CAPÍTULO 76
—Justin ayúdame— Nate toma los hombros de Caleb y Justin va hacia los pies.
—¿Qué haces?
—Abre tu puerta Harriet— hago caso.
—La ducha. Vamos muévanse— Nate toma el control indicándonos que hacer. Sky corre por toallas mientras que yo paso a abrir el grifo de la bañera sin entender.
—Está inconsciente. ¿No es peligroso?— meterlo en la tina.
—No lo está. Abrió los ojos, puede ser un desmayo o quien sabe— levanta sus brazos y me señala. —No tiene marcas.
¿No se inyectó?
—Tenemos que despertarlo y saber que consumió o solo es un desmayo normal— Nate se mete en la tina y veo como rocía agua en su rostro.
Caleb abre los ojos apenas hacen contacto con su rostro, su cabello y ropa se humedecen rápidamente.
—¿Estás en una clase de bajada?— pregunta el castaño viendo como está despierto.—¿Éxtasis? ¿Cocaína? ¿Otra cosa?
Caleb lo observa confundido, puede que no sepa ni donde este. Me acerco, por un lado, intentando ayudar.
—Caleb, por favor responde.
Su cabello mojado caen casi sobre sus ojos rojos. Niega sin decir nada. Esta muy pálido y esos ojos son más que cansancio.
—¿Cuándo es la última vez que has comido?— Nate vuelve a cuestionar.
Caleb intenta alzarse, pero resbala cayendo de nuevo. Casi doy un grito porque puedo ver que se golpea la espalda. Siento un montón de emociones notando su dolor.
—Ellos quieren llamar a una ambulancia— le cuenta Nate. Caleb rápidamente lleva su cabello hacia atrás.
—Estoy bien— dice esta vez colocándose de pie. Nate sale de la ducha con parte de su ropa mojada. No obstante, Caleb solo da un pie afuera cuando tambalea.
La mano de Nate logra tomarlo del hombro para darle estabilidad.
—Se nota. Ahora responde— él no va a seguir insistiendo si se niega.
—Ayer— no ha comido en todo el día. —Por la mañana.
Abro los ojos por la información. Ha estado fumando y no ha comido nada. Me fijo en el rubio que se ha quedado en la puerta. Solo con verlo entiende lo que necesito. Sale con su teléfono, Sky ingresa dejando dos toallas.
—Pareces un perro mojado— gracias Skyler. Le doy una mirada reprobatoria. —Eh. Mejor traigo ropa seca.
—Ten— le entrego una toalla a Nate y otra a Caleb.
—Que tome asiento. Tiene que comer— me avisa secando sus brazos que han recibido algunas gotas. —Iré a ver que puede comer de tu cocina.
—Justin estará pidiendo algo también— le aviso viendo como sale por la puerta y cierra de ella.
Nos quedamos solos. Veo a Caleb. Es alto y odio sentirme pequeña por eso. Lo miro seriamente por el susto que me ha dado.
—Siéntate— le pido señalando el asiento del baño.
Caleb me hace caso y yo me coloco enfrente de él. Tomo la toalla pequeña que guardo en el baño, es una de cabello. Lo dejo caer sobre sus mechones negros. La muevo en forma circular, necesito quitarle esa humedad extra.
—Harriet...— finjo que no escucho.
Si se mantiene con la cabeza abajo no podrá ver lo que ha provocado en mí.
—Detente— su mano se cierra en mi muñeca izquierda. Ahí veo mi liga.
Una lágrima recorre mi mejilla. Caleb levanta la cabeza y me encuentra tal y como yo no quería que me vea. Su mirada lo dice todo, no se esperaba verme así.
—¿Cómo pudiste?— digo soltando un sollozo. —Me has dado el susto más grande de mi vida— no lo aguanto. Tengo que llorar de rabia, de miedo y de desesperación por él.
—Lo siento— susurra desde abajo. Me deshago de su agarre.
—Eres un idiota— le tiro la toalla en su cara. Caleb rápidamente se la quita para volver a verme.
—Perdón— ruega y estoy lista para dejarlo. Pedir que alguien más lo ayude cuando sus brazos se enroscan en mi cintura. Me atrae a su cuerpo. —Mi dispiace molto.
Doy un golpe a su espalda esperando que me suelte, pero solo logro darle uno porque la verdad es que no quiero hacerle daño.
—colpiscimi me lo merito
Aprieto los dientes pues quisiera gritar y decirle sí.
—Te odio— sollozo. —Te odio por cada lágrima que me has hecho soltar por ti. Te odio por hacerme tan vulnerable a ti.
Caleb alza su mentón para verme desde la altura de mi estómago. Su mentón se posiciona para lograr verme sin soltarme ni alejarme.
—No quería hacerte daño— esos ojos rojos se van aclarando poco a poco. Quisiera creerle, pero todo lo que me ha dicho me lo hace imposible. —He sido un ciego necio. Ella tenía razón.
¿Un ciego necio? ¿Alessia?
—Mi madre me dijo que yo tenía todo para ser feliz— escucho. —Yo le dije que no lo sería si ella ya no estaba. Entonces me llamo ciego y necio— me aleja un poco para verme mejor. —Lo entiendo Harriet. Tú tenías razón. No estoy solo. Tú eres esa pieza que no quería aceptar porque tengo miedo de hacerte daño.
¿Daño? Daño ya me ha hecho.
—No soporto verte llorar, no soporto verte herida— Caleb se coloca de pie y limpia mis lagrimas. —Pero sigo teniendo miedo en hacerte más daño del que ya te hice.
Quito su mano de mis mejillas. —¿Más daño?
Caleb deja caer sus brazos a sus lados. —Tengo una adicción que no voy a controlar.
—Porque no quieres.
—Y no puedo— no quiero escuchar esto ahora. —Pero te quiero conmigo. No quiero alejarme de ti nunca más— elevo los ojos con un poco de esperanza. —Eres más que una razón, loca. Tú eres mi felicidad.
Parpadeo. Si escuche bien o no.
—¿Felicidad?
Caleb sonríe, débilmente, pero lo hace. —La mia felicità. Sei tu, pazzo.
—¿Cómo lo sabes?— me es difícil sentirme tan importante para alguien. Y más para Caleb.
—Porque vivo por tus recuerdos.
Frunzo el ceño.
—Porque te amo— el aliento se me escapa. —Sé que no tienes por qué quererme después de lo que te hice pasar...
Mi cabeza ha dejado de escuchar y si mis oídos lo hacen no logro procesar nada después de las dos palabras que me ha dado al inicio.
—Prometiste que me olvidarías y me lo gane. Me acerqué a ti por un interés y luego de saber que ella ya no estaría. Sabía que tenía que soltarte y entender que no era el hombre para ti...
Habla tan rápido o son sus labios los que se mueven con tanta prisa. No estoy tan segura, pero yo no dejo de verlos moverse. Sus ojos parpadean a cada rato. No digo nada, no sé cómo ha vuelto, creí que lo había perdido, pero podría gritar ahora mismo.
—¿Por qué me ves así?— pregunta trayéndome de regreso.
—Porque eres un tonto.
Caleb sonríe de lado y toma ambas lados de mis mejillas.
—¿Pero aún puedo ser tu tonto?
Mis brazos se envuelven por su cuello antes de recibirlo, bajando hacia mis labios. Su respiración provoca cosquillas en mi rostro; sin embargo, nada quita la desesperación que ambos nos tenemos.
Sus labios hacen que al tocar los míos mi estómago se agite en mi interior, lo beso. Uno, dos y tres veces. Hasta que una sonrisa se apodera de mi rostro, tonta y sonrojada. Caleb está al igual que yo. Empapado, pálido pero sonriente. Una sonrisa completa y sincera.
—Perdón por tardar tanto en entenderlo. Debí ver que tú no serias como yo— recoge un mechón de mi cabello y lo coloca detrás de mi oreja. —Ahora sé que lo único que quiero, eres tú.
Siento que puedo morir aquí mismo. Morir de este sentimiento que embarga desde las puntas de mis pies hasta el último de mis cabellos. Estoy por darle otro beso.
—¡Oigan!— los toques en la puerta hace que miremos hacia un lado. Es Sky. —Si están en plena follada no me digan, pero ya llego la comida.
Mis mejillas se hacen rojas por su comentario. Caleb aprieta un dedo en mi zona rojiza. —Extrañe verte rojita.
—Cállate— golpeo su brazo. En ese momento veo como Caleb pierde fácilmente su equilibrio.
Lo tomo tan rápido del brazo para que no se vaya a un lado. Él se toma la cabeza, si tenía un poquito de energía creo que ya se le ha acabado.
—Apóyate en mí— Caleb lo hace y aunque sé que no me da todo el peso que podría ayudo que pueda caminar hasta salir por la puerta. Luego es Justin quien se acerca a dar apoyo, le indico que lo lleve a mi dormitorio para que se cambie. El mejor amigo de Nate ha traído prendas suyas, supongo que tenía algunas en el departamento de Sky.
—Eres silenciosa o...— Sky me señala, parte de mi blusa está húmeda pero no tanto. —¿Qué estuvieron haciendo? Par de traviesos.
—No digas nada— la fulmino. Nate está en la cocina tomando un vaso de agua.
Los pedidos están sobre la encimera, abro el paquete viendo como han pedido comida china. Huele bien, espero que le guste. Lo llevo a la mesa de centro. Sky ya está comiendo de su porción y acomodándose para ver algo en el televisor, conversa con su novio en el sillón largo. Así que tomo el individual.
La gran pantalla se enciende y aparece un canal de noticias, están pasando un reportaje sobre LiMo, las imágenes pasan y muestran a Lilian saliendo de algún aeropuerto. Es solo una grabación. No esperaba verla ahora.
—Cambia a la bruja—escucho a Sky.
Lo mejor es que no se aparezca por aquí por un largo tiempo. Lo digo por Sky.
—¿Cómo está?— pregunta Nate uniéndose al grupo. Él se queda de pie.
—Mejor— digo. —Gracias por ayudarlo. No tenías que hacerlo.
Nate alza los hombros y luego los hunde sin importancia. —Quiero creer que él hubiera hecho lo mismo por mí.
Abro la boca, pero alguien se me adelanta en responder. —Lo hubiera hecho.
Caleb aparece por el pasillo, creo que muestra más fuerza de la que tiene. Justin se para a ayudarlo, pero Caleb lo evita caminando solo. Yo me quedo de pie, no sé en qué momento también he querido acercarme. Caleb toma asiento en el otro individual que está al lado de mi antiguo lugar.
—Come un poco— Caleb me sonríe y coge el pedido del chifa.
—Gracias a todos— les dice a las personas que están en nuestro entorno antes de dar un bocado.
—No es nada amigo— Justin en el primero en mostrarle una sonrisa y acercarse con un puño cerrado. Caleb lo golpea. Sky le da un guiño desde la distancia. Y Nate solo alza el vaso de agua que trae en sus manos.
Sky y Justin vuelven al programa de televisión, un reality show, no voy a decir que sea para menores, pero ellos ahí se ríen como dos enamorados. Caleb voltea a verme cuando eso sucede.
—Grazie— sonrío.
Quiero tomar asiento y conversar con él, pero me es imposible cuando alguien más dice mi nombre.
—Harriet— Nate me llama desde la cocina. No sé cómo se ha movido allá, pero voy hacia él. Dejando que Caleb termine todas las cenas, almuerzos y desayuno que se ha podido perder.
—¿Qué pasa?— Nate deja el vaso limpio en su lugar.
—¿Estás segura de él?— pregunta en nuestro círculo de confidencialidad.
—¿A qué te refieres?
—Puedo ver que ha pasado algo. Quiero que estés segura, que es lo que quieres— frunzo el ceño. —Has visto como ha llegado...
—Lo sé. Y sabe que estuvo mal. Él no se encontraba bien porque su...— me silencio.
—¿Por su perdida verdad?— asiento. —Puedo comprender. Pero si se hunde no quiero que lo haga contigo.
—Nate. Sé cuidarme, créeme.
El castaño muestra una fina línea de seriedad en sus labios.
—Hablaré con él.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Solo quiero decirle algunas cosas.
—Nate— digo sin estar de acuerdo.
—¿Qué? Solo quiero que estés a salvo.
Cierro los ojos. Ya lo conozco. Nate sale de mi cocina y se acerca al grupo de amigos. Caleb casi ha terminado de devorar toda la comida.
—Hermano...— Justin ríe, pero su risa desaparece cuando le ve el rostro.
—Caleb— el pelinegro lo observa. —¿Podemos hablar cuando termines?
Mi mirada se intercala entre ambos. El castaño está muy serio y Caleb está normal. Sigue siendo él.
—Como gustes— genial.
Justin me mira como si intentara que explique que pasa. Nate pasa a mi habitación y yo me quedo clavada al piso, claro... porque yo le dije usa mi habitación no hay problema. ¿No?.
Caleb se limpia los labios con una servilleta y se levanta. Me acerco a él de prisa.
—Él quiere hablar contigo, pero...
—Lo sé. Era de esperar— toma mi hombro izquierdo. —No te preocupes.
Eso solo hace que me preocupe. ¿Es que nadie entiende que eso solo provoca lo contrario?
—Cubito de hielo. Creo que es hora de irnos— Justin apaga el televisor.
Sky se pone de pie y luego Justin. —No pueden irse— digo yo.
—Tus chicos están en tu habitación. Es mejor correr— dice mi amiga. Si, mi amiga.
—No lo tomes personal— gracias Justin. —Ya hicimos nuestro trabajo aquí.
La pareja sale de mi departamento para entrar a otro. Ahora me siento peor, no sé qué hacer. Me apoyo en la puerta de mi habitación intentando oír.
—Voy a perseguirte y matarte si la lastimas de nuevo—ese es Nate.
—Yo mismo me entregaré a ti si lo hago.
—No estoy bromeando Caleb— su voz se vuelve de advertencia. —Ella ya ha sufrido mucho. Si tú la haces sufrir una vez voy a hacer que lo pagues.
—Estoy al tanto ahora Archer— escucho pasos, pero no sé de quién.
—No estés seguro. Tú sabes lo que sufre ahora. Yo sé lo que ha sufrido casi toda su vida.
Silencio. Me desespera no escuchar nada.
—Sé que su vida no ha sido fácil. No soy alguien que quiera complicarla más. Aún me odio por lastimarla, pero créeme cuando te digo que lo que busco ahora es vivir. Y es por ella.
—No quiero que la metas en tus drogas.
—Es el mayor miedo que tengo. Y lo evitaré a toda costa.
—Si ella cae en esa mierda...
Frunzo el ceño. Nunca caería en eso. Nate está exagerando. Pero sé que es porque le importo y quiere mi bienestar.
—No lo hará.
—Pero si lo hace— eleva su voz. —¿Sabes que habrás arruinado su vida?
Cierro los ojos. Esperando esa respuesta. —Sí.
—Espero seas alguien consciente Lodge.
—Lo soy— puedo imaginar a cada uno viéndose fijamente. —Gracias por no llevarme al hospital.
Una sonrisa pequeña aparece en mi rostro.
—No vi marcas en tus brazos. Te hubiera llevado a rehabilitación si hubiera encontrado una sola.
Mi sonrisa desaparece.
—Ella te importa tanto como me importa a mí.
—Quiero creer eso.
—¿Sabes que está escuchando detrás de la puerta, verdad?
¡Caleb!
190422
Si el amor es sincero, vencerá.
No se confundan. Hay clavos sueltos.
Próximo capítulo: Solo hay una luna. Y solo hay una Harriet Moore.
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