《Capítulo 13》

Narrador omnisciente.
Los días pasaron.

Las cazas se desarrollaban cada tres días como siempre.

El plan de rebelión en contra de aquellos cazadores furtivos se desarrollaba lentamente, con atención y con muchos, muchos detalles. No podían dejar un solo espacio en blanco, un detalle sin revisar; no podían arriesgarse a que cualquier cosa pequeñita, por más minúscula e insignificante que fuera, se les pasara por alto y que, por esa distracción, al momento de que todo suceda, algo salga mal. Todo tenía que ir según el plan sin fallas. Les había tomado años planificar lo que habían organizado hasta el momento, con mucha precisión y detalle, y aún les faltaban muchos fragmentos más del plan que ajustar y afinar, un par de años más de esfuerzos y estrategias para que todo quede lo suficientemente sólido y perfecto para que no hayan inconvenientes o la menor cantidad posible de incidentes inesperados al momento de llevar a cabo la rebelión.

Y claro, cómo no, el ambiente, ahora cada vez que discutían de eso en el sótano del molino, se sentía diferente.

Anteriormente, se sentía tenso y serio.
Aún se sentía así pero había más confianza en que lo lograrían sin importar qué, sin importar si cometían errores en el momento; aún lo trataban con la seriedad necesaria, el ambiente era firme y de seguridad pura, pero ahora se sentía la esperanza y la confianza en que podría hacerlo. Además, estaban más serenos al momento de reunirse y, cada cierto tiempo luego de charlar con seriedad del tema, habían espacios en los que bromeaban, sonreían y hasta reían, cosa que nunca sucedía.

O al menos no sucedía hasta que ella se incorporó a la planificación y al plan mismo.

Se encargó de llevar serenidad, más confianza y seguridad en lo que organizaban. Además, ella solía mantener su forma serena, dulce y divertida para que nadie se desanime u olviden de sonreír.

En adición a eso, les fue de mucha ayuda a tener mejores estrategias e ideas, sumando algunas leves correcciones o adiciones al plan ya armado hasta el momento.

Ella empezó a ayudar más a Nigel con las armas y todo lo que podía colaborar en cuanto a mecánica y armado y desarmado de cosas.

Ayudaba a Paula a pensar y considerar diferentes formas para organizar el plan que tomaban o descartaban para las reuniones con todo el grupo.

Jacob volvió a retomar su papel de profesor y la entrenó con más firmeza y dureza, aumentando su exigencia hacia ella.

Y, aunque se había adaptado de forma inmediata e impecable a esa nueva rutina de diversas actividades, aún le quedaba una actividad pendiente.

(...)

El viento suave sopló para refrescar el ambiente y hacer que sus cabellos pelirrojos se mecieran, algunos mechones atravesándose en su rostro.

Parpadeó un par de veces y se corrió el rojizo mechón ondulado y largo del rostro, poniéndose de pie, dejando atrás su posición sentada, firme y tensa, en el escalón de una casa con sus codos en sus rodillas.

Caminó sin apartar su mirada de él, firme y segura.

—Oliver —llamó calmada, a lo que el mencionado se giró curioso.

Era diferente.

Y raro.

Oliver aún no se acostumbraba ni se hacía a la idea de que ella ahora estaba involucrada en eso de todas las maneras posibles, ideando el plan y formando parte de él.

Se preguntaba si había sido lo correcto pero cuando estaba a punto de lamentarse y arrepentirse, ella aparecía con esa nueva forma firme, segura, decidida, determinada a seguir adelante, y se daba cuenta de que, incluso aunque quisiera deshacer lo hecho, ya no podría cumplirlo. Aunque quisiera, no podía protegerla mucho más de lo que ya lo hacía ella misma.

Era diferente.

Ella había cambiado; maduró, física pero especialmente mentalmente, su aura, antes tierna y dulce, ahora se veía más seria y firme, decidida y llena de determinación (aunque claro, tenía sus momentos de niñez y demás).

Toda ella se veía y percibía diferente; su mirada incluso había cambiado y, aunque aún brillaba lo suficiente para darle un toque estrellado a sus ojos de colores difuminados, se veía más opaca y firme, seria y determinada.

Maldecía internamente cuando se daba cuenta de eso. Lo odiaba. Cómo hubiese amado verla disfrutar su niñez con normalidad, con sus ojitos brillando de ilusión, esperanza, ignorancia e inocencia, y no con esa mirada de quien vive una batalla constante y diaria para sobrevivir en ese campo de caza.

Tragó saliva y bajó la mirada unos segundos, volviendo a verla ya transcurridos los mismos.

—Dime, bella.

Ella se detuvo frente a él, que evitó con todas sus fuerzas recorrerla de arriba a abajo con la mirada para examinarla por milésima vez.

Su postura, independientemente de su físico que empezaba a desarrollarse, también había cambiado. Firmeza, determinación y seguridad; esas palabras la describían cuando la veían pasar con la espalda completamente derecha, con sus pasos firmes y seguros, los brazos a sus lados acompañando su paso, su mirada determinada y su expresión serena pero seria.

Su expresión pareció relajarse al verlo tragar saliva y pegar su mirada rojiza a la de ella. En su postura también hubo un bajo de guardia.

Su voz no cortó el aire como siempre lo hacía últimamente desde que se unió al plan, sino que salió con suavidad y delicadeza, calmada.

—Me he estado integrando bastante más en el grupo. Me he involucrado más que solo en cuanto a planear —habló dulcemente, llevando sus manos a su espalda para sujetarse sus propios dedos con los de la mano contraria, jugando levemente con uno de sus pies detrás del otro.

—Lo he notado, sí... Es bueno—respondió Oliver con simpleza pero con suavidad, relajando su postura, disipando lo tenso de sus hombros (que no había notado que así estaban), y calmando el filo en su mirada.

Ella suspiró. Sabía que aún le costaba a él, que la había protegido desde que llegó allí, digerir que ya no era la misma, que ya no era una niña; sabía que aún no procesaba del todo que había madurado, que ya podía defenderse ella misma y que no necesitaba un "niñero". Y sabía que le costaba aún más verla crecer tan rápido para adoptar la actitud que requería esa situación, que ya no fuera la ternura e inocencia del lugar.

No lo podía culpar, ahora sabía que no. Así que solo le quedaba dejarlo que se tome su tiempo, pues suficiente sentía que él hacía al no retroceder en la decisión de que ella forme parte de eso. Solo podía tratar de relajarse estando con él para que le sea más fácil digerir todo, ser más comprensiva y paciente con él, como él lo estaba siendo con ella y como lo había sido antes.

—Sí... —Empezó a jugar con sus dedos a su espalda, mordiéndose levemente el labio inferior y bajando la mirada a un lado—. Yo... Bueno... —Llevó sus manos a la altura de su regazo ahora para seguir jugando con sus dedos algo frenética; Oliver observó eso y supo que estaba nerviosa, así que recibió la señal de que se prepare para algo que también le caería como balde de agua fría—. Me preguntaba si... Ya sabes, yo... Ya soy útil en casi todo, excepto en...

Oliver alzó la mirada hacia ella otra vez, afilándola levemente de vuelta, sin darse cuenta. Su silencio de solo segundos pero de una eternidad para él lo obligó a buscar su mirada.

—¿En...?

Ella tragó saliva, apretando sus ojos y apretando sus dedos de una mano con la contraria mientras inhalaba profundamente y abría los ojos para verlo y soltar sin más lo que repetía en su mente una y otra vez.

—Armas de fuego... —murmuró con una mueca apenada y nerviosa, manera en la que era rara verla últimamente (solo con dos personas en específico y una estaba frente a ella mirándola expectante y, luego de oírla, pálido e incrédulo).

Síp. Ahí estaba. El balde de agua helada; no fría, helada.

El peliblanco de mechón rojo no pudo evitar soltar un suspiro y pasarse una mano por el cabello.

—_____________... —murmuró entredientes.

—¡Lo sé, lo sé! —exclamó ella rápidamente antes de que continúe, alzando las manos frente a ambos para hacer ademanes suaves y pequeños; su entrecejo levemente arrugado hacia arriba con nervios, preocupación—. Sé lo que piensas al respecto de esto, de todo esto en realidad, pero especialmente de esto. Y, te prometo que lo entiendo —continuó nerviosa y apoyando sus manos en su pecho, mirándolo con pena mientras él solo la miraba agotado—, de verdad lo hago. Solo que... Eres el mejor en armas aquí además de quienes se especializan en eso y... —Oliver volvió a suspirar negando con la cabeza mientras la giraba para evitar verla—. Rayos, lo sé, sé que es... complicado para ti y lamento hacerte pasar por esto pero... Eres en quien más confío aquí y sé... que podrás ser un buen tutor en esto. —Oliver bajó la mano de su cabello a su lado mientras la otra la tenía en su cintura, girándose a verla, casi diciendo "no insistas" (o así lo entendía ella)—. De verdad, Oliver... Por favor... Me diste autorización a involucrarme en esto y lo que conlleva y sabes muy bien que eso implicaba darme acceso a todo tipo de armas que yo quiera y crea necesarias... —Su mirada firme al recordarle eso, cambió a una suplicante y apenada, pues sabía lo difícil que era para él—. Por favor...

Oliver desvió la mirada frunciendo levemente el ceño, su mandíbula apretada resaltaba lo marcada que la tenía. Era claro que no le gustaba la idea en lo más mínimo.

Ella suspiró bajando la mirada, resignada, decepcionada y algo triste.

—Descuida, lo entiendo... —murmuró decaída; se giró en dirección al molino—. Puedo... Iré a pedirle a alguien más que me ayude, así tú no...

—Cielos —susurró él entredientes, interrumpiéndola antes de que siguiera la oración y se marchara. Ella se giró curiosa y confundida mientras él se enderezaba y la veía firme y serio—. A veces no tolero tu existencia.

Ella apretó los labios y desvió la mirada incómoda, apenada, decaída.

—Pero —agregó y suspiró—, tú ganas. —Ella lo miró sorprendida y esperanzada—. Te he apoyado siempre y lo seguiré haciendo, aunque sea algo que yo deteste y a lo que me oponga fervientemente. Te ayudaré con tu manejo de armas de fuego.

Ella sonrió ampliamente, sus ojos brillando levemente.

—¡¿De verdad?! ¡¿Lo dices en serio?!

Oliver asintió resignado, a lo que ella sonrió más y se lanzó a abrazarlo, provocando que por lo repentino y brusco del salto sobre él casi cayera. Él trastabilló levemente y, al recuperar el equilibrio luego de retroceder dos pasos para no caer, suspiró y le correspondió el abrazo, acariciando su cabello.

—Sí, sí. Relájate que casi me tiras contigo encima —dijo resignado y casi agotado, pero con un toque de diversión y una leve sonrisa de lado y labios cerrados.

Ella rió dulcemente y se aferró a él, casi como niña pequeña.

Eso y el suave y dulce "gracias" que ella susurró, hicieron que su pecho se calentara y le provocara un suspiro aliviado.

En el fondo, que ella se sienta lo suficientemente segura y en confianza con él para mostrarse tan dulce, tierna, infantil y nerviosa, lo llenaba de calidez y hacía que su corazón se acelerara de una manera demasiado satisfactoria y hermosa.

Adoraba cómo era ella con él y todo lo que lo hacía sentir, aún si a veces solo quería gritarle lo tonta que era y encerrarla en cualquier lugar que la mantuviera a salvo. Le encantaba verla sonreír y reír, era la vista más hermosa que jamás vería y la melodía más suave y dulce que jamás oiría. Y cada que vez que se rozaban la mano, el brazo, lo que sea que sea contacto físico entre ambos, le ponía la piel de gallina y lo tensaba de pies a cabeza.

Pero no, no era malo, ¡todo lo contrario! Eso provocaba que se miraran cada vez que era un contacto accidental y se sonrieran dulcemente. Y vaya, la rozaría tantas veces pudiera con tal de solo ver esa sonrisa.

Y ni hablar cuando le permitía abrazarla, por los hombros o como lo abrazaba ella en ese mismo momento. Cielos, su corazón parecía querer salirse de su pecho para acabar en sus manos.

Cada vez que ella se mostraba como era realmente, que solo ocurría con él al cien por ciento, aparte de toda la firmeza, seguridad, determinación y confianza que había desarrollado ese último tiempo, aún dulce, tierna, inocente, infantil, lo hacía sentir especial.

Y lo hacía sentir que correspondía sus sentimien-

Esperen.

¿Sentimientos?

¿Qué carajos estaba pensando?

¿Qué sentimientos? ¿De qué hablaba?

No. Claro que no.

Nada de sentimientos, no había nada. Solo eran amigos y él quería cuidarla.

Pero... ¿Con más insistencia y fuerza que a los demás...?

No, no, no. No es posible. No. No lo era.

Apretó sus ojos y la apartó suavemente, sacudiendo levemente la cabeza.

—¿Oli? —Ella lo miró confundida y preocupada.

—Ah, perdona. —Sonrió algo apenado—. ¿Qué te parece si mejor empezamos de una vez?

Ella pasó por alto su comportamiento y sonrió ampliamente, emocionada.

—¡Sí!

Dio un saltito y, luego de tomar sus cosas, se encaminaron al bosque, al espacio donde ella practicaba arco y flecha, donde ya estaban todos los blancos agujereados.

Una vez ahí, Oliver sacó una pistola 9 milímetros junto a algunas balas del bolsillo.

—De acuerdo —dijo suspirando—. Acabemos con esto. Entre más rápido mejor.

Ella lo miró sonriendo apenada pero no dijo nada, se acercó a su lado, viéndolo atenta y curiosa.

—Okey —dijo Oliver alzando el arma para que esté a buena vista de ambos—. Ya has usado armas, soy consciente, pero veremos si recuerdas lo suficiente. Recargas. —Abrió el cartucho y cargó las balas correspondientes, cerrándolo—. ¿Recuerdas?

—Lo hago, sí —respondió ella seria y concentrada.

—Bien. —Quitó el seguro y recargó; la miró como preguntando si recordaba ese procedimiento, a lo que ella asintió—. Perfecto. Apuntas —continuó, alzando el arma con el brazo extendido y apuntando a un blanco—. Respira profundamente y... —Un disparo resonó en todo el bosque, haciéndola brincar levemente, no lo esperaba—. Disparas. —Bajó el arma girándose a verla.

—Entiendo.

—Es como con tu arco y flecha —comparó entregándole el arma con cuidado. Ella la examinó asintiendo. Oliver suspiró dejándole espacio y apuntando hacia el blanco—. Adelante entonces.

Ella lo miró fugazmente y regresó a ver el blanco. Separó levemente las piernas para estar más firme en su lugar.

—No te malacostumbres a acomodarte tanto —dijo Oliver calmado, cruzado de brazos a su lado—. En una batalla, no tendrás tiempo para eso.

Ella asintió y alzó ambos brazos con el arma en mano, la derecha sujetándola con el dedo índice en el gatillo, mientras usaba la izquierda para hacer de apoyo.

—Tampoco te acostumbres a tener un apoyo.

Ella suspiró al oírlo pero solo lo guardó en su mente, sin responder.

Apuntó.

—No cierres un ojo, sé que crees que es mejor para apuntar pero no lo es, pierdes profundidad y visión periférica.

Ella se mordió la lengua para no gruñir o mandarlo a callar, precisamente porque estuvo a punto de hacer eso.

Maldición, parecía novata.

Ella inhaló profundamente, apuntando, y, al exhalar, disparó.

El movimiento del arma la desestabilizó levemente y la hizo retroceder un paso, alzando la pistola levemente al flexionar sus brazos por el disparo.

Miró con leve sorpresa el blanco.

Justo en el centro.

Ella sonrió ampliamente, con sus bonitos dientes dándose a relucir, y se giró a ver a Oliver, emocionada y alegre.

Él, sonriendo levemente de lado, con sus labios cerrados, también se giró a verla, apartando su vista del blanco para verla a ella, que le parecía una vista mucho más hermosa que la de una bala atravesando un blanco, especialmente con esa sonrisa.

Golpe mental.

"Otra vez. No pienses esas cosas, tarado." —pensó internamente, maldiciéndose.

—Y ese es un tiro certero.

Ella rió dulcemente y relajó su postura.

—A que sí.

—Ahora de nuevo pero sin tanto posicionamiento —dijo calmado, a lo que ella lo miró confundida—. Solo párate, alza el brazo y dispara.

Ella hizo lo que ordenó y, sin prepararse físicamente, apuntó con ambas de sus manos en el arma, respiró hondo y disparó.

—Otra vez —dijo firme y calmado, sin siquiera dejarla emocionarse por el tiro al centro.

Ella volvió a alzar sus brazos, usando ambas manos, respiró, apuntó y...

—No —interrumpió Oliver mirándola de brazos cruzados; de repente, estaba serio—. No uses ambas manos. Apunta y dispara sin el apoyo.

Ella tragó saliva y quitó la mano que usaba de apoyo. Respiró, apuntó y disparó. Le costó más mantener el equilibrio por la falta de apoyo pero logró dar bien al centro.

—Excelente —dijo él girándose a verla sonriendo falsamente, cosa que la descolocó y le generó desconfianza y nervios; eso no era bueno—. Ahora, sin preparación, sin apoyo, sin respiración profunda que te tome más de cinco segundos y no tardes más de diez, no, cinco segundos en apuntar y disparar.

—¿Qué? —Lo miró nerviosa.

—En batalla, no tendrás todo el tiempo del mundo para todo, bonita —dijo sereno pero maldiciéndose por dentro al llamarla así—. Puede que haya excepciones y ojalá sea el caso, que puedas apoyarte y prepararte correctamente para apuntar certeramente; pero me temo que no siempre tendrás esa oportunidad. No siempre podrás hacer todo ese proceso de posicionarte, tener un apoyo, respirar profundamente, apuntar y disparar.

Ella lo miró unos segundos, cerró sus labios que tenía entreabiertos ante la sorpresa del proceso mental de lo que dijo Oliver, desvió la mirada, pensativa y procesando, se relamió sus labios y asintió.

—Entiendo —murmuró concentrada en arraigar todo eso en su mente.

No se acomodó, no tuvo apoyo, no respiró profundo, ni tardó más de cinco segundos en apuntar y disparar.

En cambio, solo enderezó la espalda, se giró a otro blanco, alzó el brazo, apuntó en menos de cinco segundos y disparó.

Como era de esperarse, la bala no dio en el centro.

Ella suspiró bajando el arma, mirando eso.

Oliver sonrió suavemente, apoyando una mano en su cabeza.

—Tranquila —dijo con dulzura y comprensión—. Irás mejorando, así como lo hiciste con tu arco y flecha.

—Como lo hice... ¿Con mi arco y flecha...? —Se giró a verlo sin entender del todo.

Él sonrió calmado, bajando su mano de su cabeza.

—Sí. Has llegado al punto en el que apenas necesitas ver tu blanco; incluso si no lo vieras, podrías dar en él, ¿no? —Ella asintió—. Bueno, aprendiste a hacer eso y lo perfeccionaste. Harás eso con las armas.

—¿Las? —habló ahora nerviosa.

Oliver rió enternecido.

—Sí, las. Si pensaste que solo existían ese tipo de armas, estás equivocada, pequeña —dijo divertido luego de apuntar el arma en manos de ella.

Oliver tomó el arma y la guardó en su funda luego de ponerle el seguro.

—Sabía que había más pero...

—¿Creíste que no te las enseñaría todas? —Él sonrió de lado viéndola. Ella solo asintió—. Me pediste que te enseñe a manejar armas de fuego —siguió, aunque borrando levemente la sonrisa—. Eso haré. —La miró firme y seguro.

Ella lo miró sorprendida. No creyó que estaría dispuesto a enseñarle todas las armas.

Sus ojos de colores difuminados entre azul y violeta se iluminaron viéndolo.

Lo admiraba. Vaya que lo hacía.

Deseaba ser como él... O al menos la mitad de lo que era. Sabía que sería capaz de proteger a su familia si alcanzaba ese nivel.

—Gracias...

Él sonrió.

—Bueno, aún tenemos varias armas que usar así que... —La abrazó por sus hombros y la despeinó levemente—. Andando.

(...)

Y, tal como avisó, Oliver le enseñó a usar todo tipo de armas de fuego; fusiles de combate, ametralladoras, fusiles de asalto, subfusiles, carabinas, fusiles de francotirador, fusiles antimaterial, escopetas. Sí, todo eso.

Ciertamente, se le daban mejor las armas pequeñas para tiro rápido y reacción rápida. Pero, como francotiradora, podría ser muy, muy, de verdad muy, buena.

No sobra destacar que se manejaba bien con los fusiles de asalto, ametralladoras, subfusiles, escopetas.

Pero odió los fusiles antimaterial, las carabinas y, aunque no odiaba, no le agradaban los fusiles de combate; en su mayoría, debido a sus tamaños y comodidad de ella.

Con la práctica, luego de varios meses, logró dominar las pistolas 9 milímetros, Glock, Colt y Beretta. Casi estaba al mismo nivel que con su arco y flechas.

Una bala agujereó el blanco en uno de los que la rodeaban.

Ella sonrió y se giró a ver a Oliver, que sonreía calmado, de brazos cruzados y apoyado en el tronco.

—Mejoraste mucho, zanahoria.

—¿En serio? —preguntó emocionada por el halago—. Y... ¿En serio? —repitió ahora con sarcasmo y aburrimiento ante el apodo.

Él rió.

—Va contigo.

—¿Entonces yo puedo decirte Rojito? —Alzó una ceja apuntándole.

—Oye, no creo que...

—¡Jacob! —Ella corrió al mencionado que pasaba por allí y la recibió con una sonrisa.

Oliver la vio alejarse y suspiró, se giró y empezó a recoger todo.

Los últimos meses se había acostumbrado a que, apenas ver al chico, ella sonreía ampliamente y su rostro y ojos parecían iluminarse para correr hacia él.

No sabía qué es lo que odiaba más. Verla así por Jacob, sentirse como se sentía... O, ahora, sí saber qué significaba todo eso.

"Maldito Zack..."












































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Google y el FBI viendo mis búsquedas sobre armas:

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