Capítulo 16
A veces la oscuridad viene de lugares inesperados
Las luces se apagaban, y Santiago le desamarro las manos y desencadenando los pies de Divana y así fue separada de todos. Al salir del cuarto, los ojos de Divana se mantuvieron entrecerrados hasta que se acostumbraron al fuerte brillo que rebosaba de la bombilla. La dirigieron por el pasillo largo e interminable, donde al pasar cinco puertas, fue empujada y encerrada en una de estas.
Divana se miraba ansiosa detallando las cosas que en aquella habitación había. Noto de sobremanera que se encontraba una cama, dos puertas una de ellas dirige al baño y la otra a la salida del pequeño lugar, una ventana con barrotes y una mesa pequeña. Se vio dirigiéndose a la ventana para saber qué tan cerca se encontraban de la ciudad, y noto que estaban en el campo precisamente donde Gael la tuvo encerrada hace más de siete años. La angustia empezó a desbordar y acelerar más su corazón, llego de repente el pensamiento que no se encontraban en Anzá y que ahora era más difícil que los encontrara. Asustada más que nunca, no tuvo más que acostumbrarse al encierro. Una hora después habían traído un poco de comida, ¿tendría algo? No lo sabía, pero tenía tanta hambre que lo devoro en segundos sin pensar que malo y dañino podría traer comer eso.
Veía a esos hombres una vez por días, solo venían a la hora de la cena, y de resto un jarrón con agua permanecía en la mesa. Entraron esos hombres y sólo le dijeron —En el baño hay jabón, champú y lo que necesitas para asearte, más vale que te apures. El jefe te quiere ver.
Y se fueron... ¿Debía hacer caso? Decidió que lo mejor era que si...
Se miró en el pequeño espejo vio en sus ojos caramelos tristeza pura y debajo de ellos bolsas negras por la falta de sueño, el vestido es ceñido al cuerpo color ciruela, noto que su piel morena resaltaba con aquel color y para complementar zapatos negros no tan altos. El cabello castaño lo llevaba suelto. Al pasar una hora los hombres volvieron y la sacaron a empujones. Pasó las cinco puertas por un largo pasillo, y fue recordando la conversación que tuvo con Gael tres días antes.
Me encontraba recostada en la cama, necesitaba descansar como fuera; solo tenía miedo de que Gael entrara en la habitación. Al cerrar los ojos logre conciliar el sueño muy poco, sentí como alguien repasaba el largor de mi brazo... me asusté mucho y de un respingo me senté, me aleje de quien me tocaba, al acostumbrarme a la oscuridad en la cual se veía envuelta la habitación reconocí a Gael y más cuando soltó la ronca carcajada que hacía que mi piel se enchinara.
—Hola — fueron las primeras palabras que soltó. Gael al notar que no respondería el saludo, solo dijo — espero y me hagas casos gatita en todo lo que quiera ahora, mira que todos pueden sufrir por tu culpa — solté un sollozo y deje que hiciera lo que quisiera. Gael se acercó despacio hacia mí, cuando sentí los labios de él recorriendo mi cuello solo me quise retirar, pero él me tomo bruscamente del cuello y me acerco. Cuando iba a continuar el recorrido se vio interrumpido por el repentino abrir de la puerta, — dije que no me interrumpiera. — Gramo Gael
—Lo siento mucho —le tembló la voz a Santiago; ahí note que ese chico es el que reparte la mensajería en el Bufete donde trabajo Lena —debe ver las cámaras, hay algo que no está bien señor —Gael con un gran fastidio se separó de mí y decidió salir, sabe perfectamente que no lo hubieran interrumpido sino fuera importante.
—Está bien —dijo Gael resoplando y Santiago se retiró. Con una sonrisa socarrona me dijo —te salvaste gatita, después vendré a obtener lo que tanto quiero. Y se retiró.
Lo bueno era que él no había vuelto ese día.
Cuando sintió un pequeño empujón dejo atrás ese día. Voltearon al lado derecho y ahí se encontraban las escaleras al primer piso, otro pasillo más largo al bajar las escaleras es lo que vio. Al pasar dos puertas se detienen frente a ella, al abrirla las lágrimas ya recorrían sus mejillas...
Vieron como sacaban a Divana y lo único que hicieron fue gritar por ella. Después fueron sacándolos uno por uno, primero Lena, Blue, Erick, Mary y por último Ian. Cada uno es situado en las cinco puertas vistas por Divana. Después de haber ingresado aquella habitación no se escuchaba ningún ruido, las habitaciones están insonorizadas por látex y un plástico duro, y eso los atemorizaba más...
Lena al ver la jarra de agua se aventó a ella, tenía sed y no le importaba qué sustancia podría contener. Necesitaba dormir un poco y lo hizo en la cama sucia que se encontraba en la habitación, solo esperaba que nadie entrara allí. Apenas sacio todas las necesidades que tenía, logro pensar en que Santiago estaba aquí con razón esas notas llegaron tan fácilmente. Durante una semana dos hombres llevaba comida y el último día de aquella semana ellos fueron más temprano con una bolsa en las manos, se la tiraron y ella vio en el interior jabón, shampoo y ropa nueva. Solo le dijeron que debía alistarse y se fueron. El vestido resaltaba aquellos ojos tristes de color verde, esa piel blanquecina y ese cabello dorado. A la hora volvieron y la llevaron a rastras por el pasillo interminable, por la escalera de madera poco fiable hasta una habitación, donde quedo anonada por lo que vio allí dentro.
Blue a ella la habían llevado a una habitación menos sucia que las demás, una cama limpia y ropa. Un jarrón lleno de agua y comida reposaban en la mesa pequeña, ella se acercó y devoro lo que había en los contenidos, hace dos días que ninguno probaba comida y ella solo esperaba que todos tuvieran que comer y tomar. Al pasar el tiempo llegaron los hombres con aquellas prendas ya conocidas y la hicieron bajar y cambiar. El vestuario que tuvo ella fue una falda tubo negra, blusa blanca con pequeños olanes y unos zapatos bajos color negro; e hizo el mismo recorrido que los demás. Al abrir la puerta se sorprendió y lloro como nunca.
Erick con una comida al día y el agua era lo que lo mantenía medio bien, una semana amortiguando la ansiedad y un sin fin de oraciones porque lograran salir de allí bien. Los dos hombres trajeron en las manos una bolsa con un pantalón de jean azul, camisa blanca y zapatos cafés. La orden era estar listo en una hora y eso hizo. Era estúpido pero allí se encontraba un espejo donde pudo verse como quedo con aquella vestimenta, los músculos que lo caracterizaban desaparecen poco a poco y no se marcan ya en la camisa blanca, el cabello desprolijo, viendo en sus ojos color café la angustia y miedo por los demás. Al rato llegaron los hombre y lo llevaron donde los demás. No podía creer lo que veía allí.
Mary miraba su abultada barriga y siente las pataditas del bebé. Le traían las tres comidas por esa semana interminable. Con la misma orden que los demás se cambiaron; un vestido blanco largo, unos zapatos dorados y con una diadema del mismo color. Mirándose en aquel espejo y en sus ojos noto como se iba pagando poco a poco el brillo que tanto la caracterizaban, después de mirarse por un rato sintió una punzada fuerte en el abdomen y en eso entraron los dos hombres llevándola hasta la habitación del primer piso....
Ian está atemorizado por sus dos amores, vivía en angustia todos los días de aquella semana. Comía poco para mantener la poca fuerza que quedaba en él. Una semana sin saber de ella, más preocupado que nunca, la fecha del parto se acercaba sin freno. Debajo de la puerta apareció una nota que decía "tienes una hora para arreglarte, apúrate no hagas enfadar al jefe. En la mesa está la ropa." buscó en los cajones y allí encontró la ropa... Se vio en aquel espejo grande como el color verde de sus ojos estaba sin brillo y como las ojeras eran prominentes, el cabello despeinado le daba una actitud de rudeza y a la vez de vulnerabilidad. La camiseta blanca pegada al pecho marcando los músculos y el pantalón azul de jean con los zapatos cafés era el atuendo que tenía puesto... A la hora exacta abrieron la puerta y siguió el camino hasta donde le indicaban, al abrir la puerta donde estaban los demás corrió sin ataduras dentro de la misma y sin poder sofocar las lágrimas que recaigan por sus mejillas...
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