Capítulo 44 [Yo los declaro, marido y mujer]
A la mañana siguiente Victoria se despertó por la luz del día y se encontró que quien la acompañaba era el Chihuahua de su madre con Bodoque sobre ella, parecía que habían estado esperando por ella.
—Muévete, Bodoque —Ella lo quitó haciendo que el gato la mirara algo ofendido, pero apenas iba despertando.
Su madre ya no estaba, vio la hora y se dio cuenta que eran más del medio día, había dormido demasiado, pero en verdad lo necesitaba, no recordaba cuándo había sido la última vez que dormía así de bien.
Al bajar las escaleras descalza, se encontró con la casa hecha un desastre, la gente iba de un lado para el otro, su madre daba órdenes a diestra y siniestra. Salió al jardín y el caos era igual o peor. La gente colgaba luces, colocaba sillas y mesas, ponía flores y manteles.
Se veía como un ejército bien organizado, todos al mando de Addison Ellis, la mujer daba órdenes desde adentro y se aseguraba de que su visión se cumpliera.
A lo lejos, cerca de la alberca encontró a Lucía con lentes de sol, un sombrero enorme, bajo una sombrilla y un dolor de cabeza interminable, Carlos estaba en la alberca nadando y disfrutando del Sol.
—Miren quien decidió aparecerse —Carlos dijo al verla y deteniéndose para poder apreciarla.
—¿Cuánto tiempo dormí? —Preguntó Victoria fingiendo que no sabía que había dormido más de 12 hrs seguidas.
—Lo suficiente —Lucía respondió algo gruñona.
—¿Cómo estás, Lucía? —La rubia se puso a su lado debajo de la sombrilla.
—No debí de ingerir tanto alcohol dulce, pero ¡ah Dios! Como ustedes me sacan de quicio —La agente se cubría la cara mientras tomaba agua, por su borrachera estaba deshidratada —Y para colmo hay demasiado ruido en la casa, ahora tengo que soportar a tu noviecito jugando a las sirenas diciendo que se siente mejor cuando está en el agua.
Victoria se rió al ver la cara ofendida de Carlos.
—¿Quieres algo? —La castaña gruñó en forma negativa a la pregunta de la cantante, quien entendió que lo mejor era dejarla sola.
Ahora, fue a darle toda su atención al madrileño.
—¿Y qué tal tú? ¿Sigues nadando? —Victoria fue hasta la orilla de la alberca, para no gritar y no molestar más a su agente.
—Me relaja y la verdad me ayudó mucho; ayer dormí como un bebé —Ella sonrió al ver al madrileño verse un poco más recuperado, era así como debía de estar —¿Tú dónde dormiste? Te fui a buscar en la mañana y tu cama no estaba ni destendida.
—Dormí en el cuarto de mi madre y tenía tanto cansancio que no me puse la pijama —El piloto se dio cuenta que traía la misma ropa de ayer.
Era un vestido de manta blanca, veraniego y fresco, lo suficientemente cómodo para poder dormir en él sin problema alguno.
—¿Todo bien con tu madre? —Carlos preguntó y ella se alzó de hombros.
—Creo que sí, ya está dentro de la casa dando órdenes, así que supongo que sí —Carlos rodó los ojos, de nuevo regresaba a las respuestas ambiguas —¿Desayunaron algo? Muero de hambre.
—Addison nos cocinó antes de que llegaran —Carlos respondió recordando el increíble desayuno de la madre de Victoria mientras se metía a la alberca para acomodarse el cabello.
Una cosa que en verdad extrañaría, sería la comida de Addison.
Victoria estaba viéndolo acomodarse su cabello, ya lo comenzaba a tener largo, era impresionante lo largo que le podía crecer en tan poco tiempo, además de que tenía demasiado cabello.
—¿Qué? —Preguntó Carlos al ver como la cantante no dejaba de verlo, hasta cierto punto lo ponía nervioso, como si tramara algo.
—Nada —Ella sonrió inocente.
—Vamos, dime —El madrileño insistió cruzándose de brazos sobre el borde de la alberca.
—Estaba pensando que te creció mucho el cabello —Victoria sonrió calmada.
—Ya sé, a veces es frustrante —El volvió a pasar sus manos por él y Victoria tuvo que controlarse para no morderse el labio.
Su piel bronceada y su perfil lleno de gotas de agua, su cabello escurriendo era una vista que podría disfrutar por horas.
—Puedo hacerte un corte si quieres —La rubia no lo pensó, solamente se ofreció en hacerlo, ahora se arrepentía de haberlo dicho, no era así como mantenía límites con Carlos.
—No, sabes que solo lo corto en mi barbería de confianza —Ella rió agradeciendo que fuera él quien se negara.
—Lo sé, solo fue un comentario —No se lo tomó personal, entendía, ella también era quisquillosa con sus cosas y en verdad le ayudaba a mantener esta faceta de amigos a la que habían accedido.
—¿Qué harás ahora? —Carlos preguntó, estaba pensando en salirse de la alberca.
—Buscaré algo de comer, con suerte, hay algo de sobras en la cocina —Victoria se agachó hasta la altura de Carlos —Si no es que te lo has comido todo.
Carlos rodó los ojos ignorando ese comentario.
—Te acompaño, nadar me ha dado hambre y ya he estado en el agua por mucho tiempo. ¿Me pasas mi toalla? —Victoria tenía la guardía baja, mientras que a Carlos se le había prendido un foco encima de su cabeza.
La cantante fue hasta el camastro donde estaba la toalla de Carlos, y la tomó, al extenderla Carlos no tomó la toalla, tomó la muñeca de la cantante, sonrió malévolamente y la jaló antes de que ella pudiera reaccionar.
Lucía se espantó por el grito de Victoria, mientras refunfuñaba groserías, diciendo que sería mejor que se quedaran callados o ella tomaría cartas en el asunto.
Victoria salió a la superficie gritando.
—¿¡POR QUÉ HICISTE ESO?! —Estaba completamente mojada, su vestido se había hecho pesado.
Carlos no dejaba de reír como un niño pequeño, y Victoria sin pensarlo le salpicó agua. Una vez que Carlos dejó de reír, respondió.
—Dejaré que cortes mi cabello, pero necesitaba algo a cambio —Victoria le salpicó más agua a la cara, no era la forma en la que quería despertar.
—Eres un genio, Carlos, la única toalla está empapada —La rubia sacó la toalla a la orilla, la tela escurría y sonó como un filete en cuanto tocó el concreto, no funcionaría para secar absolutamente nada.
Carlos salió de la alberca con una facilidad que le sorprendió a la cantante, considerando el putazo que se había dado hace unos días más el accidente.
—No creo que sea la única toalla en toda la casa —El madrileño fue detrás de la barra de tragos donde Wes los había recibido la primera vez y sacó dos toallas de ahí, las dejó de nuevo en el camastro —Listo, ahí están más toallas. Vamos, te ayudo a salir.
Carlos se colocó en la orilla y extendió sus dos manos, Victoria lo vio de mala forma al inicio, pero la verdad le daba flojera ir hasta el otro lado y salir por las escaleras, así que aceptó la ayuda del piloto.
Carlos tomó las dos manos de la rubia y con algo de esfuerzo y un poco de dolor por este, la sacó de la alberca alzándola por completo, lo que no calculó fue el espacio, porque al subirla, los pies de la cantante habían quedado apenas en la orilla y al soltarla tuvo que sostenerla de la cintura, pues Carlos estaba también pegado a la orilla haciendo que no hubiera espacio para ambos y todo ocurría tan rápido.
—No me dejes caer —Ella dijo mirándolo directo a los ojos, con su voz entrecortada.
—No lo haré —El cabello de Carlos escurría sobre su cara, pero nada evitaba el contacto visual de ellos.
Sus respiraciones comenzaban a mezclarse, y sus cuerpos estaban muy juntos, hace tiempo que no se tocaban de esa forma, de ninguna forma en realidad, claro eso si no contaban el accidente donde Victoria había caído sobre Carlos. Para ellos era entrar de nuevo a un terreno conocido y a la rubia le gustaba ese contacto con Carlos, era su perdición. Victoria sabía que un movimiento en falso y se convertiría de nuevo en la amante porque sería tan fácil besarlo, moría por hacerlo.
Sus labios eran como la nicotina para ella, tan adictivos, pero no esta vez, no era así, ella no quería ser catalogada como la amante de nuevo.
Ella subió su mano a la parte trasera del cuello del piloto causando unos escalofríos que el madrileño no pudo ignorar, pero el verdadero terror fue al ver a Victoria sonreír divertida y sentir como ella misma se iba para atrás con todo su peso y ayudándose de un empujón desde el suelo.
Fue cuestión de segundos para que ambos volvieran a caer al agua, pero por alguna razón Carlos lo vió en cámara lenta, su mano seguía en la cintura de la cantante mientras caían y al entrar la soltó.
—¡Ustedes dos son peor que niños! ¡Carajo! Iré a mi cuarto y los veré a la hora de la boda —Lucía les dijo completamente molesta sacudiéndose el agua que le habían salpicado, mientras las estrellas se volteaban a ver serias.
Una vez que la agente estuvo lo suficientemente lejos, los dos estallaron en carcajadas y salieron de la alberca.
Victoria se quitó el vestido, porque estaba escurriendo todo el lugar, se cubrió con la toalla y se fue a su cuarto a ponerse algo seco, mientras que Carlos iba a donde él dormía para prepararse para su corte de cabello.
Victoria, decidió bajar rápido por algo de comer, en la alacena encontró gomitas de gusano, las tomó y cuando estaba por irse su madre la detuvo.
—Lucía me dijo que tenías hambre, pedí que les hicieran unos sandwiches en lo que inicia la fiesta —Addison dejó la organización de su boda para informarle de eso a su hija.
—Gracias, ¿cómo sigues? —Ella sonrió acercándose a su madre con precaución.
—No quiero hablar de eso ahorita, la casa tiene que estar lista para la boda, pero me gustaría que me ayudarás a arreglarme en un rato.
Victoria asintió, sabía que no era la única que odiaba hablar de sus sentimientos.
—Claro, avísame cuando me necesites —La sonrisa de su madre se hizo presente.
—Excelente.
La rubia subió la bandeja con los sándwiches y dos botellas de agua, además de sus gomitas, luego fue hasta el cuarto de Carlos, ahí estaba él aún con el traje de baño y sin playera.
—Supuse que no tenía caso cambiarme si vas a cortar mi cabello —Él dijo robando la mitad de un sándwich y comenzando a comer —Esto no lo preparó Addison ¿verdad?
Victoria rió bajito —No, lo preparó alguien más.
—Se nota —Carlos parecía molesto al tener que comer la comida de alguien más que no fuera su "suegra".
—Vamos, ella está ocupada y los sandwiches no están tan mal.
—No sé cómo seguiré viviendo sin la comida de tu madre —Carlos habló exageradamente mientras Victoria solo rodaba los ojos y comía en silencio.
Siguieron comieron en silencio, con música de fondo que Vic había puesto y en cuanto Victoria terminó se puso a buscar unas tijeras de cabello que tenía y una playera que usaría como mandil.
—¿Cuántas veces has cortado cabello? —Carlos ya estaba sentado en un banco en el baño esperando completamente nervioso.
—¿Contando esta? —Él asintió viéndola a través del espejo —Tres.
—Ah no, no cortarás mi cabello —El piloto se puso de pie agresivamente alejándose lo más posible de Victoria y sus tijeras —Las chicas lo aman, no permitiré que me lo quites.
Lo decía broma, pero ella sabía que no era tan broma. Carlos era un hombre que sabía que era atractivo y en ocasiones algo vanidoso, aunque jamás lo aceptaría tan fácil.
—Vamos, puedo hacerlo —Carlos la miró nervioso pero creía en ella.
—Vale, hazlo ya —De nuevo tomó asiento soltando un respiro cansado y ella comenzó a cortarlo.
Victoria tomó el primer mechón y lo estiró para ver la altura en la que lo cortaría, la verdad es que solo pensaba darle forma y recortar las puntas. Ella hizo el primer corte y parte del cabello cayó al suelo.
—Ay no —Dijo ella asustada.
—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué hiciste? —Carlos se había puesto pálido al escuchar el corte de las tijeras y la exclamación de Victoria, se congeló sin poder moverse.
—Nada, fue un corte limpio, pero que divertido es asustarte —Él le dio una mala mirada mientras Victoria se reía de él.
—Vamos, no te muevas que en una de esas si me equivoco —La rubia lo amenazó de nuevo y continuó con su tarea.
El madrileño se veía nervioso, pero poco a poco se fue relajando, la rubia lo regañaba cada que se movía o le decía algo, pero veía que ella estaba haciendo un buen trabajo y entonces, después de un rato, Victoria volvió a hablar con lástima.
—Ay Carlos, apenas te conozco y ya te nos vas —Carlos la miró frunciendo el ceño sin entender una palabra de lo que ella había dicho —Guapo, me temo, que oficialmente eres un anciano —Victoria dijo tratando de no sonreír demasiado.
—¿De qué hablas? —El piloto preguntó todavía sin entender, viendo la sonrisa burlona de Victoria.
—Tienes canas, Carletes —Victoria lo miraba a través del espejo, pues él estaba dándole la espalda.
—No es cierto, es otra de tus bromas —La rubia negó pero Carlos se negaba, apenas había cumplido los 28 —A ver.
—¿Quieres que arranque una? Puedo hacerlo, pero dicen que si lo haces te salen más —Victoria ya había localizado 3 o 4 canas.
Carlos, al tener el cabello tan oscuro, era fácil de verlas.
—Sí, no me importa, quiero verlo —Carlos pidió con urgencia.
Victoria localizó una de las canas y la cortó, para luego entregársela en su mano, Carlos se había quedado boquiabierto sin palabras, era cierto.
—Mierda.
—¿Ya tienes todos tus documentos en orden? —Victoria comenzó a bromear —Deberías tener tu testamento ya hecho.
Carlos le había lanzado una mirada asesina, pero en lugar de hacerla sentir mal, solo la hizo retorcerse de risa.
—No es gracioso, Victoria.
—Carlos, son unas cuantas canas, no el final del mundo —Ella se movió hasta quedar frente a él y poder verlo a los ojos directamente y no a través de un espejo.
—Lo sé, pero no sé, no creí que tuviera canas tan joven —Carlos sonrió pero parecía más una mueca.
—Venga, sé que no soy la mejor persona para decir esto por mi historial, pero en mi experiencia, los hombres con canas son sexys —La cantante dijo sonriendo apenada.
—¡A ti te gustan puros vejestorios! —Ese grito de Carlos los hizo reír a los dos llenando el cuarto de vida.
—Mira, ya supéralo, deja que termine mi trabajo —Victoria se volvió a poner detrás de él y siguió cortando su cabello mientras Carlos hacía un puchero.
Después de un rato, Victoria terminó.
—Listo —Carlos se sacudió un poco y se fue a ver frente al espejo, estaban en el baño, así que no hubo mucho desastre.
La verdad es que la cantante no lo había dejado tan corto solo le había dado algo de forma, a ella le gustaba su cabello un poco largo y a Carlos le gustaba lo que veía.
—Vaya, en verdad hiciste un buen trabajo —Carlos giraba su cabeza tratando de ver que la cantante no hubiera dejado un agujero en este.
—Claro que sí. ¿Quién crees que soy?
Las dos estrellas rieron.
Carlos le ayudó a limpiar el cabello que quedó en el suelo y luego la cantante se despidió pues ahora tenía que arreglarse y ayudar a su madre. El piloto después, se metió a bañar y a arreglarse para la boda.
—Te dejo, guapo, cuando estés listo, baja, a lo mejor Lucía necesita tu ayuda.
—Vale —El piloto asintió.
—Nada de cargar cosas pesadas —Ella dijo al irse, recordando que todavía se estaba recuperando.
Carlos estaba por responder cuando ambos escucharon un grito de película de terror.
—Mi mamá.
—Addison.
La parejita dijo al mismo tiempo y corrieron hacía donde escuchaban los gritos.
—¡Fifi! ¡Bodoque! ¿Qué hicieron? Malos, chicos malos.
Al llegar, Addison estaba regañando al pequeño chihuahua y a Bodoque. Carlos se quedó atrás mientras Victoria se acercaba hasta su madre.
En el suelo se veía organza, era la tela del velo de novia de su madre y estaba hecha pedazos.
—¿Qué pasó?
—¿Qué pasó? Qué estos dos traviesos encontraron mi velo y decidieron que sería buena idea destruirlo —Addison estaba llorando de coraje y su cara estaba completamente roja.
Carlos entró y sacudió el velo, estaba arruinado, básicamente era pedacería, no había forma de arreglarlo.
—Mamá, tienes que dejar de llorar. Vas a estar toda hinchada para la boda —Eso en lugar de calmar a la novia, la estresó más haciendo que llorara más fuerte.
Victoria se cubrió la cara con sus dos manos evitando que Addison la viera reírse, su mamá era una chiquilla como ella.
—¿Y no podemos conseguir otro? —Carlos preguntó, ¿qué tan difícil sería conseguir un velo? No es como que hubieran arruinado el vestido.
—¡Sí, mamá! Un velo nuevo —Victoria actuó como si Carlos hubiera dicho la cosa más inteligente del mundo, todo con tal de que su madre dejara de llorar.
Addison se calmó y comenzó a pensarlo
—No puedo dejar la casa, todavía no está lista —La madre de Vic habló entre llantos.
—No tienes que dejarla, iré yo, conseguiré un velo igual o lo más cercano al que tenías y regresaré para arreglarme —Victoria le aseguró a su madre y ella asintió más tranquila.
—Gracias mi amor, tengo que regresar a la decoración o no me dará tiempo arreglarme —Vic y Carlos asintieron y la mujer salió de ahí.
—¿Quieres que vaya contigo? —Carlos preguntó, pero Victoria negó.
—No sirve de nada que vayamos los dos, me llevaré el jeep de Addison y regresaré lo más pronto posible.
—¿Segura? ¿Y qué hago por lo mientras?
—Arreglarte para la boda, duh.
—No me tardo horas como ustedes, literalmente solo necesito una hora —Carlos habló con obviedad.
Y entonces, A Victoria se le prendió el foco, tenían a dos chicos problemas con ellos —¿Crees que puedas cansarlos? —La cantante señaló con la cabeza el lugar donde Bodoque y Fifi estaban jugando.
—Claro.
—Bien, tú cánsalos para que no molesten a la hora de la boda y luego te arreglas, no hagas mucho esfuerzo.
—Sí, madre —Victoria rodó los ojos por el comentario de Carlos y salió de ahí por zapatos.
¿Por qué las cosas siempre salían mal a la hora de las bodas? El tráfico de Los Ángeles estaba horrible (claro que siempre era así) y Victoria hacía lo mejor posible para llegar a la tienda donde habían comprado el velo.
Básicamente se sentía como en una carrera, en cuanto llegó a la tienda comenzó a ver los velos, desgraciadamente el puto velo que su gato y Fifi habían destruido era único. Estuvo un rato analizándolos mientras se imaginaba el vestido de su madre y en su mente veía si funcionaba.
Se estaba rindiendo en esa tienda, así que manejó hasta otra y antes de entrar vió como a lo lejos había algunas carpas de un pequeño bazar al aire libre, sabía que no encontraría un velo ahí, pero era su oportunidad de comprar algo para su habitación. Algo que dijera "planeo regresar, mamá"
Al entrar, encontró un puesto de películas, CD's y vinilos. Supo que debía de revisarlo, además no quería perder más tiempo, su madre la mataría si no llegaba a tiempo con un velo decente.
Victoria comenzó a revisar el puesto y encontró una sección de posters, al final compró dos, uno de la película The Rocky Horror Picture Show y el segundo era de Rocky.
Regresó a su tarea principal y una vez que encontró el (segundo) velo perfecto, lo compró y salió corriendo directo al jeep rosa de su madre, donde sus posters la esperaban. De nuevo, manejó como loca, esperando que nadie la detuviera porque no tenía licencia para conducir y llegó a la casa.
Entró corriendo directo a la habitación de su madre para dejar el velo en un lugar seguro mientras ella terminaba unos detalles.
Luego, Victoria fue hasta su cuarto, todavía olía a cloro de la alberca, se dio un baño, se depiló las piernas y las axilas, arregló su cejas y comenzó con su maquillaje, aún estaba en bata cuando Lucía entró a su cuarto.
—¿Vic?
—¡En el baño! —Le gritó la rubia y la agente fue hasta allá —¿Ya estás de buen humor? —Lucía la miró mal.
—Ya, quería que me ayudaras con el cierre del vestido —La rubia fue hasta ella y lo hizo —Y quería preguntarte ¿Cómo estás con todo esto? No hemos hablado mucho desde que Carlos tuvo el accidente y luego tu madre te sorprende con esta boda, los hijos de Wes a los que casi golpeas.
Victoria regresó al baño y continuó con su maquillaje mientras hablaba.
—Estoy bien, todo está perfecto.
—Tuviste una crisis nerviosa, ¿no es así? —Claro, Victoria se había olvidado de su ataque de ansiedad —¿Segura que estás bien?
—Claro que estoy bien, me refiero, siento que no hay mucho que pueda decirle a mi madre respecto a cómo manejar su vida, y bueno, Carlos, Carlos está bien, la prueba de eso fue que me aventó a la alberca, todo está bien.
—¿Sabes? Has dicho "todo está bien" tantas veces, que comienzo a verlo como si no tuviera sentido, pero aceptaré la respuesta.
—Mira, no he tenido tiempo de procesar todo ¿ok? Y mientras no tenga tiempo, no sé qué hacer, así que continúo con la rutina y trato de que todo salga bien —Victoria la volteó a ver y Lucía sonrió esperando no ser otra de las razones por las cuales estar estresada.
Luego siguieron hablando de cosas triviales, hasta que Addison la mandó a llamar, para entonces, Victoria ya se había terminado de arreglar y ya tenía el vestido puesto, solo faltaban los zapatos.
Lucía, a petición de Addison, comenzó a tomar el control de las cosas como, ver que los pocos invitados llegaran, y se acoplaran bien, les ofrecieran bebidas, tomaran asiento etc.
Victoria entró al cuarto de su madre, y la vio comenzar a maquillarse frente a un espejo vanity al estilo de Old Hollywood. Su madre al verla por el espejo sonrió.
—Te ves hermosa, cariño —Ella asintió.
—Gracias, ¿en qué te ayudo? —La rubia se acercó y se puso detrás de ella.
—¿Podrías ayudarme con el cabello? No quiero nada exagerado, pero si quiero que se vea arreglado diferente a como normalmente lo uso —Victoria asintió nuevamente y comenzó a tocar el cabello de Addison.
Ella amaba el rubio de su madre, era tan natural, y siempre bien cuidado, de pequeña lloraba por no ser rubia de ojos azules como ella, y más cuando le decían que no era su hija y que era adoptada, ahora ya lo había superado, pero seguía viendo a su madre como una mujer hermosa.
—¿Sabes? —Su madre siguió hablando mientras la rubia cepillaba su cabello —Me gustaría que me entregues.
Victoria no dijo nada, desde que había llegado su madre se estaba comportando más como una madre y aunque habían discutido sobre eso y ella había prometido intentarlo, eran comentarios como estos que la congelaban.
La antigua Addison no hubiera pedido eso y una parte de ella esperaba que su madre se volteara y le dijera: Es broma, claro que no actuaré como una madre contigo, yo nunca quise una hija. Somos amigas, Vic.
—¿Segura?
—Sí, después de todo lo que has hecho por mí, solo nos teníamos a nosotras ¿no? Recuerdo cuando vivíamos en un departamento al que apenas podíamos pagar, después de que tu padre y yo nos divorciamos porque todo el dinero lo gastábamos en tus clases —Victoria no recordaba mucho ese departamento, pero sabía a cuál se refería —Y luego, cuando comenzaste a ganar dinero, básicamente tú comenzaste a hacerte cargo de las cuentas desde muy pequeña y yo te puse esa presión.
Victoria desvió la mirada, pero su madre quería hablar de eso.
—Nunca debí haberlo hecho, pero Tori, entiéndelo, no eres ordinaria, nunca lo has sido —Su madre pidió su atención, Victoria la miró directo a los ojos —Te arrebaté de tu niñez y eso no fue justo.
—Estoy bien madre, mira hasta donde he llegado —La rubia sonrió con tristeza.
—No, no estás bien y no está bien que yo no me disculpe contigo después de todo este tiempo.
Addison se puso de pie para quedarse frente a su hija.
—Aprecio mucho que vayas a terapia y que sanes lo que yo destruí. Eres una niña muy fuerte y me duele mucho saber que fui yo la causante de todo, sin embargo, en verdad espero que puedas disculparme y podamos tener algo lindo.
Victoria no quería llorar, iba a arruinar su maquillaje, pero supo que lo estaba haciendo cuando su madre acunó su cara con sus dos manos y le limpió una lágrima que se quería escapar de sus ojos.
—Gracias —La cantante apenas y pudo hablar.
—No quiero que llores, pero quiero que escuches esto de mí, que sepas que lo siento y siento no haber sido una buena madre —Addison comenzó a llorar al igual que su hija.
Victoria siempre hablaba de las disculpas que nunca había recibido, cuando vio por última vez a Rogelio, ella creía que Rogelio iba a disculparse. ¿Quién diría que recibiría esas disculpas que tanto quería de su madre? Venir a verla ha sido una de las mejores decisiones que había tomado en todo el año.
—No, ma, arruinarás tu maquillaje —Victoria fue por unos kleenex y se los ofreció a la novia tomando unos para ella —Y no fuiste tan mala madre.
—Gracias, sé que mientes para hacerme sentir mejor, pero lo aprecio —Victoria rió mientras Addison se limpiaba con cuidado las lágrimas.
—El amor te hace muy sensible, Addison —La cantante dijo volviendo a continuar con su tarea de peinar a la novia esperando que el tema se quedara ahí o ella iba a comenzar a llorar sin reparo y no habría nada que la pudiera calmar.
—¡Mamá!, soy tu madre, todos los demás me pueden llamar Addison, tú no —Victoria sonrió, le gustaba esta nueva Addison, que sí actuaba como madre, no importaba si llegó 22 años después —Por cierto, gracias por ayer, defenderme de esa forma no debió de haber sido fácil.
—No fue nada mamá, nadie te trata de esa forma en tu casa, no entiendo porque los dejaste —Victoria comenzaba a enojarse de nuevo solo de pensar en los hijos de Wes.
—Solo quería que todo fuera perfecto, en verdad quería que me aceptaran.
—Lo sé —Victoria acarició el brazo de su madre —Pero no pienses en ellos hoy, no valen la pena.
Ambas mujeres Ellis se sonrieron y Addison volvió a tomar asiento para dejar a su hija terminar con su cabello.
Después de un rato platicando de otras cosas, la novia estaba lista, Victoria le ayudó con los zapatos y al verse las dos al espejo de cuerpo completo, Addison casi vuelve a llorar.
—No puedo esperar para verte a ti de blanco —Su madre comentaba mientras seguían viendo su reflejo.
—No creo que use blanco tampoco —Addison le dio una mala mirada —Ya no soy casta y pura.
Victoria recibió un golpe en su brazo por su chiste.
—No quiero saber —Victoria lo había mencionado para molestar a su madre y lo había logrado —Por cierto, hablando del tema de castidad.
Addison fue hasta su buró y de su cajón sacó una caja de condones cerrada.
—Esto es para ti, úsalos Victoria. No quiero ser abuela joven —La cantante quiso saltar por la ventana.
—Carajo, mujer. Ya entendí, sexo seguro —¿Cómo le explicaba a su madre que ni siquiera estaba teniendo sexo? —¿Podemos cambiar de tema?
—Venga ayúdame a buscar el ramo que no sé dónde lo dejé.
—Mamá —Victoria captó su atención —¿Estás segura de esto? Wes... ¿es a él al que quieres? Porque si no es así, podemos irnos, yo conduzco.
Addison soltó una buena carcajada.
—Ay Tori, estoy muy segura, es él, ahora ayúdame a buscar mi ramo.
La dama de honor se puso a buscarlo mientras tanto, Carlos iba bajando las escaleras en cuanto estuvo listo, se encontró con Lucía haciendo pasar a los invitados a la sala.
—Te ves hermosa, Lucía —Carlos dijo en forma de saludo y ella sonrió mientras seguía dando órdenes.
—Gracias, cariño. Tú igual —Lucía respondió para volver a lo que estaba haciendo.
Cuando Addison y Wes habían dicho que la boda en verdad sería discreta, lo decían en serio, a lo mucho había 30, 40 personas.
Algunos estaban en el jardín fumando y charlando, otros estaban en la gran sala de la casa, Bodoque y el perrito chihuahua, los cuales habían sido cansado al máximo por Carlos, estaban en una especie de cuarto para ellos, y que no hicieran de las suyas.
Al bajar, se dio cuenta que Wes ya había llegado, estaba usando un traje y se veía nervioso, jugando con sus manos y viendo para todos lados, saludando a los invitados rápidamente.
—Wes —Carlos ya lo consideraba un ¿amigo? Sí, algo así, era chistoso porque inclusive el novio era más viejo que su padre, al que justamente debería llamar y decirle que todo estaba bien y se sentía "excelente", una mentirilla no lastimaría a nadie.
—Carlos, ¿no sabes si ya van a bajar? —Wes se veía nervioso, jugando con las mangas de su saco.
—No, creo que siguen arreglando a la novia. ¿Nervioso?
—Uno pensaría que después de 4 bodas no lo estaría, pero sí, estoy nervioso y ansioso, si te soy sincero, no puedo esperar —La sonrisa nerviosa de Wes creció.
—Tus hijos... —Carlos no quería hablar del tema, pero tenía que preguntar.
—No creo que vengan, a lo que me lleva, mi hijo iba a ser mi padrino y mi testigo, ya que será por el civil, me preguntaba si tú, si no es mucha molestia, claro. —Carlos se sorprendió de lo que le estaban pidiendo.
—No para nada, Wes, sería un honor —Carlos sonrió y Wes extendió su mano en forma de un saludo.
—En ese caso, ten, los anillos —El novio le puso la caja de anillos en sus manos.
—¿Puedo? —Wes asintió y Carlos lo vió, eran dos anillos dorados, estaban perfectamente brillosos y listos para usarlos. Carlos los guardó en su traje.
Los dos hombres estaban hablando con otras personas, Wes le había presentado a Carlos algunos de sus colegas de negocios, Carlos los reconoció como peces gordos, estaban riéndose de un chiste cuando uno de ellos se detuvo para dirigir su mirada hacia la parte superior de las escaleras, con su bebida en mano señaló.
Wes y Carlos estaban de espaldas, así que se tuvieron que girar para ver lo que les señalaban, ambos se quedaron sin habla, porque bajando por las escaleras estaban la novia y su dama de honor.
Victoria iba detrás de su madre, sosteniendo su ramo y ayudando con el velo, mientras que Addison bajaba las escaleras con lentitud, no quería cometer un traspié, al ver a su novio, la sonrisa de Addison creció.
—Se ve hermosa —Wes dijo sin quitarle la mirada a su futura esposa.
—Sí —Carlos estuvo de acuerdo, pero debía de ser honesto, él no estaba mirando a la novia en ese momento, si no, a la dama de honor que apenas podía con el ramo y el velo, además de que se estaba peleado con un mechón de cabello que caía por su frente.
Wes fue hasta las escaleras y la ayudó extendiendo su mano, la novia la tomó halagada.
—No puedo creer que me convertiré en tu esposo en unos minutos —Fue lo primero que dijo Wes al tenerla frente a frente.
Addison sonrió coqueta, la misma sonrisa que Victoria había heredado.
—Que te digo, eres un tipo con suerte —Addison comentó juguetona y risueña.
—Sí que lo soy.
Carlos también se había acercado para ayudar a Victoria a bajar.
—¿Necesitas ayuda? —Fue lo que dijo en forma de saludo con la mano extendida, en caso de que ella quisiera sostenerla.
—Toma el ramo —Victoria lo puso en los brazos de Carlos, brazo que estaba para ella, él solo pudo negar riendo un poco.
Una vez que ella estuvo abajo, volvió a tomar el ramo y a acomodarse el vestido.
Carlos quería decir algo, pero no pudo, no debía, ya no tenían ese tipo de relación.
—Será mejor que salgan, ya va a empezar la boda —Lucía les dijo a los invitados y empujó al novio al jardín.
—Te veo en un rato —Carlos habló hacia Victoria mientras también salía, después de todo, él era ahora el padrino.
—Sí, toma asiento donde te diga Lucía —Él asintió pero sonrió divertido porque no iba a decirle lo que Wes le acaba de pedir, dejaría que fuera una sorpresa para ella, así podría reírse por su reacción.
Las únicas que quedaron dentro de la casa, eran la novia, la dama de honor y Lucía.
—Chicas, saldré, en cuanto la música comience, salen, les daré 5 minutos para que le pongas el velo —La agente se movía como pez en el agua tomando control de la situación.
Las dos asintieron y Lucía cerró la puerta detrás de ella. Victoria le acomodó el velo a su madre y le entregó el ramo.
—Te ves hermosa, diviértete —Fue lo que le dijo y luego esperaron a que la música comenzara.
Las dos salieron, Addison iba del brazo de su hija, las dos se veían espectaculares, todos los invitados estaban de pie observandolas.
El Sol iba metiéndose, lo que hacía que la luz se viera de forma más mágica, el jardín estaba iluminado y lleno de flores, las dos seguían caminando lentamente, y Victoria se sorprendió al ver a Carlos a un lado de Wes.
Carlos trataba de no reírse por la reacción de Victoria, pero ella era muy expresiva con su cara cuando algo no le gustaba o le sorprendía, o no lo entendía, y en esta ocasión era lo último.
Victoria llegó hasta el final del camino con su madre y la "entregó" a Wes, Wes le dio un beso en la mejilla a la cantante mientras le susurraba.
—Gracias, prometo tratar de cuidarla la mitad de bien de lo que tú lo has hecho. —Victoria sonrió al escuchar esas palabras, esperaba que cumpliera, o ella vendría tras él y ambos lo sabían.
Victoria tomó su lugar a un lado de la novia y la ceremonia comenzó.
Todos los invitados estaban poniendo toda su atención, la ceremonia no sería muy larga, Carlos y ella ya habían firmado el acta como testigos, y ahora, los novios ya estaban por intercambiar los anillos.
—Yo, Wes Chatham te recibo a ti, Addison Ellis, para ser mi esposa el día de hoy, para honrarte y protegerte de hoy en adelante, para bien o para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separé —El hombre sonrió mientras decía todo eso, luego fue el turno de Addison.
—Yo, Addison Ellis, te recibo a ti, Wes Chatham, para ser mi esposo el día de hoy, para honrarte y protegerte de hoy en adelante, para bien o para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separé —Su madre trataba de contener las lágrimas, y la voz se le había roto un poco al último.
Wes sacó su pañuelo del traje y se lo dio. Victoria se sintió desfallecer por ese gesto tan lindo, odiaba que Wes le comenzara a agradar.
—Los anillos por favor —El notario pidió y Carlos sacó la pequeña caja para entregarlos a los novios —Ahora repitan después de mí.
—Yo te coloco esta alianza como señal y promesa de nuestro amor constante y fidelidad duradera —La pareja lo dijo, cada quien en su turno mientras colocaban el anillo en el dedo del otro.
—En virtud de la autoridad que me conceden las leyes del estado de California, los declaro marido y mujer —Addison se giró para darle su ramo a su hija mientras el notario terminaba de hablar —Ahora, puede besar a la novia.
Wes no perdió el tiempo y tomó a su nueva esposa entre sus brazos, para sellar la ceremonia con un beso en los labios. Todo mundo se puso de pie mientras gritaban y aplaudían. Una vez que se separaron, Vic le devolvió el ramo a su madre y Wes gritó sin soltar la mano de su nueva esposa.
—¡Y ahora, a celebrar!
Los novios caminaron por el pasillo mientras los invitados salían de ahí para dirigirse a las mesas que estaban a un lado.
Victoria se había quedado en el altar, al igual que Carlos, así que fue hasta él.
El notario estaba guardando sus cosas.
—¿Por qué no me dijiste que serías su padrino? —Ella no perdonaba nada, y quería saber.
—Porque me lo pidió 5 minutos antes de que ustedes bajaran —El piloto se alzó de brazos indiferente.
—Pudiste mencionarlo —Carlos sonrió divertido.
—No quería arruinar la sorpresa —Victoria lo miró mal, odiaba cuando era cínico como ella.
—Chicos, si quieren que los case solo tienen que decirlo, me tardo menos de 5 minutos —Las dos estrellas vieron al notario hablar y los ojos de ambos parecía que se saldrían de su cara.
—Oh no, no, no, no, estamos bien así —Los dos hablaron al mismo tiempo.
—Excelente, solo que pensé cómo seguían aquí que les daba pena pedirlo, créanme que ha pasado más de lo que me gustaría admitir, pero si no se van a casar, en ese caso me retiro —Y con su maletín en mano se alejó de ellos.
Se voltearon a ver en completo silencio, estaban todavía frente al altar, nadie les prestaba atención, ¿casarse? puf, no. Luego, sin dejar de verse, se comenzaron a reír a carcajadas.
—¿Puedes creerlo? —Carlos preguntó divertido.
—No, ¿tú y yo? ¿Casados? Ja —Victoria respondió de la misma forma y de nuevo, silencio total.
—Ven, vamos a la cena —Carlos ofreció su brazo y está vez, Victoria lo tomó.
Luego tomaron sus lugares en la mesa de los novios, que era una mesa igual que la de los demás. En total había 6 mesas para 7-8 personas, pero no estaban llenas, cada quien hablaba y se reía con su propia mesa, en medio había una pequeña pista de baile.
Lucía, Victoria y Carlos estaban hablando de cosas triviales, ninguno conocía a los invitados y aunque se los presentaban, estaban mejor en su grupito de tres, todos los demás eran amigos del club de la pareja.
La cena había estado deliciosa, y ocurrió sin ningún contratiempo, Carlos había dicho que iría al baño, así que fue sin saber que Wes se pondría de pie listo para tomar la atención de todos.
Con una cuchara y una copa llamó la atención de los invitados, los cuales guardaron silencio, la música se detuvo y a Wes le pasaron un micrófono, al parecer haría un discurso.
—Antes que nada, me gustaría agradecerles a todos por hacer tiempo para nosotros hoy, en verdad estoy muy feliz de tenerlos aquí, sé que tienen agendas ocupadas y bueno, después de invitarlos a mis otras bodas, deben de estar cansados de mí, pero prometo que esta es la buena —Todos los invitados rieron, inclusive la novia, luego Wes continuó hablando —Muchos sabrán que yo conocí a Addison en una cena en el club, pero lo que nunca he contado es como supe que quería pasar el resto de mi vida con ella.
>>En cuanto la vi, sola en la barra, supe que tenía que acercarme, y fue lo mejor que he hecho en toda mi vida. Addison no solo me rechazó pero también se burló de mí y mi intento barbárico por cortejarla, o al menos fue así como lo llamó —De nuevo, más risas —Pero yo soy un hombre necio, y la volví a buscar, esta vez me presenté como soy, un hombre de 50 años —La novia lo miró mal mientras de nuevo, había risas —Bueno 65, lleno de miedo porque a ella no le guste quien realmente soy.
>>Addison me dio otra oportunidad esa noche, a la cual estuvimos hablando todo el rato, nos dimos cuenta que no teníamos absolutamente nada en común, ella ama el sushi mientras que yo detesto el pescado, a ella le gusta dormir destapada mientras que yo duermo hasta con tres cobijas, no importa el calor que haga, los dados no estaban a nuestro favor, pero también entendimos que nada de eso importaba porque algo más fuerte nos unía —Addison estaba comenzando a llorar, pero no solo ella, Victoria también.
Y a lo lejos estaba un piloto que regresaba del baño, estaba poniendo atención al discurso, pero también a una rubia, que trataba de ocultar su llanto. Por un momento pensó en su pelea regresando de Mallorca y en cómo le había dicho cobarde en la veterinaria, pero Carlos y Victoria no eran Wes y Addison.
Wes continuó con su discurso haciendo que Carlos pusiera atención a sus palabras —Con Addison he descubierto todo un mundo nuevo y algo que he aprendido, es el sacrificio, yo daría todo lo que tengo por ver esa sonrisa tan maravillosa que tiene por solo unos segundos. No me importa nada además de su felicidad.
>>Y Addison, esto es específicamente para ti y te lo digo frente a todos para que sean nuestros testigos —Wes, aún de pie, se giró hacia donde estaba su esposa —Quiero que sepas que pasaré el resto de mi vida buscando formas de hacerte feliz, no importa cuantas veces tenga que comer sushi o me avientes las cobijas, porque yo renunciaré a todos mis caprichos por ti, por verte sonreír y por hacer tu vida la más gratificante.
Yo renunciaré a todos mis caprichos por ti...
La frase de Wes resonaba en la mente de Carlos, porque era algo que el madrileño había pensado, no escuchó más cuando se adentró en un recuerdo que había sido decisivo para su relación con Victoria.
Había sido durante la carrera de Austria, Victoria había regresado a Madrid por su descanso de la gira, mientras que mi padre había decidido visitarme ese fin de semana.
Me gustaba que mi padre me visitara, porque siempre podíamos encontrar un momento para hablar, ya sea de cosas sin sentido o de cosas que ambos tenemos problemas y necesitamos hablar con alguien, cosas importantes.
Esta vez había algo que no me dejaba de molestar, y tenía nombre y apellido.
—¿Qué opinas de Victoria? —Le pregunto a mi padre con precaución, no quiero que comience con un sermón.
—Me agrada, nunca lo he negado —Los dos estamos sentados en una mesa sin poder dormir por los nervios de la carrera, sé que para estos momentos debería de controlarlos, pero a veces la emoción me gana.
—¿Pero?
—Pero nada, solo me agrada —Mi padre se alza de hombros como si dijera lo más normal del mundo —Es una gran chica y lo poco que he hablado con ella ha sido bueno.
—¿Solamente así?
—¿Por qué me preguntas qué pienso sobre ella?
—Nada más —Miento pero sé que mi padre me descubrirá en menos de dos segundos.
Él se ha dado cuenta y respira profundamente, como cuando te preparas para darle una mala noticia a alguien.
—Me agrada, creo que es una gran joven, trabajadora y muy graciosa —Hace una pausa sin apartar su vista de mí —Te gusta, ¿no es así?
Quiero negarlo, porque aceptarlo frente a mi padre me hace más difícil esconderlo.
—Algo así, sí, me gusta mucho. Más de lo que esperaba y creéme que no ha sido a propósito.
Veo a mi padre asentir, como si estuviera midiendo sus siguientes palabras.
—Es diferente a cualquier chica con la que has salido.
—Lo sé.
—¿Es por eso que te gusta?
—No.
—Creí que querías regresar con Isa.
—Ese era el plan.
—Ya veo
De nuevo, mi padre ve al horizonte, parece que está pensando que decirme, está claro que lo que le he dicho lo ha sorprendido, la cosa es si es para bien o para mal.
—Solo quiero saber, ¿crees que Vic pueda con la familia? No se me olvida lo que le dijiste a mis hermanas cuando te dijeron que iban a casarse, que no solo se casarían con el hombre al que aman, que en parte se casan con su familia y viceversa.
—Victoria no conoce lo que es una familia como la nuestra.
—Lo sé.
—No ve a su madre y no habla mucho con ella, no creo que esté acostumbrada a nosotros.
—Lo sé —Debí de haberme quedado callado, porque no me gusta para donde está yendo esta conversación y aún así, me aventuro a hacer otra pregunta —¿A mamá le agrada?
Mi padre se queda callado y ya sé la respuesta.
—Como mujer y como persona le agrada mucho, como tu mujer y tu compañera de vida... no lo sé, creo que parte de ella espera que regreses con Isa.
—Entonces la detesta —En ese momento mi padre se ríe y me confunde por completo.
—Oh no, entendiste todo mal. Tu madre adora a Victoria, ama lo ambiciosa que es, ama que no se queda callada nunca y lo energética que es, a mi me gusta lo competitiva que es, siempre te está retando y lo aprecio, creo que es algo bueno.
>>Pero, tu madre y yo pensamos que es muy joven, apenas tiene 22 años y está aprendiendo muchas cosas... No sabemos si a la larga ella y tú puedan funcionar. Además, estás más cerca de 30 años Carlos y ella comenzando sus 20's. Tu madre y yo queremos verte establecido con una buena mujer, nunca lo hemos ocultado. Tus hermanas se casan el siguiente año...
Sé lo que quiere decir "Tus hermanas se casan el siguiente año y parece ser que tú no tienes idea de lo que estás haciendo con tu vida."
Ignoro el comentario y continúo hablando de Victoria.
—Somos muy diferentes —Le digo a mi padre y asiente, se ha dado cuenta.
—Así es.
—Nunca podemos ponernos de acuerdo en nada y aún así, tengo la fuerte necesidad de cuidarla.
—¿Cuidarla?
—Cuando investigué sobre ella, antes de que todo este contrato comenzara, descubrí que en su juventud tuvo problemas con la comida, cuando la conocí Victoria podía pasar días sin comer.
—¿Alguna razón en específico?
—Depresión, por toda la situación con Rogelio.
—Está yendo a terapia ¿no es así? —Asiento —Al menos lo intenta.
Y entonces, exploto, porque intentarlo no es suficiente para mí.
—¡Pero no quiero que lo intente! Quiero que ella sea feliz y no quiero preocuparme por ella en caso de que peleemos deje de comer. Siento que camino sobre cristal cuando estoy con ella solo para no lastimarla.
—¿A eso le tienes miedo?
—Tengo miedo de que si llegamos a terminar, porque sé que lo haremos, ella se caerá como lo hizo por Rogelio y me estresa porque odiaría que ella tenga que pasar por eso de nuevo y que sea yo quien lo ocasioné.
—Carlos, la depresión no se cura solo así y lo sabes. Ella lo intenta y puedes verlo y aunque no la conozco tanto como tú, creo que la estás juzgando muy fuerte.
Pero mi padre no entiende que él es la razón por la que yo la juzgo de esa manera.
Cuando conocí a Isa yo fui preparándola para mi familia, Isa no solo me volvía loco de formas que me encantaban, si no que era perfecta para los Sainz o lo que mis padres siempre me han dicho que busque en una mujer:
Alguien sencilla que me guste y que me entienda.
Pero Victoria, Victoria es todo lo contrario y yo tengo que ser el primer filtro.
Suena estúpido pero así es como funcionan las familias como las mías, yo tengo que asegurarme que Victoria sea una buena mujer a la que pueda presentarles a todos, y si yo no la juzgo de la forma en la que lo hago, sé que mi familia se encargará de seleccionar cada pequeño detalle que no les guste sobre ella y me lo harán saber y la harán sentir mal a ella y no puedo hacerla pasar por eso, no a Victoria.
"Oh, tu novia va a terapia" Mala mirada porque pensarán que está loca, y no lo está.
"Oh Carlos, tu novia fuma" Cara de asco porque nadie fuma en la familia, excepto la Tía Ruth, pero ella es la oveja negra de la familia y nadie se le acerca y yo no quiero que traten así a Vic.
"Carlos tu novia trabaja mucho, nunca la ves" Mala mirada porque no será la ama de casa perfecta.
"¡Dios! Escucha como habla ¿acaso no tiene modales?" Vic puede ser muy mal hablada y yo igual pero a ella la verán mal porque ella es una "señorita".
"Carlos habla con la boca abierta" Yo sé que lo hace de broma para molestarme.
"¿Es bi- que? Homosexual querrás decir" No me molesta, no me molesta porque ella me eligió a mí entre todos los demás.
A mí nunca me había molestado el estilo de vida de Victoria hasta que comencé a considerar una relación seria con ella, en cuanto comencé a pensar en un futuro con ella, fue como si cada error que ella tuviera se potencializara a mis ojos porque sé que para mi familia así será y yo no quiero alejarme de ellos.
Victoria me ha confesado que quiere una familia y no quiero que mi familia la maltrate, mucha gente en su vida se ha aprovechado de ella y quiero que Victoria tenga una vida plena y feliz y si tengo que renunciar a ella para que lo logré lo haré.
Si tengo que sacrificar mis sentimientos por verla feliz lo haré.
Amo a mi familia, pero yo he vivido toda la vida con ellos y yo sé como son, no la voy a exponer a ellos, porque al final del día, no importa lo que la gente me diga, yo buscaré cuidarla.
—Tienes razón, ella lo intenta pero no es suficiente —Le digo a mi padre después de un rato —Es joven y estoy seguro que encontrará a alguien mejor que yo.
Noto que mi padre quiere decirme algo, pero no lo hace.
—¿Sabes? Creo que el plan de recuperar a Isa sigue en pie, ella es la mejor ¿no? —Le digo a mi padre, porque sé que en el fondo es lo que quiere escuchar, quiere escuchar como pienso en un futuro para mí.
—¿La mejor opción? —Mi padre pregunta en forma de burla.
—Meh, todo mundo sabía que eventualmente le pediría matrimonio y la amo —Es cierto.
La gente no entiende lo que siento por ella, nunca lo han entendido.
—¿En verdad lo haces?
—Sí, mis sentimientos por Victoria son complicados, pero nunca han sido así los de Isa.
Con Isa tenemos esta relación que funciona, lo ha hecho por seis años y puedo verme con ella el resto de mi vida, nos da risa las mismas cosas, nos gustan las mismas películas, y peleamos como cualquier pareja pero es normal. El sexo es excelente.
Y la cereza en el pastel, mi familia la adora.
—Deberías invitar a Victoria a Mallorca —Mi padre no habla sobre Isa.
—¿Tú crees? —Pero yo no estoy seguro que sea la mejor opción, sé porqué lo dice mi padre.
Invitar a Vic a Mallorca es meterla a la boca del lobo, es hacerle un examen para el que ella no sabe que tomará y no estudiará, es ponerla bajó la lupa y esperar a que se equivoque, y lo hará y todo será horrible.
Mi familia va a diseccionarla como una rana en un laboratorio y cuando terminen con ella y descubran que no al final del día no les agrada, van a tirarla a la basura y yo no quiero eso para Victoria.
—No lo sé —Me rasco la nuca nervioso —Tal vez tenga planes para sus vacaciones.
—¿Planes? Tonterías, podría marcarle tu madre para hablar con ella.
Por favor padre, no me hagas llevarla, no me hagas entregárselas como juguete de pruebas.
—Déjame preguntarle —Le suelto por fin, porque sé que no va a rendirse, y sé que en este momento ya no hay opción, Victoria va a ser invitada a Mallorca, ya sea por mí o por mis padres.
—A tu madre le gustaría verla y a tus hermanas también, además, no creo que quieras que esté sola.
Se mete como serpiente en mis pensamientos, porque no, no quiero dejarla sola en Madrid.
"Yo podría quedarme con ella en Madrid."
Pero la verdad es que no quiero eso, porque quiero ver a mi familia y esto es justo lo que quiero evitar.
No quiero tener que elegir entre Victoria y mi familia, porque sé que si pasó más tiempo con ella, al final la elegiría a ella y lo último que quiero es alejarme de ellos, no cuando ya supe como se siente eso.
Porque en mi mente funciona así, yo me alejo de mi familia por Victoria, y ella y yo hacemos que la relación funcione unos años, a lo mucho, dos o tres y luego, algo nos hará pelear, tal vez sean cosas pequeñas como lo mucho que detesto que siempre llegue tarde o que fume en la casa, que deje las cosas fuera de lugar o sus pequeñas mentiras.
Y cada pequeña disputa nos harán comenzar a odiarnos y somos tan diferentes que cualquier cosa que ella o yo haga lo detestamos y cuando terminemos, porque de verdad estoy seguro de que sucederá, me habré alejado de mi familia lo suficiente como para haberme convertido en una paría para ellos.
Y luego, terminando de recordar eso, el madrileño regresó a la boda, donde se encontró con un amigo de Wes contando una anécdota completamente vergonzosa, mientras todos reían.
Pero Carlos no podía dejar de pensar en Victoria, Addison y Wes.
La pareja de recién casados ya había vivido su vida, habían conocido todo un mundo y cumplido sus metas por separado, las metas y Carlos y Victorias apenas las estaban consiguiendo, la familia de Carlos tenía razón, él necesitaba a una buena mujer que entendiera que su trabajo era complicado e Isa le ofrecía eso, además, había estado con ella por más de 6 años sin problemas, no los tiraría a la basura, por un enamoramiento fugaz.
Y Victoria, bueno, ella era una mujer llena de talento y propósitos y tan joven, tenía toda una vida por delante, Carlos no podía detenerla y no quería hacerla una esposa tan joven sucumbiendo a lo que sus padres esperaban de él. Era lo malo de su diferencia de edad.
Lo que ella no se daba cuenta era que al renunciar a ella, Carlos le estaba dando el mejor regalo que él podía. Ella seguiría con su vida y encontraría a alguien que la entendiera y aceptara su forma de vida y bueno, Carlos podría verla triunfar y eso sería suficiente para él, podría vivir con eso, siempre y cuando Victoria fuera feliz y lograra todo lo que ella quisiera.
Wes usó las palabras "Yo renunciaré a todos mis caprichos por ti" y lo cierto es, que Victoria Ellis es su capricho.
Carlos esa noche renunciaba a Victoria, solo para hacerla feliz.
—Bueno, ahora que les contaron esa horrible historia de cómo le propuse matrimonio a Addi, me gustaría invitar a mi esposa a la pista de baile —Wes extendió su mano y ayudó a Addison a ponerse de pie. Lucía tomó el micrófono y dijo:
—Con ustedes, el primer baile de los recién casados —La pareja caminó hasta la pista de baile —Interpretado por Victoria Ellis.
Las luces habían cambiado a azules con morado, hacían ver a la pareja como en un cuento de hadas. Y entonces, desde un pequeño escenario, un reflector alumbró un piano de cola listo para ser usado por Victoria.
—¿Amor? —Addison volteó a ver a su esposo con lágrimas en los ojos.
—Tu hija y yo, te tenemos esta sorpresa —Wes tomó a su novia por la cintura mientras volteaban a ver a la cantante.
Ya le habían puesto un micrófono y con la mano los saludó antes de comenzar.
—Es un verdadero honor ser quien los acompañará en su primer baile —Victoria habló al micrófono y comenzó a tocar la canción que Wes le había enseñado.
Era "She" de Elvis Costello.
She may be the face I can't forget
A trace of pleasure or regret
May be my treasure or the price I have to pay
She may be the song that summer sings
May be the chill that autumn brings
May be a hundred different things
Within the measure of a day
Victoria había escuchado con atención cada palabra de la canción y también cada palabra de Wes de porqué esta canción era para su madre.
Según Wes, la canción resumía todo lo que él sentía por su madre, si es que eso era posible.
Victoria tenía la vista perfecta desde donde estaba, podía ver a los novios dar vueltas en un perfecto vals sacado de cuento de hadas. Vic estaba observando el primer baile, la pareja bailaba excelente, Wes había crecido en la alta sociedad, era obvio que él sabría bailar.
Ambos parecían ensimismados en el otro, sus ojos no se separaban, Victoria nunca había visto a su madre así de enamorada. Ella no recordaba cómo había sido su relación con su padre, pero si algo tenía claro, es que su madre nunca había sido tan feliz como en los brazos de Wes.
She may be the reason I survive
The why and wherefore I'm alive
The one I'll care for through the rough and ready years
Me, I'll take her laughter and her tears
And make them all my souvenirs
For where she goes I've got to be
The meaning of my life is
She, she
Oh, she
La canción estaba por terminar, Victoria había disfrutado tocarla y cantarla, hacía mucho que no se sentía así tocando en un lugar tan privado. Tal vez el ambiente romántico y el buen humor de los novios la estaban contagiando.
Victoria en cuanto terminó de cantar, tocó unas cuantas notas más para darles tiempo a la pareja de detenerse. Wes soltó a su madre, no sin antes darle un beso y sonreírle.
Victoria volvió a sentir un nudo en su estómago, porque veía a su madre y veía a Wes y era lo que ella quería.
Quería que alguien la viera de la misma forma en la que Wes veía a su madre, que hablara de ella como Wes hablaba de Addison, frente a ella o no.
Addison soltó a su marido y fue hasta donde estaba su hija para tomarla en un abrazo apretándola más de lo que le gustaría y diciendo en su oído —Acabas de darme el mejor regalo de todos, mi amor.
—Espero te haya gustado, fue idea de Wes —Vic sonrió y se separó de su madre.
Addison tomó la mano de Victoria obligándola a ponerse de pie y atrayéndola a la pista, todos los invitados aplaudieron con fuerza, Wes silbó con sus dedos dentro de sus labios y el sonrojo de la cantante no podía ser mayor.
Luego, la novia tomó el micrófono y comenzó a hablar, Victoria, quien no pudo huir, regresó a su banco en el piano.
—Es momento de que yo también diga algunas palabras —Vale, ahora venía el discurso de la novia —Antes que nada, mi amor, mi niña, gracias por este regalo. Es lo mejor que he recibido.
Victoria asintió desde su lugar, a lo lejos veía a Wes, quien le guiñó un ojo triunfante, ella solo rodó los ojos divertida.
—Cuando me separé de mi primer pareja, salí con varios prospectos para nada agradables, todos peor que el anterior —Addison comenzó a hablar hacia sus invitados y unas risitas tímidas se escucharon —Después de un tiempo y de algunos corazones rotos, decidí que el amor no era para mí.
Victoria no pudo evitar voltear a ver a Carlos, fue casi por instinto.
—Siempre creía que pasaría el resto de mis días sola, me había hecho a la idea de que esta enorme casa sería mi fortaleza y entonces... Una noche, el universo decidió poner a Wes en mi vida —Addison volteó a ver a su marido con lágrimas en los ojos y una sonrisa —Justo cuando me había rendido, justo cuando me había hecho a la idea de que no había nadie para mí en este mundo apareciste frente a mí. Te convertiste en mi pilar, en mi sostén, en mi ancla. Me recordaste que cuando los vientos tormentosos de la vida soplan y el mar embravecido nos ataca, lo mejor que podemos hacer es apoyarnos de algo sólido, estable y verdadero.
Y las palabras de su madre trajeron a Victoria un recuerdo de una plática con Reyes
Estabamos en la cocina y yo solo podía pensar que quería regresar a la casa de Madrid, estar tanto tiempo con la familia de Carlos me había comenzado a afectar, solo quería estar encerrada y fumar en mi cuarto, pero sabía que no podría hacerlo.
—¿Un ancla? —Jamás en toda mi vida había escuchado a alguien usar un término semejante para describir a su pareja.
—Alguien que te ayude a aterrizar, a estabilizarse, alguien que te de una firmeza en un mar lleno de caos —Asiento porque poco a poco estoy captando el concepto de Reyes.
—También pueden ser contraproducentes, ¿no crees? ¿Qué pasará cuando el "ancla" de Carlos no lo deje avanzar? —Tenía que defenderme de Reyes, porque sabía que Reyes tenía razón.
Yo no era un ancla y nunca lo sería.
—Es por eso que Carlos deberá decidir bien qué es lo que quiere —Reyes me miraba con compasión, pero seguía sin agradarme odiaba todo esto porque me dolía que todo lo que ella me comentaba era un puñados de mis inseguridades.
En el fondo sabía que ella no buscaba dañarme, yo era el problema. Ella solo buscaba lo mejor para su hijo.
—Carlos, al igual que su padre, tienen un trabajo sumamente estresante y tú también. Son dos personas que básicamente cada momento de sus vidas están planeadas. Dime, ¿qué pasará cuando el trabajo de Carlos vaya primero? ¿O tu trabajo?
—No lo sé —Mentí, pero era un tema que de verdad no me dejaba dormir por las noches.
Reyes me toma la mano y me lanza una mirada llena de lástima, puta madre, más vale que no me vea llorar o tomo el primer vuelo a Madrid y nadie vuelve a verme nunca en la vida.
—Esto aplica para Carlos, él necesita a alguien tranquilo que entienda las dificultades de su trabajo. Yo fui lo que Carlos necesitaba en su momento y míranos ahora, ya llegamos a los 30 años de casados —Reyes suspiró, podía ver que era un tema complicado —Esto también aplica para ti, tú también necesitas un ancla.
—¿En serio crees eso? —Por primera vez pregunté con curiosidad.
La vi a los ojos porque esperaba ver burla o un toque de mentira en ellos para que yo le creyera y me alejara de su hijo, pero al verla puedo ver que no está mintiendo.
—Gente como tú y Carlos necesitan gente que esté dispuesta a estar tras bambalinas para que ustedes estén frente al reflector y hasta donde sé, el reflector solo es para una persona, no tardarán en entender que a lo mejor les será más difícil compartirlo.
Y ahora, no solo Reyes hablaba de anclas, su madre lo estaba mencionando en su discurso y Victoria solo podía pensar que tal vez ambas tenían razón.
Porque ella podía quejarse mucho de Rogelio y lo mal que la pasó al final de la relación, pero lo cierto que todas esas noches donde se escabulleron de las cámaras, las veces que los fans no le pedían autógrafos o fotos habían sido increíbles para ella.
Tal vez no era una idea descabellada buscar a alguien que cumpliera con la descripción de ancla y mientras Victoria pensaba en lo que consistía ser un ancla, decidió poner atención al resto del discurso de Addison.
>>Wes, eres la persona que pasé buscando toda mi vida y cuando llegaste a ella ni siquiera lo vi venir. Yo no esperaba por ti, no sabía que llegarías. Cuando entraste en mi vida ni siquiera sabía que eras tú, porque ¡No sabía que había un tú! Nunca fuiste un propósito, o un pendiente, ni siquiera una expectativa. Fuiste una sorpresa, un sueño y una aventura. Eres el comienzo de una historia que nunca pensé tener y estoy emocionada por pasar el resto de mi vida a tu lado.
Y así, mientras Victoria escuchaba a su madre declarar el inicio de su relación con un quebranto en su voz, tuvo una revelación que le llegó como un rayo; debía darle fin a la suya.
¿Cómo palabras tan hermosas podían llevarla a tomar esa decisión tan opuesta? Ni ella sabía.
Lo que sí tenía claro era que quería pasar el resto de su vida con alguien. Lo anhelaba. Y estaba claro que en su situación no lo encontraría.
Tenía que dejar a Carlos ir de verdad. Tenía que soltarlo para bien.
Él había tomado su decisión y ella no podía esperar a que el madrileño despertara un día y quisiera pasar su vida con ella. No si quería tener la familia que siempre había soñado.
Victoria había estado mintiéndose todo este tiempo, fingiendo que lo había dejado libre, cuando no era cierto. Esta noche lo era, esta noche era el fin de sus esperanzas porque Carlos abriera los ojos y decidiera que ambos tenían un futuro juntos. Decidió apostar por su propia felicidad antes que cualquier cosa.
Carlos Sainz solo sería un amigo y ella estaba lista para avanzar.
Para encontrar a su ancla, porque si Addison y Wes pudieron encontrarse, y Reyes y Carlos pudieron tener un matrimonio de más de 30 años, Victoria estaba segura de que encontraría a alguien para ella; que la aceptara con todo su equipaje, con Bodoque, con sus malos hábitos que buscaba cambiar, con su trabajo y la carga que este ponía sobre ella y sobre sus novios. Que la quisiera por todo lo que ella era, y la dejaría brillar sin hacerla sentir menos. Alguien que la eligiera. Que hiciera el amor ligero y no doloroso, como últimamente había probado ser.
Por primera vez se elegiría a ella.
La cantante se puso de pie y en cuanto comenzó a caminar se sintió ligera, como haberse quitado un peso de encima, sabía que sus sentimientos por Carlos no se irían automáticamente, pero estar dispuesta a dejarlo ir para bien le habían dado una nueva energía y una nueva perspectiva.
Fue hasta la mesa donde Carlos y Lucía esperaban por ella.
—Chicos —La cantante los saludó con una sonrisa en el rostro.
—¿En serio? ¿Cantaste en una fiesta privada? —Lucía preguntó con una sonrisa en su cara —No me lo esperaba.
Carlos no comentó nada porque recordó la vez que sus hermanas la habían obligado y nuevamente la culpa comenzó a apoderarse de él.
—Wes puede ser muy convincente —Vic vio como la música comenzaba de nuevo y varias parejas caminaban hacia la pista de baile donde los novios ya se encontraban bailando de nuevo.
Vic tomó su copa y se la terminó de un trago solo para servirse más.
—Tranquila, vaquera.
—Lo siento, sigo algo nerviosa —Victoria comentó entre risas, por alguna razón presentarse en fiesta privadas le afectaba más que los enormes escenarios.
Carlos y Lucía rieron mientras la acompañaban con un trago.
—Señorita, ¿me permite? —Sin que ellos se dieran cuenta, un hombre llegó hasta ellos pidiéndole a Lucía permiso para bailar.
La castaña aceptó y se excusó con las estrellitas, no sin antes amenazarlos —Más les vale que no hagan estupideces.
Y sin esperar su respuesta, se fue de ahí directo a la pista de baile.
Nuevamente, los recién casados llamaron a sus amigos para que los acompañaran a la pista. Victoria no iba a pedirle a Carlos que bailara con ella, sabía que solo lo hacía cuando había cámaras presentes o ella se embriaga con Charles y quería alejarlos.
Y entonces, mientras ella se servía más alcohol, Carlos extendió la mano hacia ella.
—¿Quieres bailar? —Esa acción la tomó por sorpresa.
—No tienes que hacerlo —Vic respondió con una sonrisa mientras se tomaba su trago.
—Lo sé, pero es la boda de tu madre. Mereces bailar y mereces que te vean bailar —Carlos seguía con la mano extendida —Vamos, no me dejes con la mano así, preciosa.
Victoria no podía decirle que no, menos con su nuevo corte, ese traje hecho a la medida, y sus ojos suplicantes. Sabía que había dicho que lo dejaría ir, pero un baile no le haría daño a nadie, además, ella amaba bailar. La rubia aceptó la mano del madrileño y dejó su copa en la mesa.
Tomaría este último baile como su despedida, pero por alguna razón no le dolía. Estaba feliz y ansiosa por lo que el futuro le deparaba.
Los dos llegaron a la pista de baile, la música era lenta, Lucía estaba ahí con su pareja, todo mundo estaba ahí.
—¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? —Vic preguntó mientras los dos se movían al ritmo de la música.
—No lo suficiente como para no bailar contigo —Carlos sonrió —Además, no te preocupes, estoy bien y listo para correr.
—No me sorprende —Ella rodó los ojos mientras él reía.
Carlos le dio una vuelta para después volver a colocar una mano en la cintura de la cantante, él ya se estaba acostumbrando a bailar, hasta eso, no le parecía tan malo, no como antes. La canción estaba terminando, pero ninguno tenía la intención de moverse, así que esperarían a la siguiente, pero en ese momento Wes se acercó a ellos.
—¿Puedo? —Wes preguntó, Vic asintió y Carlos tuvo que dejarla ir.
Al momento de separarse sintió un vacío en su cuerpo que decidió ignorar. Luego, divisó a Addison y fue con ella.
—Addison, ¿me permites? —La madre de Victoria sonrió coqueta.
—Creí que nunca me lo pedirías, guapo. —Y Carlos rió, porque cada vez que le hablaba se sorprendía al ver lo parecidas que eran ella y su hija. Más al escucharla llamarlo guapo.
Victoria estaba bailando con el nuevo esposo de su madre pero de reojo veía a Carlos con su madre.
—Victoria —Wes llamó su atención —Sé que no estabas muy segura de mí como esposo de tu madre, y sé que para ti todo esto fue muy repentino, pero quiero agradecerte por cómo has tomado todo esto. Lo has hecho mejor que los malcriados de mis hijos
Vic rió bajito.
—Siento mucho que no vinieran tus hijos, Wes —Ella sabía que los había corrido, pero en verdad esperaba verlos ahí, porque ella se había quedado después de esa horrible pelea con su madre.
—Uno de mis hijos si está aquí —Wes comentó haciéndola girar.
—¿Quién? —Victoria esperaba que fuera Janice, así podría terminar lo que había dejado pendiente, pero al escuchar reír a Wes supo que no se refería a ellos.
—Pues tú.
El hombre sintió como Victoria se tensó al escucharlo llamarla "su hija"
—Wes, no me conoces lo suficiente, ¿qué tal si soy mala persona?
—No me importa, he decidido adoptarte, solo si tu quieres —De nuevo, el hombre habló en forma de broma, aunque no del todo.
Victoria no dijo nada, estaba pensándolo.
—No espero que firmes papeles de adopción, ni que me llames papá o te cambies el apellido —Victoria se relajó al escuchar eso —Solo quiero que sepas que si necesitas algo, puedes recurrir a nosotros y que siempre tendrás una habitación en nuestra casa.
—En verdad lo aprecio, Wes —Vale, lo había soltado y había dicho algo lindo. Solo necesitaba más tiempo.
—Cuando perdí a mi primera esposa por el cáncer, creí que nunca me volvería a sentir así y aunque he mencionado que me he casado antes, nunca había sentido algo así, no desde ella —Victoria frunció el ceño, ella no sabía sobre su primera esposa, bueno, Wes le había comentado que había fallecido, pero no de cáncer —Tú madre es energía pura y la amo.
—Lo siento mucho, no sabía que tu esposa había fallecido de cáncer.
—¿Carlos no te dijo? —Ella negó, con qué esa sabandija sabía —Es un buen hombre.
—Sí, lo es —Los dos vieron a sus respectivas parejas bailar.
Addison estaba avergonzando a Carlos haciéndolo bailar de una forma extraña y Wes y Victoria trataban de no reír por la cara del madrileño.
—Ahora, ¿por qué no vamos a rescatar a su novio?, que parece que tu madre quiere hacerlo morir de la vergüenza.
Victoria caminó del brazo de su "padrastro" jamás lo llamaría así en voz alta, o al menos no por el momento y ambos llegaron frente a la pareja.
—Ma, ¿me regresas a Carlos? —Victoria habló haciendo que se detuvieran.
—Solo si tú me regresas a mi marido —Addison fue hasta su esposo y sonrió.
Victoria se puso a un lado de Carlos y la pareja de casados se fueron dejándolos solos de nuevo.
—¿Quieres sentarte? —La rubia preguntó, sabía que había sido suficiente para él.
—Sí por favor, además vi una fuente de chocolate y soy débil.
—Ja, creí que estabas en un régimen estricto de alimentación —Victoria se burló de él.
—Mientras no le digas a Rupert, todo estará bien —Ambos rieron y salieron de la pista para buscar esa fuente de chocolate.
Carlos y Victoria estaban comiendo fresas sin preocuparse si se manchaban o no, cuando la música se detuvo abruptamente.
—¿Me escuchan? ¿Todos me escuchan? —Addison comenzó a hablar por el micrófono —Sé que ya todos estamos muy viejos para esto y que la mayoría estamos casados, pero por favor, si me hacen el favor de todas las mujeres pasar a la pista. Me gustaría que me complacieran y me dejaran aventar el ramo.
Los invitados rieron un poco pero obedecieron, todos los hombres se habían hecho a un lado de la pista y las mujeres se colocaron en el centro.
—¡Victoria Ellis! —Su madre la llamó por el micrófono al ver que no estaba ahí. —Ven acá, que tú todavía cuentas como mujer soltera.
La rubia quiso morirse de la vergüenza y Carlos se burló de ella.
—Corre preciosa, que no quieres perderte esto —Dijo el madrileño mientras le robaba la fresa de las manos y se la metía a la boca.
Las dos estrellas caminaron hasta la pista de baile, Carlos se quedó a la orilla viendo como Victoria se ponía a un lado de Lucía.
—¿Qué haras si ganas el ramo? —Dijo Lucía a su cliente en forma de broma.
—Buscar esposo aquí, creo que todos los amigos de Wes son millonarios, a ver si no tiene 150 millones tirados por ahí —Las dos rieron —¿Tú?
—Igual, renunciar y hacer que me compre una isla solo para mí donde no tenga que estresarme por estrellas pop.
Addison se subió a una silla con ayuda de su marido, y contó hasta tres, el ramo salió volando y aunque la mayoría estaba casada, todas extendieron sus brazos para alcanzarlo, por respeto a la novia y por diversión.
La sorpresa fue cuando el ramo cayó en manos de la castaña que había quedado sin habla.
—Enhorabuena Lucía, ahí me invitas a tu isla privada —Victoria le dijo riendo a su agente mientras las demás mujeres la felicitaban.
Todas las mujeres se dispersaron, Addison felicitó a Lucía, ella y Victoria fueron hasta donde Carlos estaba.
—Felicidades Lucy, ahí me invitas a la boda —Le dijo eso el piloto.
—Es lo que yo dije —Victoria sonrió.
—Cállense, que yo no me quiero casar, no aún, no lo sé —Los tres rieron, Lucía se excusó mientras iba al baño.
—Pensé que te pelearías por el ramo —Carlos le comentó a la cantante.
—¿Yo? —Ella respondió extrañada.
—Sí bueno, como no te gusta perder, no sé, imaginaba que serías una de esas damas —El piloto se alzó de hombros.
—Que te digo, hoy no fue mi turno, pronto lo será, espero —Victoria respondió con una sonrisa, pronto, se dijo para ella.
—Ya lo creo —Carlos respondió de la misma forma y antes de que uno pudiera decir algo, los novios volvieron a hablar por el micrófono.
—¡Es hora de partir el pastel! —Dijeron al mismo tiempo y todos se acercaron, inclusive las estrellas.
El resto de la fiesta se la pasaron comiendo, riendo, emborrachándose, al final estaban tan ebrios que no podían ni subir las escaleras, decidieron dormir en la sala y mientras Victoria se quedaba dormida, se sintió tranquila porque había sobrevivido a una semana en casa de su madre.
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SI HAY EXTRA
Hello, ya quedó el capítulo de la semana y estoy muy feliz por entregarles esto y ya muero por escuchar sus pensamientos
Espero lo hayan disfrutado y nos vemos la siguiente semana
Los amo
Fer
Y si quieren ir a platicar más sobre el cap, nos vemos en el instagram
JavaddMadd
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