Capítulo 30

-¿Hechizado? -Dijo Carlos sin soltar el agarre.

-Sí, hechizado. -Dijo Blas apretando las manos de Carlos ignorando el dolor. -Hari te hechizó antes de que cayeras inconsciente.

-¿Qué? –Dijo Carlos soltando las manos de Blas y retrocediendo, alejándose del moreno.

-Carlos, se que suena raro, pero a tu alrededor prácticamente nadie es normal... -Dijo Blas callándose el ni tu tampoco que amenazaba con salir de sus labios.

-No entiendo nada Blas...

-No me hagas más difícil contarte esto, por favor...

Carlos se quedó callado y esperó a que Blas siguiera hablando. Pero Blas por segundos se estaba poniendo más nervioso y la poca valentía que parecía que tenía se le esfumó de repente.

-No tengas miedo de contarme nada...

-No es miedo a contártelo... Tengo miedo de que te pase algo más... Hay veces que pienso que lejos de mi estarías mejor...

Carlos se levantó de la cama y se encaró a Blas señalándolo con el dedo índice.

-Ni se te ocurra pensar que estaría mejor lejos de ti, porque no es así. Pasaría mil y una veces por lo de hace unos días sí gracias a eso te tengo al lado. Y por favor, olvídate de protegerme, creo que no es la primera vez que te lo digo.

-Quiero que seas feliz y cerca mío no...

-¡Soy feliz a tu lado imbécil! -Dijo Carlos cogiendo a Blas por los hombros, acercándolo a él. -¡Te necesito conmigo!

Carlos tiró de él hasta levantarlo y lo abrazó poniéndose de puntillas para ser más alto que el moreno. Blas rodeo el cuerpo de Carlos y lo apretó contra el suyo.

Se separaron lentamente sin dejar de mirarse a los ojos, Carlos sonrió a la vez que inclinaba la cabeza hacia la izquierda y llevaba su mano derecha a la mejilla de Blas. Se rió al notar la barba entre sus dedos, hacía cosquillas.

A Blas se le ablandó el corazón al ver reír de esa forma tan adorable al rubio y no pudo evitar apretar la mano del otro chico y sonreír.

-Confía en mi, de verdad, no va a pasar nada -Dijo Carlos mirando fijamente al moreno.

Blas suspiró y tiró la cabeza hacia atrás dándose por vencido. Que mejor momento que este para contarle un secreto, nadie les pido escuchar, y si lo hacían eran producto de un sueño, los únicos que serían conscientes de todo lo que estaba pasando iban a ser ellos dos. Nadie más. Así que se armó de valor y comenzó a hablar.

-Yo soy el primero que no soy normal. Puedo comunicarme con la gente por la mente, puedo crear ilusiones... Tengo dos horribles cicatrices adornado mi espalda...

-Blas, el sueño que tuve era verdad, ¿no? -Dijo Carlos intentando ayudarle- Eras un ángel y perdistes las alas, ¿verdad?

-Sí -Dijo Blas finalmente a la vez que cerraba los ojos para evitar ver la reacción de Carlos. -Se que suena raro, que parece que estoy loco y que me lo estoy inventando, pero es la verdad. No puedo mentirte más. Sí, soy un ángel caído.

Carlos por su parte no pudo hacer nada más que abrazar al moreno por el cuello y besarlo, pillando por sorpresa a Blas, que se encontraba con los ojos cerrados.

El moreno rodeó la cintura del rubio y lo atrajo hacia sí, la verdad es que se esperaba algo más de drama, que no le creyera, que se riera en su cara por lo estúpido que sonaba, pero no, lo estaba besando, mientras acariciaba su nuca, enredando sus dedos en su pelo.

Al final sus labios acabaron por separarse, pero Carlos juntó sus frentes, manteniendo el ambiente íntimo entre ambos.

-Vaya, quien me iba a decir a mi que acabaría con un ángel caído como novio. -Dijo Carlos sonriendo.

-¿Me consideras tu novio? -Dijo Blas torciendo una sonrisa.

Carlos asintió y Blas volvió a juntar sus labios en un beso un pelín más largo que el anterior.

Blas se sentía orgulloso de haberle contado todo a Carlos, ya no habían secretos entre ellos, bueno, no tantos.

De pronto Carlos se separó y miró al moreno fijamente.

-No me has dicho como te has hecho lo de la mano al final. -Dijo Carlos.

Blas en un principio no quiso contárselo, pero al ver lo bien que había reaccionado antes, se lo acabo diciendo.

-Practicando magia, el fuego se me da mal -Dijo Blas rascándose la nuca.

-¿¡Sabes hacer magia?! -Dijo Carlos entusiasmado. - ¡Quiero verlo!

Blas negó y le peinó el flequillo al rubio.

-Lo tengo prohibido hasta que se me curen las heridas.

-Va... Nadie se va a enterar. -Dijo Carlos suplicándole al moreno.

Blas volvió a negar sin dejar de peinarle el flequillo.

-Cuando sepa algo más te lo enseñaré, te lo juro. -Dijo Blas dándole un golpecito en la nariz al rubio.

Carlos hizo un puchero y miró a Blas intentando dar pena.

-No hagas pucheros... -Dijo Blas intentando que no le afectase.

Pero Carlos aprovechó que con él funcionaba poner cara de pena y acerco más sus caras a la vez que volvía a hacer otro puchero.

-Carlos... -Dijo Blas alargando la o.

-Va Blas... -Dijo Carlos poniendo los ojos del gato con botas.

Blas negó e intentó hacerse el fuerte ante los ataques de adorabilidad y cuquez de Carlos, cosa que era bastante imposible.

Hasta que Blas se​ hartó y pillando al rubio por sorpresa se lo cargó al hombro y lo levantó como si fuera un saco de patatas.

-¡Suéltame! -Dijo Carlos pataleando.

-¿Seguro? -Dijo Blas tirando a Carlos un pelín para delante.

Carlos pegó un grito y se cogió como pudo al cuerpo de Blas para no caerse.

-¡Para! ¡Bájame! ¡Se me está subiendo la sangre a la cabeza! -Dijo Carlos pegándole puñetazos en la parte baja de la espalda del moreno.

-Será bajando, estás bocabajo -Dijo Blas riendo.

-Me la suda, ¡bajame!

-¿Cómo se piden las cosas? -Dijo Blas recolocándose al rubio en su hombro.

-Por favor Blaso... -Dijo Carlos abrazando al moreno boca a abajo.

-No me convence...

-Por fa, Blaso haré lo que tú quieras... -Dijo Carlos comenzando a marearse.

A Blas le sonó muy tentador lo que acababa de decir el rubio, así que le hizo caso y lo bajo lentamente. Aunque en realidad lo hizo porque le empezaba a dar pena el rubio.

Carlos sonrió satisfecho al notar sus pies en el suelo, se balanceó a la vez que miraba tiernamente al moreno.

-Eres monísimo -Dijo Blas cogiéndole un moflete.

De pronto escucharon una voz llamándolos de fondo.

«Chicos, despertar»

-¡No quiero! -Dijo Carlos abrazando a Blas -¡Quiero vivir en un sueño constante!

Blas por su parte maldijo a la tía de Carlos al obligarlos a que se despertasen.

Notó como su cuerpo se iba desvaneciendo, al igual que el de Carlos. Aprovechó los últimos segundos para acercar su boca a la de Carlos y robarle un último beso.

Y ambos chicos se despertaron a la vez.

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