Capítulo 24
Blas salió de la consulta, con las mejillas rojas y medio dormido, después de que el médico lo despertara y le dijese que había gente esperando para ver el chico, dejó pasar a los dos tíos de Carlos, ellos también tenían derecho de ver a su sobrino, se sentó en una de las sillas de fuera y sacó el móvil, abrió Instagram y se puso a cotillear en explora las diferentes fotos que habían.
"¡Me aburrooo!"
Blas negó con la cabeza y sonrió, iba a ser raro comunicarse así pero le gustaba.
"Yo que se, mueve los ojos para llamar su atención y diles que te aburres"
"Diles que te toca a ti o algo ya, va..."
"Carlos, he salido hace cinco minutos"
"Por fa... me están hablando de que cuando despierte me van a meter en karate o algo de eso para que me sepa defender..."
"Oye, pues no es mala idea"
Carlos soltó un bufido y dejó de hablar con Blas. El moreno se rió mientras negaba con la cabeza, da igual si estaba en modo planta o sano, Carlos siempre iba a ser tan infantil y tan sumamente adorable.
–Perdone, ¿puedo hablar con usted un momento a solas?
Blas levantó la vista y se encontró con un policía, no tuvo más remedio que aceptar.
–¿Que pasa agente?
–Es usted quien estaba con Carlos Marco cuando ocurrió la agresión, ¿verdad? –Dijo el agente mirando fijamente al moreno.
Blas contestó de forma afirmativa y el policía sacó una libreta de uno de los bolsillos de su chaqueta.
–Necesito que me cuente todo lo que ocurrió.
Blas tragó saliva y comenzó a narrarle todo lo ocurrido, desde que los acorralaron hasta que llegó la ambulancia.
–¿Y por qué cree que puede haber ocurrido está agresión?
Blas claramente sabía la respuesta, pero no le podía decir al agente que buscaban un collar con poderes mágicos que si acababa en malas manos iba a significar el fin de la humanidad tal y como lo conocemos. Por tanto simplemente se encogió de hombros.
–¿Llevaban algo de valor encima?
–Los móviles es lo más caro que llevábamos. –Dijo Blas encogiéndose de hombros.
–Seguramente fueran a robaros, os defendisteis y la pagaron con él.
Blas lo miró perplejo, y asintió, en cierta parte era verdad, querían quitarles el collar que él llevaba y al no conseguirlo, pues les pegaron.
El agente le dio las gracias y se fue, dejando a Blas nuevamente sólo, este resopló y se sentó de nuevo en las sillas de fuera. Pensó en irse y cambiarse de ropa, la camisa de Carlos estaba algo manchada de sangre, y aunque no se viese mucho prefirió irse, así también obligaba a Carlos a relacionarse con el resto.
"Charlie, voy a cambiarme de ropa. En dos horas o así estoy aquí"
"¡No te vayas por favor! Sácame de aquí, di que vas a pasearme un rato"
"Si quieres llego y digo; ¡ey! Me llevo a Carlos de paseo a que le de un poco el aire y el sol que ahora que es una planta necesitará hacer la fotosíntesis"
"Ja ja, muy gracioso."
Blas negó divertido mientras se levantaba para irse a su casa y cambiarse, apestaba a sangre y eso le producía arcadas.
...
–A ver, Marco, se que me estás escuchando, parpadea una vez si es así.
Carlos parpadeó una vez como le dijo el médico mientras internamente bostezaba. ¿Qué necesidad había de comunicarse con el exterior cuando a Carlos le bastaba con hablar con Blas?
Los médicos y sus manías de que el paciente hable con sus familiares.
–Muy bien Carlos, vamos a aprender a comunicarnos de otra manera, ¿sí?
Carlos parpadeó otra vez, afirmando, total, es lo único que le entretenía desde que Blas lo había abandonado.
–Muy bien, nosotros te vamos a ir diciendo el abecedario y tu nos vas a parar pestañeando una vez, apuntaremos la letra y poco a poco formaremos la frase, ¿vale?
Carlos parpadeó una vez y el médico empezó con el abecedario, Carlos lo paró en la M y el médico volvió a empezar. Después de ocho veces consiguió formar la frase que quería y sonrió internamente.
Me aburro.
El médico se rió y sus tíos detrás de él sonrieron, por muy mal que él estuviese seguía teniendo el mismo sentido de humor.
–Muy bien, parece ser que ya controlas esto. –El médico se levantó y se acercó a una de las máquinas a las que estaba conectado Carlos, las miró por encima y volvió a dirigirse a sus tíos. –Bueno, os dejo solos. Si necesitáis algo llamad a una enfermera y ella me avisa.
Salió de la habitación dejando a Carlos a solas con sus tíos.
–¿Estás cansado?
Carlos parpadeó una vez y sus dos tíos se miraron, a lo mejor debían dejarlo descansar un rato.
En realidad Carlos no estaba cansado, lo único que quería es que lo dejaran en paz y que Blas llegase ya. Aún así cerró los ojos y consiguió dormirse.
...
Blas después de cambiarse pasó por una biblioteca abandonada que muchos desconocían. Entró y se tapó la nariz por la cantidad de polvo que había. Se acercó a una estantería concreta y tiró de un libro, haciendo que dicha estantería se abriese, permitiendo el paso a una sala secreta, Blas entró y la estantería se cerró detrás de él. Se alumbró con la linterna del móvil hasta llegar a una estantería con un solo libro. Dicho libro tenía la portada negra, con unas alas y el título en dorado.
Conjuros y hechizos.
Llevaba pensando en ese libro desde que dentro de la ducha se había acordado del gesto de Hari. A lo mejor sólo estuviese desvariando, pero Carlos podía estar hechizado. Según el médico no habían suficientes factores como para que se le produjera ese síndrome así que todo en un principio encajaba.
Se sentó en una de las mesas y comenzó a pasar las páginas, leyéndolas por encima, pero no había ninguno que hablase sobre el síndrome de cautiverio. A mitad de libro desistió, debía ser idea suya.
Pero se le tuvo que caer el libro haciendo un ruido sordo contra el suelo, se abrió por una página que para Blas fue la respuesta al estado de Carlos.
Captivitatem exponentia
Hechizo de cautiverio
El hechizado será consciente de todo lo que pasa a su alrededor pero no podrá hacer nada.
Este conjuro se solía usar como castigo hacia los ángeles que desobedecían las órdenes de los Arcángeles y Serafines. Se les encerraba en su propio cuerpo y los dejaban sólos, sin contacto de otro ser hasta que se arrepintieran de no haber obedecido.
Blas no pudo seguir leyendo porque la hoja estaba rota, pero cada vez estaba más convencido de que Carlos había sido hechizado. Es más, la frase que dijo Hari coincidía exactamente con el nombre del hechizo. Pero quería asegurarse cien por cien y ver si había alguna forma de romper el conjuro.
Se fijó en uno de los dibujos que había en la parte derecha de la hoja. Era la carátula de otro libro, no se distinguía el título pero parecía que ampliaba sobre este hechizo. A lo mejor tenía un contrahechizo para poder "despertar" a Carlos.
Recortó la carátula y se la guardó en el bolsillo para después coger el libro y varios más sobre hechizos a ángeles de otras estanterías a ver si así averiguaba algo más que pudiese traerle a Carlos totalmente de vuelta.
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