Capítulo 33
–A ver, la cosa va a ser así a partir de ahora. –Dijo Krystal –Todas las mañanas aprenderás con Alba y conmigo más sobre magia y por algunas tardes te enseñarnos algunos hechizos que te vendrán bien saber. ¿Te parece bien?
–¿Iremos más rápido? –Preguntó Blas.
–¿Por qué te crees que la he llamado? –Dijo la chica –Su don nos servirá bastante.
–¿Cuál es?
–Don del aprendizaje.
Blas bufó a modo de burla y Krystal lo miró mal.
–No te rías, es un don tan importante como el tuyo o el mío. Es más, el suyo es uno de los más agradecidos a mi parecer, puede llegar a aprender prácticamente todos los dones si se lo propone.
Blas asintió y volvió a mirar a Carlos el cual seguía dormido.
–Dime si es un nefilim o no.
Krystal puso los ojos en blanco y se acercó a Carlos, lo observó detenidamente y en a penas dos segundo se volvió a dirigir a Blas.
–Confirmado, es un nefilim, pero bastante raro, porque tiene los poderes bloqueados, no todos, pero si los más característicos, como la altura, los nefilim normalmente son más altos y más grandes, llegan a los dos metros fácilmente y con suerte Carlos llega al metro setenta y cinco. Por no hablar del peso, los nefilim por la altura acaban pesando cerca de noventa kilos y yo a Carlos no le echo más de sesenta.
–Es un peso pluma. –Dijo Blas recordando lo fácil que le fue cargárselo al hombro.
–Ves, es como si hubiese algo que desde pequeño le hubiese impedido desarrollar del todo sus cualidades.
–La cosa es que ahora está empezando a desarrollarlas, habla mentalmente conmigo cuando antes no podía y el otro día me metí en su sueño y era consciente que yo estaba ahí, es decir, me veía, cuando antes no era así.
–Definitivamente había algo que le impedía desarrollar sus habilidades. Pero no se si es que ha perdido la cosa o que. ¿Tu sabes si tenía algo valioso siempre con él?
Blas trago saliva e instintivamente se llevó la mano al cuello, rozando el cuero del colgante.
–¿Con algo a que te refieres?
–No se, una pulsera, un anillo o un colgante...
Blas se sorprendió, el colgante tenía una función inhibidora de los poderes en los nefilim y una activadora en los ángeles.
Krystal se quedó mirando fijamente al moreno que se había quedado mirando un punto fijo, pensando supuso.
Y no iba mal encaminada, pero en realidad estaba pensando en si decirle la verdad o no. ¿La chica era de fiar o no? A simple vista sí, le estaba ayudando a despertar a Carlos, pero, ¿y si se enteraba de que el colgante de sangre lo tenía el? ¿Sería una de las locas que lo buscan para hacerse con el poder de la humanidad? ¿O sería como él que lo único que quería hacer era mantenerlo en buenas manos?
Blas suspiró y negó, mejor no contárselo de momento.
–Bueno, no pasa nada. Al menos sabemos que ha habido algo que le ha hecho tener el aspecto de un humano.
Blas le agradeció la ayuda y la chica se fue después de despedirse del chico, el cual se quedó en la habitación, custodiando el cuerpo dormido de Carlos.
Se sentó en el sofá y buscó algo con lo que entretenerse. Vio colgado un pañuelo del perchero de la habitación y sonrió de lado, le apetecía jugar un poco con su don.
Aprovechó que no había nadie más y fijó su mirada en el pañuelo e intentó hacer que levitase, pero hacía muchos años que no usaba esa parte de su don, por lo que el pañuelo a penas levitó cinco centímetros.
Agitó la cabeza intentando aliviar tensiones y volvió a fijar su mirada en el pañuelo, esta vez consiguió descolgarlo y lentamente lo fue acercando a él.
Hasta que alguien interrumpió en la sala, haciendo que Blas se asustase y el pañuelo acabará en mitad de la habitación. Inconscientemente aguantó la respiración a la vez que miraba la puerta, en ella estaba el tío de Carlos apoyado, este le sonrió y Blas volvió a respirar, no lo había visto.
El tío se quedó mirando a Carlos, el cual seguía dormido.
–Me preocupa que duerma tanto –Dijo el mayor apoyando ambas manos en los pies de la camilla donde estaba Carlos. –Los médicos dicen que es normal, pero yo lo veo cada vez como más relajado, con ganas de dormir siempre.
Blas lo miró y asintió, desde hacía varios días lo único que hacía era dormir, despertarse dos horas y volver a dormir otro rato.
–También puede ser porque se aburre –Dijo Blas levantándose del sofá y acercándose a donde estaba el tío de Carlos. –Yo al menos cuando me aburro me acabo durmiendo.
–Tu y todos, pero no se... Es como si este síndrome lo estuviese dejando sin fuerzas –Dijo el tío de Carlos suspirando.
–No pienses eso... –Blas se quedó callado después de darse cuenta de que no se sabía su nombre. –Perdón, no me sé su nombre.
–Soy Raúl –Dijo el hombre riéndose –Tanto tiempo viéndonos y aún no nos hemos presentado como toca.
Raúl dejó de mirar por un momento a su sobrino y se giró quedando cara a cara con Blas.
–Yo soy Raúl, el tío de Carlos, encantado –Dijo el hombre tendiéndole la mano a Blas.
–Blas, el placer es mío –Dijo Blas devolviéndole el apretón de manos.
De pronto uno de los aparatos comenzó a pitar más rápido que de costumbre asustando a ambos hombres, que se giraron rápidamente. El monitor que indicaba el pulso de Carlos iba mucho más acelerado.
Blas se tiró encima de un mando que había al lado de la camilla de Carlos y pulsó el botón rojo, avisando así a una enfermera, la cuela tardó a penas un minuto en llegar.
–¿Qué pasa? –Dijo la chica dirigiendo su mirada a uno de los monitores.
–No lo sabemos –Dijo Blas intentando controlar los nervios. –Ha empezado a pitar más rápido.
–Voy a llamar al médico. –Dijo la chica dirigiéndose hacia la puerta. –No os preocupéis.
La chica salió con paso rápido de la habitación, dejando a los presentes preocupados mientras observaban a Carlos.
En seguida el médico entró en la habitación y miró al rubio y a la máquina, sonrió de lado y se dirigió a Blas y Raúl.
–Solamente está teniendo una pesadilla, nada de lo que preocuparse.
Los dos hombres suspiraron aliviados, no le estaba pasando nada grave.
–Si queréis podéis despertarlo e intentar tranquilizarlo.
Ambos asintieron y el médico se fue por la misma puerta por la que había entrado.
Blas se acercó a la cama y le acarició una mejilla al rubio, intentando espabilarlo.
–Charlie, despierta –Dijo Blas suavemente, haciendo que su voz sonase muy dulce.
Raúl decidió que era mejor dejarlos solos, así que hizo como si lo estuviesen llamando y disimuladamente salió de la habitación.
Blas volvió a insistir, el pulsometro indicaba que el rubio no lo estaba pasando bien.
–Charlie...
Blas apartó la mano de la mejilla de Carlos al notar algo húmedo en ella. Varias lágrimas se habían escapado de sus ojos.
¿A caso el rubio también podía llorar? Pensó Blas.
Teniendo en cuenta que sus ojos funcionan... Tiene sentido.
Blas volvió a intentar despertarlo y esta vez lo consiguió, Carlos se despertó asustado y sus ojos se abrieron más.
"¡Aléjate de mi!"
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