Cerda, ¡me has chupado la mano! –Dijo Krystal restregándole la palma de la mano a Alba en su brazo.
Alba se encogió de hombros y volvió a fijar la mirada en la parejita.
–Bueno, va siendo hora de volver al hospital y que vean que milagrosamente el aire fresco ha conseguido espabilar al rubio. –Dijo la pelinegra.
Blas asintió y con todo el cuidado del mundo pasó uno de sus brazos por debajo de las rodillas de Carlos para así poder levantarlo de la camilla y volver a sentarlo en la silla de ruedas.
Alba cogió la chaqueta del rubio y ayudo a su mejor amigo a ponérsela, aún le costaba moverse.
Hay que tener en cuenta de que sus músculos no estaban al cien por cien, habían estado parados durante algo más de un mes.
Ya con todo arreglado y con un Carlos a prueba de heladas, volvieron a teletransportarse, esta vez evitando el parque, a petición de Blas.
...
😏😏😏
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