Capítulo 19

–¿Y esa cara?

–¿Que cara tengo? –Dijo Carlos sin poder dejar de sonreír mientras miraba a la chica a través del portátil.

–Estás tú muy sonriente hoy –Contestó Alba. –¿Ha pasado algo con el Blas ese?

–¿A parte de casi romperme la nariz? Nada

–Tu a mi no me engañas –Dijo Alba mientras se recogía el pelo en un moño –Cuentame todos los detalles.

Carlos suspiró y se frotó las mejillas intentando dejar de sonreír, pero es que no podía dejar de pensar en la escena en el parque.

–Que no ha pasado nada, de verdad.

–Bueno, mientras te decides si me lo cuentas o no, te enseño un dibujo que he hecho.

Carlos sintió miedo, la última vez que le dijo lo mismo le enseñó un dibujo de él y un chico en una pose bastante provocativa.

–¿Te gusta?–Dijo Alba pasándole una imagen por WhatsApp.

El móvil de Carlos vibró dos segundos después, pero no abrió el mensaje.

–¿Cuando lo abra no me van a aparecer penes mal dibujados y posturas extrañas, verdad? –Dijo Carlos peinándose el flequillo hacia la derecha.

Alba se rió del comentario y negó, pero Carlos no le creyó, aún así desbloqueó su móvil y se metió en la conversación con la pelirrosa, se descargó la foto y no pudo evitar sonreír, le recordaba demasiado a lo que había pasado en el parque.

–¿Te gusta? –Dijo Alba sonriendo.

–Creo que es el primer dibujo en el no salgo desnudo –Dijo Carlos ampliando el dibujo.

–Me apetecía cambiar.

Carlos sonrió y sin que Alba se diese cuenta se lo puso de fondo de pantalla.

–Me encanta –Dijo Carlos volviendo a mirar a la pelirrosa.

–¿Sí? –Dijo Alba aplaudiendo –Pues tengo varios de ese estilo, pero hoy no te los voy a enseñar, como no me quieres contar lo que ha pasado hoy.

Alba pestañeó repetidamente acercando su cara a la cámara, Carlos se rió y negó con la cabeza.

–Oh, ¡venga ya! –Dijo Alba –¡Cuéntamelo muggle!

–¿Muggle yo? –El rubio resopló y alargó la mano hasta una de las estanterías, cogió una varita de mago y apuntó a la cámara –Ya te gustaría a ti tener la varita de saúco de Harry.

–Que saúco ni que nada, es de plástico Charles –Dijo Alba poniendo acento inglés.

–¡Dejame soñar!

Alba se rió y apoyó su cabeza en su mano, apoyando a su vez el brazo en la mesa, suspiró y siguió mirando a su amigo a través de la web cam, lo echaba mucho de menos.

Carlos por su parte mira a la pelirrosa un tanto extrañado por su cambio de humor.

–¿Te pasa algo? –Dijo Carlos llamando la atención a Alba.

–¿Qué? –Contestó Alba mientras negaba con la cabeza –Me había quedado embobada, lo siento.

Alba se rascó la nuca mientras Carlos la observaba detenidamente, le sabía mal no contarle lo que había pasado, pero es que le encantaba hacerla de rabiar, además, el rubio no quería que la pelirrosa cambiase de parecer ante el contenido de los dibujos, quería más dibujos de ese estilo.

De pronto se escuchó el timbre de la casa. Carlos no le dio mucha importancia, seguramente no fuese para él.

–¡Carlos! ¡Es para ti! –Dijo su tía desde abajo.

Pues mira tu, al final si que era para él la visita.

–Ahora vengo –Dijo Carlos sin colgar la videollamada con Alba.

Abrió la puerta y bajo los escalones rápidamente. Cuando estuvo abajo se dio cuenta de quién era la persona que estaba hablando con su tía, Blas. ¿Qué hacía aquí?

–¿Puedo pasar? –Dijo Blas mirándole a los ojos.

En ese momento se dio cuenta de que algo no iba bien en él, por lo que asintió y se acercó hasta él. Su tía los dejó solos y se fue a seguir haciendo lo que estaba haciendo.

–¿Qué pasa? –Dijo Carlos cerrando la puerta después de que Blas entrara. –¿Estás bien?

Blas asintió con la cabeza y sin esperar al rubio subió las escaleras hacia su habitación, Carlos lo siguió sin comprender nada.

Cuando Blas fue a abrir la puerta Carlos se acordó de que no había cortado la videollamada y que como viese Alba entrar a Blas en su habitación se iba a armar.

–Espera, dejame entrar a mi primero. –Dijo Carlos poniendo su mano encima de la del moreno, la cual estaba ya en el pomo.

Blas no dijo nada, solamente se apartó de la puerta y dejó a Carlos entrar.

–Alba, te tengo que dejar. –Dijo Carlos.

–¿Y eso?

–Tengo visita.

–¿Quién ha venido? –Dijo Alba girando la cabeza hacia la derecha.

–Una persona.

–¿Que persona? –Dijo Alba sonriendo de lado.

–Un amigo.

–¡Charlie! No es por molestar, pero me aburro aquí fuera y hace frío.–Dijo Blas a través de la puerta.

–¡Espera un momento!

Carlos se llevó las manos a la cabeza y Alba pegó un grito, dejando sordo a al rubio.

–Dime que es él –Dijo la pelirrosa al borde de un ataque al corazón.

–No.

–Es él, es él –Dijo Alba abanicándose con las manos –Presentamelo.

Carlos negó con la cabeza y dirigió el cursor del ordenador hasta la x que se encontraba en la parte superior derecha de la pantalla. Justo cuando iba a finalizar la vídeo llamada a la fuerza la puerta se abrió y Blas asomó la cabeza.

–Charlie, ¿puedo entrar ya? –Dijo el moreno sonriendo de lado.

Carlos miró la pantalla del ordenador y a su amigo repetidamente, esto no le podía estar pasando.

–Oh. Dios. Mío. Menudo dios griego –Dijo Alba sin cortarse, total sólo lo escuchaba el rubio.

–Yo, esto... –Dijo Carlos nervioso.

–Tíratelo ya. Ahora mismo. Aprovecha. Yo me desconecto. Adiós.

Las mejillas de Carlos se volvieron de un tono rojizo que intentó disimular a toda costa tapándose la cara. Pudo oír la risa de su amiga a través del auricular hasta que ella definitivamente terminó la conexión.

Blas desde fuera vio toda la escena, pero no comprendió nada. ¿Quién era esa chica?

Blas miró como el rubio se destapaba la cara y al ver sus mejillas sonrojadas su cuerpo se tensó y de repente sólo le apetecía coger de los pelos a la chica esa y decirle que el rubio era suyo.

Pero no lo hizo, solamente se acercó a Carlos y junto sus labios con los suyos.

El rubio ante la sorpresa del beso lo único que pudo hacer fue agarrarse a la espalda del moreno para no caerse.

Blas comenzó a caminar hasta la pared más cercana, acorralando al rubio. Separó por un momento sus labios y sonrió de lado.

–Eres sólo mío, recuerdalo. –Dijo Blas mirando directamente a Carlos.

Blas volvió a acercarse al rubio y dejo un casto beso en sus labios, para después besar su mejilla, mandíbula y cuello. Carlos suspiró al notar los labios de Blas en esa zona y tiró la cabeza hacia atrás para darle más espacio.

Blas fue dejando un rastro de besos por todo el cuello hasta que se paró en una zona, la mordió levemente y disfrutó de los suspiros que salían de la boca del rubio.

Carlos no sabía que hacer en este momento, estaba totalmente drogado por los besos en su cuello de Blas.

El moreno por su parte siguió con su delicioso trabajo un rato más, asegurándose de que había hecho bien el trabajo. Después volvió a subir el camino de besos de nuevo hasta su boca, dónde se entretuvo un rato más. Al final separó sus labios por falta de aire y vio como el rubor de las mejillas del rubio se había intensificado y como una mancha roja comenzaba a aparecer en su cuello.

Carlos totalmente aturdido sonrió de lado y se apartó de Blas un poco, manteniendo el ambiente que los envolvía pero sin estar totalmente pegados.

–¿Y este recibimiento? –Dijo Carlos.

Blas sólo se encogió de hombros para después agarrar la mano del rubio, se encaminó hasta la cama y se sentó aún con la mano de Carlos entre la suya.

–Te notó raro, ¿estás bien? –Dijo Carlos dándole un leve apretón en la mano.

Blas asintió, pero Carlos lo notaba de bajón así que se pegó mas a él y deshizo el nudo entre sus manos para llevar su mano libre al muslo del moreno y dar un leve apretón.

–Puedes contarme lo que sea –Dijo Carlos apoyando su cabeza en el hombro del otro chico.

–¿Quién era esa chica?

Carlos se separó y miró incrédulo a Blas.

–¿Qué?

– Que quien era esa chica, se os veía muy agusto hablando. ¿Es tu novia?

Carlos se rió y le acarició la cara a Blas.

–¿Estas celoso? –Dijo Carlos riéndose mientras mantenía la mano sobre su mejilla.

Blas negó pero se notaba de lejos (y mas por la forma en la que había actuado minutos antes) que estaba celoso.

Carlos se rió y pillando por sorpresa al moreno se tiró encima suya, tumbándolo en la cama, se acomodó sobre la cintura de Blas y acercó su cara a la del otro chico.

–No me mientas Blaso –Dijo Carlos rozando mientras hablaba sus labios a posta con los del moreno, el cual intento no gemir.

Carlos desde arriba se vio con el control completo de Blas, pero por más que le apetecía seguir el consejo de su mejor amiga, estaban sus tíos abajo y si los pillaban...

Pero le tenía ganas a Blas. Muchas ganas.

Tampoco se lo pensó mucho, sus labios se estamparon con fuerza contra los del moreno, el que se sorprendió de la efusividad, jadeó sobre sus labios y paso sus brazos por el cuello del rubio, el cual tenía ambos brazos a ambos lados del cuerpo de Blas, para poder aguantarse.

De pronto oyeron unos pasos acercarse hacia la puerta por lo que se separaron rápidamente y intentaron disimular.

La tía de Carlos asomó la cabeza y buscó a sus sobrino.

–Carlos, tu tío y yo nos vamos a cenar con unos amigos. Volveremos tarde. –Dijo su tía mientras dirigía su mirada al moreno –Si quieres puedes quedarte a cenar con Carlos, así no se queda sólo.

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