《Capítulo 12》

Narrador omnisciente.
Gritos.

Solo eso resonaba como eco en su cabeza.

Gritos, gritos y más gritos.

Sentada en su cama, con sus codos en sus rodillas, se pasó las manos por el cabello, gruñendo.

Se sujetó su cabeza entre sus manos, que se enredaban en su cabello; su mirada perdida en el piso, con sus párpados abiertos de par en par al oír, ver, recordar todo tan vívidamente otra vez.

La primera laguna, a sus 6 años.

(...)

La escena que había presenciado y los rostros de los infantes la habían perturbado por completo.

Escuchó pasos cerca.

A unos metros, caminaba un demonio en busca de más presas; había dejado los que ya había cazado a los sirvientes en la salida de aquel pueblo de caza.

Escuchó una rama romperse detrás de él, por lo que se giró, sin encontrar nada.

¡Agh! —gritó cuando una bala atravesó su torso; se giró a ver qué había sido eso y encontró a una pequeña pelirroja que parecía muerta en vida apuntándole con el arma—. ¡Maldita mocosa...!

—Maldito infeliz... —balbuceó apuntando al ojo; al darse cuenta de esto, el demonio se alteró.

—¡No, espera, espera, espera! —No estaba a una distancia lo suficientemente corta como para alargar el brazo y sujetarla, por lo que solo quedaba distraerla para acercarse—. ¡Por favor, no, no lo hagas! Piedad...

—¿Piedad...? —habló casi arrastrando las palabras la niña—. Piedad, ¿huh...? —Rió fríamente—. Ustedes no tienen piedad con los niños... Si ustedes no conocen lo que esa palabra significa... ¿Por qué yo tengo que mostrarla hacia monstruos como ustedes?

—¡No...! ¡Alto, espera...!

No logró rogar ni suplicar más por su vida, pues un disparo se hizo presente y una bala atravesó su cráneo, con el punto de entrada justo en el ojo central, el punto débil de los demonios.

Ella lo observó caer con frialdad, sin mostrar remordimiento alguno.

Y, como si algo la hubiese golpeado, ella regresó a la realidad y sintió su pecho oprimirse. El color regresó a su rostro y a su mirada; su respiración se agitó repentinamente. Soltó el arma y cayó de rodillas al suelo, intentando recuperar la respiración y calmar el revoltijo que sentía en su estómago.

Comenzó a toser fuertemente, arrastrándose por la tierra y el pasto; su respiración seguía agitada y estar tosiendo de esa forma no ayudaba para nada.

Pocos minutos pasaron hasta que cayó al suelo inconsciente y, a los dos o tres minutos de eso, se oyó en todo el bosque la música que indicaba que la cacería había finalizado.

(...)

Ella suspiró enderezando su espalda, apoyándose y sujetandose al borde de la cama con sus manos a sus lados.

Su mirada seguía perdida y su respiración era pesada, con su frente levemente arrugada.

Más gritos sonaban en su cabeza, ecos de aquellos sucesos en cada rincón de su cabeza.

Sus ojos se cristalizaron con lágrimas. Algo dentro de ella lo quería mantener en su inconsciente y oculto, quería dejar esos recuerdos enterrados en lo más profundo de su mente, lo quería con todas sus fuerzas...

Una lágrima cayó de su ojo, deslizándose por su mejilla llena de pecas.

A pesar de que lo deseaba oculto con todo su ser, sabía que no podía reprimirlo, que eso la formaba actualmente.

Lentamente, cerró sus ojos, dejando fluir sus recuerdos.

Todo era más claro, más nítido...

(...)

Pasó su dedo por sobre lo tallado y sopló para quitar los restos de madera, observando calmada un pequeño lobo aullando a una luna y estrellas, bordeado por pequeñas rosas. Suspiró calmada y se recostó en el tronco, dejando colgar la pierna que tenía estirada, mirando la arboleda a su alrededor.

De repente, un golpe bastante grande hizo sacudir apenas notablemente los troncos, cosa que ella sintió al estar sentada y apoyada sobre uno. Se enderezó lenta y cuidadosamente, preguntándose si acaso allí existían los terremotos, observando su entorno con suma atención.

Segundos después, un grave y fuerte rugido resonó en eco por todo el bosque, llegando hasta oídos de los que estaban tranquilos en el pueblo.

Todos detuvieron sus actividades, girándose hacia donde provenía el rugido. Oliver frunció levemente el ceño, intercambiando miradas serias, alarmadas y preocupadas con sus compañeros y amigos, y con Lucas, que salía del molino luciendo preocupado.

Ella tomó su estuche con flechas y se lo colgó en la espalda, tomando su arco y bajando del árbol, llegando al suelo con total silencio.

Tomó una flecha y la colocó en el arco que cargaba, lista para disparar a cualquier amenaza.

Se escucharon fuertes pisadas, por lo que ella se escondió tras un tronco.

Se esforzaba por mantener la respiración calmada y no hacer ni un sonido que pudiera alertar de su posición o existencia.

Una respiración pesada se escuchaba.

Ella, suspirando, se asomó por un lado del tronco, frunciendo el ceño al no ver nada.

Intentó rodear el tronco y, al dar tres pasos, sintió esa misma respiración pesada, lo suficiente para reconocer que pertenecía a algo gigante, detrás de ella, haciendo que sus ondulados cabellos se mecieran hacia adelante y sus ojos se abriesen como platos.

Su respiración se trabó y, lentamente, sin demasiados movimientos bruscos, fue girando su torso para divisar detrás de ella una criatura gigante, de el tamaño del árbol más alto de aquel bosque, con más de 10 ojos y una boca que ocupaba casi todo lo que era su rostro.

Su ceño se frunció y sus ojos se abrieron a todo lo que daban, horrorizada; su respiración se volvió errática, empezando a sentir el pánico inundándola.

¡¿Qué mierdas era cosa?!

La criatura pareció olfatearla y, ni dos segundos después, un grave y fuerte rugido salió de su garganta y de su boca abierta, mostrando los dientes que poseía.

Ella gritó aterrada, sintiendo su garganta raspar. Sin mucho más, se giró y comenzó a correr.

Ella corría despavorida, asustada, tratando de que aquella cosa no la alcanzara.

Intentaba meterse entre los árboles pero no importaba cuánto zigzageaba, aquella criatura la seguía llevando con él y a su paso todo tronco que se le cruzara en el camino.

Daba algunos tropezones y se resbalaba por las hojas y algunas zonas de barro pero se levantaba rápidamente, maldiciendo y dando algunos grititos.

Buscaba dónde esconderse o cómo distraer a lo que la perseguía; ni siquiera consideró trepar un árbol, sabía que si se detenía esa cosa podría atraparla.

Logró ver lo que parecía una madriguera en el suelo, pasando por debajo un tronco (claro, no era literalmente una madriguera pero era lo suficientemente profundo para que ella se escondiera). Se dejó resbalar por el lodo a un lado y gateó rápidamente hasta meterse allí.

Se quedó quieta y callada, con la respiración agitada pero intentando recuperar el aire lo más silencioso que podía. Su mirada temblaba con miedo y su boca estaba abierta para facilitar la entrada del oxígeno a sus pulmones. Tenía algunos mechones en su rostro por haberse resbalado y arrastrado tan desesperada a ese agujero en el suelo.

Por un momento, no escuchó ni vió nada pasar por sobre el agujero, por lo que su corazón comenzó a calmar sus latidos acelerados.

Justo cuando suspiraba del alivio, el monstruo apareció en la boca de la "madriguera" y gruñó, empezando a intentar excavar con sus patas.

Ella gritó con miedo, sintiendo su garganta raspar por los gritos y se pegó lo más que pudo a la pared de tierra detrás de ella con algunos cabellos en su rostro, gritando asustada y pegándose de espaldas a la tierra, pegando sus piernas a su pecho todo lo que era posible fisiológicamente.

—¡BASTA, POR FAVOR, DÉJAME EN PAZ! —gritó aterrada y con un sollozo en su garganta, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas, como si eso fuera a hacer que esa cosa recapacite y se aleje pidiendo perdón—. ¡DETENTE, DÉJAME TRANQUILA! —Empezó a derramar lágrimas desesperada—. ¡AYÚDENME, POR FAVOR!

—¡OYE! —Un grito se escuchó desde fuera, a lo que el monstruo se detuvo y pareció girarse a ver al dueño de la voz que _______________ reconoció como Jacob; ella sollozó—. ¡VEN POR MÍ!

Escuchó por última vez un gruñido fuerte, por lo que se tapó los oídos, y luego pudo escuchar las fuertes pisadas alejándose.

Ella se quedó en silencio un rato más, con los ojos abiertos mucho más de lo normal y su respiración agitada del miedo. Luego de unos dos minutos que quedó todo en silencio, comenzó a gatear para salir, revisando visualmente el área por si acaso; al notar que no había nada cerca, salió, poniéndose de pie y sacudiéndose la tierra lo más que podía, aunque aún le quedaban rastros de tierra, incluso en su pelirrojo cabello, lo que hacía que se le viera más castaño que rojo.

Miró alrededor preocupada y comenzó a correr en busca de su amigo y aquella cosa; tenía que ayudarlo.

Se detuvo agitada para observar y escuchar; a unos metros divisó un árbol que parecía tambalearse, a punto de caer y pareciendo lo suficientemente débil como para caer de un golpe. Tragó saliva y se alejó rápidamente.

Luego de varios metros, ella logró divisar a la criatura, al parecer olfateando en busca de algo que comer.

Se ocultó rápidamente y pensó qué hacer.

Al ocurrirsele algo, alzó la mirada y se relamió los labios, suspirando y juntando valor.

Tomó una flecha de su estuche, la acomodó en su arco, asomándose por un lado del tronco, tensando la cuerda y apuntando.

Podía sentir su corazón a mil y su respiración cada vez más agitada, le costaba respirar y su vista estaba borrosa.

No supo si apuntó correctamente pero disparó.

Aparentemente, le dió porque esa cosa alzó la cabeza y gruñó fuertemente.

Ella jadeó sintiendo el aire abandonar sus pulmones y se giró, comenzando a correr en dirección contrario.

Corrió maldiciendo en voz baja, sintiendo las fuertes pisadas detrás de ella y cómo la tierra se sacudía debido a eso.

Escuchó el sonido que hace un tronco hueco al romperse y distinguió que esa cosa había arrancado un tronco de sus raíces con su boca y se lo había lanzado.

Gritó al sentir el viento que provocó el tronco pasando por sobre su cabeza, haciendo que cayera de bruces al suelo.

Sopló los mechones en su rostro, observando con sorpresa al ver el tronco chocar contra otro y hacer que el mismo se cayera hacia su dirección (claramente estando lejos de su persona, por lo que aquello no le afectó ni lastimó de ninguna manera).

Frunció el ceño al tener otra idea.

Sin embargo, se alarmó cuando oyó esa cosa rugir otra vez. Giró el rostro para ver a ese monstruo fugazmente y jadeó, poniéndose de pie entre tropezones para volver a correr.

Gritó cuando el monstruo siguió lanzando partes de troncos en el suelo o arrancaba los troncos de raíz para lanzarlos hacia ella.

Siguió corriendo y, al ver que se acercaba, rogó a cualquier entidad todopoderosa o al universo mismo que repitiera ese lanzamiento de troncos.

Aún corriendo, tomó una flecha de su estuche y la acomodó en su arco, tensando la flecha.

Suspiró juntando coraje y rogando por que su plan salga bien.

Dió un salto, girando y apuntando a cualquier parte con tal de llamar su atención y hacerlo enojar.

La flecha le dió entre los muchos ojos que tenía, por lo que se detuvo a gruñir y quitarse la flecha; cuando lo logró, pisó con fuerza, sacudiendo la tierra, y rugió con furia.

Ella aterrizó y tuvo que dar una vuelta carnero en la tierra para poder ponerse de pie correcta y rápidamente.

Siguió corriendo y, habiendo oído cómo aquella cosa sujetaba un tronco y lo lanzaba, se lanzó al suelo y observó con sus ojos bien abiertos cómo aquel tronco hueco se rompía contra aquel otro que estaba tambaleante.

Al ver que su objetivo se cumplió, se giró aún en el suelo, apoyándose en sus codos y manos, y observó asustada y alarmada al monstruo acercarse.

Jadeó al saber que ahora estaba rodeada por esa cosa y el árbol que caía.

Gritó cubriéndose el rostro con un brazo y, justo cuando el árbol caía, el monstruo se precipitó, parándose en sus patas traseras, rugiendo y a punto de inclinarse hacia ella para tragarla.

Sin embargo, justo cuando esa cosa regresaba a su posición normal, el árbol cayó apuntando hacia él y eso provocó que la punta se clavara en el paladar de la boca de aquella cosa, atravesando el cráneo y sobresaliendo por arriba.

La criatura dio un chillido agudo del dolor y comenzó a intentar quitarse el tronco de allí.

Ella jadeó sorprendida al ver que funcionó y se puso de pie, dirigiéndose al árbol más cercano para escalarlo.

Una vez allí, miró la cabeza de ese monstruo a pocos metros.

Se relamió los labios y suspiró tomando coraje.

Rogó tener razón al suponer que esa cosa podría ser un demonio degenerado, uno salvaje.

Sin pensarlo dos veces para no arrepentirse, se impulsó con sus piernas contra el tronco y saltó para aterrizar sobre la cabeza del demonio salvaje.

Una vez allí, a pesar de casi resbalar y caer, tomó una flecha del estuche y la clavó en la que era el ojo central del demonio.

El último chilló y, lentamente, dejó de removerse, empezando a resbalar por su sangre y demás en la longitud del tronco, hasta que finalmente cayó de costado, muerto.

Ella cayó al suelo y miró al demonio aún con su respiración agitada.

Ella respiró temblorosa, sintiendo sus ojos llenos de lágrimas y viendo la sangre de esa cosa esparcirse por toda la tierra y el pasto.

De repente, empezó a sentir su pecho cerrarse y doler, sus oídos pitaron y su visión se nubló.

Su respiración se agitó y llevó una mano a su pecho al sentir su corazón latir demasiado rápido.

Dio un gritito débil y, aunque no lo escuchó, pasos se aproximaron a ella.

—¡_______________!

—¡_______________, Dios santo!

—¡Por Dios!

Oliver se lanzó a su lado de rodillas, mirándola preocupado.

—_______________, _______________, tranquila... Respira... —le habló lo más suave que pudo, intentando calmarla.

—No... No respiro... —balbuceó ella entre jadeos asustados, intentando calmar su respiración sin éxito, solo consiguiendo desesperarse más.

—Linda, calma —habló mirándolo preocupado—. Respira. Cálmate, es un ataque de pánico...

—Oliver... —Se aferró con fuerza a sus brazos que la sostenían de los hombros.

—Aquí estoy, estoy aquí —habló con dulzura y suavidad—. No estás sola. —Le acarició las mejillas, intentando que lo mire y se calme—. Mírame, no estás sola, jamás estarás sola... —Ella asentía lentamente, aún con su mirada asustada y su respiración agitada—. No te dejaré sola, nunca. Siempre estaré contigo, siempre. Pero necesito que respires.

—Oliver, no se calma —dijo Jacob angustiado.

—_______________... —llamó el peliblanco, viendo cómo ella se ponía pálida y bajaba la mirada, empezando a perder su mirada hasta cerrar sus ojos, cayendo desmayada en sus brazos.

(...)

Ella abrió sus ojos con un suave suspiro.

Finalmente, recordaba todo.

Se puso de pie y, tomando el arco y una flecha, se giró hacia un blanco que tenía en la puerta, tensando la cuerda.

Respiró profundamente y disparó. Lentamente, bajó el arco y miró impasible la flecha clavada en el centro.

Eso era lo que le faltaba. Esos recuerdos le hacían falta para completarla.

Miró sus flechas en el suelo a un lado de su cama, manteniendo la vista en ellas un momento.

Apretó la mandíbula al cabo de un rato, frunciendo el ceño; lanzó su arco a su cama y se encaminó hacia el exterior de aquella casita tan colorida.

Sus puños se apretaban y su expresión denotaba lo molesta que estaba.

Caminó hasta la entrada al molino, donde Oliver se encontraba con los demás.

Al llegar con ellos, lo tomó del hombro y lo giró, encarandolo con molestia.

—¿Lo sabías? —dijo directamente.

—¿De qué hablas? —La miró confundido.

—No vengas a jugar conmigo, Oliver, ¿lo sabías? —repitió más enojada—. Mis lagunas, mis recuerdos enterrados en mi inconsciente... —Oliver suspiró girando la cabeza y la mirada; ella se inclinó hacia él levemente para buscar su mirada—. Lo que yo hice con esos monstruos...

—_______________...

—¡Respóndeme, lo sabías! —repitió aunque esta vez más en sentido afirmativo. Oliver solo la miró serio, manteniendo la compostura que lo caracterizaba como líder. Ella lo miró con algunas pequeñas lágrimas en sus ojos—. ¿Por qué me lo ocultaste? ¿Por qué no me dijiste? —Miró al resto que veían la escena preocupados y apenados—. ¡¿Por qué no me dijeron?!

—No estabas lista y... —Trató de explicar Oliver, intentando dar un paso hacia ella, pero recibiendo lo contrario cuando la más joven retrocedió.

—¿No estaba lista? —Lo miró incrédula y molesta—. ¿Y tú qué sabes? ¿Cómo puedes estar tan seguro? —Negó con la cabeza viéndolo decepcionada y hasta dolida—. Todas esas noches que despertaba gritando por miedo a esas pesadillas... No eran solo eso... Eran mis recuerdos...

—________________, tu inconsciente lo mantenía enterrado por una razón, eras muy pequeña, tenías seis años, y apenas estabas procesando todo lo que es este mundo y-y, a los diez, eso que pasó... Escúchame, lo siento, ¿okey? Tienes razón, fue mi culpa, yo no quise que nadie te diga aunque Jacob insistía y yo...

—¿Cómo que Jacob insistía? —Miró al mencionado fugazmente, que la miraba apenado—. ¿Y tú nunca dijiste nada a pesar de la insistencia de todos?

—Lo sé, sé que debería haberte intentado hablar pero, por favor, solo quiero que entiendas que yo... —Intentó tomar su mano pero ella se apartó.

—¡Maldición, Oliver, eres un idiota! —exclamó sujetandose su cabello alterada—. ¡¿Cómo pudiste ocultarme algo así, ah?! ¡Mierda, Oliver, te odio!

Sin decir más y dejando al peliblanco sorprendido y dolido, se giró y corrió al bosque.

Oliver se le quedó mirando por donde se fue y, cuando quiso ir tras ella, alguien más se lo impidió al sujetarlo del hombro y tirar levemente de él hacia atrás.

—Déjame a mí, ya hiciste suficiente.

(...)

Ella corrió y corrió, sin detenerse hasta adentrarse al bosque.

Se detuvo solo cuando un pequeño río, aquel que ella quiso explorar de pequeña antes de entrenar físicamente con Jacob, se atravesó en su camino.

Con la respiración algo agitada, siguió con la mirada hacia donde se dirigía. Tragó saliva y lo siguió corriente arriba.

Caminó un rato hasta encontrarse con lo que parecía ser de donde caía el agua en una cascada no riesgosa y la cual parecía tener un techo de lianas y raíces por el cual aún había espacio para el agua.

Ella intentó golpearlo.

Un par de veces más tarde de intentar con las manos y pies, se giró y empezó a tratar de derribarlo con uno de sus costados.

Se quejó cuando se cansó, sobándose el brazo adolorida.

Justo cuando iba a intentar de nuevo, otra voz se hizo presente.

—No me esforzaría demasiado en eso, pequeña, es un desperdicio de tiempo y fuerza —dijo sencillamente, acercándose a ella.

Ella lo miró y desvió la mirada luego de un rato, con el ceño fruncido.

—Si Oliver sabía, tú también estabas al tanto... ¿No...Lucas? —Lo miró de reojo.

El hombre la miró con su mirada suave y comprensiva, sonriendo algo apenada.

—Así es, pequeña.

—¿Por qué no me dijiste? ¿Cómo pudiste mentirme? —murmuró frustrada.

Aunque claro, ahora que recordaba, no podría quejarse por él mintiéndole porque ella hacía lo mismo: le mentía al decir que no buscaría forma de rescatar a su familia.

—Solo queríamos protegerte... Oliver quería protegerte.

—¿Cómo me protegen ocultándome ese tipo de cosas, ah? —Se giró a verlo firme y molesta.

Lucas suspiró.

—Escúchame, linda —dijo con su suavidad y calma normal—. Tu cerebro no podía procesar toda la información que contenían esos sucesos y por eso lo mantuvo enterrado en el inconsciente. Cuando fuiste creciendo, con esas pesadillas, asumo que empezaba a dar indicios de que estabas lista...

—Lista o no, Oliver debería haberme dicho...

—No lo culpes a él... Solo hizo lo que le sugerí... Él solo quería protegerte...

Ella relajó su expresión, manteniendo la mirada baja con tristeza y decepción.

El mayor suspiró y se giró.

—Ven, sígueme.

Ella se giró y lo miró curiosa, siguiéndolo de regreso al pueblo.

—¿Lucas...?

Al llegar al molino, entraron. Caminaron con calma por los pasillos, siendo sus calzados y el bastón de Lucas las únicas cosas que provocaban ruidos en ecos.

Al llegar, todos, que estaban en una ronda alrededor de la mesa, se giraron a verlos, algunos sorprendidos, otros calmados y otros aliviados.

—No es mi decisión pero... Tal vez sea hora, el momento indicado para integrarla es este —dijo Lucas con suavidad y una sonrisa.

Ella dirigió su vista al frente y observó a Oliver verla un rato fijamente.

—Sí, creo que es momento.

Y así, Lucas comenzó a explicar y repasar planes, hipótesis, teorías, posibilidades y detalles importantes del plan que llevarían a cabo para asesinar a los demonios. Ya faltaba poco.

—Oliver... —susurró ella suavemente a su lado. El mencionado seguía atento a lo que Lucas decía y señalaba, pero la escuchaba claramente.

—Dime.

—Lamento haberte culpado —dijo ella apenada, desviando la mirada.

Él la miró sorprendido pero luego sonrió aliviado.

—Lo entiendo —dijo con suavidad y comprensión, sonriéndole—. Descuida.

Ella sonrió levemente, algo apenada aún por todo lo ocurrido, y lo abrazó, rodeando su torso con sus brazos, haciendo notable la diferencia de altura (Oliver le pasaba por casi una cabeza).

Él se quedó inmóvil unos segundos, con sus ojos abiertos como platos, con sorpresa. Luego de un rato, soltó el aire que no se había dado cuenta que contuvo y se relajó levemente, rodeándola también con sus brazos, firme y suave.

Algunos los miraban fugazmente y sonreían por lo bajo, mientras Zack, Jacob y Lucas los miraban de reojo y sonreían con dulzura.

Finalmente, todo parecía volver a un ritmo más calmado y menos tenso entre todos.

Parecía...
































(...)

Otra vez... Ahí estaba...

La alarma del inicio de caza.

Ella detuvo lo que hacía y alzó la cabeza, girándose al bosque con seriedad y firmeza.

Intercambió miradas con Jacob y Oliver a unos metros de ella, que también detuvieron sus actividades.

Entonces empezaron los gritos infantiles proviniendo del bosque y las risas demoníacas.

Era hora. Otra vez.

Caminando firme, aumentando la velocidad hasta acabar corriendo, tomó su arco y estuche de flechas para colgarselo y guardar armas en su cinturón y colgarse una más grande en su espalda también.

Se había vuelto rutina. No podría salir nada mal.

Tal vez...

(...)




























(...)

—¡AAAAAH!

—¡CÁLMATE, CUIDADO!

(...)

—¡NO...!

—¡OLIVER...!

(...)

—¡CUIDADO, POR FAVOR...!

(...)

—¡POR FAVOR, NO ME DEJES...! ¡NO ME HAGAS ESTO...!

(...)

—Lo lamento, bonita...

—¡POR FAVOR...!

(...)

—¡AAAAH!

(...)







































































































































































































—¡NOOO!























































































































































●●

¡Sorprise!

Bueno.

Se viene un momento tenso.

Un antes y un después (mentira, exagero y dramatizo pero así es más divertido).

Probablemente quedó así porque reescribí las escenas que ella olvidó todo respecto a los demonios, lo que pasó, que ella mató y vio esas cosas, pero bueno.

Nos acercamos a los sucesos del manga, mis bellezas.

Vuelven Los Tres Mosqueteros.

Nada más que decir.

Los adoro. Gracias por todo <3

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