CAPÍTULO 72
—Te confundiste de edificio, barbie de plástico— Sky se muestra desde arriba de mi hombro izquierdo.
Amber se limpia los ojos que están a punto de bañar sus mejillas de lágrimas.
—¿Qué paso?— pregunto haciéndome a un lado para que ingrese.
Sky no dice nada pero nos sigue con su mirada de detective, cruzada de brazos.
—Siéntate— acerco un sillón individual para sentarme delante de ella. —¿Quieres agua?
—No...— dice mirando a Sky. Yo tampoco hablaría si ella me mirara como si esperara que sacara un puñal en cualquier momento.
—Sky— llamo su atención.
Mi amiga dobla el cuello casi por obligación. Eleva las palmas. —Esperaré en tu habitación.
No le agrada. No he sido la única persona que ha tenido problema con Amber o Katherine. En el primer año, Amber le corto el cabello a Sky, un acto infantil, pero no para Sky.
—¿Has visto a Caleb?— pregunta cuando Sky ha salido de la sala.
—No— ¿Ha venido buscando a Caleb?.
—No está en su departamento, lo he buscado y esperado algunas horas— frunzo el ceño.
Bien. Sé que Caleb puede estar en el hospital, pero creo que no se lo ha dicho a Amber.
—¿Has hablado con Devi? La mujer del...
—Sí. Pero no lo ha visto en dos días— abro los ojos. —Aviso que no podía trabajar, pero no le dijo el porqué.
Caleb se fue de aquí y estaba cansado. Es fin de semana, tal vez fue a pasar tiempo con Alessia. O ella tuvo algún problema... No, ella estaba bien. Su recuperación está muy bien como dijo el doctor.
—¿Qué necesitas?— no puedo ayudarla si se trata de él.
—No sé. Solo necesitaba hablar con alguien y él era quien me escuchaba...
Caleb escuchando. Claro que sí.
—Si quieres puedes hablar conmigo.
Amber juega con sus uñas largas, van pintadas de rosa pálido. Es un bonito color.
—Mi casa es un caos. Mis padres y Kate— y yo que soy experta en familias caóticas.
—¿Les sucedió algo?— niega.
—Tengo problemas para dormir, el psicólogo dijo que era normal. Que mi mente dejaría de crear sucesos y dejaré de despertar gritando— no me mira y creo que es porque no es capaz de hacerlo. —Mis padres están cansados de oírme y Kate no deja de culparme— recuerdo el día que las escuche.
Observo sus manos unidas, hay un charco entre sus dedos. Es una lágrima.
—Oye— intento que me observe pero no me deja. —No es tu culpa...
—Es que no me paso nada y ella dice que dramatizo todo.
—Pero ella no sabe lo que pasaste. No puede entenderte.
—Ni siquiera lo intenta. Yo recuerdo... que estaba en la habitación y la risa de alguien, sentí sus manos, pero no podía alejarlo. Intento desvestirme, pero alguien entro. Luego te recuerdo a ti, Nate dándome agua y a ese otro tipo.
No estaba enterada de eso.
—He intentado borrarlo de mi mente, pero no puedo. Y en mis sueños nadie entra a la habitación— se me cierra la garganta cuando la tengo mirándome. Su rostro se ha empapado en lágrimas. Tomo pañuelos de la mesa del centro y se lo acerco.
—¿Tus padres lo saben?— niega.
—Katherine ha decidido no decirles. Dice que es inútil porque no me paso nada.
—¿No saben que vas al psicólogo?
—Apenas llegan a dormir. No están cuando despierto y no tengo idea de la hora en que llegan.
—¿Y así lo buscaste?— frunce el ceño. —Al chico. Me dijiste que lo buscaste en el partido.
—Sí. Creí que serviría de algo, pero no. Solo logré crearme más escenarios en mi cabeza y me dijo algo que no pude creer hasta hoy.
—¿Qué te dijo?
—¿Puedo confiar en ti?— me toma por sorpresa.
—Sí. Puedes confiar en que no tengo nada en contra de ti.
—Gracias. Dijo que el chico, quien le dijo que lo hiciera estaba con una rubia— mis labios se separan por la sorpresa. Ella me mira y asiente. Entonces prosigue. —Pero había tantas rubias en la fiesta. Así que nunca imagine que... fuera mi hermana.
—¿Qué dices?
—Ella y no sé quién más planifico todo.
—Espera...— me levanto para procesar mejor.
¿Katherine Collins? Hizo que drogaran a su hermana menor como parte de un juego o algo así. ¿Por qué?.
—Estás diciendo que tu propia hermana...
—¡No puedo creerlo!— exclama Sky apareciendo en la sala. Amber se levanta casi de inmediato. —Lo siento, me aburrí sin mi teléfono— apunta hacia la encimera y luego me mira. —Y sabes que me encanta el chisme.
—Amber— me preocupa que se moleste de la interrupción de mi amiga.
La menor de las Collins me mira y asiente aclarando que todo va bien. Suspiro y paso a ver a Sky, una mirada que pueda entender.
—Oye, no me agradas pero lamento lo que te sucedió— Sky hace su primer ofrecimiento de paz.
—Tú me trajiste a tu departamento. Nunca te lo agradecí, pero... gracias— le dice ella.
Sky asiente y luego aplaude una sola vez. —Tenemos que destruir a esa chica.
Me opongo. —No podemos hacer eso. Está embarazada y Nate de verdad está enfocado con ella.
—Sobre eso— ambas volteamos a verla. —Mi madre nos hace tomar anticonceptivos desde los 15. No sé cómo pudo olvidarse de tomar alguno. Es muy sospechoso.
Sky abre tanto los ojos que temo que se le salgan. No es para menos estoy casi igual.
—Amber. Lo que estás diciendo es serio— aclaro.
—¿Es que no lo ves?— dice Sky con obviedad. —Si fue capaz de hacer eso a su hermana porque no al chico que no supera.
—¿Intentas decir que no está embarazada o que no fue un accidente?— apunto. —Son cosas diferentes.
—Si lo está no creo que fuera un accidente. Y también... algo me dice que planeo eso para acostarse con Nate.
Necesito minutos. No he pensado en todo lo de esa noche. Yo fui por Caleb, peleamos y Nate se acostó con Katherine. No, es que suena un poco retorcido todo ese plan. Katherine no pudo saber que nosotros terminaríamos o que yo iría detrás de Caleb. ¿O si?
—¿Y quién era el chico que estaba con ella?
—No sé— responde Amber.
—¿Pero estás segura que Katherine hizo que te drogaran?— hubo muchas rubias. Amber lo dijo.
—Me lo dijo en la cara esta mañana. Aunque dijo que solo era un juego, que sabía que no me iba a pasar nada. Que dejara de exagerarlo y le viera lo... divertido.
—Esto parece un plan muy elaborado para ser de una Collins— fulmino a Sky. —Sin ofender— le dice a Amber.
—Creo que pudo creer que haría una broma, de alguna manera extraña, pero no creo que...
—Harriet te adoro, pero deja de pensar que todos son santos por favor— me pide Sky.
—Bueno. ¿Qué quieren hacer?
—Encararla— eleva el dedo. —Y luego de unas buenas...
—No— se niega su hermana. Menos mal. —Recuerda que está embarazada.
Sky rueda los ojos. —Entonces esperemos que nazca y luego... bien. Dejen de verme así.
—Aunque su embarazo no hubiera sido un accidente, ya está hecho. Nate quiere al niño— les recuerdo.
—Pero merece saberlo.
—¿Y como sabríamos que si fue planeado? No hay manera, a menos que ella misma lo dijera y dudo que haga eso— miro a Amber. —¿Te encuentras bien?
—Sí. Solo que no creí que pasara todo esto.
—Si te arrepientes de decirnos...
—No. Es que es difícil de creer que mi hermana haga eso— creo que había otro tema que ver.
—Tienes que decirlo Amber. Tus padres merecen saber por qué gritas por las noches, ellos tal vez pueden ayudarte a superar esto.
—Extraño nuestras reuniones familiares— susurra.
—A veces solo necesitas a la familia— puedo decirlo por nonna. Agradezco tenerla.
A veces los padres necesitan una llamada de alerta para recordar que siguen teniendo hijos, que los necesitan y requieren de atención. Amber los necesita ahora y espero la oigan.
—Pues yo creo que necesitas una botella de tequila— Amber mira a Sky y luego a mí. Todas rompemos en risas. Es que ella no puede ser más ocurrente.
(...)
La clase del Sr. Potter pasa volando, y Caleb nunca apareció. Cada minuto esperaba verlo pasar por la puerta con su pequeño cuaderno, pero nunca ocurrió. La clase se volvió pesada con el tiempo avanzando y mis nervios de verlo de nuevo se esfumaron al tocar el cambio de hora.
—Hey— Matt se me une en la salida. —¿Lista para los exámenes?.
—No— digo lamentando. Falta dos semanas, pero la que se viene son solo entregas de trabajos. Tengo mucho que ver. —¿Y tú?
—Se podría decir que me pasaré tardes en algún Starbucks.
—Buena opción. Te recomiendo un cold brew con caramelo salado — una buena dosis de cafeína para estudiar.
—Gracias, lo voy a tener en cuenta. ¿No quieres que estudiemos juntos?— volteo a verlo mientras seguimos caminando. —Disculpa. Puede que a tu novio le moleste.
—No...— no logro que evite disculparse. No quiero difundir sobre nosotros. —¿En un Starbucks?— asiente Matt. Suena bien. —Claro. Podemos estudiar.
—¡Oye Donovan!— grita uno de los chicos del equipo. Con un movimiento de brazo lo llama.
—Tengo que irme, pero te escribiré— muestro una sonrisa.
Hasta que frunzo mi ceño. ¿En qué momento le di mi número? Tendrá que pedírselo a Archie.
Salgo al aparcamiento. No sé si encontrare a Caleb en Fiore. Tampoco sé cómo actuar si lo hago, quizás lo cortés es necesario o la indiferencia es mejor ahora. Serán únicamente minutos, tomar mis cosas e irme. No debería ser difícil, pero subiendo al piso mi nerviosismo se siente.
—¡Hola!— Cassie me da un abrazo y puedo ver sobre su hombro como hay una reunión en la sala.
Reviso rápidamente quienes están, Richard y Susan, pero Caleb no. Puedo suspirar aunque sería peor encontrarlo en la oficina.
—Hola— digo intentando una sonrisa. —Cassie, ya no voy a trabajar aquí.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Ya no requiero la pasantía, ya lo acabé— miento en parte.
Cassie baja los hombros entristecida. —Y con quien voy a hablar ahora.
Sonrío— Aun esta Lara— bueno ella si está en la junta.
—Ella ya no se acerca tanto.
—¿Sabes por qué?
—No, pero se volvió rara desde su permiso— tendrá sus razones. La oficina era donde más estaba yo.
—Pregúntale— que mejor forma de averiguar algo. —¿Sabes si Caleb esta?
—No lo vi— eso es bueno y malo.
—Entraré por mis cosas. ¿Necesitas ver que no me lleve nada?— Cassie ríe.
—No creo que seas una ladrona— vuelve a su puesto. La observo levantar el teléfono y me despido con la mano.
Ingreso viendo como Susan me ve desde el cristal, se pone inquieta al notarme, pero no considero que pueda salir en plena junta. Será mejor que permanezca sentada.
En una caja pequeña acomodo mi cuaderno, mis notas, y también encuentro el bolígrafo que Nate una vez me regalo, lo guardo como si se tratara de un objeto valioso, en realidad lo es aunque en su momento lo guarde para no verlo. Los informes que termine los dejo en el escritorio de Caleb. Y ahí es donde me doy cuenta de algo. La foto de él y su madre se encuentra insertada a un lado de su pantalla. Alessia y Caleb se ven felices en la fotografía que una vez vi en su departamento. Era un niño adorable. No sabía que la trajo aquí.
Cuando tengo todo listo dejo limpio el escritorio. Boto lo inservible y estoy a punto de irme cuando el sonido de la puerta me pone en alerta.
—Harriet— Susan se acerca con desesperación y toma mis brazos de ambos lados. —He intentado localizarte desde hace dos horas.
He tenido el teléfono en silencio desde clases. Ni lo he visto. —¿Por qué?
Ella inclina la cabeza. —¿No lo sabes?.
¿De qué está hablando?
—¿Paso algo?— a la mente se me viene las peores situaciones que podría estar ocurriendo. —¿Es Alessia?
Los ojos de Susan se vuelven aguados que hacen que mi cuerpo reciba el miedo entero.
—Me avisaron esta mañana. Está muy grave y no he podido verla porque Caleb está con ella— aprieta su agarre, pero no me lastima. —Harriet por favor ve a verla y dime que está ocurriendo.
Asiento una y otra vez. Dejo todo lo que he estado haciendo y corro al ascensor, hay personas que van bajando, tengo que empujarlas para que salgan y las puertas se cierren de una vez por todas. Manejo lo más veloz que puedo, mis llamadas a Caleb son mandadas a buzón y temo lo peor. Es por eso que se veía tan cansado, es por Alessia que empeoro pero no me dijo nada. ¿Cómo no me dijo nada? ¿Qué está pasando?.
Las paredes blancas y alumbradas invaden de nerviosismo terrorífico mi sistema. Necesito llegar a la habitación de Alessia. No me detengo a ver a nadie hasta que por fin ubico su habitación. La puerta está abierta y trago saliva antes de entrar.
Me quedo quieta en el marco de la puerta. Siento que he perdido el movimiento en mis articulaciones mientras las sabanas son lanzadas hacia arriba y luego van cayendo sobre la cama vacía. Dos enfermeros y una enfermera se encuentran limpiando el lugar. Mis mejillas no tardan en humedecerse, parpadeo fuerte para saber si esto es real. Pero todo sigue así.
—¿Señorita?— pregunta la enferma que ha dejado el aparato de ventilación. Ella era la chica que me dijo que Alessia se dormía rápido en las películas.
—¿Dónde está?
La chica mira a sus compañeros y entre ellos Jared. El enfermero quien peleaba para que no comiera comida chatarra. Él se adelanta y se acerca a mí.
—Lo siento mucho. Alessia falleció hace una hora— mi rostro decae mientras mi ceño se frunce todo lo posible. Niego.
No. Ella no pudo irse así. No, no es real. Suelto más lágrimas con Jack observándome.
—Por favor siéntese— me pide él, pero me niego. —No se encuentra bien... — hasta que recuerdo algo más importante. Busco en la habitación, pero no hay rastro de Caleb. —Alessia dejo algo para usted.
—¿Qué?
—Ella dejó esa bolsa para usted— señala una bolsa de papel que hay sobre el pequeño sillón, en donde yo una vez estuve viendo Titanic con ella y... Caleb.
Tomo valor para articular. —¿Dónde está Caleb? Su hijo ¿Lo has visto?
—Él se fue. Lo vi tomar el ascensor. Estuvo aquí todo el fin de semana.
¿Todo el fin de semana? Y no me dijo nada...¿Cómo voy a encontrarlo? Me apoyo en la puerta, intenta pensar a donde pudo ir. Jared está atento a mí y se lo agradezco, pero lo que quiero ahora es saber donde se ha ido. Hasta algo aparece en mi mente. La azotea. Le entrego mi teléfono y le pido que por favor avise al contacto de Susan, la va a destrozar y yo no creo poder decírselo. Que le diga que fui por Caleb.
Subo las gradas como lo hicimos, los recuerdos me torturan cuando recuerdo a Alessia y a Caleb aquí, son como imágenes que aparecen frente a mí. Empujo la puerta. El sol ha empezado a ocultarse a lo lejos y debo adaptarme a la luz intensa antes de buscar a mis lados. Entonces, lo veo.
De rodillas, sentado sobre sus talones y con las manos en sus muslos encuentro a Caleb mirando a la nada, su pecho se infla y antes que pueda dar un paso, su boca se abre. Un grito desgarrador sale desde el fondo de su garganta, me llega al alma cuando cae hacia adelante y sus manos sostienen su cabeza.
Me aproximo cubriendo mis labios y sintiendo como yo también podría caer como él. Es doloroso. No puedo verlo así.
—Caleb— susurro llegando a su altura.
Mi mano pasa por su espalda sintiendo como se estremece con mi tacto. Su rostro se alza, sus parpados se levantan y el inferior de sus cejas se alzan. El gris que caracteriza su mirada están apagados.
—Tienes que irte— dice regresando a colocar la cabeza abajo.
No. No puedo dejarlo solo ahora, es el peor momento para él. Necesita a alguien y yo se lo prometí a Alessia. Ir a mis memorias y los días que hablamos me hacen débil, pero comprendo que debo ser fuerte por él.
—Vamos. Levántate— le sostengo el brazo, pero no logro que se mueva. —Caleb.
—Por favor. Déjame— cierro los ojos. Está rompiéndome el corazón. Esto es más que dolor. Tomo un respiro pues yo también quiero llorar.
—No lo haré— tomo una de sus manos y la sostengo. —Ven.
Caleb mira el cielo. Tomo un poco de más fuerzas haciendo que se pare conmigo. Teniéndolo de pie puedo ver como se encorva y tambalea. Lo abrazo para que no caiga y porque sé que lo necesita.
—Lo siento mucho— susurro desde su pecho. Siento sus dedos tomar la parte trasera de mi cintura y su cabeza apoyarse en mí.
—Mi sento come se non potessi più
120422✨
Tristemente, tengo que decirles que la vida no es justa...
Próximo Capítulo: Letras manchadas.
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